Imprimir Republicar

Fomento

La evolución de una idea

El Gobierno reedita el programa de redes temáticas virtuales, ahora con mayores recursos y articulación con los estados

BRAZMediante una amplia cooperación entre el gobierno federal y cinco fundaciones estaduales de apoyo a la investigación científica (FAP’s) se destinarán durante los próximos tres años, 475 millones de reales para la creación de los Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología, redes temáticas de excelencia a las que incumbe procurar el avance del conocimiento en áreas consideradas vitales para el desarrollo del país o en temas de avanzada, en los cuales la investigación nacional exhibe un alto desempeño. Del total de esos recursos, que constituyen el mayor monto jamás concedido para un concurso público de apoyo a la investigación en el país, la mitad será vinculada con 19 áreas definidas como estratégicas en el Plan de Acción de la Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno federal, tales como biotecnología, nanotecnología, biocombustibles, agronegocios, Amazonia, programa espacial y cambios climáticos. La otra mitad apoyará las mejores propuestas presentadas por investigadores de cualquier especialidad. El número exacto de institutos dependerá de la calidad de las propuestas presentadas y de la decisión del comité científico encargado de seleccionarlas, aunque la perspectiva es que se contemplen hasta 65 proyectos.

Los Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología sustituirán a los Institutos del Milenio, un ambicioso programa lanzado en 2001, en las postrimerías del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. El modelo se inspiraba en programas similares lanzados en Chile, China e India, que buscaban, por un lado, articular grupos de investigación potenciando la base de laboratorios ya instalados y, por otra parte, producir el conocimiento que contribuyese a un aumento de la competitividad de la economía brasileña o para la solución de grandes problemas nacionales. El Banco Mundial fue decisivo para el lanzamiento al otorgar un crédito de 90 millones de reales a Brasil para establecer sus proyectos. Los proyectos contemplados fueron sometidos a evaluación en 2003, ya durante el gobierno de Lula, quien recomendó la continuidad del programa. En 2004 fue lanzado un nuevo concurso de propuestas.

En un indicador que revela la medida del desempeño de los contemplados en el primer concurso, diez de los 17 Institutos del Milenio aprobados en 2001 fueron renovados en 2004, relacionados con temas tales como la investigación básica en nanociencia, el desarrollo de vacunas y test de diagnóstico de la tuberculosis. Se distribuyeron 90 millones de reales en cada una de las dos ediciones, pero el dinero no fue suficiente en el concurso de 2004, cuando se contemplaron 34 propuestas, el doble del total del concurso anterior. “Los actuales Institutos del Milenio aún funcionarán hasta fines de año y pasarán por una evaluación, pero la sensación que tenemos es que, con la fragmentación de los recursos, el impacto fue menor que el de la primera edición”, dice Marco Antonio Zago, presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq).

El aprendizaje con los errores y aciertos de los Institutos del Milenio ayudó al CNPq, responsable de los programas, a modelar el pliego de los Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología. La idea original se mantiene: se busca traspasar la frontera del conocimiento en áreas vitales y estimular la conformación de redes de investigadores, liderados por un coordinador con reconocida competencia en la materia. No obstante, se produjeron cambios en las exigencias y en la operatividad del programa. La principal de ellas tiene que ver con la ampliación de los recursos proporcionados y con la articulación con los estados. El MCT destinará 270 millones de reales, tres veces más que lo dispuesto para los Institutos del Milenio. Cada proyecto podrá contar con una suma de 3 a 9 millones de reales durante un período de tres años, comparados con los 500 mil a 2 millones de las versiones anteriores.

brazLa inversión será responsabilidad del CNPq, que proveerá 110 millones de reales, y de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), con 160 millones de reales provistos por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FNDCT). Además del esfuerzo del ministerio, otros 175 millones de reales provendrán de cinco fundaciones estaduales de apoyo a la investigación, aplicables en proyectos contemplados en sus estados, siendo 75 millones de la FAPESP, 30 millones de la Fapemig (Minas Gerais), 30 millones de la Faperj (Río de Janeiro), 30 millones de la Fapespa (Pará) y 10 millones de la Fapeam (Amazonas). La Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), vinculada al Ministerio de Educación, colaborará con más de 30 millones, en forma de becas en diferentes modalidades. “Los Institutos del Milenio consiguieron excelentes resultados, pero cuentan con recursos muy limitados. Los Institutos Nacionales los sustituirán con mayor sostenibilidad”, afirmó el ministro de Ciencia y Tecnología, Sérgio Rezende, al anunciar el programa en julio.

Marco Antonio Zago destaca otras modificaciones, tales como la prohibición de que un mismo investigador se halle vinculado con más de una red. “Un científico puede asimismo colaborar con más de un instituto, pero sólo podrá estar vinculado con uno de ellos. Eso impedirá que así se conformen redes con la participación de un número exagerado de investigadores, en las cuales muchos ostentan un rol apenas honorario”, dice. La distribución de responsabilidad y de recursos entre los asociados estará definida claramente, según Zago. Cada laboratorio asociado deberá contar con un investigador responsable. “La idea es que las instituciones participen en las redes porque la financiación será provechosa para ellas. Por eso se necesita que quede claro cuál es la meta de los participantes y de cuánto dinero cada uno dispondrá para que después podamos lograr beneficios”, dice Zago.

