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Historia

Del vientre de la ballena a la hoguera

En pleno siglo XVIII, un padre bahíano quiso unir a judíos y cristianos

La palabra podría incluso ser la semilla de Dios, pero la Iglesia de los siglos XVII y XVIII no apreciaba que la cabeza de su rebaño fuese arada en demasía. El propio Antônio Vieira, que usó la cita de Lucas anterior en su Sermón de la sexagésima (1655), inmediatamente aprendió que la “agricultura” eclesiástica tenía límites muy estrechos: preso por la Inquisición, el Tribunal del Santo Oficio le retiró la palabra en 1667 a causa de sus ideas milenaristas y por su defensa de la causa de los judíos, vistos en el en ese entonces antisemita Portugal como “gente perversa”. Vieira se retractó y sobrevivió. Menos afortunado fue un discípulo suyo bahiano, el padre Manoel Lopes de Carvalho, nacido en Salvador en 1682 y quemado vivo, en un auto de fe, en 1726, después de años en las cárceles de la Inquisición.

“Profundamente influido por el pensamiento del Padre Vieira, que había pronosticado un Tercer Estado, en el cual el uso de las ceremonias judías sería permitido, la Iglesia revertiría sus posturas y concedería a los judíos convertidos al catolicismo el uso de sus ritos, él intentó crear un sistema teológico en el que judíos y cristianos se convertirían en un solo pueblo en una sola religión en el reino de Portugal y sus posesiones, el llamado judío-cristianismo”, explica Adalberto Gonçalves Araújo Júnior, autor de la tesis doctoral intitulada “En el vientre de la ballena: el mundo de un cura judaizante en el siglo XVIII”, orientada por Anita Novinsky y defendida recientemente en el Departamento de Historia de la USP. “Su vida, signada por una actitud cuestionadora delante de las principales instituciones de su tiempo, el Estado, la Iglesia y la Inquisición, fue una saga que nos revela una época en que libertad y conciencia eran privilegios de pocos”. Lo notable en el proceso del padre Manoel es que su caso contiene un sistemático tratado teológico, en el que el reo fundamenta sus propustas, material inflamable en las manos del inquisidor Thomas Feio Barbuda, para quien el padre era una peligrosísima amenaza al reino, tamaña su “contaminación por el judaísmo”.

¿Pero cuál es la razón para tanto alboroto si él provenía de una región de la colonia tan distante de la metrópoli? “Bahía, a lo largo de los siglos XVI a XVIII, fue un centro con ambiente donde acechaban el judaísmo y el sincretismo judaico-cristiano en razón de los muchos cristianos nuevos y criptojudios”, asevera Anita Novinsky en su libro Cristianos nuevos en Bahía. Ellos también eran conocidos como “marranos”, expresión deleznable que significa “puerco” y les era imputada por la Iglesia. En este año, además, se completan los 500 años de la llegada de eses grupos a Brasil, cuando su emigración desde la metrópoli lusitana fue permitida. “Gente de la nación”, “confesos”, “conversos”, “judaizantes”, “los bautizados en pie”, todos epítetos usados para designar a los judíos obligados a renunciar a sus creencias y tradiciones, los criptojudíos surgieron después de ser expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, yéndose a refugiar en Portugal, para en 1497 nuevamente depararse con el antisemitismo hispánico. Don Manuel, aunque era admirador de los judíos, a quienes que consideraba esenciales para el progreso de la ciencia y de la economía lusitana, al casarse con una princesa española, recibió de los suegros la orden de expulsar a todos los judíos de sus tierras.

