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Agricultura

Tierra protegida

En la región amazónica, las técnicas de cultivo reaprovechan el monte en lugar de quemarlo

Braz/Miguel BoyayanAl menos una vez por mes, las biólogas Elisa Vieira Wandelli, de Embrapa Amazonia Occidental, y Sandra Celia Tapia-Coral, del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, sigla en portugués), visitan a seis familias de agricultores de un asentamiento cercano a Manaos. Ellas promueven la implantación de la tipitamba, una técnica de cultivo agrícola que sustituye la quema por el reaprovechamiento de la “capoeira”, vegetación secundaria que crece en áreas desmontadas y abandonadas. En la versión más reciente de esa metodología, un tractor tritura árboles de hasta 20 centímetros de diámetro y arroja las hojas y madera cortadas sobre el suelo recorrido. Más atrás, hombres con azadas nivelan la cobertura que protegerá el suelo contra la erosión, el calor intenso y la pérdida de nutrientes que serían inevitables si la vegetación fuera meramente quemada.

Adoptada actualmente por cien familias de pequeños agricultores en seis estados de la Amazonia, esta técnica comenzó a desarrollarse en el año 1991 en Pará por parte de un grupo de investigadores brasileños y alemanes. Ellos buscaban una alternativa a la agricultura basada en la tala y quema de la vegetación natural, adoptada por 600 mil familias para producir el 70% de la alimentación consumida en la Amazonia, aunque con eficiencia limitada: la productividad sólo es buena durante dos años, mientras la vegetación que sobrevive al fuego renazca. Además de reducir la fertilidad del suelo, esa forma tradicional de agricultura contribuye para la destrucción de la selva original, cuando faltan tierras para cultivar, y es una de las causas del abandono de 200 millones de hectáreas desmontadas en la Amazonia.

Los primeros intentos por cortar, triturar y reaprovechar el monte manualmente se revelaron como poco productivos, pero indicaron el camino que condujo a la mecanización y a los métodos actuales. Pero ahora se clarificaron los beneficios agrícolas y ambientales de la metodología desarrollada por los equipos coordinados por el ingeniero agrónomo Osvaldo Ryohei Kato, de Embrapa Amazonia Oriental, con sede en la ciudad de Belém, y por el biólogo Manfred Denich, de la Universidad de Bonn, en el marco de un proyecto denominado inicialmente Estudios de los Impactos Humanos sobre las Selvas Zonas Anegables en los Trópicos (Shift, su sigla en inglés). Al ser triturado y devuelto al suelo, el monte se transforma en un abono de liberación lenta, que provee fósforo, nitrógeno y potasio a las plantas mientras que se descompone.

Hijo de inmigrantes japoneses, que nació y creció entre plantaciones de ají en Tomé-Açu, nordeste paraense, Kato cuenta que el suelo cubierto con este compuesto triturado aplaza en por lo menos cuatro meses el retiro de las gramíneas invasoras, que disputan el espacio y los nutrientes con los cultivos agrícolas y aparecen más rápidamente cuando la vegetación es quemada.

Arroz, hortalizas y frutas
Experimentos realizados en los últimos años indican que el arroz, el maíz, los frijoles y la mandioca pueden crecer en el suelo tratado en esa forma. “Las familias pueden sembrar dos veces sucesivamente en una misma área en lugar de una sola vez, ya que no precisan esperar que el suelo se recupere de la quema”, afirma Kato. Además, agrega, la tierra puede prepararse en cualquier época del año -y de este modo, el calendario agrícola, que determina qué plantar en cada mes, cobra elasticidad. Según Kato, las pruebas realizadas por los agricultores, demuestran que la tipitamba también puede utilizarse para el cultivo de hortalizas y frutas, tales como guanábana, asaí, cupuazú, muricí, naranjos, cajú y maracuyá.

La tipitamba no constituye solamente una alternativa a la quema, responsable del 75% de las emisiones brasileñas de gases que contribuyen al calentamiento global, una de las causas de los cambios climáticos. Apoyada por el gobierno alemán, por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y por el gobierno de Pará -y más recientemente por el Ministerio de Medio Ambiente y el Banco de la Amazonia-, esta técnica también representa una forma de aprovechar la capoeira. Aunque está considerada como vegetación temporal de un espacio en transformación, la capoeira ocupa el 76% de las 3,4 millones de hectáreas de la región norte clasificadas como tierras útiles no aprovechadas en el Censo Agropecuario más reciente, realizado en el año 1995.

La utilización de técnicas de cultivo como la tipitamba podría disminuir la imagen de esos montes como tierra ociosa o capoeira reserva, expresión adoptada por el economista Francisco de Assis Costa, profesor del Núcleo de Altos Estudios Amazónicos (Naea) de la Universidad Federal de Pará (UFPA), en un estudio reciente. También podría, con el transcurso del tiempo, eliminar el otro significado que Costa analiza, el de capoeira chatarra o capoeira residuo -zonas abandonadas e improductivas que expresan, según él, “el fracaso de la vegetación original”, la selva, o de la actividad agropecuaria tradicional y con baja eficiencia económica. Una técnica de cultivo menos agresiva que la quema también podría reforzar lo que el denomina capoeira capital, cuando la vegetación se transforma en un elemento productivo o un medio de producción, como si fuese una máquina que produjese nitrógeno, fósforo y otros nutrientes necesarios para el cultivo agrícola.

