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Manning Marable

Manning Marable: La historia negra viva

Desde Nova York

DAVID SHANKBONE / WIKIMEDIA COMMMONS

Existe una pagina web de la Universidad Columbia en Nueva York , enteramente dedicada al líder negro Malcolm X, asesinado una tarde de domingo, el 21 de febrero de 1965, en Harlem, delante de su mujer embarazada, de tres de sus cuatro hijos y de una multitud de centenares de personas que esperaban por otro de sus electrizantes discursos. Malcolm, a quien un film de 1992 del diretor Spike Lee hizo famoso en todo el mundo, cumpliría tres meses después de aquella dramática tarde 40 años. La página web en cuestión, cuyo título general es The Malcolm X project at Columbia University, es el resultado de un trabajo persistente y ambicioso del profesor Manning Marable, docente de historia y ciencia política de Columbia, fundador del Instituto para Investigaciones en Estudios Afroamericanos y director del Centro de Historia Negra Contemporánea de la referida universidad.

Además de la construcción de una robusta versión multimedia de la autobiografía del líder negro, el objetivo declarado del sitio es la investigación y el desarrollo de una amplia y densa biografía de ese personaje nacido en Ohio en 1925, quien siendo niño aún sufrió el asesinato brutal de su padre a manos del Ku Klux Klan. En 2009, la búsqueda emprendida por Marable redundará en la publicación de su nuevo libro, Malcolm X: a life of reinvention.

Sin embargo, no debe pensarse que este profesor de 58 años, uno de los más importantes scholars negros en el medio académico estadounidense, autor hasta ahora de 19 libros, es un investigador de una sola figura. Muy lejos de ello, los variados líderes del pasado y del presente que la larga lucha de afirmación de los negros en Estados Unidos ha venido gestando están todos bajo la mirada atenta de Marable, como se puede constatar por ejemplo en su libro publicado por Civitas Books en 2005, Living black History: how reimagining the african-american past can remake America’s racial future.

Tal atención incluye, por supuesto, al presidente electo de Estados Unidos.  Y Marable, por medio de su columna Along the color line, publicada en más de 400 medios impresos y virtuales, en su país y también en Canadá, el Reino Unido, el Caribe y la India, procuró examinar desde todos los ángulos la candidatura de Barack Obama y convocar a sus lectores a ayudar a construir la victoria del candidato demócrata. En enero de 2008, por ejemplo, decía Marable: Debemos movilizarnos para darle apoyo a la elección de Barack Obama, no solamente por que es un progresista y está enteramente calificado para la Presidencia, sino también porque solamente su campaña puede forzar a todos los americanos a superar el silencio centenario sobre raza, que crea un profundo abismo que atraviesa la vida democrática de esta nación.

En octubre pasado, en un artículo en el cual examinaba menos la estrategia de campaña y más la muy bien trazada estrategia política del grupo de líderes negros moderados del cual Obama forma parte, Marable sostenía que fue en los debates televisivos que millones de perplejos norteamericanos blancos finalmente se dieron cuenta de que un afroamericano probablemente sería electo presidente.

Y ésa fulgurante percepción, decía, levantó una ola de racismo, echando por tierra la aparente neutralidad ante la cuestión racial con que el país pareciera  acostumbrarse en los últimos años. También en octubre, en un artículo en el cual argumentaba en favor del programa económico del candidato demócrata para revertir algunos de los peores efectos de la recesión económica anunciada, el profesor de Columbia aseguraba que también por eso el voto a Obama era absolutamente necesario  y esencial para los trabajadores negros y para todos los estadounidenses.

Una vez Obama electo, al día siguiente, el 5 de noviembre, Manning Marable explicaba en entrevista concedida en un programa de radio de Nueva York por qué realmente él había contado con la victoria, aunque le sorprendiera la rapidez con la cual se había construido en el comienzo de este siglo XXI. Una razón para ello era la rápida transformación étnica de la sociedad norteamericana que, en los próximos 30 años, hará efectivamente de los negros, los mulatos, los latinos y los asiático-americanos la mayoría de la población del país. La otra era la sólida formación del grupo de líderes negros pragmáticos, no basados políticamente en el criterio de raza, ubicados más al centro del espectro ideológico que los políticos negros que emergieron del movimiento de los derechos civiles de los años 1960  y 1970 y capaces de convocar directamente a los blancos con un nuevo proyecto general para la nación.

