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Fisiología

Las grasas atraen grasas

Ácido presente en las carnes rojas ocasiona la muerte de las neuronas que controlan el apetito

Remedios1HÉLIO DE ALMEIDALos apreciadores de una tapa de cuadril bien jugosa, la llamada “picanha”, y principalmente de la capa de grasa la envuelve, deberían preocuparse. Un tipo de grasa -los ácidos grasos saturados de cadena larga, hallados principalmente en carnes rojas- puede ser una de las causas de la obesidad. De acuerdo con experimentos realizados en ratones, esas moléculas activan una inflamación en el hipotálamo, ubicado en la base del cerebro, que lleva a la destrucción de las neuronas que controlan el apetito y la quema de calorías. “Es posible que hayamos encontrado una explicación para la dificultad que tienen las personas obesas para controlar el hambre y perder peso, aun cuando adopten dietas severas para adelgazar”, dice Lício Velloso, investigador de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), quien coordinó este estudio, publicado en enero en la revista científica Journal of Neuroscience.

Los estudios anteriores del equipo de Velloso y de otros grupos ya habían demostrado que la obesidad era una enfermedad que comenzaba en el cerebro o en los músculos, inducida por dietas con exceso de azúcares o grasas. Ese exceso genera resistencia a la hormona  insulina, que transporta la glucosa a las células, donde es transformada en energía, e induce al consumo continuo de alimentos (Pesquisa FAPESP nº 140). Pruebas con animales ya habían demostrado que dietas ricas en grasas en general dañaban el hipotálamo más intensamente que aquéllas ricas en azúcares. Para ver qué tipo de grasa era más perjudicial, los investigadores de la Unicamp inyectaron diferentes tipos de ácidos grasos de origen animal o vegetal en el hipotálamo de ratones. Los encontrados en el aceite de soja mostraron un efecto tenue sobre el cerebro, mientras que los hallados en grasas animales y en proporción menor en el aceite de maní tuvieron una acción más perjudicial.

Las moléculas de ácido graso saturado se unen a proteínas de superficie llamadas TLR-2 y TLR-4 de un tipo de células llamadas microglías, que protegen a las neuronas del hipotálamo contra virus y bacterias, de acuerdo con el experimento realizado por Marciane Milanski bajo la supervisión de Velloso. Una vez accionadas, la TLR-2 y, en mayor intensidad, la TLR-4 estimulan la producción de otras proteínas, conocidas como citocinas. Normalmente, en otras partes del cuerpo, las citocinas estimulan la producción de anticuerpos y de células especializados en combatir virus, bacterias y tumores. En el hipotálamo, las citocinas producidas de ese modo destruyen las neuronas que controlan el apetito y la quema de calorías. “Lo que no se sabía era qué podría disparar esa inflamación que ocasiona la muerte de las neuronas”, dice Velloso. Juliana Contin Moraes presentaría este mes una tesis doctoral dirigida por Velloso demostrando mediante seis técnicas de análisis distintas la muerte de neuronas inducida por la inflamación accionada por estos tipos específicos de grasas.

La TLR-4 era un blanco de larga data. En experimentos anteriores, ratones dotados de una mutación genética que apaga esta proteína engordaron menos, sin desarrollar resistencia a la insulina, aun cuando se los sometiera a una dieta con exceso de lípidos (grasas). La activación de la TLR-4 explica también un fenómeno observado hace años en los laboratorios de Velloso y Mario Saad en la Unicamp: la producción más intensa que lo normal de enzimas que impiden el funcionamiento de la insulina. Esta proteína representa ahora la conexión entre dietas ricas en grasas y el desarrollo de la resistencia a la insulina, que puede facilitar el desarrollo de obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Incluso el cáncer puede desarrollarse más fácilmente en personas con peso superior al considerado saludable. Una persona es considerada con sobrepeso cuando tiene un índice de masa corporal (IMC, obtenido por la división del peso por el cuadrado de la altura) de 25 a 29,9 kg/m2 y obesa con IMC igual o superior a 30 kg/m2: por ejemplo, una persona con 1,70 metro de altura es obesa de pesar más de 87 kilos. De acuerdo con un estudio del IBGE con base en la población de 2003, el 41,1% de los varones y el 40% de las mujeres tienen sobrepeso y el 8,9% de los varones y el 13,1% de las mujeres son obesos en Brasil.

Aquéllos a los que les gusta comer carne con grasa se preguntarán entonces qué deben hacer para evitar esta situación. Por supuesto, según cree Velloso, que deben disminuir el consumo de grasas, pues eso puede ayudar, pero, una vez más, no existe información sobre cuál es la cuantidad de grasas que comienza a matar neuronas, ni si dicha cascada de reacciones puede contenerse o revertirse. “El obeso, cuyo organismo rehace constantemente el punto de equilibrio, corre el riesgo de nunca más volver al equilibrio anterior, con peso estable”, dice Velloso. La salida aún distante sería encontrar medicamentos antiinflamatorios capaces de actuar solamente en el hipotálamo y en respuesta a estímulos generados únicamente por ácidos grasos saturados de cadena longa, para evitar que las células de defensa dejen de reaccionar cuando aparezca algún virus o alguna bacteria.

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