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Especial

Para entender a Darwin

Charles_Darwin_01wikimedia commonsEn 2009 celebramos los 150 años de la publicación de El origen de las especies, como así también los 200 años del nacimiento de su autor, Charles Darwin. Todos han escuchado el nombre de Darwin, uno de los científicos más biografiados de toda la historia. Hasta los niños son capaces de identificar la figura del anciano barbudo de mirada triste. Con todo, sus ideas siguen siendo menos conocidas para el públicoque el personaje. Ésta es una situación indeseable, pues la evolución biológica no es un temaúnicamente de interés de los especialistas. Al contrario, es quizás el temacientífico de mayor importancia para los ciudadanos en general. Mediante el entendimiento de la evolución, podemos entender qué es la vida, nuestro papel y nuestra posición en el mundo.

Darwin entendió que la vida en nuestro planeta está unida por una red de relaciones genealógicas, creada por un proceso de descendencia con modificación. Así las cosas, todos los seresvivos se relacionan por descendencia común, en grados variados de parentesco. La diversidad de la vida es una función del tiempo: los seresvivos son diversosporque se volvieron diversos en el decurso del tiempo, y no porque fueron creados diversos. Es innegable mérito de Darwin haber logrado reunir evidencias más allá de cualquier duda demostrando la realidad de la evolución de la vida. Eso lo distingue de varios notables predecesores que flirtearon con la idea de evolución anteriormente. Pero Darwin fue más allá. También ideó un mecanismo a través del cual la evolución opera: la selección natural. La idea de que complejidad y diseño puedan formarse mediante procesos puramentenaturales, sin planificación, es el núcleo de la selección natural. Dicha idea va en contra de nuestras percepciones trivialesacerca de cómo el mundo opera. No por otra razón, su concepción tardó más quetodo el desarrollo de la física clásica. Pero esta fuerza, sutil en el campo de las ideas, es poderosa en el mundoreal y construyó la diversidad de la vidaque conocemos. Actúa constantemente, en todas las especies, sin necesidad de una fuerza motrizexterna o una implementación consciente. Tanto en bacterias que se apresuran en tres generaciones porhora, como en secuoyas que pueden tardar más de mil años entreuna generación y otra. Solamenteuna fuerza tan generalizada, incansable y omnipresente puede explicar el refinamiento extraordinario de los seresvivos en todos los niveles, sea donde sea que existan. Es así en nuestro planeta y así será en cualquier otro en que haya vida.

La idea del árbol de la vida siempre atrajo la atención de los pensadores. Mucho antes del advenimiento de la evolución, existía el reconocimiento de que la diversidad de seresvivos puede organizarse en forma jerárquica, como un vastosistema de gruposdentro de grupos. Esto es lo que hace posible la clasificación biológica. Y lo más importante: el reconocimiento de estos grupos no es arbitrario. Son las propias características de los organismosque evidencian tal organización. Esto sucede porque las características de los seresvivos no se distribuyen de manera aleatoria, sino en un esquemaclaramente jerarquizado. El sistema clasificatorio de Linné, por cierto, bastante sofisticado y de cuño sintético, precede a la publicación de El origen en cien años. Cuando Darwin desarrolló sus ideas, por lo tanto, algunos grandes patrones de clasificación orgánica ya habían sido reconocidos claramente. La señal de evidencia de tales patrones era tan claraqueera reconocida como un patrón de la naturaleza, y no como un artificio humano. Los grupos de organismos no se inventan, se descubren. Darwin, que ya tenía experiencia de primera mano con la taxonomía (el estudio de las clasificaciones), entendió quetal organización no podría estar desprovista de significado en su teoría. Para él, esta jerarquía ciertamente significaba algo, pero no relacionado con la creación divina, sino con proceso de diversificación y ramificación de la vida –producto del proceso evolutivo. Inmediatamente, identificó una sorprendente concordancia entre los patrones de clasificaciones de los seresvivos y la evolución: los patrones eran el resultado de la historia evolutiva. Por cierto, la importancia de los patrones filogenéticos para su teoría era tamaña que un diagrama filogenético es la única ilustración de El origen de las especies.

