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Estados Unidos

La era Obama

El nuevo presidente promete más fondos para la investigación científica, una nueva pauta ambiental y el fin del "oscurantismo" de la era Bush

Chris McGrath/Getty Images/AFPLas expectativas de los científicos estadounidenses con la toma de posesión del primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, Barack Obama, quien asume el día 20 de enero, son tan optimistas como las de sus 64 millones de electores. Las intenciones son buenas: Obama prometió ampliar el presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su sigla en inglés) y de la agencia espacial norteamericana (Nasa), invertir un valor récord en la investigación de energías renovables, remover trabas a las investigaciones con células madre embrionarias y dar vuelta del revés la agenda ambiental del país, que durante la era Bush estuvo signada por la negación del calentamiento global.

Las condiciones para llevar tales propuestas adelante son auspiciosas: el Partido Demócrata conquistó la mayoría en ambas cámaras en el Congreso. Las propuestas de Obama son una señal de que el presidente electo reconoce la importancia de la ciencia para el país, declaró a la revista Nature Ralph Cicerone, presidente de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. El mundo respeta a la ciencia estadounidense, que puede servir de instrumento de buena voluntad  y de buenas políticas, afirmó.

La gran duda es saber hasta qué punto las ambiciones del nuevo presidente serán bloqueadas por la dura realidad de la crisis. La condición de preferido del sector científico quedó en evidencia durante la campaña, cuando Obama se granjeó el apoyo de 61 laureados con el Premio Nobel, mientras que su rival John McCain obtuvo escasas cinco firmas de ganadores del Nobel de Economía para su plataforma anticrisis. La clara oposición a las políticas en el campo de la ciencia  y del medio ambiente del gobierno de Bush, vistas como oscurantistas por un amplio espectro de la comunidad académica, ayudó a lograr el apoyo.

Con relación a las investigaciones con células madre embrionarias, Obama ya dijo a qué vino. Pocos días después de electo, anunció por medio de John Podesta, jefe de su equipo de transición, que va a suspender la prohibición impuesta por Bush por motivos religiosos de uso de fondos federales en la realización de investigaciones con linajes de células madre embrionarias producidas a partir del 9 de agosto de 2001. Sobre la investigación con células madre, y en varios temas, vemos que la administración Bush hizo cosas que probablemente no beneficiarán al país, afirmó Podesta.

Todavía se discute el medio que se utilizará para anular el veto. Lo más probable es que Obama emita una orden ejecutiva retirando la prohibición e impulse una nueva legislación sobre el tema, que permitiría el trabajo con cualquier linaje de células madre derivadas de embriones que serían descartados en clínicas de fertilización. Bush vetó en dos ocasiones legislaciones de ese tipo, pero la diputada demócrata Diana DeGette presentó hace pocas semanas un proyecto que permite el uso de linajes independientemente de la fecha en se los obtuvo. Sin embargo, los especialistas creen que la orden ejecutiva es innecesaria. La abogada Robin Alta Charo, docente de bioé¬tica de la Universidad de Wiscounsin, dijo que sería lo mismo si Obama sencillamente comunicase a los NIH que pasasen a fomentar la investigación de nuevos linajes.

Si bien la cuestión de las células madre está bien orientada, existen dudas con relación a la velocidad con que Obama logrará implementar sus políticas en los campos de la energía y del medio ambiente en medio de la recesión. En contraposición a Bush, que se rehusó a ratificar el Protocolo de Kyoto, Obama plantea reducciones obligatorias de las emisiones de gases de efecto invernadero y declaró su simpatía por el sistema de compra y venta de créditos de carbono que activó dicho acuerdo. La demora ya no es más una opción y la negación no es más una respuesta aceptable, declaró el nuevo presidente. Con todo, es posible que una legislación en tal sentido no sea aprobada antes de 2010. Existe consenso en el futuro gobierno en el sentido de que el año 2009 debe consagrarse al enfrentamiento del desempleo y de la crisis económica y el control de la emisión de gases, al menos en el corto plazo, no colabora con tales objetivos.  La legislación de cambios climáticos es controvertida incluso entre los legisladores del Partido Demócrata y difícilmente saldrá en el comienzo del gobierno, dice David Goldston, columnista de la revista Nature.

