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Arreglos Productivos

Punto de Ebullición

La acción articulada entre el gobierno y los sectores de la producción y la investigación científica proyecta a la ciudad paulista de Piracicaba en el mercado mundial del etanol

Piracicaba, una ciudad con 315 mil habitantes enclavada en una tradicional región cañera del interior del estado de São Paulo, quiere ser referencia en el prometedor mercado mundial de etanol. A tal fin articula investigación y desarrollo (I&D) con iniciativas del gobierno y del sector productivo. “La cuidad es la única en Brasil que reúne a toda la cadena productiva del etanol”, afirma Luciano Tavares de Almeida, secretario municipal de Industria y Comercio. La localidad es sede de diez centrales de azúcar y alcohol, pero pierde con la región de Ribeirão Preto cuando se trata de la condición de mayor polo productor de caña de azúcar del estado. Y cuenta con alrededor 80 metalúrgicas. Sin embargo, disputa con la ciudad de Sertãozinho el primer lugar entre los mayores proveedores de bienes de capital y servicios para la industria del azúcar y del alcohol.

Pero la verdad es que Piracicaba tiene ventajas estratégicas: es la sede de la centenaria Escuela de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq), responsable de investigaciones pioneras sobre la utilización del suelo para la caña y la destinación de la vinaza, y también es sede desde hace 38 años el Centro de Tecnología Cañera (CTC) -antiguo Centro de Tecnología Copersucar-, donde fue desarrollada buena parte de las variedades de caña plantadas en el centro sur del país. Y más recientemente se convirtió dirección del Polo Nacional de Biocombustibles, inaugurado en el 2004 con el objetivo de coordinar esfuerzos y definir estrategias para el uso de diferentes fuentes de biomasa, como así también para contribuir a el desarrollo de una política de promoción y producción de los biocombustibles en el país.

Le faltaba solamente articular las actividades de investigación con la industria, los sindicatos, la municipalidad y ciertas entidades como el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae), en una acción política coordinada que resultase en un proyecto común y garantizase la interlocución de esos actores con órganos de fomento y de gobierno. El modelo de organización escogido fue el del Arreglo Productivo Local (APL), internacionalmente conocido como cluster, definido como una aglomeración de empresas localizadas en el mismo territorio con especialización productiva y vínculos de articulación, interacción, cooperación y aprendizaje. Los APLs operan alrededor de algunas “variables claves”, explica Antonio Carlos de Aguiar Ribeiro, gerente regional del Sebrae-SP en Piracicaba. “Promueven la integración de las agendas y proyectos, capacitan los liderazgos, estimulan la elaboración del planeamiento estratégico y el uso común de la infraestructura, además de incentivar la creación de estructuras compartidas de investigación, desarrollo, ingeniería y logística.” Actúan bajo la batuta de un gestor, responsable del desarrollo de los proyectos, y se organizan alrededor de un Consejo Superior, formado por representantes de los gobiernos federal, estadual y municipal y por entidades del sector sucroalcoholero. Los empresarios integran el Consejo Estratégico, y las instituciones de investigación el Consejo Técnico. Esos órganos coordinan grupos de trabajo para asuntos específicos.

La idea de organizar los actores locales en el APL del Alcohol, bautizado con la sigla Apla, surgió en el 2005, cuando el gobierno federal pidió que productores, dueños de centrales e investigadores recibiesen delegaciones de otros países interesados en el biocombustible, recuerda Almeida. Piracicaba cumplió la tarea, organizando una especie de “gira del etanol”: el recorrido comienza con una visita a la Esalq o al CTC; pasa por una industria metalúrgica fabricante de equipamientos y termina en una central productora de etanol. Solo el año pasado 6 mil visitantes de 58 países hicieron ese recorrido. “Al final del recorrido el visitante habrá conocido a toda la cadena productiva del biocombustible”, asegura Almeida.