La siguiente entrevista con Manning Marable se realizó en su sala, en un edificio de la avenida Amsterdam, muy cerca de la avenida 119, lado Oeste, en el hermoso campus de Columbia, al comienzo de una tarde nublada, el 1º de diciembre de 2006. Con la decisión de publicarla ahora, le envié algunas cuestiones al profesor sobre la victoria de Barack Obama y él contestó mandando sus artículos sobre el tema que juzgaba más importantes. Decidí usar algunas cosas de dichos artículos en la apertura y mantener la entrevista original de dos años atrás.

Para empezar, me gustaría escucharlo al respecto de sus investigaciones sobre Malcolm X. ¿Su objetivo es una gran biografía?
Malcolm X fue un de los americanos más importantes de la mitad del siglo XX. Más que cualquier otro negro americano, él representó a la población negra urbana de Estados Unidos. Ninguna otra figura fue más significativa que Malcolm X en lo relativo a interpretar las políticas y la bronca del pueblo afroamericano entre los años 1950 y 1970.

¿Y por qué es tan significativo?
Dentro de la cultura afroamericana, Malcolm corporifica dos metáforas o dos expresiones de la cultura: la del ladrón y la del predicador. La vida de Malcolm, fueron los conocidos 30 años. En la década del 40, acá en Harlem, él era bien conocido por el apodo de Detroit Red, un joven gángster, un bandido metido con drogas y prostitución. Había sido encarcelado a los 21 años y siguió preso  durante siete años y siete meses, un tiempo en el cual se transformó: se juntó a un oscuro grupo islámico, el Nation of Islam, liderado por Elijah Muhammad, que conservaba elementos del islamismo sunita tradicional, pero que era esencialmente un culto negro, racista, defensivo y profundamente autoritario, producto de una reacción a la supremacía blanca en Estados Unidos. En ese sentido, él simplemente invertía la teología del privilegio blanco, acusando a los blancos de ser Satanás, el diablo, mientras que endiosaba a los negros. Esa teología, que tenía en sí elementos del Islam tradicional, se difundía entre los negros pobres y los presos, como Malcolm, en ese entonces confinado en una prisión en el estado de Massachusetts. Él se unió al culto y, cuando salió de la prisión, en agosto de 1952, tuvo una proyección meteórica como el mayor portavoz nacional de Elijah Muhammad. En 1962  y 1963, se volvió sumamente pro¬minente en el campus de las universidades americanas y en la televisión, como un líder negro rabioso que desafiaba la no violencia de Martin Luther King  y se oponía a la integración racial. Era favorable a la separación nacionalista negra, a la creación de empresas e instituciones totalmente negras controladas por los propios negros. Los negros debían formar comunidades autónomas que ellos controlarían dentro de las ciudades de Estados Unidos. Apuntaba en definitiva a una división racial en nada diferente que la que se estableció entre hindúes  y musulmanes en el momento de la separación entre India y Pakistán en 1947, dado que los negros recibirían un cierto número de estados del sur hacia donde podrían mudarse todos los afroamericanos y de donde los blancos podrían salir. Así tendríamos una separación de razas y de esa manera encontraríamos una igualdad política real y genuina. Era por supuesto una visión racista, creada  y construida por los negros en respuesta al racismo de los blancos. No era una estrategia que Malcolm al final de su vida apoyaba o aceptaba. Pero durante aquel período de su vida, cuando Malcolm creía en eso, se convirtió en una figura sumamente influyente en los medios y en la prensa, tan es así que la cobertura periodística generó celos y oposición dentro de Nación del Islam.

