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Entrevista

Sergio Re­zende: Política con ciencia

Físico respetado internacionalmente se mantiene al frente del Ministerio de Ciencia y Tecnología sin dejar de lado su producción teórica

Sergio Machado Rezende, 68 años, está al frente del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil desde mediados de 2005. Y afirma que es posible combinar las pesadas exigencias del cargo en Brasilia con los vuelos de la imaginación a los cuales lo convoca su gusto por formular hipótesis consistentes para la construcción de teorías en física. Inmerso en la ejecución y la gestión del Plan de Acción de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Nacional o en los reordenamientos presupuestarios determinados por un recorte de alrededor de 1.300 millones de reales en el presupuesto originariamente previsto para su cartera en 2009, por imposición de la crisis económica internacional, no dejó en los últimos meses de pasar durante los fines de semana por su pequeño despacho ubicado en la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y trabajar un poco en él, placenteramente. Por cierto, Rezende es docente titular del Departamento de Física de la UFPE.

La posibilidad de combinar el trabajo político-administrativo con la actividad científica lejos está de ser mera fuerza de expresión por parte del ministro, a juzgar por los artículos de su autoría que pusieron recientemente en circulación respetados periódicos especializados. Con una biografía que computa un total de 214 artículos científicos publicados, 2.099 citas e índice H 24, cifras que lo ubican en un lugar destacado entre los más reconocidos físicos brasileños, además de apuntar su influencia en la producción del conocimiento internacional en la física de los materiales, en febrero de este año un paper de Sergio Rezende salió publicado en Physical Review B. En julio de 2008 figuró como uno de los tres autores de otro artículo que salió en dicha publicación y en poco tiempo más figurará también como coautor de un artículo aceptado por el Journal of Applied Physics. Cabe registrar que, en el artículo de febrero, Rezende se aventuró en la construcción de una teoría destinada a explicar un nuevo experimento que un grupo de investigación alemán realizó con el fin de obtener el condensado de Bose-Einstein. En términos un tanto toscos, dicho condensado, al que algunos denominan como el quinto estado de la materia, es una situación en la cual las partículas elementales, sometidas a temperaturas bajísimas, inferiores a -273 ºC, llegan al menor nivel de energía posible y pasan a tener un comportamiento unificado.

En la siguiente entrevista, siendo Pesquisa FAPESP una publicación con apariciones de figuras del campo científico, le propusimos a Sergio Rezende que se refiriese a su trayectoria académica, y no que su atuviese a su trabajo como ministro. Y el resultado de ello fue que este tranquilo y gentil carioca, con capas pernambucanas en su expresión, terminó por mostrarse como alguien que conoce muy bien el campo de la ciencia y la tecnología, en el cual juega con desenvoltura en tres puestos: el de científico, el de administrador y el de político.

Querría empezar preguntándole por su contribución al conocimiento de la física acá en Brasil desde 1967. Yendo al comienzo de su trayectoria, después de cursar ingeniería, ¿cómo llegó a la física teórica y experimental y al interés en el magnetismo?
Seguí ingeniería electrónica y durante la carrera se fue despertando en mí el interés en la cuestión de las ondas electromagnéticas. Me fascinaba el efecto dinámico de las ondas. Cuando fui al exterior para hacer la maestría y el doctorado, yo quería hacer una tesis en ingeniería y que tuviera que ver con las ondas.

¿Usted viene de una familia de ingenieros?
No, mi padre era abogado y siempre quiso que yo fuese médico. Somos tres hermanos varones, los tres seguimos ingeniería, una hermana siguió matemática y la otra es maestra, de manera tal que en casa no hubo influencia ni de la profesión de mi padre ni de lo que él quería que fuésemos.

¿Y como la ingeniería los afectó a ustedes? A propósito, ¿eso fue en Río o en Pernambuco?
En Río. Nací y me crié en Río de Janeiro. Yo era un alumno medio en la primaria, estudiaba lo suficiente como para pasar de grado. Pero en primer año del científico [una de las modalidades de la enseñanza media en Brasil en la época] tuve un buen profesor de física y de repente me empezó a gustar estudiar. La física involucraba el razonamiento lógico y con las ecuaciones permitía construir soluciones para determinados problemas eso fue lo me afectó. A partir de entonces empecé a ser un buen alumno en física, en matemática y en general. Me fue muy bien en el examen de ingreso a la universidad, tanto en la Facultad Nacional de Ingeniería como en la Católica, en la PUC. Me incliné por la PUC porque ahí había ingeniería electrónica (en la Nacional sólo había ingeniería electrotécnica). Y hasta quinto año fui el mejor del curso tanto de la carrera de ingeniería electrónica como de mecánica y de civil pues había algunas materias en común entre las carreras de ingeniería.