En los Institutos del Milenio, sostiene, era posible contemplar proyectos que no promoviesen intensa articulación entre los investigadores. “Ahora se valoriza más la necesidad de construir redes”, dice. La inclusión entre los laboratorios asociados de grupos de investigación localizados en nuevos campus universitarios o en regiones con baja densidad de doctores se considera ventajosa para el proceso selectivo. Para garantizar el carácter nacional de los institutos, los recursos serán distribuidos de manera de aprovechar la masa crítica concentrada en las regiones sudeste y sur sin perjudicar a los demás estados. La distribución de recursos determina que el sudeste se quede con 50% de la torta, el sur, con el 15%, y los estados del norte, nordeste, centro-oeste, además del estado del Espírito Santo, con el 35% del presupuesto. Tal disposición ha sido criticada por violar el principio del mérito científico, dado que los tres mayores estados de la región sudeste (São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais) son responsables del 80% de la producción científica nacional, medida en artículos publicados en revistas catalogadas internacionalmente.
La articulación con las fundaciones estaduales de apoyo a la investigación, dice Zago, será importante no sólo para ampliar el volumen de recursos, sino también para sumar al programa la experiencia que las FAP’s disponen en cuanto a la selección y evaluación de propuestas.

brazAcorde con lo establecido en el pliego lanzado en agosto, los Institutos Nacionales deberán encargarse de producir no sólo investigación de avanzada sino también de la formación de recursos humanos y la transferencia del conocimiento hacia el sector productivo y la sociedad. Para los proyectos con aplicaciones tecnológicas o de innovación, debe atenderse una cuarta misión, que es la transferencia de conocimiento hacia el sector empresarial o para el gobierno. Los centros también deberán contar con programas de educación en ciencias y difusión del conocimiento, conducidos por sus investigadores y por los becarios, focalizados en el fortalecimiento de la enseñanza media y en la educación científica de la población en general. Zago observa que ese carácter más globalizador, cuyos componentes aparecían en forma tenue en los Institutos del Milenio, se inspiró en el éxito del modelo de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepids), creados por la FAPESP en 2000 – uno de ellos, el Centro de Terapia Celular (CTC), es dirigido por el propio Zago, profesor titular de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo. “Fui muy influenciado por la experiencia de los Cepids, que garantizan grandes resultados y de largo plazo para algunos grupos, concediendo un grado de libertad poco común. Somos ocho investigadores principales en el centro y no necesitamos trabajar todo el tiempo elaborando proyectos para garantizar los recursos – el canal para solicitar y recibir recursos es bastante más simple”, afirmó. El trabajo de difusión practicado por los Cepids incluye la oferta de cursos para estudiantes y profesores de enseñanza media y el estímulo para la formación de pequeñas empresas que incorporen los resultados de las investigaciones.

El programa de los Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología tendrá cinco años de duración. Al cabo de los primeros tres años, período cubierto por el actual concurso de propuestas, los institutos serán evaluados y los que funcionaron bien podrán obtener recursos para dos años más de operación. “Lo ideal sería otorgar un patrocinio más largo a los institutos, pero no podemos comprometernos por un período mayor que tres años. Asimismo, otros gestores estarán encargados de cuidar de la política de ciencia y tecnología dentro de tres años”, afirma Zago.

Según la evaluación de Hernan Chaimovich, profesor del Instituto de Química de la USP que participó del Comité Científico Internacional encargado de seleccionar las propuestas ganadoras de los Institutos del Milenio, los Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología cuentan con potencial para cumplir los ambiciosos objetivos trazados en 2001 y que no se concretaron con el vigor esperado. “Los Institutos del Milenio integraban un nuevo paradigma para el sistema de financiación de ciencia y tecnología, basado también en la aplicación de recursos mediante los fondos sectoriales, pero el gobierno cambió y la idea no prosiguió su camino original”, explica. Él recuerda que el comité científico de la primera edición llegó a ser recibido por el presidente de la República, tal era la apuesta del programa. “En la segunda edición eso no sucedió”. Con todo, Chaimovich evalúa que la importancia y las responsabilidades atribuidas a los Institutos Nacionales superan las metas de los Institutos del Milenio. “El documento que justifica la creación de los institutos describe un sistema de ciencia y tecnología inédito, sofisticado y con objetivos claros, como no sucedía en 2001. Y el rol de los institutos en ese sistema ocupa la cima de una pirámide en cuya base se hallan los grupos de investigación y los núcleos de excelencia. Si va a funcionar, sólo se sabría con la ‘bola de cristal’, pero las posibilidades de éxito son mayores incluso porque aprendimos mucho con la experiencia de los Institutos del Milenio y con los Cepids de la FAPESP”, dice Chaimovich, quien es coordinador del programa de los Cepids.

Esa expectativa es compartida por grupos de investigación que estuvieron vinculados con los programas de los Institutos del Milenio. El investigador Marcos Antônio Machado, del centro de Citricultura del Instituto Agronómico (IAC), coordinó entre 2001 y 2004 el Instituto del milenio de Integración del Perfeccionamiento Genético, Genoma Funcional y Comparativo de Cítricos. Para él, el lanzamiento de los Institutos Nacionales de Tecnología consolida un modelo esencial para ampliar el impacto de la investigación realizada en Brasil. “En nuestro caso, la participación en el programa permitió un enorme salto de calidad y la apertura de nuevas fuentes de trabajo. Dejamos de ser un grupo que realizaba investigación aplicada en el área agrícola para integrarnos en una red que produjo contribuciones en ciencia básica. El gran impacto fue contar, por primera vez, con una producción conocida internacionalmente”, afirma él. La red contó con 48 investigadores de seis instituciones comprometidas con el trabajo de construir un mapa genético de los frutos cítricos, identificando los genes resistentes a las enfermedades. El CNPq recibe propuestas de grupos interesados hasta el 18 de septiembre. La selección finalizará en noviembre.

Republicar