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Política académica

Límites desafiados

Estudios comparan desempeño de alumnos beneficiados por acciones afirmativas y muestran de qué manera varios obtienen éxito académico

Fabiano Accorsi/Folha ImagemHay una novedad en el debate sobre los programas de acción afirmativa para el ingreso en la educación superior brasileña. Un conjunto de estudios académicos sobre el desempeño de los estudiantes beneficiados, notadamente egresados de escuelas públicas y grupos étnicos socialmente desfavorecidos, comienza a evaluar la eficiencia de las iniciativas adoptadas por más de 40 universidades brasileñas. Los programas se dividen en dos grandes grupos. De un lado están los  sistemas de cupos, que en general reservan porcentajes de vacantes en los procesos selectivos para alumnos pobres y/o negros e indios. Inaugurados entre 2002 y 2003 en universidades estaduales de Mato Grosso do Sul y de Río de Janeiro, actualemente están en vigor en decenas de instituciones, sobre todo universidades federales. Del otro lado hay un sistema de bonificaciones en puntos en el examen de ingreso para alumnos de escuelas públicas y también los autodeclarados negros, pardos e indígenas, instituido en 2004 por la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y adoptado, con variaciones, por la Universidad de São Paulo (USP), por las universidades federales Fluminense (UFF), de Río Grande do Norte (UFRN) y de Pernambuco (UFPE) y por las facultades de tecnología paulistas, las Fatecs. Tal sistema no establece una cantidad mínima de vacantes, sino que amplía las chances de ingreso de esos grupos vía prueba de ingreso.

Desde el punto de vista del desempeño de los alumnos, los resultados más expresivos fueron los obtenidos en el sistema de la Unicamp. Un artículo publicado en una edición reciente de la Higher Education Management and Policy, publicación de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), presenta los datos en que se  basaron la creación de la bonificación de puntos y también sus primeros resultados. El estudio muestra que para los estudiantes que entraron en la Unicamp entre 1994 y 1997 aquellos oriundos de escuelas públicas tuvieron un desempeño académico superior a los egresados de colegios privados, considerándose para ambos grupos jóvenes que entraron en la universidad con notas en el examen en la misma franja. Este fenómeno, llamado resiliencia educacional, es conocido por los educadores e indica la capacidad del alumno de obtener éxito académico y social a pesar de la exposición a adversidades personales y sociales. Entre las explicaciones posibles se destaca la experiencia especial de los alumnos pobres, sin embargo bien formados, para enfrentar situaciones desfavorables, una cualidad valiosa en el ambiente competitivo de una universidad de investigación que no siempre es compartida con los compañeros de clase media, en general perdonados de las adversidades por sus familias.

Las evidencias sobre ese comportamiento ayudaron a moldear el Paais (Programa de Acción Afirmativa e Inclusión Social), que a partir de 2004 pasó a beneficiar con 30 puntos a los egresados de escuelas públicas y en más 10 puntos a los negros e indios ?ese bono es aplicado sobre una referencia de 500 puntos, adjudicado a la media del desempeño de todos los alumnos en cada prueba. La selección de esa franja de puntuación no fue casual. Se trata de una especie de zona de empate técnico del examen de ingreso, dentro de la cual la oscilación del desempeño de los postulantes no indica propiamente una ventaja en el caso que los mismos postulantes se sometan a sucesivos exámenes, sus  posiciones suelen variar dentro de esa área gris. La idea, por lo tanto, era privilegiar a alumnos de escuelas públicas, negros e indios solamente como criterio de desempate dentro de una muestra de aspirante con rendimientos académicos muy similares. Lo que nuestros datos mostraban es que, para más allá de la cuestión de la inclusión social y de la promoción de la diversidad, esa fórmula también le interesaba a la Unicamp desde el punto de vista académico, toda vez que históricamente los alumnos oriundos de la escuela pública exhibían un desempeño creciente en relación a los de la enseñanza privada con nivel equivalente de conocimiento, dice Renato Pedrosa, autor principal del artículo y profesor del Instituto de Matemática, Estadística y Computación Científica (Imecc) de la Unicamp.

