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Indicadores

Piedras en el camino

La falta de información compromete inversiones de empresas en innovación

La falta de información de las empresas sobre la oferta de crédito y sobre los mecanismos de fomento al desarrollo tecnológico es un obstáculo al avance de la innovación en el país. Los resultados de una investigación realizada por el Departamento de Tecnología y Competitividad (Decomtec) de la Federación Industrial de São Paulo (Fiesp) en el 2007 revelaron que solamente un 30% de las empresas innovadoras conocen las líneas oficiales de financiación: más de la mitad de las empresas consultadas, precisamente un 53%, desconocía la existencia de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), fundamental en lo que hace al apoyo los proyectos de innovación en el país, y tan sólo un 45% sabía acerca de la existencia de los programas de la FAPESP, aunque la gran mayoría haya oído hablar del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

Para as empresas innovadoras, la desinformación tiene un costo alto. Alrededor del 70% de la innovación en la empresa es hecha con recursos propios, afirmó José Ricardo Roriz, director del Decomtec, durante el seminario realizado en la Feira de Negocios en Innovación (Innovatec), en el inicio de agosto. El análisis, en que fueron consultadas 230 empresas de los diversos portes, reveló que las inversiones públicas representaban solamente un 13% de los gastos de innovación del total de las empresas consultadas en la Pesquisa de la Fiesp.

Este cuadro, en la evaluación de Roriz, lanza alguna luz sobre los resultados de la tercera Investigación de Innovación Tecnológica (Pintec, sigla en portugués), de ámbito nacional, realizada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) con un universo de 91 mil empresas, divulgada el día 31 de julio. La Pintec muestra que el número de empresas innovadoras en el país creció 8,4% entre 2003 y 2005, pero su única participación en el total de las empresas industriáis se mantuvo prácticamente inalterada, alrededor del 33%. La innovación camina despacio en Brasil  entre otras razones  porque los estímulos oficiales, por falla en la comunicación, no llegan a las empresas, según Roriz..

La propia Pintec investigó los motivos por los cuales las empresas no invierten en innovación y supo que los principales obstáculos señalados son los costos elevados, los riesgos económicos y la escasez de fuentes de financiación. Constató también que de las 33 actividades industriales investigadas 12 disminuyeron las inversiones en innovación, la mayoría de ellas constituida por empresas de pequeño porte, entre 10 y 49 empleados. El mayor número de empresas innovadoras estaba entre las de medio y grande porte y, principalmente, en los sectores de telecomunicación e informática.

Muchos empresarios aún desconocen mecanismos importantes, como el de la subvención económica, por ejemplo, previsto en la Ley de la Innovación y en la Ley del Bien, que permite la aplicación de recursos públicos no reembolsables para financiar actividades de pesquisa, desarrollo e innovación, observó Reinaldo Dias Ferraz de Souza, coordinador general de Servicios Tecnológicos del Ministerio de la Ciencia y Tecnología (MCT), que también estuvo presente en la Inovatec. Otra traba es la dificultad de entendimiento de los textos de las leyes. Con la gran cantidad de instrumentos, edictos, programas y fondos, la financiación de la tecnología parece que ya no es más el gran cuello de botella. El problema es la tecnología de la financiación, afirmó.

La Fiesp comienza a divulgar el resultado de su sondeo junto con una agenda de propuestas, bautizada como Políticas de Innovación y Desarrollo Tecnológico para el Brasil y el Estado de São Paulo, por medio de la cual pretende estimular una mayor participación del mercado de capitales en la financiación a la innovación. Junto con la agenda, hará una campaña de divulgación de los mecanismos oficiales de financiación disponibles en las varias agencias de fomento.

Recursos humanos
La Pintec también trae buenas noticias: entre las empresas innovadoras, según el IBGE, un total de 6.107 realizó investigación y desarrollo (I&D) de forma continua, número casi un 20% superior al registrado por la segunda edición de la Pintec, en el 2003. El número de personas envueltas en I&D en las empresas también creció un 12,5%. En el 2005, de las 47,6 mil personas involucradas en la actividad de investigación y desarrollo en las empresas, 27,6 mil tenían nivel de graduación y pos-graduación, la mayoría de ellas empleada en los sectores de telecomunicación y de informática. En el 2003, de los 38,5 mil empleados dedicados al desarrollo tecnológico, 21,8 mil tenían nivel superior.