Existen opciones menos ambiciosas que pueden darle aire a Obama durante el primer año de mandato. Según dijo a la agencia Bloomberg el senador demócrata Jeff Bingaman, de Nuevo México, podrá votarse en 2009 una ley destinada a estimular la conservación de energía en edificios  y medios de transporte y  producir más electricidad con base en fuentes renovables. Otra posibilidad es permitir que 18 estados interesados en reglamentar la restricción a las emisiones de gases de los automóviles tengan libertad para hacerlo. El gobierno Bush logró bloquear tales reglamentaciones con el argumento de que son de alzada federal. Muchos investigadores confían en la remoción de otros tipos de trabas. David Wilcove, profesor de ecología de la Universidad de Princeton, lidera una campaña cuyo objetivo es restaurar dispositivos de una legislación nacional de 1976 que regula el manejo de bosques con miras a mantener la viabilidad de las poblaciones de vertebrados. Ciertas restricciones fueron suspendidas en 2005 para beneficiar a la industria maderera.

Durante la campaña, Barack Obama defendió enfáticamente la ampliación del presupuesto destinado a la investigación científica en Estados Unidos. Prometió gastar 15 mil millones de dólares por año en el desarrollo de energías renovables, ante tan sólo 2 mil millones de dólares actuales. También brindó su apoyo a una demanda de los científicos para duplicar en los próximos diez años el presupuesto de los NIH, que actualmente insumen 30 mil millones de dólares anuales. Cuando pedía votos en Florida, donde tiene su sede la Nasa, Obama prometió revitalizar la exploración espacial, cuyo presupuesto es considerado insuficiente para alcanzar los objetivos planteados por Bush: el regreso a la Luna antes de 2020 y misiones tripuladas a Marte posteriormente. El nuevo presidente ha propuesto prolongar la vida útil de los actuales trasbordadores espaciales, que deberían salir de servicio en 2010,  y anticipar la entrada en servicio de las naves que los sustituirán, cosa que está prevista para 2015. Para ello, el presupuesto de la Nasa, que equivale a 17 mil millones de dólares anuales, recibiría un refuerzo de al menos otros 2 mil millones de dólares. Con el déficit de las cuentas federales llegando al billón de dólares y diversos sectores de la economía pidiendo ayuda, parece difícil que el nuevo presidente logre cumplir todas esas promesas.  Obama prometió muchas cosas y todas cuestan dinero, dijo el diputado republicano Vern Ehlers, uno de los más elocuentes defensores de la investigación científica y la educación en el Congreso estadounidense.

Pero existen promesas que no dependen de dinero. Obama se comprometió durante la campaña a elevar el status del titular de la Oficina de Políticas de Ciencia  y Tecnología (OSTP, por su sigla en inglés), que bajo la gestión de George W. Bush disminuyó de importancia. Hay expectativa con relación al nombre que elegirá para ocupar el cargo. Quien desempeñó el papel de consejero científico en la campaña fue Harold Varmus, director de los Institutos Nacionales de Salud entre 1993 y 1999, laureado en 1989 con el Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de los oncogenes retrovirales. El cargo de titular del OSTP quedó vacante durante los primeros cinco meses del gobierno Bush y terminó siendo ocupado por el físico John Marburger, que tenía un lugar en la jerarquía de la Casa Blanca poco privilegiado, sin acceso directo al presidente. Marburger terminó involucrado en varias denuncias de censura a documentos y testimonios de investigadores vinculados al gobierno, siempre en el sentido de suavizar los pronósticos acerca de los efectos del calentamiento global. Solamente en septiembre de 2007 el asesor admitió que los cambios climáticos son un hecho  y que la Tierra puede convertirse en un lugar inhabitable de no hacerse cortes en las emisiones de monóxido de carbono.

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