En 2005, primer año de implantación del programa, la admisión en la Unicamp de alumnos provenientes de escuelas públicas creció de un 29,6% del total para un 34,1%. Y la participación no se limitaba a las carreras de poca demanda, como es habitual. Treinta y cuatro de los 110 estudiantes admitidos en los cursos más selectivos, como el de medicina, vinieron de la educación pública. El ingreso de negros e indios creció un 44% con relación a los 2 años anteriores, subiendo de 10,9% a 15,7% del total un índice ubicado empero aún debajo del 23% de matriculados de la enseñanza media del estado de São Paulo que pertenecen a esas etnias. El dato más significativo fue el desempeño de los egresados de escuelas públicas en el primer año de facultad. En el ranking del examen de ingreso, ellos tuvieron medias superiores las de compañeros egresados de escuelas privadas en solamente cuatro de las 56 carreras. Pero, al cabo de un año de estudios, las medias de esos mismos jóvenes ya eran superiores en 31 de las carreras cuando se los compara al grupo venido de la enseñanza particular. En la carrera de medicina los egresados de la escuela pública tuvieron un 7,9 de promedio, mientras que la nota de sus compañeros quedó en 7,6. Los resultados preliminares del año de 2006 y 2007 indican un rendimiento equivalente. Desde el punto de vista de la formulación de políticas públicas, nuestro abordaje es una clara alternativa a los sistemas de cupos adoptados por muchas universidades, pues desarrolla un nuevo concepto de mérito que beneficia a estudiantes de alto potencial y garantiza la diversidad en el ambiente académico, dice Renato Pedrosa.

Danilo Verpa/Folha ImagemEn 2006, la Universidad de São Paulo decidió adoptar un modelo similar al de la Unicamp, bautizado como Inclusp, que concede un bono de un 3% en las notas de las dos fases del examen de ingreso para postulantes que hicieron toda la enseñanza media en escuelas públicas. De las matrículas hechas en 2007, 2.719 fueron de alumnos provenientes de la educación pública, el equivalente al 26,7% del total. El índice superó el de los últimos años en 2006 fue de 24,7%, el equivalente a 2.448 alumnos. En la carrera de derecho de la USP, por ejemplo, el número de alumnos egresados de la escuela pública trepó de 43 en 2006 para 76 en 2007. En la carrera de medicina fueron 28 en 2007, ante solo 9 en 2006. Datos sobre el desempeño después del primer año de facultad muestran que ambos grupos, los que recibieron bonificación y los que no recibieron, tuvieron un rendimiento académico equivalente. En la carrera de medicina, el promedio del grupo del Inclusp fue de 7,2, idéntica a la de los demás estudiantes. En la de derecho también hubo empate: la nota promedio de los dos grupos fue de 7,2. En tanto, en el desempeño general de los alumnos de la institución en 2007 los beneficiados por la bonificación tuvieron una nota promedio de 6,3, ante 6,2 de los demás. Esos resultados muestran que las hipótesis que orientaron el programa tienen sentido, pero aún necesitamos evaluar más años para sacar conclusiones de una serie histórica, dice Selma Garrido Pimenta, prorrectora de Graduación de la USP. El Inclusp está aproximando la universidad a la red pública de enseñanza como queríamos. Muchos alumnos de escuelas públicas ni siquiera pensaban participar de nuestro examen de ingreso, como si no tuvieran posibilidades. Los primeros resultados muestran que ellos no solamente logran entrar sino que también tienen oportunidad de adaptarse al ambiente competitivo que rige en la universidad. La USP, que optó por no ofrecer bonificaciones para las minorías étnicas, va a reforzar aún más su acción afirmativa. El mes pasado fue aprobada la creación de una evaluación seriada de los alumnos de los tres años de la enseñanza media de las escuelas públicas paulistas. Los estudiantes que quieran participar en esas pruebas anuales y tengan buen desempeño ganarán bonificaciones extras en el examen de ingreso regular regular, además del 3% concedido actualmente.

