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Cambios climáticos

Las poderosas aguas de los ríos

Impulsadas por el calentamiento global, las variaciones en el régimen de lluvias en la Cuenca del Plata pueden tumultuar la circulación marina en el sur y el sudeste de Brasil

No es exageración imaginar que las lluvias que caen cada verano sobre la ciudad de São Paulo se escurran por el río Tieté, ganen el río Paraná y después el Río de la Plata hasta entrar en volúmenes monumentales en el Atlántico Sur. Esa grandiosa masa acuática puede provocar cambios intensos en la circulación y en las características físicas y químicas de las aguas de la plataforma continental, a punto tal de interferir en la productividad pesquera y en el clima de las regiones próximas al litoral. Por tener baja salinidad y ser más ligera que las aguas marinas, el agua del Plata permanece en las capas superficiales formando una pluma de baja salinidad una franja de agua dulce en medio del mar, con una anchura de 50 a 150 kilómetros (km) y una extensión de hasta 1.500 km, que se extiende desde la desembocadura del Río de la Plata hasta las inmediaciones de Cabo Frío, en el sudeste brasileño.

Oceanógrafos brasileños, uruguayos, argentinos, chilenos y estadounidenses reunidos en un consorcio internacional de investigación conocido como SACC (The South Atlantic Climate Change Consortium) trabajan desde hace más de diez años para entender esa relación entre el aire, la tierra y el agua en la región del Atlántico Sur bajo la influencia de la pluma de baja salinidad formada por la desembocadura del río de la Plata. La conclusión a la que llegaron es que la cuenca del Plata funciona, aunque en una proporción cinco veces menor, como el río Amazonas, que despeja en el Atlántico un volumen de agua equivalente a la bahía de Guanabara por segundo. En el océano, bajo la acción de los vientos y del movimiento de rotación de la Tierra, esa masa de agua fluye hacia norte a lo largo de la plataforma continental por largas distancias hasta mezclarse completamente con las aguas oceánicas. La interacción entre las aguas del continente y las del mar tiene consecuencias aún poco conocidas en el proceso de cambios climáticos, pero los estudios ya realizados, con base en modelos matemáticos, sugieren fuertemente la posibilidad de alteraciones en el régimen de lluvias, lloviendo más en algunos lugares y menos en otros, en todo Brasil ?de la Amazonia a las pampas.

Efecto ampliado
Cotejando imágenes de satélite con los datos obtenidos en cruceros oceanográficos y por medio de modelaje numérico, los investigadores concluyeron que dos factores contribuyen de modo decisivo para que la descarga del Río de la Plata aumente y desestructure la circulación marina inmediatamente adelante: el volumen de la precipitación en la cuenca hidrológica drenada por los ríos Paraná y Paraguay y el régimen de vientos en el Atlántico Sur. El tumulto marino provocado por las aguas que salen del Río la Plata es mucho mayor que lo imaginado, tanto en términos de complejidad como en relación al área geográfica que él alcanza, e interfiere en dos engranajes ambos climáticos en el Atlántico Sur. Cada vez que ocurre un El Niño intenso la cuantidad de agua que llega al río de la Plata puede duplicarse porque llueve más sobre la parte central de América del Sur, explica Edmo Campos, investigador del Instituto Oceanográfico que coordina ese consorcio de investigación desde su fundación, en 1996. Si eso fuera aliado a un régimen también atípico de vientos, soplando desde el sudoeste, toda el agua dulce es empujada en dirección al litoral del Brasil.

Algunas veces la pluma de agua dulce del Río de la Plata provoca fenómenos que tardan en ser explicados. Campos cuenta que en los años 1970 otro profesor del Oceanográfico, Yasunobu Matsura, ya fallecido, detectó una mancha de agua de baja salinidad en Santos, en la costa paulista. Él no sabía lo que era, pero sugirió que la desaparición de los bancos de sardinas que ocurrió en aquel tiempo probablemente estaba relacionado con aquella masa de agua de origen desconocida.

¿No sería la masa de agua dulce proveniente del Río de la Plata, empujada para el norte por los vientos? Campos cree que sí. Según él, la pluma de agua de baja salinidad podría resultar de la combinación de mayor descarga del Río de la Plata y del viento e interrumpir el afloramiento de una masa de agua rica en nutrientes llamada Acas (agua central del Atlántico Sur). Ese cuerpo de agua se origina en el extremo sur de Argentina y sigue hacia el norte describiendo un giro en el sentido contrario a las manecillas del reloj en la región subtropical del Atlántico Sur. Ese agua normalmente se hunde en el medio del camino y después resurge en las proximidades de Cabo Frío, trayendo del fondo del mar los nutrientes que mantienen la cadena alimenticia. Más agua dulce en la superficie, como resultado de un El Niño más intenso, puede impedir el bombeo de esa agua rica en nutrientes para regiones próximas a la superficie. En consecuencia, habrá menos alimento para los peces que viven en zonas más rasas en las proximidades del litoral.

La extensión de la pluma del Río de la Plata es un fenómeno estacional tiende a ser mayor en el invierno que en el verano y puede tener serias consecuencias para quien vive a lo largo del litoral. Durante el invierno, al fluir para el norte, ese agua originalmente más fría roba calor de la atmósfera y altera el patrón de la circulación atmosférica local. Eso puede alterar el régimen de lluvias, con consecuencias indirectas en una variedad de actividades sociales y económicas, dice Campos. Como el fenómeno Enos (El Niño Oscilación Sur) tiende a intensificarse con el calentamiento global, el clima en el sur de la América del Sur podrá modificarse bastante, con más lluvias en algunos lugares y secas en otros. Los investigadores comienzan a mirar con más atención para las pampas, cuyos agricultores pueden ser bastante alcanzados por esos cambios en el ritmo de las lluvias.

