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Salud

A orillas de los ríos

Carpinchos y perros diseminan la fiebre maculosa en Brasil

Sociables y acuáticas: El modo de vida promueve la transmisión de enfermedades transmitidas por garrapatas

Fabio Colombini Sociables y acuáticas: El modo de vida promueve la transmisión de enfermedades transmitidas por garrapatasFabio Colombini

En las orillas del río Pinheiros, que atraviesa la ciudad de São Paulo y se encuentra tan contaminado que mal puede llamárselo río, una familia de capibaras, o carpinchos, descansaba en un atardecer de diciembre. Eran cuatro ejemplares adultos y tres crías, separados mediante un vallado del intenso tráfico de automóviles y camiones de la avenida conocida como marginal. La presencia de carpinchos en ese lugar puede deberse al aumento de la población de esos roedores, los mayores del mundo, que, según Marcelo Labruna, de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de São Paulo (USP), se encuentran íntimamente relacionados con el rebrote de la fiebre maculosa [tifus exantemático] en el estado de São Paulo,  causada por la bacteria Rickettsia rickettsii. Fue esa enfermedad la que en diciembre mató al sudafricano William Charles Erasmus en Río de Janeiro, sin que los médicos hubiesen descubierto lo que causaba la fiebre, dolor de cabeza, dolor corporal y postración en el paciente. La bacteria del género Rickettsia, probablemente adquirida estando aún en África, recién fue identificada luego de su muerte mediante un análisis genético realizado en el Instituto Oswaldo Cruz. Según Labruna, los laboratorios clínicos brasileños no se encuentran equipados para detectar la bacteria, que aparte, nunca representa la primera sospecha de los médicos.

En Brasil, la principal especie de bacteria que provoca la fiebre maculosa es la Rickettsia rickettsii, la más agresiva de su tipo, que provoca la muerte del 40% de las personas infectadas. Si no representa un problema más serio de salud pública es porque la enfermedad es relativamente rara, pero el aumento del número de casos es preocupante. Luego de los reportes de la enfermedad entre los años 1920 y 1940, en los que la mortalidad alcanzó un 80% en São Paulo y Minas Gerais, pasaron tres décadas durante las cuales la afección prácticamente desapareció. Pero entre 1988 y 1997 fueron confirmados 25 casos en seis de los municipios de São Paulo, y entre 1998 y 2007 ese número creció diez veces, totalizando 255 casos en 54 municipios. Este crecimiento se explica en parte, porque en 2001 la Secretaría de Salud declaró obligatoria la notificación de los diagnósticos de fiebre maculosa, aunque, según el veterinario de la USP, los cambios ambientales tienen gran incidencia en la propagación de la enfermedad. Entre las alteraciones, las más importantes son las que propician el crecimiento de la población de carpinchos (Hydrochoerus hydrochaeris), que en los años 1950 se creía amenazados de extinción en el estado de São Paulo y hoy son cada vez más abundantes.

El reservorio principal de la bacteria es la garrapata estrella (Amblyomma cajennense), muy común en zonas de vegetación poco densa como el Cerrado [sabana] y los bosques en galería de las orillas de los ríos. Es la garrapata que ataca al mayor número de personas en el sudeste brasileño. En el caso del micuim [larva], la fase inicial de la vida de la garrapata, hasta centenares de ellas se esparcen como una nube de polvo por el cuerpo de quien por casualidad tropieza con una hoja repleta de esos parásitos. Las picaduras causan un escozor terrible, pero raramente transmiten la enfermedad, aunque las garrapatas ya nacen con la bacteria si la madre estuviera infectada. Siempre que vamos al campo somos picados, y hasta ahora nadie contrajo la enfermedad, cuenta Labruna. Esto sucede porque la garrapata estrella no es muy susceptible a la bacteria, y como las garrapatas infectadas viven y se reproducen en menor escala, ella sólo se mantiene en el ambiente si hubiera animales mayores que sirven como hospedadores.