Tanto la USP como la Unicamp evitaron adoptar sistemas de cupos, por considerarlos inconciliables con el consagrado concepto del reconocimiento por mérito que permea sus relaciones académicas. El temor es que el ingreso de estudiantes con formación deficitaria beneficiados por reservas fijas de vacantes cause prejuicios a la excelencia de la enseñanza y de la investigación la USP y Unicamp son responsables de más de un tercio de la producción académica del país. En el  debate sobre acciones afirmativas hay una discusión de fondo, que es el rol que universidades de investigación como la Unicamp deben desempeñar en la sociedad, afirma Leandro Tessler, coordinador ejecutivo del examen de ingreso de la Unicamp y docente del Instituto de Física Gleb Wataghin (IFGW). Hay gente que cree que esa función es promover inclusión social. Nosotros pensamos  que el objetivo debe ser atraer a los jóvenes más talentosos, tanto que realizamos el examen de ingreso en 20 ciudades en nueve estados del país, y garantizar su diversidad, afirma Tessler.

Los simpatizantes de los cupos, naturalmente, tienen otro punto de vista. Las experiencias con cupos y otras iniciativas parecen demostrar que es posible atraer alumnos procedentes de escuelas públicas con calidad similar a los oriundos de escuelas privadas, aunque no estén listados en el tope los aprobados en el examen de ingreso, dice Antonio Sergio Alfredo Guimarães, profesor de la USP, que es un estudioso de las acciones afirmativas y especialista en sociología de las relaciones raciales. En muchos casos, no falta capacidad de aprender, pues la motivación y el desempeño durante la carrera compensan deficiencias de formación. Nuestra sociedad es cada vez más democrática y hay una cuestión de principios: la finalidad es aumentar la inclusión y hacer que la elite intelectual no se confunda con la elite económica, que personas talentosas pero pobres no sean simplemente impedidos. Esa perversión del sistema es lo que se procura corregir.

Si hay un consenso entre los que defienden y los que se contraponen a los cupos, es que la raíz del problema está en la pésima formación que brinda la mayoría de las escuelas públicas de enseñanza básica y media. Pero los defensores no ven sentido en esperar que esa llaga histórica se resuelva.  Las estadísticas son elocuentes. El ingreso a la enseñanza superior brasileña es alcanzado solamente por un 7,1% de los brasileños de entre 18 y 25 años, pero entre los blancos en esa franja de edad el acceso a la universidad llega a un 11,2%, mientras que entre los negros no pasa de un 2,3%, dice André Brandão, profesor de la Universidad Federal Fluminense y organizador del libro Cupos raciales en Brasil: la primera evaluación, compilación de artículos con experiencias de varias universidades, lanzado en 2007.

Tuca Vieira/Folha ImagemEl desempeño en el examen de ingreso de los estudiantes beneficiados por sistemas de cupos sociales o raciales es, en la mayoría de los ejemplos ya estudiados, inferior al obtenido por el sistema de bonificación adoptado en la Unicamp, con relieve para las llamadas carreras de alto prestigio, en que la disputa por una vacante es más obstinada. Pero las evaluaciones disponibles no llegan a confirmar el temor de que los beneficiados por los cupos serían incapaces de acompañar el ritmo de los demás estudiantes o de que habría un impacto inmediato en la calidad de la enseñanza. Un grupo liderado por el profesor Jacques Velloso, de la Facultad de Educación de la Universidad de Brasilia, sigue desde 2004 el desempeño de los beneficiados por los cupos (un 20% de las vacantes se reservan para negros y pardos) y de los que no son beneficiados por los cupos en la institución y ya produjo un robusto conjunto de estudios sobre el tema. El análisis de la deserción de alumnos en el año 2005 muestra que, al contrario de lo esperado, el índice de beneficiados por cupos que abandonaron la carrera fue de un 9% del total, ante un 16% entre los no beneficiados con los cupos lo que también puede interpretarse como una manifestación de la resiliencia educativa. Una posible explicación es que el bajo rendimiento en las asignaturas, en general la causa de la deserción, esté más relacionado a la desmotivación del alumno que a una presumida incapacidad académica para concluir la carrera, dice Claudete Batista Cardoso, en su tesina de maestría que evaluó el sistema de cupos de la UnB, orientada por Velloso. Paradójicamente, el abandono es mayor en las carreras de menor prestigio social, justamente aquellas buscadas por los negros y pardos, probablemente por el escaso interés económico de la carrera. En las carreras de menor prestigio (las licenciaturas), la deserción llegó a un 17%, ante un 10% en los cursos más valorados (los bachilleratos).