Las inversiones en I&D dentro de la empresa deben ser reforzados, en la evaluación de Hugo Borelli Resende, científico jefe de desarrollo tecnológico de la Embraer y presidente de la Asociación Nacional de Investigación, Desarrollo e Ingeniería de las Empresas Innovadoras (Anpei). Es necesario difundir los mecanismos de estímulos a la I&D en empresas e intentar promover una acción a favor de los equipos internos, afirmó en el seminario en la Innovatec, señalando lo que considera ser el camino para la consolidación de la innovación en el país: la I&D empresarial.

Por otro lado, las relaciones entre las empresas y las universidades e institutos de investigación, según la Pintec 2005, ya están más estrechas. La participación de la academia creció de 8,4% para 12% entre las fuentes de información de las empresas innovadoras, así como la importancia atribuida a su papel entre los socios privilegiados de las empresas. Pero las principales fuentes de información tecnológica siguen siendo las áreas internas a la empresa (64,6%), suministradores (63,8%) y clientes o consumidores (60,9%); y aún es baja la innovación realizada por medio de la adquisición de la licencia, la patente y el know-how.

La aproximación entre empresa e institutos de investigación puede estar repercutiendo en los esfuerzos de los Núcleos de Innovación Tecnológica (NIT) y Escritorios de Transferencia de Tecnología (ETT) organizados por las universidades. Entre 2001 y 2006, el MCT aprobó la creación de 76 de ellos. Ese número habla respecto a aquellas instituciones que pidieron apoyo del gobierno. El número ciertamente es mayor. Eso provocó la creación de un ambiente propicio a la innovación, dice Souza, del MCT.

Ley de Innovación
Esa señal positiva de cooperación aún no refleja los resultados de la Ley de Innovación, promulgada en diciembre del 2004. Aunque haya creado un andamiaje jurídico para aproximar a los diversos actores involucrados en la innovación, la ley no es auto aplicable, subrayó Carlos Américo Pacheco, secretario adjunto de la Secretaria del Desarrollo del Estado de São Paulo. Presupone un activismo fuerte de otras políticas públicas para la exploración de sus potencialidades, afirmó durante un  seminario en la Innovatec. Si no hubieran otras modalidades de apoyo para fomentar las iniciativas de cooperación entre universidades y empresas, la ley por si sola no resolverá el problema.

Universidades, institutos de investigación y empresas que probaron, en la práctica, los beneficios de las leyes de Innovación y del Bien identificaron incongruencias del nuevo marco legal con otras leyes federales sobre todo con la Ley en el 8.666, de licitación de compras públicas y con la falta de preparación de los organismos de control, como el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) y la  Abogacía General de la Unión (AGU). Antes de la ley, por ejemplo, las empresas tenían más facilidad para contornear las trabas jurídicas en contratos de licenciamiento de una nueva invención. La ley, que debería flexibilizar el licenciamiento de patentes, acabó creando mayores dificultades. Debemos revaluar y actualizar ese cuadro regulador. Necesitamos una acción más inductora que aproveche las posibilidades abiertas por los instrumentos de la ley, como los incentivos a la sociedad público-privada, de modo que la innovación se convierta  realidad en las empresas brasileñas, sugirió Pacheco.

El presidente de la Anpei que, en Embraer, es responsable por la interfaz entre la empresa y las universidades reconoce que los proyectos innovadores tienen más valor cuando son ejecutados en sociedad entre la empresa e institutos de investigación. Hace la salvedad, sin embargo, de que es necesario diferenciar ciencia y tecnología de la innovación. La ciencia y la tecnología desarrolladas en las universidades tienen lugar cuando se quiere descubrir un nuevo conocimiento. En la innovación, la palabra clave continua siendo la novedad, pero no desde el punto de vista del conocimiento, y si de la creación de un nuevo producto o proceso, argumenta. Eso significa que, para innovar, la empresa puede echarle mano a un conocimiento que ya existe, haya sido él desarrollado en el 1800 o en el 2007. Él da el ejemplo del Ipod, uno de los productos más innovadores de los últimos años, desarrollado por la Apple a partir de un visor idealizado por la Secretaria de Defensa de los Estados Unidos, de una batería de litio inventada por la Secretaria de Minas y Energía, y softwares de una empresa indiana en sociedad con una estadounidense.