Y hablando de oposición, en relación con Martin Luther King, ¿cómo aparecía la figura de Malcolm X?
Ambos eran a menudo citados como contrarios, cosa que en mi opinión es incorrecta. Debe verse ver que tanto Malcolm como King evolucionaron uno en dirección al otro, ideológica y políticamente. Al final de su vida, en 1964-1965, Malcolm X era completamente contrario a la Guerra de Vietnam. Fue el primer americano prominente y seguramente el primer americano negro en mostrarse contrario a la Guerra de Vietnam, que denunciaba como una guerra racista e imperialista. Malcolm también fue quien argumentó que los negros americanos deberían ir a la ONU para mostrar su situación al mundo como un caso de genocidio  y discriminación, en lugar de definir nuestra lucha sencillamente como una lucha por los derechos civiles. Decía que era una lucha por los derechos humanos. Finalmente Martin Luther King acogió esas dos posiciones de Malcolm: en 1967 se posicionó contra la Guerra de Vietnam y acogió también la idea de derechos humanos en la cuestión de la racialización en Estados Unidos. Malcolm X también lanzó lo que más tarde se conocería como black power, construyendo instituciones negras fuertes, y el control político negro de grandes ciudades con las elecciones de alcaldes negros, diputados y senadores. El doctor King, de la misma manera, apoyaba el black power, pese a que ese slogan controvertido le fuera extraño en muchos aspectos. King no se oponía a la idea de la representación negra y de políticos negros y electos. Por eso estos dos hombres a decir verdad se acercaban cada vez más en términos ideológicos y personales, cosa que creo que es sumamente significativa. En mi libro más reciente, Living black History, que tiene en la tapa una foto de los dos juntos, planteo que a Malcolm X debe entendérselo como un líder de los derechos humanos que evolucionó en términos políticos e ideológicos, especialmente en cuestiones de raza y liberación nacional.

¿Las posturas de Malcolm tuvieron más consecuencias que las de Martin Luther King en la continuidad de la historia de los negros en Estados Unidos?
No coincido con esa apreciación. Yo diría que fueron complementarias en un análisis que desafía a la desigualdad racial y la injusticia humana. Diría que ambos abordaron el problema del racismo de manera un tanto diferente, pero que fueron las voces centrales en la deconstrucción y la deslegitimización de la supremacía blanca y la injusticia racial.

Sus estudios se abocan a la historia de los negros de Estados Unidos en el siglo XX, pero también se dirigen al siglo XIX y a otros momentos del pasado. ¿Sería posible resumir su visión  y establecer una comparación con Brasil en dicha área?
Ah sí, escribí mucho sobre eso en Great wells of democracy: the meaning of race in american life, publicado en 2002, y también en otro libro anterior, African and Caribbean politics, publicado en Londres por Verso, en 1987. Más allá del título, hay en él referencias a Brasil. Yo planteo que al respecto que las historias de los pueblos de ascendencia africana en Brasil y en Estados Unidos tiene grandes semejanzas, pero también diferencias profundas. Las semejanzas más significativas son las luchas por la libertad, por los derechos humanos y por la dignidad humana, enfrentadas por los pueblos de ascendencia africana, que transcienden los épicos históricos. Eso incluye el comercio transeconómico de esclavos, la esclavitud en sí misma, la emancipación en Brasil en 1888 y en Estados Unidos en 1865, y también el período post emancipación, en Estados Unidos llamado Reconstrucción. Incluye también la lucha por la libertad y la igualdad durante el siglo XX. Existe por lo tanto un paralelo en el sentido de que las personas negras sufrieron discriminación y falta de acceso a la educación, la vivienda y la salud todos los componentes de aquello de lo cual están constituidos los derechos humanos en el siglo XXI. Pero existe una diferencia fundamental, o mejor dicho, varias diferencias fundamentales entre ambas naciones. La más importante es que en Brasil la historia de la formación del estado brasileño de su sociedad política y de la construcción de la sociedad civil se apoya en la conciencia nacional y en la identidad nacional, que superan la conciencia de raza. En Estados Unidos, el estado se construyó sobre un claro fundamento racial.