El rey portugués, sin embargo, optó por una solución con “manera brasileña”. Sabedor de la importancia de los judíos para Portugal, fingió marcar una fecha en la Pascua para la expulsión de los hebreos que se negasen a convertirse al catolicismo (los cristianos nuevos). Cuando llegó la hora del embarque, se alegó no haber barcos suficientes y se determinó entonces un bautismo en masa de los que se habían concentrado en el puerto lisboeta a la espera de transporte para otros países, en particular los Países Bajos, que eran tolerantes con los judíos. Surgió ahí la expresión “quedarse a ver navíos”; el rey decretó no haber más hebreos en tierras lusas y muchos fueron arrastrados hasta la pila bautismal por las barbas y por los cabellos. La esperanza de don Manuel era que, cristianizados, en algún tiempo ellos se aculturarían y permanecerían en Portugal. “Pero eso no se dio con facilidad y nació el concepto del criptojudío, aquel que fingía haber aceptado el cristianismo solamente para continuar practicando en secreto el judaísmo, inmediatamente tachado por la Iglesia de herejía castigada con la muerte”, afirma Anita Novinsky en Inquisición, prisioneros de Brasil. En 1531, con la nominación del primer Inquisidor de Portugal, comenzaron las persecuciones.

El “descubrimiento” de nuevas tierras en Brasil dio chance a los criptojudíos de librarse de la muerte segura y poder practicar con relativa libertad sus creencias. Al menos hasta 1591, cuando un visitador inquisitorio fue enviado a las nuevas tierras para recoger indicios sobre los sospechosos de judaísmo. Antes de eso, sin embargo, la colonia era un espacio privilegiado para la resistencia criptojudía, motivada por la relativa armonía y complicidad en el convivir entre cristianos nuevos y viejos, posible debido a una aún pálida estructura eclesiástica (sin un tribunal de la Inquisición), así como por lo cotidiano duro para todos los credos. Había enfermedades, indios hostiles, falta de comida y agua y problemas en demasía para que los colonos se diesen al lujo de perder tiempo y energía en querellas religiosas que sólo tenían sentido (si es que lo tenían…) en Europa, tan distante del Nuevo Mundo. Al mismo tiempo, por autorización de don Manuel, los judíos conversos pudieron adoptar nombres cristianos como los de la población efectivamente católica o, llegado el caso, adoptar apellidos vinculados al lugar donde vivían, a la fauna y a la flora, así como a la designación de su ocupación profesional.

Tradiciones
El tiempo, entre tanto, hizo que varias de las tradiciones fuesen olvidadas o reinterpretadas, sea por necesidad, sea por la ausencia de rabinos y de libros sagrados, fundamentales en una religión intelectualizada como la judía. Se sabía algo sobre o shabat, sobre feriados, sobre la prohibición de comer carne de puerco o pescado sin escamas, pero la mayor parte de los preceptos fue olvidada u cumplida erróneamente. Aun así, los criptojudíos mantuvieron el hábito de “hacer esnoga” (sinagoga en portugués arcaico), o sea, reunirse para las celebraciones religiosas judías. En general, los “templos” eran improvisados en los ingenios más distantes o hasta en casa, a puertas cerradas. Era necesario cuidado para no ser notado y denunciado por los vecinos.

En el ingenio de Camarajibe, en Pernambuco, por ejemplo, había la figura del “campanita”: una persona andaba por la villa descalzo con un paño amarrado al dedo gordo del pie, señal de que la reunión estaba para comenzar. En las “esnogas secretas” había un sistema de relevo: mientras algunos rezaban otros vigilaban la entrada para anunciar la llegada de extraños. Hubo hasta un casamiento judío en esa sinagoga. Más fácil de preservar era el shabat y entre los que lo hacían estaba el poeta Bento Teixeira, autor de Prosopopéia. Aun  así, no todo eran flores. Profesor, el poeta siempre estaba ausente de las clases los sábados, lo que le rindió la acusación de actos “judaizantes”.

Tal cual en la mayoría de edad judía, el criptojudío era informado de su ancestralidad a los 13 años y, al mismo tiempo, avisado de los peligros de practicar su religión abiertamente. Todo podía llevar a una denuncia. Hacer comidas en mesa baja en señal de luto indicaba a un cristiano nuevo. La misma mesa, no obstante, al ser dotada de cajones, en Minas Gerais, disfrazaba la religión del habitante, pues se cree que ellas servían para esconder la comida y, de esa forma, no necesitar dividirla con extraños, símbolo de avaricia. En verdad, esconder la comida en los cajones era una forma de no levantar sospechas sobre la dieta específica que seguía los mandamientos dietéticos judíos. Hasta en la muerte era necesaria atención. El moribundo, al sentir la llegada del fin, llamaba al “sofocador” o “ahogador”, figuras que asfixiaban los enfermos con el fin de que, en su inconsciencia, no traicionen sus raíces judías o revelen nombres de otros criptojudíos. Externamente cristianos ejemplares.