La certificación del etanol
Una de las primeras iniciativas del Apla de Piracicaba -que sólo “obtuvo una personería jurídica” el 31 de agosto último, observa el secretario de la Industria y Comercio, que también es gestor del Apla- consistió en realizar, con el apoyo del Sebrae local, un diagnóstico de las industrias que integran la cadena productiva, identificando “cuellos de botellas” en las áreas agrícola, industrial, de comercio y logística, antes de definir un planeamiento estratégico de acción.

Se constató por ejemplo la necesidad urgente de tener un estándar del etanol para proteger las exportaciones brasileñas de eventuales barreras técnicas impuestas por países importadores del biocombustible. Para ello, el Apla firmó un convenio con el Instituto Nacional de Metrología, Normalización y Calidad Industrial (Inmetro) para la producción de materiales de referencia certificados (MRCs) para el mercado nacional. “El convenio fue producto de intereses de ambos lados: de los productores, que precisaban de MRCs para la calidad de los ensayos, y del Inmetro, que desde el 2003 está involucrado con MRCs de etanol”, afirma Romeu Daroda, asesor de la Directiva de Metrología Científica e Industrial del Inmetro.

Los principales parámetros fisicoquímicos ya están “consensados”, en el argot de la metrología, y pueden utilizarse en el mercado nacional, adelanta Daroda. El instituto ahora negocia “consenso” también con el Organismo Metrológico estadounidense (Nist), que servirá de patrón para la comercialización del etanol brasileño en Estados Unidos. “El Inmetro también ya está participando del Biorema, coordinado por el Netherlands Meetinistituut (NMI), de Holanda, para ‘consensar’ los MRCs entre Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea”, afirma Daroda.

Otro “cuello de botella” en la cadena productiva del etanol identificado por el diagnóstico realizado por el Apla fue la necesidad de calificación de profesionales involucrados en toda la cadena productiva. El Apla negoció con el gobierno estadual la instalación de una Facultad de Tecnología (Fatec) con carreras volcadas a la industria del alcohol y de biomasa, al mismo tiempo que firmó un convenio con el Ministerio del Trabajo para la capacitación de cortadores de caña. Para reforzar competencias en las áreas de investigación y de gestión de negocios, el Polo Nacional de Biocombustibles, en alianza con la Esalq, la Fundación Getúlio Vargas y la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), creó la primera maestría intrainstitucional en agroenergía, ya aprobado por la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) y que comenzará a funcionar en el próximo año.

El CTC también desempeña un papel estratégico. “Hemos contribuido a la identificación de los gaps tecnológicos”, explica Tadeu Andrade, director de investigación  y desarrollo. Se transformó en una especie de “brazo técnico” del Apla: además de la I&D desarrollada con recursos aportados por 160 centrales productoras de azúcar y alcohol, el CTC articula asociaciones con institutos de investigaciones internacionales (lea en el recuadro) y busca recursos para el desarrollo de nuevos proyectos. Recientemente, el CTC convidó a la Financiera de Estudios y Proyectos (Finep) para una visita a Piracicaba para presentar su carpeta de financiación a las empresas locales. “Conseguimos recursos para tres proyectos de desarrollo de tecnologías para semiacabados”, él cuenta.

Prospectando mercados
Al tiempo que fortalece la cadena productiva local, el Apla prospecta el mercado externo. Firmó convenio con la Agencia de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Apex), por valor de 4,5 millones de reales en 2007 y 2008, para la realización de misiones internacionales a países con potencial de importación de etanol, de bienes de capital, servicios de ingeniería y de tecnologías generadas en los institutos de investigaciones y empresas de la región. “El convenio ganó carácter nacional y pasó a incluir empresas del sector sucroalcoholero de otras regiones del país”, cuenta el secretario de la Industria y Comercio de Piracicaba. En agosto, 41 representantes de 27 empresas brasileñas -18 de ellas con sede en Piracicaba- estuvieron en la conferencia de la International Society of Sugar Cane Technologists (ISSCT), en África del Sur. “Fueron generados 93 mil dólares en ventas y las expectativas de negocios futuros llegan a 164,3 millones de dólares  en los próximos 12 meses”, cuenta el secretario.