 

La convergencia entre Martin Luther King y Malcolm X

ROBERT LLEWELLYN / CORBIS LATINSTOCK La convergencia entre Martin Luther King y Malcolm XROBERT LLEWELLYN / CORBIS LATINSTOCK

¿Qué comprueba eso?
Puedo darle un ejemplo. La primera ley aprobada por el gobierno de Estados Unidos cuando el Congreso se reunió por primera vez, es decir, la ley más importante, la de la inmigración, de 1790, definía la ciudadanía americana exclusivamente para per¬sonas blancas y libres. En otras palabras, para ser considerado un miembro del estado era necesario ser blanco, preferiblemente un hombre blanco y con propiedades. Hasta 1920, ninguna mujer podía votar en Estados Unidos. Hasta los años 1790, podían votar todos los blancos que tenían propiedades,  y desde entonces hasta los años 1830, todos los hombres blancos de más de 21 años, independientemente de su ingreso o de sus propiedades. La raza definía la ciudadanía y el acceso al voto. La raza definía quién podía formar parte de un jurado o incluso quién podía presentar pruebas ante un tribunal. A los negros, si fuese esclavos, no les era permitido ni siquiera presentar pruebas. Los negros fueron definidos como propiedades en Estados Unidos durante aproximadamente 250 años, y la mayoría de los afroamericanos no votaba en elecciones presidenciales americanas hasta 1968. Es que la ley de derechos civiles y la ley de derecho al voto solamente fueron aprobadas, respectivamente, en 1964  y 1965. Los negros nominalmente tenían derecho al voto y una minoría en estados del norte y del centrooeste, además de la costa oeste; podían votar, pero los negros del sur no. Ellos no podían llevar, practicar o garantizar sus derechos constitucionales por el voto. Por lo tanto, el estado democrático fue racialmente preconfigurado. En tanto, en Brasil  y no estoy minimizando la centralidad o la importancia de la discriminación racial en el país, de forma muy similar a lo que ocurrió en Cuba, la conciencia nacional transcendió la cuestión de la identidad racial para la mayoría de los brasileños, incluso para los brasileños negros que, hasta hace muy poco, definían su propia identidad nacional fuera de un contexto racial. En Estados Unidos eso nunca fue verdad: era necesario ser blanco para ser americano. Afroamericanos no eran considerados, durante la mayor parte de la historia americana, ni siquiera personas, sujetos, éramos propiedades.  Y ésta es una enorme diferencia. Existe una segunda gran diferencia que refuerza eso.

¿Cuál sería?
La que se refiere a que en Estados Unidos hubo una guerra civil y en Brasil no la hubo.  Eso históricamente es de gran importancia. La Guerra Civil fue el conflicto fundamental de la historia americana. Seiscientos cincuenta mil americanos murieron y dos millones fueron heridos en una población de 38 millones de personas. Se puede ver de qué manera esa guerra fue poderosa. Y su foco era si el país debería o no mantener la esclavitud, permanecer medio esclavo y medio libre. Al final de la guerra, los negros ganaron su libertad técnica, los hombres negros conquistaran el derecho al voto durante un cierto tiempo, un derecho revertido una docena de años más tarde. Por lo tanto, fue necesaria una guerra para terminar con la esclavitud. Mientras tanto, en Brasil, la esclavitud se convertía crecientemente en una institución económica disfuncional. Hasta los propios dueños de esclavos empezaron a agitarse por alguna especie de fin de la esclavitud que les diera una compensación. Miraban hacia el modelo de la India Occidental, de los británicos, observaban de qué manera los plantadores del Caribe habían recibido compensaciones económicas y sentían cada vez más que la propiedad de los esclavos era una forma económica de explotación del trabajo que no era tan productiva o competitiva como el modelo del libre mercado. Los economistas ya criticaban a Brasil, su dependencia de la esclavitud, y comenzaban a adjudicarle mucho del atraso del país a dicha dependencia. Eso no sucedió en Estados Unidos; fue necesaria una guerra. En la memoria del conflicto, aun en una eventual visión de la televisión o de una película americana, se nota cuán poderosa es la imagen del sur en el Partido Republicano, incluso hoy en día que se convirtió en el partido de la basura Dixie. Todos los racistas, sureños blancos, que odiaban los derechos civiles, que odiaban a Martin Luther King, se juntaron en el Partido Republicano en los años 1960, 1970  y 1980, con [Ronald] Rea¬gan.  Y eso es el núcleo, el corazón de la ideología del Partido Republicano. Si alguien desea entender Irak debe entender la segregación de Jim Crow, y si desea entender Abu Ghraib debe entender los linchamientos de negros en el sur. No hay diferencias: es la misma bestialidad, el mismo racismo, el odio, la demonización y la estigmatización experimentados por los negros americanos que ellos dirigen ahora a todos los que se les oponen. Ellos solamente exportaron la misma informalidad al resto del mundo. Y es la misma gente. Uno de los maestros de la arquitectura de la supremacía blanca es, una vez más, Trent Lott, senador por Mississippi, el segundo en la escala de poder del Partido Republicano en el Senado [el senador renunció en noviembre de 2007].