En la UnB, el índice de rendimiento académico de los estudiantes que habían ingresado en el segundo semestre de 2004 reveló que el rendimiento de los beneficiados con los cupos es, de modo general, menor que los de no beneficiados con las cupos. Pero igualmente demostró que en todos los grupos de carreras hay estudiantes negros con un elevado rendimiento y que, en la mayoría de los grupos, entre un tercio y casi la mitad de los beneficiados por los cupos tuvieron rendimiento superior a la mediana del carrera, alcanzando un excepcional 70% en medicina, mantiene Velloso. Los datos sorprenden, pero no tanto, cuando se considera que los beneficiados por los cupos aprobados constituyen una elite social en su segmento, aunque sea una segunda elite si se la compara con la de los no negros universitarios?, dice. Los negros, como se sabe, abandonan la escuela antes que los blancos y solamente una parte de ellos concluye la enseñanza  media y se habilita a ingresar en la universidad. Según datos de 2001 del Sistema de Evaluación de la Educación Básica (Saeb), los negros son un 12% de los alumnos que concluyen el 4º grado en escuelas públicas y privadas. Pero, entre los que concluyen el 3º año de la enseñanza media, hay solamente un 6% de alumnos que se declaran negros.

En 2004 el desempeño medio de los postulantes del sistema de cupos de la UnB en el examen de ingreso fue inferior o bastante inferior al de los demás en las tres áreas del conocimiento Humanidades, Ciencias y Salud. Considerando los grupos de prestigio social más alto de las carreras en cada una de esas áreas, las diferencias quedaron en alrededor de un 25%. En los grupos de bajo prestigio de las tres áreas las distancias fueron menores, por debajo del 20%. El panorama del desempeño se alteró ostensiblemente en el examen de ingreso de 2005. Las mayores distancias entre postulantes de ambos segmentos pasaron a ser iguales o menores que solamente un 10%. En las carreras de alto prestigio de Humanidades los promedios de las notas de los beneficiados con los cupos fueron solamente un 1% inferiores a las de sus compañeros del sistema universal, o sea, no hubo diferencias con significado sustantivo entre ambos grupos, dice Velloso. Una posible explicación para el cambio fue la atracción de negros con patrón socioeconómico más elevado, que se animaron a disputar el examen de ingreso, estimulados por la cobertura de los medios sobre el programa de cupos.

Los datos disponibles muestran una variabilidad de desempeño muy grande entre las universidades que adoptaron cuotas raciales o sociales, pero la esperada deterioración del nivel académico parece no haber ocurrido en la mayoría de las instituciones. Es cierto que hay datos preocupantes: en el examen de ingreso de 2003 de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), en diez carreras, ingresaron beneficiados por las cupos (cupos para la escuela pública y, dentro de esta, para negros) que obtuvieron entre 4 y 7 puntos en los exámenes, de un total de 110 posibles. Un estudio realizado en 2006 por el historiador Wilson de Mattos en la Universidad del Estado de Bahía (Uneb) llegó a un resultado más alentador al comparar medias de rendimiento en la carrera de los que optaron por la reservación  de vacantes para negros con medias de los demás estudiantes. En una muestra de 11 departamentos de los diversos campi de la institución, considerando los promedios por departamento y el rendimiento en el primer y segundo semestre de 2003, las notas de los beneficiados con cupos generalmente se diferenciaban de las de los demás estudiantes por solamente algunas décimas de puntos menos. En dos departamentos, los promedios de los negros fueron superiores a los de los demás alumnos también por algunas décimas. Una encuesta de opinión hecha con 557 docentes de cuatro universidades que adoptaron cupos, la UnB, la Federal de Alagoas (Ufal), la Estadual de Bahía (Uneb) y la Uerj, sugiere que el sistema fue bien aceptado entre los profesores. Solamente un 9,7% consideraron que el nivel académico empeoró. La mayoría, de 79,6%, dijo que permaneció igual y un 10,7% consideró que mejoró. Realizaron el sondeo los investigadores André Brandão, José Luís Petruccelli y Renato Ferreira, del Laboratorio de Políticas Públicas de la Uerj.

