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Biocombustibles

La fuerza de la colaboración

Conferencia internacional discute tecnologías y políticas públicas para la producción de etanol

El reconocimiento del desarrollo brasileño en la producción de etanol de caña de azúcar y las discusiones y perspectivas de la extracción de ese combustible del bagazo de la caña y de otros tipos de biomasa fueron el marco de los debates sobre ciencia y tecnología en la Conferencia Internacional sobre Biocombustibles realizada en São Paulo en noviembre. Organizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, en dicho evento se arribó a un consenso sobre la necesidad de contar con más investigación e innovación para mejorar la primera generación de etanol, hecha de la fermentación y la destilación de la caña de azúcar y del maíz. La segunda generación de biocombustibles, que cuenta con sugerencias de varias rutas tecnológicas con el objetivo de extraer alcohol del bagazo o de otro tipo de biomasa formada de celulosa, todavía demorará algunos años para entrar en su etapa comercial.

Existe una tendencia a creer que la segunda generación es mejor que la primera, aunque parezca más complicada. Todavía debemos mejorar mucho la primera generación, dijo el profesor Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP en la sesión especial El papel de la investigación científica en el área de biocombustibles, coordinada por la Academia Brasileña de Ciencias. Las centrales de caña de azúcar todavía no utilizan el conocimiento de la genómica, por ejemplo, para mejorar la productividad de los cultivos. Para Brito Cruz, los biocombustibles de segunda generación pueden serle útiles a Brasil, pero son más importantes en países que no reúnen las mismas condiciones climáticas y territoriales.

Richard Murphy, especialista en bioenergía del Imperial College de Londres, Inglaterra, quien trabaja con hongos que degradan celulosa, dijo que lo importante es que las soluciones halladas tengan procesos sostenibles y ayuden a reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Estamos estudiando la primera y la segunda generación, pero ya sabemos que la primera depende del rendimiento del suelo por hectárea (ha), teniendo en cuenta las condiciones climáticas, dijo Murphy. La producción de trigo en el Reino Unido, por ejemplo, donde se inauguró recientemente una fábrica de etanol elaborado con parte de ese cereal que se usaría como alimento balanceado animal, es de 7 toneladas por hectárea (ton/ha), mientras que en África Oriental es de 1 ton/ha y en Ucrania y en Kazajistán llega a 3,5 ton/ha. Por eso es necesario mejorar las condiciones agrícolas y de infraestructura, para incrementar el rendimiento donde es necesario.

Para Murphy, no se puede descartar ninguna experiencia, porque los datos aún son referentes a pocos años. Murphy menciona el ejemplo del maíz en Estados Unidos. ?De acuerdo con informaciones que tengo de los estados de Iowa  y Nebrasca, los niveles de CO2 disminuyeron un 50% en relación con el uso de combustibles fósiles. Es un gran cambio?. Para Brito Cruz, cada país deberá escoger la materia prima más adecuada para su agricultura en el ámbito de la producción de biocombustibles.

Otro participante de la conferencia que reunió a delegaciones de 92 países fue el sudanés Mohamed Hag Ali Hassan, presidente de la Academia Africana de Ciencias  y director ejecutivo de la Academia de Ciencias para el Mundo en Desarrollo (TWAS, por su sigla en inglés). Éste dijo que cabe a la ciencia y a la  tecnología ayudar al desarrollo de cultivos para biocombustibles sin competir con los alimentos. En África existen muchas áreas degradadas que podrían aprovecharse para producir etanol, dijo Hassan. Pero la implementación de las nuevas áreas pasa por la concreción de políticas públicas. Muchos políticos están sedientos de información correcta sobre qué puede hacerse para producir biocombustibles sin perjudicar al medio ambiente, recordó Murphy. Debemos auxiliar a los gestores de políticas a entender mejor las opciones que tenemos en el área, dijo. Para Hassan, hay que tener políticas claras en cada gobierno para combustibles de biomassa, y las academias de ciencia deberían colaborar en tal sentido.

Hasta ahora, solamente se conoce bien la experiencia brasileña de producción de etanol, según Hassan. Debemos ver en otros países y ampliar lo que se conoce en el ámbito global. Después de asistir a la conferencia de Brito Cruz, quien expuso la trayectoria de la investigación científica en São Paulo del secuenciamiento de los genes expresados del genoma de la caña (Sucest), iniciado en 1999, hasta el reciente Programa de Investigación en Bioenergía (Bioen) de la FAPESP, además de las cifras de la producción brasileña de etanol, Hassan elogió la exitosa experiencia en investigación y desarrollo del estado de São Paulo y sugirió la creación de un centro internacional de investigaciones en biocombustibles en Brasil. Sería para capacitar no solamente a los brasileños, sino también a científicos y mentores de políticas de África, por ejemplo. Sería una oportunidad de participar de esta transformación, dijo Hassan (lea la entrevista en la página siguiente).

Al día siguiente, durante la conferencia Biocombustibles e innovación: investigación y desarrollo, biocombustibles de primera y segunda generación; oportunidades para la ciencia y la tecnología, Hassan volvió a hablar de la conferencia de Brito Cruz y de la sugerencia de formar un centro internacional de excelencia en biocombustibles en Brasil que contase con la participación de la FAPESP. Fue fascinante ver lo que se hace acá, dijo Hassan. Él volvió a hablar también del rol de las academias de ciencia en la asesoría a los gobiernos, mostrando las ventajas y desventajas de todo lo que se refiere a los combustibles no fósiles, desde el cultivo hasta la producción.

El profesor José Goldemberg, investigador del Centro Nacional de Referencia en Biomasa del Instituto de Electrotécnica y Energía de la Universidad de São Paulo (IEE/USP) y coor¬dinador de la Comisión de Bioenergía del Estado de São Paulo, dijo que se está creando un centro de investigación en biocombustibles en el estado de São Paulo y que éste congregará a las tres grandes universidades paulistas, la USP, la Unicamp  y Unesp, con recursos que ascenderán a los 100 millones de dólares. Este centro de São Paulo puede formar parte del mentado instituto internacional propuesto por el profesor Hassan. Podremos desarrollar tecnología que interese a todos, dijo Goldemberg. Éste se refirió también a la esperanza depositada en la segunda generación de biocombustibles. Es un sueño de todo el mundo hacer etanol con el bagazo, que es un polímero de sacarosa; el problema es romper el polímero y extraer la sacarosa. Yo considero que la tecnología que puede redundar en buenos resultados es la de la gasificación de la biomasa. Ese proceso se refiere a la transformación en gas de cualquier tipo de biomasa: el bagazo y la paja de la caña (lea el artículo Aprovechamiento total en esta edición), residuos de arroz, de soja y de otros productos agrícolas. Esos gases se usan incluso para producir diesel.

Para la química brasileña Helena Chum, desde hace 30 años radicada en Estados Unidos y actualmente investigadora del Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL, sigla en inglés), es necesario un esfuerzo combinado entre los países para comparar datos analíticos, índices  y costos sobre la producción de biocombustibles en todos los procesos. Se necesita un sistema de colaboración si lo que queremos es transformar biocombustibles en commodities, y un intercambio de investigadores para la caracterización de esos productos, dijo Helena.

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