En un artículo que será publicado en la revista Annals of the New York Academy of Sciences, Labruna expone los requisitos para que un vertebrado se convierta en amplificador de la población de Rickettsia: vivir en el mismo ambiente que la bacteria, atraer garrapatas, ser susceptible a la infección, mantenerla durante el tiempo suficiente para infectar garrapatas y reproducirse lo suficiente como para que existan animales sin inmunidad. Y quienes reúnen todas esas características son los carpinchos: en colaboración con investigadores de la Superintendencia de Control de Endemias (Sucen), el grupo de Labruna demuestra en un artículo aceptado para su publicación en Veterinary Parasitology que la infección con la bacteria de la fiebre maculosa en capibaras dura alrededor de diez días. Un experimento con cuatro carpinchos infectados en laboratorio, demostró que, durante ese período,  pueden transmitir la bacteria a un porcentaje de entre 20% y 35% de las garrapatas que se alimentan con su sangre, un nivel de contagio mucho más elevado que el observado en otros estados.

La explosión demográfica de capibaras, según Labruna, se debe sobre todo a la reforestación de las selvas que costean los cursos de agua y a la expansión de los cultivos de caña de azúcar en el estado, amén de las restricciones a la caza. Se refugian en el monte, que también es el hábitat natural de las garrapatas, y se alimentan con caña, explica. Dado que en esa región no tienen predadores jaguares, anacondas y yacarés-, no es porque sí que junto a los extensos cañaverales que ocupan el interior de São Paulo, la densidad poblacional de capibaras es 60 veces mayor que en el ambiente natural del gran roedor, tal como es el Pantanal.

Asados de capibara, así y todo, no serían la solución más adecuada ni legal- para controlar la expansión de la fiebre maculosa. Tal como sucede con otros roedores, los carpinchos se reproducen siempre que el ambiente posea la capacidad de sustentarlos, explica Labruna. De esa manera, si alguien mata la mitad de la población, las hembras simplemente tendrán más crías. Un plato servido para la fiebre maculosa, ya que las crías no cuentan con defensas contra la bacteria. Para el investigador, la única manera inmediata de reducir el riesgo de transmisión de la enfermedad sería limitar el acceso de los animales al alimento, por ejemplo construyendo cercos entre los cañaverales y las selvas ribereñas, lo cual impediría el acceso a las abundantes plantaciones. Más allá de contener a la población con la menor cantidad de alimento, los límites a la circulación reducirían las posibilidades de que las personas sean infectadas.

Labruna reveló también, en un artículo disponible en el sitio electrónico de la Vector-Borne and Zoonotic Diseases, que un animal más común en las áreas urbanas la zarigüeya Didelphis aurita– también es hospedador amplificador de la bacteria. Mediante un experimento, su equipo comprobó que las zarigüeyas se enferman durante un tiempo más largo que otras especies que desarrollan la dolencia entre tres y cuatro semanas- e infectaron a entre el 5% y el 20% de las garrapatas durante ese período.

Garrapata estrella: desde la fase larval, número 1 de la moneda, hasta la forma alimentada

Marcelo Labruna/USP Garrapata estrella: desde la fase larval, número 1 de la moneda, hasta la forma alimentadaMarcelo Labruna/USP

En el hogar
Aunque una persona no se halle en contacto con un carpincho o con una zarigüeya, puede infectarse indirectamente si apareciera una garrapata portadora de la bacteria. Y no es necesario pasear por el monte. Personas ancianas, que nunca salen del hogar pueden llegar a contraer la enfermedad si poseen un perro que merodea el bosque y vuelve con garrapatas, cuenta Labruna. De ahí la importancia de evitar infecciones de garrapatas en los canes que, según el artículo que será publicado en la Emerging Infectious Diseases, también desarrollan la fiebre maculosa. Los síntomas son fiebre, falta de apetito y postración, los mismos que causa la bacteria Ehrlichia canis, que las garrapatas transmiten con mayor frecuencia a los perros. Los dos perros diagnosticados con fiebre maculosa en la USP fueron derivados a un veterinario en la región de Jardins, un barrio de clase media alta de la ciudad de São Paulo, para extraer las garrapatas recuerdo de un viaje a Itú, en el interior del estado. Cuando comenzó la fiebre, el veterinario, quien se graduara en la USP, desconfió y le envió muestras de sangre a Labruna, conocido en la Facultad de Veterinaria como Marcelo de las garrapatas. Era Rickettsia. es posible que la enfermedad sea más común en los perros de lo que se supone, pondera el investigador, y que sea confundida con erliquiosis, ya que los laboratorios no tienen cómo detectarla.