La posibilidad de reaprovechar periódicamente esa vegetación gana adeptos a la medida que las barreras caen. El biólogo Flavio Luizão y su equipo del Inpa temían que la capoeira, al descomponerse, liberase una cantidad inaceptable de metano, uno de los gases causantes del calentamiento global. Sus experimentos del Proyecto LBA – Experimento a Gran Escala de la Biósfera-Atmósfera en la Amazonia mostraron, sin embargo, que la liberación de metano por parte de la madera descomponiéndose disminuyó en lugar de aumentar. En su opinión, el resultado sugiere que el metano podría estar siendo incorporado por los microorganismos e insectos que descomponen las hojas y ramas, ya que esa biodiversidad se torna abundante, como verificó Sandra Tapia-Coral. Según Luizão, el suelo, cuando es cubierto por la monte triturado, queda más poroso, por lo cual el agua, micro y macroorganismos y el oxígeno podrían circular entonces con mayor facilidad, creando un ambiente que absorbería el metano. “No encontramos efectos adversos en esa metodología”, dice Luizão. Eric Davidson, del Woods Hole Research Center, de Estados Unidos, en conjunto con Kato y otros investigadores de Embrapa Amazonia Oriental, demostró este año en la revista Global Change Biology que cortar y triturar la vegetación emite menos metano y que el plantío lo absorbe mejor en los meses siguientes que con la tradicional técnica de tala y posterior quema de la vegetación natural. Otra conclusión que se desprende de ese estudio es que la tipitamba emite además cinco veces menos de otros gases responsables de el calentamiento global.

Aún deben realizarse ajustes en la tipitamba, palabra de los aborígenes tiryos de Pará, que significa “capoeira” o “ex roza”. El primero es el costo de los equipamientos, ya que el valor del tractor ronda los 200 mil reales y el triturador, otros 100 mil reales. Las máquinas, que provienen de Alemania, representan una versión más robusta de los prototipos traídos en el año 2000 para  los test, utilizados en Europa Central para triturar ramas más finas y menos duras. No obstante, los costos no son tan altos, no obstante, si los equipos fueran adquiridos por cooperativas o por empresas. Tal como hizo Aluminio do Brasil (Albrás), que compró un tractor triturador, para incentivar a 20 familias a cultivar la tierra aledaña a la fábrica de Barcarena, en el estado de Pará sin realizar quemas. En uno de los capítulos del libro Innovación y difusión tecnológica para la sostenibilidad de la agricultura familiar en la Amazonia – Resultados e implicaciones del proyecto Shift Socioeconomía, organizado por Costa, Thomas Hurtienne y Claudia Kahwage (versión íntegra libre del libro por Google Books), Geraldo Stachetti Rodrigues y otros investigadores de Embrapa muestran que los servicios ambientales tales como la reducción del carbono, que otorgaría a los agricultores una ventaja comparativa en relación con los que liberan carbono quemando la selva, podrían aumentar la eficiencia de esa técnica.

Otro problema por resolverse es la productividad durante el primer año de cultivo, que, aunque sea mayor que la de la tierra quemada, aún se considera baja. “Se trata del mismo problema del cultivo directo sobre los rastrojos”, recuerda Silas Aquino de Souza, de la Embrapa Amazonia Occidental de Manaus. Por tal motivo, Luizão promueve la idea de que los agricultores deberían recibir un subsidio para poder superar esa primera fase. La productividad comienza a crecer a partir del segundo año, reduciendo o hasta eliminando la necesidad de nutrientes extras. “Nuestra hipótesis”, dice Kato, “es que la calidad del suelo mejore en el largo plazo, como resultado de la acumulación de materia orgánica en descomposición”.

Un obstáculo ya quedó atrás: convencer a los agricultores para modificar los hábitos de cultivo de la tierra. En el año 2000, mediante un prototipo de triturador, los investigadores lograron la adhesión de seis familias en Igaparé-Açu y otras cinco en Marapanim, en Pará. Carlos Oliveira, durante el cursado de su maestría en la Universidad Federal de Pará y en Embrapa Amazonia Oriental, acompañó a las familias de Marapanim y concluyó que los usuarios se apropian con mayor facilidad de una tecnología cuando participan de su desarrollo desde un principio. Con el tiempo, las propias familias comenzaron a proponer y a llevar a cabo la experimentación del uso de esa técnica en los cultivos de sandía, ají y hortalizas. En la actualidad, cien familias adoptan la tipitamba en sus cultivos y tierras en los estados de Acre, Amapá, Amazonas, Rondônia, Roraima y Maranhão, con el apoyo de las unidades de Embrapa en los mismos. “Solamente ofrecemos la innovación”, cuenta Kato. “Los agricultores son los que deciden cómo utilizarla y ahora son ellos los que nos enseñan lo que es factible o no cultivar mediante esa técnica”.

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