Esas diferencias históricas entre Brasil y Estados Unidos crearon diferentes estrategias de supervivencia entre los esclavos  y sus descendientes, e incluso diferentes estrategias culturales. En Brasil, por ejemplo, donde el racismo es más velado, la necesidad de los esclavos de expresarse en términos religiosos, pero escapándole a la represión del gobierno y a las persecuciones policiales (que sin embargo ocurrieron durante mucho tiempo), terminó por llevarlos a establecer algunas correspondencias entre sus cultos originales y los cultos católicos  y a crear una nueva religión negra y brasileña: el candomblé. Mucho después, algunos grupos empezaron a incorporar en sus prácticas también elementos del espiritismo kardecista, y el resultado fue un candomblé modificado en una nueva religión, la umbanda. Acá en Estados Unidos, donde el racismo se constituyó tan abiertamente y el odio de los blancos se expresó con tanta fuerza, los negros crearon sus expresiones religiosas dentro de las religiones blancas, protestantes. Pero si observo actualmente una iglesia en Harlem, puedo ver allí, en el poder que el canto y el cuerpo tienen en el culto, algo que evoca para mí mucho de lo que pasa en el candomblé, por ejemplo.
Es cierto, conozco el candomblé. De una cierta forma, la presencia del cuerpo  y de la voz en esos términos sucedió en Estados Unidos por medio del pentecostalismo. Los pentecostales fueron fundados en Templo Azusa, en San Diego, California, en 1905, en gran medida por afroamericanos.  Y la fe pentecostal o sagrada pone un gran énfasis en la posesión física de Dios en las personas. Por eso hay movimientos físicos profundos, cantos, excitación y entusiasmo en el culto, muy diferente a lo que se da en las iglesias episcopales, anglicanas o metodistas. Ahora hay millones de blancos en Estados Unidos que son pentecostales. Pero son sumamente conservadores en términos políticos; no se comprometen en asociaciones progresistas o de izquierda, en uniones de comercio u organizaciones políticas. Creen en la máxima de dadle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Pero la mayoría de la fe negra es radical  y progresista en su expresión y contenido porque la iglesia negra era la única institución permitida por los amos blancos para los negros. Les era permitido utilizar un día de la semana para comulgar con Dios, tocar música, bailar y cantarle a Dios.  Y esas expresiones religiosas fueron el lugar para la afirmación de la identidad y la conciencia. Fueron también el embrión de los liderazgos negros. Después de la Guerra Civil, los que convirtieron en líderes lógicos de la comunidad negra fueron lógicamente los pastores. Eran ellos los que se postulaban a cargos públicos en las elecciones, y se convertían en legisladores en el Congreso. Y no es de sorprenderse que, en el siglo XX, el primer candidato negro a presidente, de algún modo exitoso, porque no llegó a la Presidencia, pero sí influyó en el debate nacional, haya sido Jesse Jackson, un pastor. A comienzos  del siglo XX, el congresista negro más poderoso era Adam Clayton Powell Jr., de Harlem, un pastor de la Iglesia Bautista Absyssinian. Y sucede que el propio doctor King era un pastor. Su identidad como cristiano negro, en el rol de organizador de la iglesia como una institución de resistencia al racismo, a la presión racial, creó una tradición que es en general progresista y que tiene esperanza en lo que hace a desafiar la desigualdad y la represión gubernamental. Por eso existe una rica tradición progresista, pero existe también la tradición conservadora en el ámbito de las iglesias pentecostales.