El descubrimiento cuenta con mayor peso frente a otro hallazgo de Labruna: la garrapata amarilla del perro (Amblyomma aureolatum), muy frecuente y en verdad más susceptible a contraer Rickettsia que la garrapata estrella. En un experimento descrito en noviembre en el Journal of Medical Entomology, el grupo de la USP adhirió pequeñas cámaras repletas de garrapatas en cobayos infectados con fiebre maculosa y verificó que, mientras que un porcentaje que iba del 10% al 60% de las garrapatas estrella contrajeron la bacteria, entre el 80% y el 100% de las garrapatas amarillas fueron infectadas. En la Región Metropolitana de São Paulo, las garrapatas amarillas son los mayores responsables de transmitir la enfermedad a los seres humanos. Y no resulta más grave porque esas garrapatas no presentan gran aprecio por las personas.

Además, en Brasil, la garrapata Rhipicephalus sanguineus, también común en perros, puede hallarse en el mapa de la epidemiología de la fiebre maculosa. El riesgo sería grande, porque el ciclo de vida de esas garrapatas se encuentra más cercano a las personas: pasan toda su vida en perros y, en su fase libre, pueden aparecer caminando por las paredes y cercas de las casas. Los resultados se encuentran en un artículo en el sitio electrónico de Vector-Borne and Zoonotic Diseases. En 2005, el grupo recolectó 481 garrapatas en perros de la comunidad Recreio da Borda do Campo en el municipio de Santo André, Región Metropolitana de São Paulo, y verificó que el 1,3% de ellos contenía R. rickettsii, el mismo nivel de infección que otros estudios habían encontrado para la garrapata estrella.

Los veterinarios de la USP también han ampliado la búsqueda por otros agentes de la enfermedad. La bacteria Rickettsia parkeri, por ejemplo, que causa una versión más benigna de la fiebre maculosa y es posible que escape al diagnóstico. Mediante análisis genéticos, recientemente descubrieron otra especie de Rickettsia, que presentaron en septiembre en la Conferencia Internacional sobre Garrapatas y Patógenos Transmitidos por  Garrapatas, en Argentina. Se trata de la Rickettsia monteiroi, bautizada en homenaje a José Lemos Monteiro, investigador del Instituto Butantan que falleció de fiebre maculosa cuando trabajaba en el desarrollo de una vacuna contra la enfermedad en 1935. En el estado de Santa Catarina también parece haber fiebre maculosa, pero en una versión más benigna, que no ocasiona la muerte probablemente otra especie de Rickettsia. Para Labruna, es preciso comprender mejor la ecología de la bacteria para hacer frente a la enfermedad. Mientras tanto, se trata de extraer las garrapatas luego de los paseos silvestres y no ahorrar en garrapaticidas para perros.

El proyecto
Evaluación del rol de los carpinchos, las zarigüeyas y los perros domésticos en la epidemiología de la fiebre maculosa brasileña (nº 06/50918-0); Modalidad Apoyo Regular al Proyecto de Investigación; Coordinador Marcelo Bahia Labruna – FMVZ-USP; Inversión R$ 135.809,00 (FAPESP)

Artículos científicos
LABRUNA, M.B. Ecology of Rickettsia in South America. Annals of the New York Academy of Sciences. En prensa.
SOUZA, C.E. et al. Experimental infection of capybaras by Rickettsia rickettsii and evaluation of the transmission of the infection to ticks Amblyomma cajennense. Veterinary Parasitology. En prensa.
Vector-Borne and Zoonotic Diseases: http://www.liebertonline.com/vbz

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