Hoy en día el estudio de las relaciones de parentescoentre los seresvivos constituye una subdisciplina biológica llamada reconstrucción filogenética, que es actualmente un áreaparticularmente dinámica de la biología evolutiva. Las ideas sobreparentesco se expresan en diagramas ramificados llamados cladogramas, o árboles filogenéticos. La estructura filogenética es la piedra fundamental en la comprensión de la evolución. Nos permite comprender la ubicuidad de la evolución en la estructura de la vida en la Tierra. No existen organismos más o menos evolucionados. El linaje que llegó hasta nosotros tiene exactamente el mismo tiempo de evolución que el que generó las bacterias existentes en nuestro intestino. Lo que sucede es que algunos linajes divergieron más y otros menos. Unos se volvieron más complejos o mayores, otros anduvieron porsendas distintas. Pero todos son productos igualmente refinados por los mismos miles de millones de años de evolución.

Estepanorama es más válidoquenunca actualmente, cuando se sabe que el mismo orden jerárquico detectado hace siglos en la morfología de los organismos también se da en otros planos, como en su estructura de ADN, en su fisiología, en su comportamiento y en donde quiera que se haya investigado. Este orden es el resultado de la historia evolutiva. Ya sea bajo la forma de un árbol o de una red o tela, los métodos de análisis filogenético disponen actualmente del arsenal necesario para develar esta historia.

Pero igualmenteimportante en la contribución de Darwin fue la propuesta de un mecanismooperativoque estaría pordetrás de algunos grandes patrones de la historia de los seresvivos. La selección natural es una idea simple, de naturaleza algorítmica. Pero simplicidad no implica superficialidad. La selección natural es una fuerza profundamentepoderosa, que ha moldeado la vidatalcomo la conocemos. La comprensión que Darwin tuvo del tema es sorprendentemente abarcadora, considerando que casi nada se sabía de genética en su época. Darwin entendió que la selección natural no debe entenderse como un proceso absoluto o invariante. Adaptación y reproducción diferencial son contexto-dependientes, de manera talque las circunstancias ambientales determinan qué variantes son favorables (y por lo tantopositivamente seleccionadas) y cuáles son desfavorables (y por ende negativamente seleccionadas). Como el ambiente cambia, también puede cambiar la dirección de la selección. Características favorables a los individuos en una situación pueden ser desfavorables en otra y viceversa. Actualmente, muchos hechos biológicos aparentemente contradictorios con respecto a la lógica de selección son perfectamente comprendidos, como el comportamiento altruista, la sociabilidad, etc. Es un craso error encuadrar los polifacéticos caminos de la selección natural en la desafortunada afirmación de “la supervivencia del más fuerte”. En el mundo selectivo real, los favorecidos a menudo se ubican entre los más “débiles”. Fue de gran sutileza la subsiguiente concepción de Darwin de la selección sexual, capaz de explicar diversos fenómenos del mundo vivo que la mera selección natural no podría explicar. La aceptación de esta otra fuerza evolutiva fue tardía en el seno de la comunidad científica. Se puede especular cuánto tiempo habría pasado hastaque la idea de selección sexual fuera concebida por otro pensador, en caso de que Darwin no la hubiera formulado.

Aun cuando no son evidentes, las fuerzas que moldean los sistemas biológicos son incansables, aunque no provoquen cambios visibles. Sistemas con altogrado de complejidad invariablemente tienden a la desorganización, a menosque haya fuerzas que continuamente reparen los defectos y corrijan los desvíos. Esto sucede especialmente cuando estos sistemas producen copias de sí mismos, o se reproducen, como los sistemas biológicos. Para mantener el nivel de organización de los sistemas orgánicos, son necesarios mecanismos activos. Estos mecanismos no son otra cosa que las mismas fuerzas clásicas de la evolución. La selección natural actúa constantemente en el sostenimiento de la organización de los seresvivos a lo largo del tiempo, no solamente en su cambio. Al contrario de lo que podría pensarse, la propia y continua existencia de los seresvivos constituye una evidencia de las fuerzas evolutivas en acción. La actuación de la selección es necesaria no solamenteparaconstruir complejidad biológica, sino también para mantenerla.

La evolución rige todas las dimensiones del universovivo. Es imposible entender cualquier fenómeno de la vida sin la perspectiva evolutiva. Como parte de la gran tela de la evolución, no somos la excepción, ni en el pasado y ni actualmente. La comprensión de nuestra propia especie, de la naturaleza humana, pasa por el camino de la comprensión de nuestra evolución biológica. Debemos eso a Darwin. Por ese mismo camino deben pasar nuestros esfuerzos destinados a la construcción de unamoral y unaética constructivas, tantopara nosotros mismos comopara el planeta.

Mario de Pinna es biólogo evolutivo, especializado en zoología. Actualmente es profesor titular y vicedirector del Museo de Zoología de la USP. Es también investigador asociado del American Museum of Natural History y de la Smithsonian Institution.

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