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Artes plásticas

Impresiones de alegría

En las páginas de las revistas Fon-Fon y Careta, el Carnaval carioca consolidó el cuestionamiento democrático

IMÁGENES REPRODUCCIÓNEl humor es sin lugar a dudas la mayor de las subversiones. La risa siempre ha desconcertado y desafiado a los regímenes totalitarios o a las sociedades más conservadoras. A través de las caricaturas o de los dibujos estampados en la prensa, o en los programas de radio y televisión, mucho se ha dicho y se ha criticado durante los dos últimos siglos, con más eficiencia incluso que un ceñudo editorial de periódico o de revista. Mucho menos que en el pasado, el Carnaval todavía sirve también para protestar con sus murgas [blocos] que se disfrazan y portan estandartes. Caricaturas carnavalescas: Carnaval y humor en el Rio de Janeiro según la óptica de las revistas ilustradas Fon-Fon y Careta (1908-1921), la tesis de Fabiana Lopes da Cunha, vuelve a los albores del siglo XX para rescatar uno de los períodos más fascinantes y participativos de la prensa de humor y del Carnaval carioca.

Con base en el análisis de ilustraciones y textos elaborados por grandes nombres de la caricatura y de la literatura y de periodistas que quedaron en el anonimato, explica Fabiana, es posible notar la importancia de Momo en la vida de esos hombres de letras y de pinceles, y cuán importante fue la contrapartida que los mismos aportaron, no solamente para el público lector. Es posible, añade ella, rescatar y reconstruir a través de esas publicaciones no sólo la historia de la fiesta, sino también comprender el contexto del período, los problemas políticos, la moda, las innovaciones y los cambios en la vida de la población carioca. “El Carnaval y el humor eran importantes no solamente para la salud económica de las empresas periodísticas y editoriales, pues el abordaje y el tema agradaban al público lector, sino también y especialmente en la vida de los escritores y artistas que escribían con irreverencia y participaban activamente en las murgas. Por lo tanto, ellos mismos eran también artífices de esa historia.”

Un ejemplo de la utilización de la fiesta como negocio por parte de la prensa era el Jornal do Brasil, que contaba con un talentoso elenco de ilustradores como Julião Machado, Raul Pederneiras y Amaro Amaral. El diario, dice la investigadora, se valió de la popularización y el consumo de caricaturas, siendo así el responsable de la divulgación de un determinado tipo de Carnaval entre la población de nivel social más bajo. “Los tirajes en los días de fiesta aumentaban extraordinariamente”. La cobertura era completa y entusiasta. Los reporteros y redactores, comenta Fabiana, se esmeraban al máximo para obtener informaciones. Hacían la ronda entre las murgas, publicaban los nombres de sus directores y de los carnavalescos [coreógrafos] que los frecuentaban, estampaban en sus páginas los grabados de los estandartes de esas agrupaciones e incluso promovían concursos para premiar esas manifestaciones carnavalescas más populares.

Profesora asistente doctora de la Unesp-Ourinhos, Fabiana defendió su maestría y su doctorado en la línea de historia social en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas (FFLCH), de la USP. Con su meticulosa y reveladora investigación, ella saca a relucir los nombres de literatos, periodistas, caricaturistas y algunos músicos como Olavo Bilac, Artur Azevedo, Calixto Cordeiro, J. Carlos, Raul y Mario Pederneiras, Martins Fontes, Emílio de Menezes, José do Patrocínio Filho, Olegario Mariano, João do Rio, Coelho Neto, Bastos Tigre, Lima Barreto, Luiz Edmundo, Luiz Peixoto, Eduardo das Neves y Xisto Bahia, entre otros colaboradores de Fon-Fon y Careta. Otro punto que la autora considera curioso fue el hecho de que, pese a haber leído en un libro reciente que se afirmaba que Bilac tenía aversión al Carnaval, ella arribó a la conclusión de que el periodista y poeta, al menos durante un determinado período de su vida, fue un folión activo y un escritor asiduo de crónicas relacionadas a la agitación momesca.

Pese a que ambas revistas fueron en parte responsables de la propagación e inserción de nuevas formas de vivir y de “ver” el Carnaval carioca y el de todo país, estimuladas por la importación de “extranjerismos” y por los modismos provenientes de países como Francia o Italia, principalmente durante la belle époque, Fabiana percibió que la realidad, muchas veces traducida en la irreverencia de la propia folía, o mediante textos y caricaturas impresas en las revistas, se transformaba en comedia. “El Carnaval y el humor difundidos a través de sus carros de crítica [pequeñas obras cómicas ambulantes que circulaban por los puntos principales de la ciudad criticando los problemas que se vivían en ella] o en los disfraces de enmascarados sueltos que insistían en jugar por las calles de la ciudad, traducen una identidad con la nación y con su cotidiano y política muy peculiares, y que son muchas veces traducidas a través del sarcasmo y de la irreverencia de críticas hechas en momentos de fiesta”, sostiene la investigadora.

Así, ésta demostró de qué manera las caricaturistas y los articulistas terminaban por expresar en las revistas ilustradas no solamente sus opiniones, sino también aquello que ya era un consenso por las calles de la ciudad y, habida cuenta de ello, se convertía en motivo para la confección de trajes y máscaras sobre el tema. Tales sátiras estaban por lo tanto asociadas a una forma carnavalesca de representar estos temas que formaban parte del cotidiano de la población o de parte de la intelligentsia, que contribuía con textos humorísticos para ambas publicaciones. “De esta forma, nos parece que este tipo de humor se manifestaba principalmente en momentos de esparcimiento y diversión y en tiempos de fiesta. Tal vez porque en ellos la crítica hecha de forma irreverente fuese más digerible, momentos en los cuales ciertas posturas eran ablandadas y la risa fluía más fácilmente.”