La Investigación es una actividad realizada para generar un nuevo conocimiento y, por eso, debe ser hecha en la universidad. El objetivo de la empresa es otro: es vender productos desarrollados por ingenieros, biólogos y físicos que vinieron de las universidades, pero que trabajan en la empresa. Raramente un producto inserido en el mercado de forma facilitada fue enteramente elaborado dentro de la universidad. La tesis del presidente de la Anpei, de que la innovación empresarial no necesita necesariamente ser de ruptura y que, en ese caso, puede prescindir de la sociedad con las universidades para ofrecer nuevos productos al mercado, es endosada por Glauco Arbix, ex presidente del Instituto de Investigación Económica y Aplicada (Ipea), actualmente en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de São Paulo (USP).

Arbix coordina una investigación para la Agencia Brasileña para el Desarrollo Industrial (ABDI), del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior (Mdic) que analiza los procesos de innovación en siete países: Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Irlanda, Francia, Gran Bretaña y Japón. Los resultados serán divulgados probablemente en noviembre, pero Arbix ya arriesga algunas conclusiones. Hay economías innovadoras como las de Finlandia y Noruega, donde la mayor parte de las empresas no hace I&D, no tiene convenios con universidades e institutos de investigación y son innovadoras, afirma. Por otro lado, algunos países europeos que han investido pesado para conseguir elevar los gastos con I&D para un nivel arriba de la media de 3%, según la recomendación de la Unión Europea, ha verificado que ese esfuerzo no se tradujo en una dinámica mayor de la economía. Ellos han constatado que el dinamismo viene de otras áreas. La I&D es de larga madurez, cuenta Arbix.

Esas conclusiones están llevando a dos nuevas líneas de reflexión: la primera es que no es necesario trabajar la innovación solo como tecnología y la segunda, que es necesario distinguir I&D e innovación.

Para sustentar su argumento, Arbix cita el caso opuesto de China, que crece a una tasa de 10% al año. Pero, cuando se desagregan los números, se percibe que la inversión en investigación tiene un ritmo mucho más lento que las inversiones en ingeniería, cuenta. Tenemos que analizar mejor la idea de que, para crecer, hay que invertir en I&D?, recomienda.

Ritmos y motivaciones
La conclusión que comienza a ganar fuerza a partir de las informaciones colectadas in loco por Arbix y su equipo en los países analizados por la investigación de la ABDI es que I&D es clave para el desarrollo, pero tiene ritmo y motivación diferentes de aquellos demandados por la innovación. Si el país quiere crecer, tiene que desarrollar la innovación y no necesariamente I&D, argumenta. Cuando incentiva la I&D para crear un nuevo conocimiento, es necesario movilizar una red de materiales y de personas completamente distintos de lo que se necesita para hacer la innovación. Ejemplifica: el desarrollo de un aparato para activar las células cancerígenas no mueve la misma malla de recursos y de especialistas necesarios para emprender una investigación sobre el cáncer. En el primer caso usted necesita un ingeniero y, en el segundo, un Premio Nobel.

Ese nuevo abordaje podrá exigir una re-evaluación de los instrumentos de evaluación del avance de la innovación en el país. El gran problema es que los economistas necesitan medidas palpables,  como las inversiones de las empresas en I&D, ya que nuestros indicadores son un tributo a nuestra tradición industrial que solo mide bienes tangibles, explica. Por ese criterio, las empresas que hacen la tropicalización de productos o ingeniería reversa son consideradas malditas. Nosotros hemos batido récords sucesivos de exportación y no conseguimos explicar, a no ser por el argumento de que el mercado externo está caliente. Necesitamos reconocer que nuestras  empresas tienen hoy una capacidad diferente de la que tenían en el pasado.

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