¿Una vez que se recibió fue directamente a hacer la maestría?
Sí. Cuando estaba preparándome para salir del país, fue anunciada la creación del curso en la Coppe [la Coordinación de Programas de Posgrado en Ingeniería]. Pero a esa altura ya me habían aceptado en el MIT [Massachusetts Institute of Technology] y mantuve ese proyecto. Había obtenido una beca de la Fulbright, un desafío enorme… Mi boletín me ayudó a llegar al MIT, porque decía que yo era el mejor alumno de los 120 de la facultad. Además, un profesor mío que había hecho su doctorado allá me dio una buena carta de recomendación. Y fue precisamente porque me aceptaron en el MIT que me dieron la beca de la Fulbright, que otorgaba una beca por año para las áreas de ingeniería y de economía en Brasil.

¿Cuánto tiempo pasó allá?
Hice la maestría y cuando estaban terminando los diez meses de plazo de la beca, quise quedarme para el doctorado. Iba a cumplir 25 años en octubre. La maestría fue en ingeniería electrónica, pero tuve que cursar algunas materias de nivel de grado en física, algunas para créditos y otras como oyente, porque quería expandir mi base en esa disciplina. Me conseguí un director de tesis para el doctorado en el área de ondas en ferritas, un material magnético muy utilizado para microondas. Había ingeniería y también física aplicada a las ferritas e hice la mitad de mis materias en física y la mitad en ingeniería. No tengo ningún diploma de física, sólo de ingeniería. Cuando volví a Brasil, al final de 1967, fui al departamento de física de la PUC de Río de Janeiro, un departamento nuevo y prometedor en varias áreas.

Usted llegaba del MIT con algo nuevo para aportar al departamento.
Me invitaron en física porque yo estaba en la frontera entre la ingeniería de materiales y la física, y no existía esa área en ningún departamento de ingeniería en Brasil. Pero sucedía que los laboratorios de física eran limitados, había un acelerador Van de Graaff en física nuclear, un espectrómetro tipo caja negra en el área de estado sólido, pero yo durante dos años no conté con ningún equipamiento para trabajar. Entonces empecé a trabajar con Nicim Zagury en teoría para explicar problemas que para mí no habían sido explicados. Mi tesis tuvo una parte teórica y otra experimental…

¿Como resumiría los hallazgos de su tesis doctoral?
Trabajé en la tesis, y trabajo hasta ahora con fenómenos dinámicos y materiales magnéticos. Atómicamente, éstos tienen momentos magnéticos llamados spins, que tienen una dinámica. En algunos materiales esa dinámica sucede en la frecuencia de microondas, por eso junté las microondas con las ferritas. Tuve un director de tesis que era un teórico, tenía ideas y ponía a los estudiantes romperse el lomo y ponerla en práctica, porque él mismo no tenía ese costado experimental, y algunos de mis compañeros sufrieron mucho porque no lograron hacer lo que él les propuso. Yo lo logré, porque su propuesta era factible. Nuevamente tuve suerte, pero al mismo tiempo trabajé y contaba con que tenía una cierta facilidad el área.

¿Que le planteó teóricamente?
Me planteó esto: pon una onda de spin en el material, en las ferritas, y mientras se propaga allá adentro, dispara un impulso de campo magnético que cambia su frecuencia. O sea, yo logré hacer una conversión de frecuencia de la onda mientras estaba propagándose. Es decir, ejecuté una parte de la teoría, extendiendo la teoría que él había elaborado. Pero, como dije antes, cuando llegué a la PUC tenía muchas dudas sobre la física cuántica que yo había hecho, que es una física basada en ecuaciones clásicas. Con el profesor Zagury aprendí cosas más sofisticadas y desarrollé ese gusto por hacer experimentos y tener la explicación teórica de los experimentos. Así llevé adelante toda mi vida científica. Son raros mis trabajos de teoría que no tengan un experimento correspondiente. De vez en cuando hago teorías para explicar un experimento que ha hecho alguien. A mediados del año pasado me llamaron la atención sobre un artículo publicado también en el área de spin, pero involucrando la condensación de Bose-Einstein. Era un experimento de un grupo de Alemania con ondas de spin excitadas con microondas y no había teoría para eso. Fue entonces que me involucré, me aceptaron dos trabajos y me invitaron a una conferencia internacional para hablar sobre eso.