Los oceanógrafos quieren conocer mejor los mecanismos del secuestro de carbono, uno de los fenómenos asociados al calentamiento global en el Atlántico Sur. El calentamiento global es causado por el exceso de carbono en circulación en la atmósfera. ¿Con más cantidad de ese gas en el aire, no será que la bomba de secuestro de carbono representada por el océano no estaría medio obstruida? Los mares son buenos depósitos de carbono porque intercambian gases con el aire: sale oxígeno y entra gas carbónico.

Hay indicios de que ese balance gaseoso puede afectar directamente la productividad de biomasa del océano por ejemplo, la producción de fitoplancton, los organismos arrastrados por las corrientes marinas vistos como los mayores responsables por la producción de oxígeno, por medio de la fotosíntesis. Los investigadores identificaron una interferencia directa del mayor calentamiento atmosférico en el sur de África del Sur, en una región del Atlántico próximo de donde los navegadores europeos de la época de las carabelas daban la vuelta para seguir rumbo a las Indias. Una región próxima al cabo de la Buena Esperanza, el agua que viene del océano Indico se mezcla con la del Atlántico. La falta de cambio de agua entre los dos océanos, como previsto, podría alterar la temperatura y la salinidad del Atlántico Sur y el régimen de lluvias en las regiones continentales América del Sur y de África.

Si las próximas investigaciones confirmasen también otra conclusión  el desplazamiento de una región que une al Atlántico Sur y el Norte, llamada Zona de Convergencia Intertropical (ITCZ, en la sigla en inglés), fundamental para regular el clima en Brasil, la relación entre el calentamiento de la Tierra con la Amazonia y el Nordeste brasileño puede ponerse más compleja. Según Campos, la alteración del patrón climático al rededor de la América del Sur podrá llevar más lluvia para el Nordeste de Brasil mientras la Amazonia puede convertirse una selva menos consistente y menos húmeda.

¿Nordeste lluvioso?
Esa argumentación proviene del análisis de un índice que relaciona temperaturas de la superficie del mar en el Atlántico Tropical llamado modo gradiente del Atlántico, antes conocido como dipolo. Cuando ese índice es positivo, las temperaturas superficiales del Atlántico Tropical Norte acostumbran ser más altas que lo normal, mientras que las del Atlántico Tropical Sur son más frías. Si es negativo, ocurre lo contrario. Campos destaca que la cantidad de lluvias que cae sobre el Nordeste brasileño es altamente relacionada con ese índice: llueve más cuando el índice dipolo es negativo. Ese grupo cree que esa relación entre las dos áreas del Atlántico tiene una importancia mayor que el fenómeno El Niño, que ocurre en el océano Pacífico, en la determinación del régimen de lluvias en el Nordeste del Brasil y de una región de África conocida como Sahel, situada entre el desierto del Sahara y las tierras más fértiles al sur.

Un conocimiento más profundo sobre esos comportamientos del tiempo podrá ayudar a mejorar la previsión climática y a impedir tragedias como la de marzo de 2004. Fue cuando un pequeño ciclón que comenzó a formarse en el Atlántico Sur dejó de ser un fenómeno común en la región, ganó fuerza por causa de la elevada cantidad de calor en la superficie del océano y se convirtió en un huracán el Catarina, el primer huracán que llegaría hasta el litoral brasileño. Sin un sistema eficiente de monitoreo del océano, los investigadores y técnicos no consiguieron prever que la cantidad de calor era más que suficiente para que el ciclón fuese más alimentado aún. Además de la destrucción material y de por lo menos dos muertes, 3 mil personas tuvieron que dejar sus casas cuando los vientos fuertes llegaron. Un sistema de monitoreo más detallado sería fundamental para que acompañáramos más de cerca esos fenómenos, dice Campos. Como los datos del grupo que él dirige atestiguan, con el calentamiento global habrá más calor en la superficie del Atlántico Sur y episodios extremos como el huracán Catarina podrán convertirse más frecuentes y más intensos en los próximos años.

Agua dulce en el litoral
La cuenca del Río de la Plata, señalada en gris en el mapa de al lado, vierte 23 mil metros cúbicos de agua dulce por segundo en el Atlántico. Bajo El Niño intenso, ese volumen puede llegar a 55 mil metros cúbicos por segundo.  Esa masa de agua forma una pluma de agua de baja salinidad con 50 a 150 km de ancho y hasta 1.500 km de extensión que puede llegar hasta Cabo Frío, en el litoral de Río de Janeiro. La barra de colores indica la salinidad, en partes por mil.

El Proyecto
Relevamiento oceanográfico en gran escala en la plataforma continental sudeste de América del Sur (LAPLATA) (nº 04/01950-3); Modalidad Auxilio Individual a la Investigación; Coordinador Edmo J. D. Campos – IO/USP; Inversión 130.776,43 reales (FAPESP), 178.000,00 dólares (United States Office of Naval Research) y 900.000,00 dólares (Inter-American Institute for Global Change Research)

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