IMAGENES REPRODUCCIÓNEn ciertas situaciones, subraya Fabiana, los juegos momescos, aliados a sentimientos de contrariedad y de insatisfacción de parte de la población, terminaban desquites contra el prójimo. En este caso, con adversarios que formaban parte de un grupo carnavalesco rival, cuando se encontraban por las calles. Entonces las groserías verbales muchas veces se transformaban en agresividad física. Pero, por otra parte, la investigadora sostiene que no quiere con esas observaciones insinuar que la risa y la sátira fueran formas típicas de los brasileños de manifestarse política y socialmente. “Con todo, el hecho es que, al menos durante la belle époque, la representación humorística fue extremadamente usada e importante para la comunidad y también para la elite intelectual a los efectos de expresar sus anhelos de modernidad.”

En un primer momento, sostiene Fabiana, su tarea fue analizar ambos periódicos hasta el año 1930. De deparó con un material muy rico y revelador sobre la vida cotidiana y política de la capital de Brasil. En especial, en cuanto a la postura que ambas revistas tomaban con relación a la política y a ciertas prácticas relacionadas al Carnaval. Otras fuentes documentales importante para ella fueron las propias canciones de la época, que poseen material rico en humor y sátira, pese a que la investigadora no se propuso analizarlas en su forma, como lo hizo en su maestría. “Sabemos que muchas de esas composiciones no eran hechas específicamente para el Carnaval, pero la sátira política y la de costumbres tenían gran éxito por las calles de la ciudad, principalmente en esos días de fiesta en los cuales la libertad y los excesos permitían y estimulaban la crítica y la risa.”

Fabiana utilizó la documentación impresa para demostrar de qué manera los caricaturistas y articulistas terminaban expresando en las revistas ilustradas tanto sus opiniones como aquello que era un consenso en la ciudad. Habida cuenta de ello, se convertían en motivos para la confección de disfraces y máscaras sobre el tema. “Por ende, tales sátiras estaban asociadas a una forma carnavalesca de representar esos temas que formaban parte del cotidiano de la población o de parte de la intelligentsia que contribuía para estas ediciones”. Además de Fon-Fon y Careta, ella recurrió a algunas revistas ilustradas como O Mequetrefe y Revista Ilustrada, y el diario Gazeta de Notícias, entre otras. “A través de una caricatura en la que K.lixto retrata al Barão do Rio Branco como un cocinero que prepara un omelette, cuyo fuego es alimentado por bolsas de dinero, es posible saber que además de ser muy popular, el ilustre ministro también era famoso por sus banquetes y por la gran cantidad de dinero que gastaba en tales recepciones.”

A través de esta caricatura, prosigue Fabiana, asociada a varias otras que abordan su personalidad política y su famosa política de diplomacia, junto con textos, músicas y obras de teatro que son publicados o propagandeados, se puede comprender la importancia que el Barão do Rio Branco y su política tenían para la población carioca. Tales documentos denotan también que esas referencias humorísticas poseían un mixto de indignación con los gastos y de admiración por las sucesivas victorias diplomáticas que tuvo el barón en su vida pública. “Es lo que notamos al final del texto: ‘Al freír los huevos, yo les hago una zancadilla fraternal a los pueblos’.”

El estudio de Fabiana identificó varios otros ejemplos de imágenes y textos que revelan las diversas caras con la cuales la sociedad carioca, durante la belle époque, veía en los festejos de Momo y cómo estos eran representados en dos de las principales revistas semanales del período. “La óptica mostrada fue principalmente aquélla elaborada por los literatos y caricaturistas del período, que retrataban tales festejos con una gran dosis de humor y crítica”.  La investigadora aborda varios aspectos de esa sociedad que fueron “carnavalizados” por los colaboradores de las revistas. Fue posible para ella ver los cambios acaecidos en la ciudad: las reformas, la introducción de los tranvías eléctricos, de los automóviles, de los cafés y su desplazamiento en frecuencia hacia los salones literarios, el teatro y su popularización con la implementación de las sesiones, la moda, con sus sombreros, sus entravées y jupes-coulottes.

Se identificaron también las modificaciones que se dieron en la política y en el Carnaval. Fabiana estudió también de qué manera este último fue utilizado en forma pedagógica por parte de los literatos, a través de los desfiles y de los temas de los carros de crítica que difundían sus ideales. “Con la proclamación de la República y la desilusión de gran parte de los literatos frente a ella, los mismos carros que antes se usaban para inculcar una ideología a la población, apuntando a la abolición y al fin de la monarquía, serían utilizados en un primer momento para elogiar las reformas implementadas con una rapidez y un autoritarismo sin precedentes”. Sin embargo, sostiene la investigadora, tal sentimiento de euforia duraría muy poco. Enseguida el humor y la sátira pasarían a volcarse nuevamente hacia las personalidades políticas y hacia ciertos modismos que en ese entonces imperaban. Todo dentro del espíritu y de la irreverencia que hicieron  de la fiesta momesca una gran celebración de las libertades.

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