¿Cuál es su propuesta teórica para el experimento?
No voy a poder explicárselo explicar ahora, pero tengo una teoría detallada que muestra que existe realmente la condensación de Bose-Einstein en el experimento, y además, logro poner una curva teórica encima de los puntos experimentales de otros tres trabajos de ellos. El grupo está integrado por investigadores de la Universidad de Münster, la principal en este estudio, y de la Universidad de Kaiserslautern. Pero hay varios otros trabajando ente ámbito y, el año pasado mismo salió un estudio teórico en Canadá sobre varios trabajos que demuestran que han hecho la condensación de Bose-Eistein. Mi teoría pasó por un tamiz finísimo en la Physical Review. Salió primero un artículo en febrero y saldrá el segundo dentro de dos meses.

¿Cómo logra dedicarse a las actividades político-administrativas de la ciencia y la tecnología un científico entusiasta? ¿Eso empezó en los años 1980?
A decir verdad fue antes, desde que fui a la PUC. Pasaron dos o tres años y yo no estaba satisfecho con las condiciones existentes. Es que, yo había sido compañero de José Ripper Filho y de Nelson de Jesus Parada en el  MIT. En ese tiempo conocí a Sérgio Porto y Rogério Cezar de Cerqueira Leite, que eran de Bell Labs. Todo ese grupo estaba yendo a construir el departamento de Física de la Unicamp y querían que yo fuera también. Pero sucedió que hubo dos alumnos de Pernambuco en la maestría que habían salido del estado junto con otros tres amigos que fueron a la USP. La intención de todos era volver a Recife y crear un grupo de investigación en física ?eso en 1969, 1970. Ellos conocieron a Sérgio Mascarenhas, que era miembro del consejo deliberativo del CNPq, y éste les dio todo el apoyo a esa idea, dijo que el CNPq los apoyaría económicamente, siempre y cuando encontraran a un joven doctor que fuera también. Entonces me vinieron a hablar y a mí me pareció una idea muy loca. Pero después de pensarlo un tiempo, y con un fuerte estímulo de Mascarenhas, terminé por aceptar.

¡Sérgio Mascarenhas era un gran visionario!
Me dijo que yo era un líder nato, insistió… movilizó al CNPq para brindar su apoyo… terminé diciéndole que iría, me quedaría tres años y después volvería a la PUC o iría a la Unicamp. Pero en el medio del camino pasé por la Unicamp, me mudé a Campinas en julio de 1971 con mi familia ya tenía tres hijas, conviví con el rector Zeferino Vaz, con toda la gente de Física, armé mi casa y la desarmé seis meses después. Fui a Recife. Tuve que organizar un grupo, pues aquellos jóvenes maestrandos ya eran másteres y debían hacer sus doctorados. Empecé a buscar otros doctores para dirigir a los jóvenes doctorandos. Mascarenhas ya había contactado a algunas personas que, según él, podrían ayudar, y con los fondos del CNPq, bastantes flexibles, fui a Estados Unidos, recorrí varios lugares, hice lo propio en Europa y sólo pude llevar a un recién doctor brasileño. Entonces tuve que juntar ideas para cinco tesis doctorales. Pero el grupo era muy bueno y ellos hacían lo que yo les proponía. Después inauguramos un departamento, empezamos a buscar recursos para erigir laboratorios, y así fue como me acerqué al BNDES, a la Finep, empecé a estar en contacto con los financiadores… y el departamento se convirtió así en un departamento de verdad, con un edificio nuevo, al final de los años 70, con un gran apoyo de la Finep, dinero del BID. En el radio de acción del departamento de Física se erigió un centro de ciencias exactas, con Matemática, que ya existía, y se crearon los departamentos de Informática y Química. Eso resume de qué manera empecé a involucrarme en la gestión interna de la universidad y permanecí allí durante 15 años.