Alianza
En 1643, Vieira llegó a enviar al rey don João IV una propuesta, en la que abogaba por una alianza con los mercaderes y financistas cristianos nuevos como una forma de sacar a Portugal de la línea del desastre económico al que se dirigía, permitiendo el retorno de ellos a la metrópoli. Pero el anti-semitismo del sentido común estaba muy incrustado en la mentalidad lusitana de ese tiempo. “De ahí la medida de la osadía del padre Manoel al intentar ir a Roma y proponer al papa Clemente XI un proyecto de reforma de la Iglesia a la luz del judiocristianismo”, anota el investigador. Según él, las principales tesis preconizadas por el padre eran: la observancia del shabat en lugar del domingo cristiano; la reforma del calendario litúrgico cristiano, para dar mayor atención a la Pascua, de acuerdo con el calendario judío; la aplicación de las leyes dietéticas judías; la circuncisión; la duda sobre la mesianidad de Jesús. “Él se refiere también, en el tratado, a la situación de los cristianos nuevos portugueses; el sufrimiento como prueba divina a los electos; y, qué horror, la responsabilidad del apóstol Paulo en la deformación de las enseñanzas de Jesús y en la difusión de éstas en el mundo gentílico.”

“La separación entre judíos y cristianos comenzó poco después del año 70 d.C. Paulo de Tarso, fariseo convertido al cristianismo, en el esfuerzo de ‘autocomprensión’ de la Iglesia primitiva, no consideró el judaísmo como un camino para llegar a Dios. Para eso bastaba la fe en Cristo”, explica. Esa prédica paulina, sigue el profesor, era herética para los judíos, porque Paulo sostenía que Cristo había abogado la ley mosaica para todos, estableciendo una nueva alianza en que sólo debían conservar las observancias mosaicas en la medida en que servían al provecho de las almas. El judaísmo de Cristo precisaba salir de escena para que el cristianismo venciera como religión. El padre Manoel fue a mover exactamente ese avispero eclesiástico. “Así como la ley es el fundamento de la fe de Israel, para ella es la base, el fundamento de la fe cristiana, no siendo posible concebir un cristianismo desprovisto de la observancia de la Tora judía”.

No contentos con tener las ideas “heréticas” del padre por escrito, los inquisidores fueron atrás de las “raíces judías” del reo. “Los prisioneros de la Inquisición eran calificados según la cantidad de sangre judía que tenían en las venas, presumiéndose la herejía proporcional a ese porcentaje”, recuerda el investigador. En el futuro, otros iban a basarse en ese mismo paradigma nefasto. Hasta la abuela de padre Manoel fue usada como prueba de que él tenía sangre judía. Pero él no se amiilanó. “La gran afinidad del padre con el judaísmo lo hizo reivindicar su condición judía, llegando hasta a invitar a los inquisidores a que confirmasen, por examen, que él era circuncidado”.

Sin embargo, meses en las cárceles del Santo Oficio le quitaron la agudeza y la lucidez. “Después de seis meses preso, comenzó a autodenominarse el Mesías. Para sostener su mesianidad en detrimento de la de Jesús, afirmó que el Mesías cristiano no tenía humanidad real, como exigían las profecías bíblicas, sino que fue especie subalterna de hombre, porque no fue propagado del semen de Adán”. Para el investigador, es difícil saber si el padre habría perdido la razón o si había adoptado una lógica mesiánica, en la que la restitución de la armonía cósmica sólo ocurriría con un mediador terrestre. E ahí el “vientre de la ballena”.

“Tragado por una ballena, todos dieron a Jonás por muerto, pero que importaba que él hubiese muerto en el concepto de los hombres si él estaba vivo (aunque encubierto) en el vientre de la ballena.” Para Araújo Júnior, “la historia del padre representa la corriente de pensadores que defendían una transformación radical para una sociedad más justa”. Cosa aún hoy de difícil digestión para la mayoría de los cetáceos.

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