El “gran emprendimiento” del Apla, en la evaluación del secretario de la Industria y Comercio, estará concluido el día 15 de noviembre. Se trata del Parque Tecnológico de Bioenergía, un proyecto de 500 millones de reales que será instalado a 3 kilómetros de la ciudad, en un área de 300 mil metros cuadrados cedida por Aguassanta, holding del grupo Cosan, uno de los mayores productores de azúcar y etanol del mundo. La municipalidad y la Esalq también son socias en el emprendimiento. “Estamos concluyendo la identificación de competencias y demandas para hilvanar el plan de negocios, definir la gobernación y la administración, entre otras acciones”, afirma Weber Amaral, coordinador del Polo Nacional de Biocombustible y responsable por el proyecto. El Parque Tecnológico de Piracicaba, según él, ya cuenta con el aval de la Secretaria del Desarrollo del Estado de São Paulo. Será el quinto proyecto que  será implementado por el Sistema Paulista de Parques Tecnológicos, al lado de los de São Paulo, São Carlos, Campinas y São José de los Campos.

El proyecto arquitectónico, firmado por Paulo Mendes da Rocha, e osado: serán, en total, 13 edificios “centros de eventos de la Esalq, conjunto empresarial, hotel, entre otros” construidos en las dos márgenes del río Piracicaba, unidos entre si por un edificio-puente donde estarán instalados los laboratorios de investigación. Alrededor del emprendimiento serán construidas 2.500 unidades habitacionales para investigadores, además de un parque ecológico. “Tenemos manifestación de emprendedores interesados y la expectativa de iniciar su implantación en el 2008”, garantiza João Bosco Alves Silveira, director inmobiliario de la Aguassanta.

Pero aún existen problemas que deben solucionarse. Una investigación realizada por Oswaldo Elias Farah, de la Universidad Metodista de Piracicaba, entre marzo de 2006 y marzo de 2007 -que contó con el apoyo del Programa Políticas Públicas de la FAPESP-, constató que las empresas de pequeño y medio porte mantienen dependencia tecnológica estrecha con las grandes industrias metalúrgicas. “A pesar de que su crecimiento haber acelerado en los últimos tres años, esas empresas tienen bajo nivel de innovación y muchas tienen deficiencia de administración”, explica Farah. A pesar de que buena parte de las empresas trabajan 24 horas por día, carecen de una visión estratégica del negocio. Algunas aún no participan del Apla, por desconocimiento o falta de interés, él observa. “Las pequeñas y medianas empresas son carentes no solo de conocimientos vinculados al perfeccionamiento tecnológico de sus productos, sino también de estrategias y herramientas de administración que tiendan a la ampliación de su participación en el mercado. Una gestión innovadora es tal vez el único camino para su crecimiento y, principalmente, para su supervivencia”,  concluye él.

Un socio en Dinamarca

El Centro de Tecnología Cañera (CTC) y la empresa danesa Novozymes -responsable del 45% del mercado global de enzimas industriales- firmaron un acuerdo de cooperación con el objetivo de desarrollar una investigación sobre el etanol celulósico, obtenido por medio de la hidrólisis enzimática, lo que permitirá la producción de alcohol combustible a partir del bagazo de la caña de azúcar. Por el acuerdo, el CTC deberá proveer el parque productivo brasileño de etanol con enzimas producidas en asociación con Novozymes, y la empresa danesa, a cambio, tendrá acceso a las investigaciones sobre nuevas tecnologías de producción del etanol desarrolladas por el CTC. De acuerdo con la dirección del centro, la alianza aporta “perspectivas extraordinarias para la producción de etanol”.

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