Los ejemplos de sistemas de cupos que privilegian prioritariamente a los alumnos de escuelas públicas despuntan como los más bien aceptados, mientras que los que instituyen cupos raciales están más sujetos a controversias. Uno de los modelos más polémicos es el de cupos raciales de la UnB, que, en vez de adoptar el criterio de la autodeclaración de etnia, empleaba  hasta el año pasado un sistema de evaluación de fotos de candidatos a cupos. El sistema de fotos fue abolido en 2008, pero está en vigor la amenaza de descalificación para postulantes cuya declaración de etnia sea considerada fraudulenta, decisión especialmente difícil en un país mestizo como Brasil. La Ufba optó por poner a los autodeclarados negros como un subcupo dentro del cupo del 45% de alumnos de escuelas públicas y no ha tenido dificultades de ocupar las vacantes con esa doble criba. Como están reclutando a personas de un mismo estrato, no cambia mucho si hay exageraciones en la autodeclaración, afirma el profesor Antônio Guimarães, de la USP. La Uerj y la Universidad Estadual do Norte Fluminense (Uenf) modificaron sus sistemas al año siguiente a la implantación, transformando los cupos de negros en subcupos de los alumnos de escuelas públicas y exigiendo comprobación de carencia de los postulantes hubo la percepción de que, en el primer examen de ingreso, solamente negros de origen socioeconómico privilegiado habían obtenido éxito en el examen de ingreso. Las experiencias varían de acuerdo con las necesidades regionales. La Universidad Estadual de Mato Grosso do Sul (Uems) reserva un 20% de vacantes para negros y un 10% para indígenas. La Universidad Federal de Alagoas también instituyó una división peculiar. Hay la reserva de un 20% de las vacantes para estudiantes negros y pardos que estudiaron en escuelas públicas, pero hay una criba de género de ese total, un 60% cupo a mujeres afrodescendientes y un 40% a los hombres.

Patchen.diversityLa experiencia internacional muestra que no existe un modelo ideal de acción afirmativa. Los cupos raciales están cristalizados en países con fuerte desigualdad social y tensión racial, es el caso de Sudáfrica y la India. Tratamientos preferenciales y reservas de vacantes existen en Israel, en China, en Australia, en las Islas Fiji, en Canadá, en Pakistán, en Nueva Zelanda y en los Estados sucesores de la Unión Soviética. En Israel, medidas especiales se adoptaron para acoger los falashas, judíos de origen etiope. En Alemania y en Nigeria existen acciones afirmativas para las mujeres; en Colombia para los de origen indígena; en Canadá para indígenas, mujeres y negros. En Portugal hay reserva de vacantes en universidades para estudiantes oriundos de las antiguas colonias portuguesas de África. En Sudáfrica, la Constitución de 1996 determina la utilización de las políticas de acción afirmativa para garantía de acceso a las diversas instancias para los negros víctimas del régimen del apartheid. Por más que sean frecuentes, los programas de acción afirmativa surgen con un carácter provisorio, no siendo deseable, para la mayoría de sus promotores, proclamar acciones afirmativas como un principio o un aspecto permanente de la sociedad, observó Eglaisa Pontes Cunha, autora de una tesina de maestría sobre el desempeño de beneficiados por los cupos de la UnB, defendida en la institución en 2006.

En Estados Unidos, país usualmente señalado como patrono de cupos, la situación es mucho más compleja de lo que sugiere el sentido común. En rigor, la reservación de vacantes para minorías étnicas está prohibida desde 1978, cuando la Suprema Corte juzgó el escandaloso caso Bakke vs. los directores de la Universidad de California. Después de haber sido rechazado por la escuela de medicina de la Universidad de California, en Davis, Allan Bakke, un hombre blanco, inició una acción judicial alegando que había sufrido discriminación racial. Venció en la justicia común y la universidad apeló. En 1978, la Suprema Corte de Estados Unidos decidió a favor de Bakke y clasificó como inconstitucionales los programas de admisión que reservan vacantes con base en la raza. Pero la decisión favoreció las acciones afirmativas, permitiendo que las escuelas consideren la raza como uno de los factores contemplados en los procesos de admisión. Los sistemas de selección estadounidenses, que varían de estado a estado y de institución a institución, admiten el ejercicio de una serie de acciones afirmativas. Buena parte de los estados concede beneficios a sus propios ciudadanos, en la forma de puntos y de un precio accesible de las mensualidades (la enseñanza es paga), y mantiene esquemas para asegurar la diversidad étnica en sus campi. Las universidades estaduales de California, por ejemplo, son obligadas por ley a recibir los 12% de estudiantes formados con las mejores notas en sus escuelas públicas estaduales.