¿Existe un gran cuestionamiento a sus propuestas teóricas  y a sus trabajos acá en la Universidad Columbia?
No lo sé, no conozco gente que me cuestione. Bueno, pero yo no me preocupo para nada con las críticas, sino en hacer el trabajo que quiero hacer. Estamos llevando adelante proyectos intelectuales, la vida de Malcolm, y un proyecto al que llamamos African and criminal justice. Si usted busca en nuestro website raza, crimen  y justicia, verá que contamos con un curso para jóvenes negros e hispanos en Rikers Island, la mayor cárcel de EE.UU., justamente en East River. Usamos el hip hop  y la poesía hablada para hacer que los jóvenes de 15, 16  y 17 años escriban sobre sus experiencias en la cárcel y sobre el papel del complejo industrial carcelario en la destrucción de sus vidas y de sus familias. Promovemos la organización y la capacitación de electores [se refiere al Voter education, la capacitación de los electores, con información sobre el funcionamiento del proceso electoral, el conteo de votos, el uso de boletas, las formas de empadronarse para obtener el equivalente al registro de elector en EE.UU., etc.]. Doy clases regularmente en la prisión de Sing Sing, también en Nueva York. No me preocupo para nada con aquello que a la gente no le gusta de mi trabajo.

Usted se define teóricamente como marxista. ¿Me imagino que ser un profesor negro  y marxista en la Universidad Columbia, estudiando una personalidad tan controvertida cuanto Malcolm X, debe estar lejos de ser una posición cómoda, no?
Pero usted debe recordar que, durante muchos años, Edward Said estuvo acá.  Y fue durante muchos años integrante del consejo nacional de la Organización para la Liberación de Palestina. Su libro sobre orientalismo creó el campo de conocimiento que es llamado en Estados Unidos cultural studies. Mucho antes, cien años atrás, hubo acá en Columbia un profesor como Joel Spingarn [profesor de literatura comparada en Columbia de 1899 a 1911, judío, activista de los derechos civiles y gran impulsor de la publicación de escritores negros en los años 20]. Por lo tanto…

¿Cómo entiende usted el futuro de los negros acá en Estados Unidos? ¿Es posible llegar a una situación de igualdad real, al fin efectivo de todos los comportamientos racistas, a una democracia de verdad en ese sentido? ¿Usted cree en eso?
Pienso que nuestra situación es complicada acá en Estados Unidos en función de aquello que en mis textos denomino racismo daltónico [color-blind racism]. Eso muestra que los signos que solían significar blanco y negro en la era Jim Crow cayeron [Marable se refiere a las leyes Jim Crow, leyes racistas que estuvieron en vigencia entre 1876 y 1965 en los estados del sur y estados vecinos, entre ellas aquéllas que exigían que las escuelas públicas y la mayoría de los locales públicos, incluso trenes  y ómnibus, tuvieran instalaciones separadas para blancos  y negros. Oficialmente fueron revocadas por la Ley de los Derechos Civiles de 1964]. Se aprobaron leyes determinando el derecho al voto, el acceso al empleo sin discriminación de raza. Se aprobaron leyes de acción afirmativa (durante un breve período; ahora están siendo desmanteladas). Sin embargo, pese a los cambios en el régimen político, la realidad de la desigualdad racial sigue ampliándose para millones de negros. ¿Cómo es posible eso? Bueno, abarcando aquello que designo como racismo daltónico, existen tres instituciones básicas que refuerzan el proceso de racialización: la desocupación masiva, el encarcelamiento masivo en prisiones  y la pérdida masiva de los derechos electorales. Cada una de esas cosas refuerza a las otras. En Harlem, los índices reales de desempleo de hombres negros adultos se ubican entre el 40% y el 50%, incluidos los subempleados, es decir, aquéllos que buscan trabajo de tiempo completo, pero solamente encuentran empleos de medio tiempo. El desempleo masivo roba los derechos de los prisioneros: en 1980 había medio millón de estadounidenses en las cárceles; actualmente son 2,3 millones. Pero eso subestima el número real. Si se cuentan los que están en las cárceles, los que se encuentran en libertad condicional y los que están en observación, la cifra trepa a 6 millones. La mitad corresponde a negros y una cuarta parte a latinos, hispanos. Y para todos rige la pérdida del derecho electoral. En las elecciones presidenciales de 2000, en Florida, 800 mil residentes no pudieron votar porque habían sido condenados por algún delito el 40% eran negros. George Bush fue elegido por menos de 550 votos. Ochocientos mil no pudieron votar. ¡Ochocientos mil! Son ciudadanos del país, pagan impuestos al gobierno y no pueden votar nunca más. En el estado de Mississippi, una tercera parte de todos los varones negros perdió el derecho electoral. Se los priva del voto para siempre porque tuvieron una sola condenación por un delito. De manera tal que, si uno viola la ley a los 18 años de edad, cumple su condena y sale a los 21 años, no va a poder votar cuando tenga 70 años. ¿Eso es una democracia? ¿Cómo se justifica eso? Por lo tanto, con la pérdida del derecho electoral y el encarcelamiento masivo, los pobres, los desempleados, las minorías raciales, los negros, los mulatos y los hispanos son expulsados de las instituciones políticas del país. Existe por ende una profunda crisis en la democracia de Estados Unidos, un gobierno crecientemente autoritario y represivo, que hace uso de la violencia y de la fuerza extrema a cargo de los que aplican la ley localmente. Hace algunos días [a comienzos de diciembre de 2006], un coche con tres jóvenes negros desarmados recibió 50 disparos de la policía.  Y ellos estaban desarmados. Este tipo de rutina de violencia se produce en ciudades de todo Estados Unidos.