En el caso brasileño, una evaluación más efectiva de programas de acción afirmativa sólo será posible en el horizonte de algunos años. Sucede que, en los últimos dos años, vienen siendo detectadas transformaciones en el perfil de la demanda cuyos efectos aún no están claros. Los datos de la Universidad de Brasilia sobre el año 2006, compilados en la tesina de maestría defendida el mes pasado por Claudete Batista Cardoso, muestran que el porcentaje de inscritos para los cupos evolucionó del 15% del total en 2004  a un 17% en 2005, cayendo abruptamente a solamente un 10% en 2006. Según Claudete, una posible explicación para ese comportamiento es que él haya sufrido influencia de la fuerte expansión de vacantes en la enseñanza  privada en el Distrito Federal, asociado al advenimiento del Programa Universidad para Todos (ProUni), que distribuye becas en la enseñanza privada para alumnos necesitados. Como entre los beneficiados con los cupos una parte ponderable tiene nivel social muy inferior al de los no beneficiados con las cupos, lo que influye negativamente en sus posibilidades de aprobación en exámenes muy competitivos, es posible que muchos de los que pensaban inscribirse en las cupos de la UnB hayan pasado a buscar becas del ProUni, afirma Claudete. En el examen de ingreso de la USP, más allá del advenimiento del programa de acción afirmativa Inclusp, la cantidad de alumnos provenientes de la escuela pública cayó de 49.340 en 2006 a 46.309 en 2007 resultado atribuido al aumento de la oferta de vacantes en la red privada de enseñanza superior y al éxito del ProUni.

No obstante, otras evidencias sugieren que los programas de acción afirmativa no sufrirán una sacudida en sus premisas. Estudios realizados por investigadores de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) y de la UnB sugieren que una eventual multiplicación del número de vacantes en las universidades federales, tal como promete el Ministerio de Educación para los próximos años, tendría poco efecto en la reducción de la desigualdad racial. Las simulaciones muestran que, si el número de vacantes ofrecidas por las dos instituciones se duplicase repentinamente y no hubiese cupos, la proporción de negros aprobados prácticamente no sufriría alteraciones. Esta evidencia obtenida indica claramente que, hasta con un fuerte ampliación de las vacantes, las chances de ingreso de jóvenes negros poco se alterarían, afirma el profesor Jacques Velloso, de la UnB . La evidencia también contribuye a situar a los cupos en su perspectiva, que tiene dos lados. Primeramente, son un ajuste marginal, aunque necesario, de las desigualdades sociales y raciales anteriores. Segundo, que es indispensable democratizar efectivamente la educación básica pública, ofreciendo una enseñanza de calidad a todos los que, en virtud del color de la piel y de su estrato social, no suelen tener acceso a ella.

Como observa el sociólogo José de Souza Martins, profesor titular jubilado de la USP y un crítico de acciones afirmativas, cupos y bonos están lejos de tocar en el problema principal. La Justicia se hace mejorando la calidad de la enseñanza y dando oportunidades igualitarias para todos, no sólo para algunos. Recursos como los cupos remiendan la desigualdad y no resuelven ningún problema, afirma Martins. La Ley de Directrices y Bases de la Educación estableció que Brasil debía instituir a partir de 2002 la escuela de doble turno hasta la enseñanza  media. No se concretó. En lugar de eso, plantearon la discusión sobre los cupos. Se plantea reclutar estudiantes con menor potencial y dejar afuera a los de mayor potencial. ¿Qué gana la sociedad con eso? No gana nada. Se hace de cuenta de que se hizo justicia, dice el profesor.

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