¿Y qué hacer para incrementar la participación de los negros en el proceso político?
He pensado y leído mucho sobre ese tema. La cuestión más crítica que debemos abordar es el esfuerzo político para transformar esas leyes electorales represoras, para restaurar el derecho al voto de 6 millones de americanos, casi todos pobres, de clase trabajadora, negros o mulatos, a los que les fueron arrancados su ciudadanía y sus derechos electorales. Eso es cada vez más importante.

¿Le parece que está bien el  voto obligatorio, como es en Brasil?
Yo preferiría cambiar el día de las elecciones y ponerlo sábado y domingo, un fin de semana entero, para que más gente tuviera acceso. No me opongo al voto obligatorio, pero por supuesto, la clase dominante en Estados Unidos se horrorizaría con una cosa de esas. Ellos no quieren que la gente vote, quieren que los ideólogos de las oligarquías controlen el escenario político.

Entonces hay que trabajar durante décadas para lograr un cambio…
Sí. Pero creo que el liderazgo deberá partir de los sectores más oprimidos. Creo que deberá salir de los jóvenes, de las mujeres, de mucha gente pobre, de los prisioneros. Eso es parte del motivo por el cual llevo adelante un trabajo educativo dentro de las prisiones, porque, al igual que Malcolm X, creo que las visiones del peor pozo podrán ofrecer a los individuos, mujeres y varones, la mayor visión social.

Querría también preguntarle de qué manera su proyecto sobre Malcolm X, y por lo tanto, el trabajo de investigación académica, puede influir en la actividad política en ese sentido. Porque estimo que su proyecto no es solamente de estudio, sino de un estudio volcado a la acción. ¿Cuál es el nexo en definitiva entre su proyecto y su visión política, en el caso en cuestión?
Malcolm X da cuerpo a una política radical e independiente y al cultivo y el desarrollo de un liderazgo con la visión centrada en el desafío del poder y de las instituciones blancas en Estados Unidos. En Living black History, yo documenté cómo y por qué la visión de Malcolm era tan importante.  Y no solamente para las visiones históricas. Por supuesto que querría completar esa biografía en los próximos años y después encarar otro proyecto, pero creo que Malcolm X es como una especie de modelo. No es que yo intente sugerir que Malcolm era perfecto, lejos de mí eso. Él cometió errores, como todos los líderes políticos, pero podemos aprender mucho con su ejemplo, con su coraje y con su visión social, y con la vitalidad de su visión. Con su visión, podemos aprender mucho sobre la capacidad de resistir a Abu Ghraib, a las guerras de Irak, a los ejemplos del Katrina… los cuerpos negros muertos dejados flotando en el río Mississippi… Aprenderemos a analizar y a entender el verdadero significado del gobierno en acción, porque los negros fueron las víctimas y sencillamente los dejaron morir, el mundo entero fue testigo de eso, el mundo testimonió el crimen cometido por el Estado con Bush.

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