Usted sigue en la UFPE.
Voy casi todas las semanas, todavía tengo un alumno de doctorado que por suerte o por desgracia está terminando su tesis; digo eso porque me quedaré si ninguno. De todos modos, escribo artículos científicos con el nombre del departamento de Física y tengo un lugar en donde estaré en enero de 2011: mi despacho, una sala de 2,5 por 3,5 metros, chiquitita, con todo amontonado, pero que es el lugar adonde voy los fines de semana cuando estoy allá. Es mi lugar.

¿Pero más allá de la universidad, cuando empezó a implicarse en la política del estado de Pernambuco?
En ese proceso del departamento de Física, metí en la política universitaria. Fui miembro del Consejo Universitario varias veces, fui fundador de la Asociación Docente al final de los años 1970, aún durante el régimen militar, cosa que era peligrosa, participé en el movimiento por la amnistía y en 1985 entré en la campaña a gobernador de Miguel Arraes. No tenía afiliación partidaria, solamente una visión de izquierda, desde que era profesor de la PUC en 1968, la idea de que las cosas no podían seguir como estaban, etc. Cuando nuestro departamento ya tenía una proyección en Recife, Tania Bacelar, una economista conocida, que era una de las coordinadoras del programa de Arraes, me invitó a formar un grupo que debería presentar propuestas de ciencia y tecnología para su gobernación en 1986. Y cuando Arraes ganó quisieron llevarme al gobierno, como director del Centro de Tecnología. Pero yo no quise salir de la universidad, porque tanto el departamento como el Centro de Ciencias Exactas se encontraban todavía en proceso de construcción. Cuando llegó la Constituyente estadual, en 1989, me comprometí a convencer a los constituyentes y al gobernador a que pusieran en la Constitución la creación de la Facepe, la Fundación de Apoyo a la Ciencia y la Tecnología del Estado de Pernambuco, y tuve un breve contacto con Arraes. Le solicité una audiencia y, tal como descubrí años después, su jefe de gabinete era su nieto, Eduardo Campos, un joven de poco más de veinte años, muy inteligente y activo. El gobernador nos brindó su apoyo, se creó la fundación y en 1990 me eligieron director científico. Y así fue que puse un pie fuera de la universidad: iba a la Facepe a la mañana y a la tarde a la UFPE.

¿Ustedes lograron incluir en la nueva Constitución el artículo referente a la dotación del 1% de la recaudación tributaria del estado para financiar la investigación científica vía Facepe, en moldes similares a los de la FAPESP?
Sí, así fue, y durante el primer mes el gobernador Carlos Wilson porque Arraes había renunciado para ser candidato a diputado giró el equivalente a un millón de dólares. Era mucho dinero en la época. Ese porcentaje se mantuvo durante tres meses, porque hicimos un programa con becas y auxilios con mucha innovación, como la beca integración, destinada a los alumnos del interior que iban a estudiar en la capital y después volvían.

¿Pero por qué el precepto constitucional se cumplió solamente durante tres meses?
Durante tres meses giraron el equivalente a tres millones de dólares y allí paró… En Pernambuco eso era mucho dinero y el gobernador vio que el dinero estaba en la cuenta y no se usaba. Por eso gobierno siguiente realmente tiró abajo a la Facepe. Volví a tener dedicación exclusiva en la universidad. Arraes fue electo nuevamente en 1995 y me invitó a ser su secretario de Ciencia y Tecnología, siendo que yo había estado en contacto con él tres veces en la vida. La segunda vez fue durante el lanzamiento de los programas de la Facepe, cuando diserté sobre el tema. Arraes estaba en el auditorio y enseguida después de la exposición me referí al ejemplo que la clase política de Pernambuco había dado, creando la primera fundación de investigación del nordeste y le dije que quería que ellos entendieran que el funcionamiento de la Facepe sería distinto, que las becas se adjudicarían por mérito, y que era importante que no mandasen recaditos pidiendo becas. Al terminar la reunión, Arraes me saludó y me dijo: Pues bien, puede quedarse tranquilo que yo nunca le pediré una beca. Me sorprendió… Dos años después, yo estaba en la cola del aeropuerto para viajar de Brasilia a Recife, lo vi y me le acerqué para presentarme. Me dijo: Pero si yo ya lo conozco, ¿no le dije que nunca iba a pedirle una beca Nunca le pedí. El contacto siguiente fue cuando me invitó a ser su secretario. Y cultivé una enorme admiración por esa persona poco conocida en Brasil, pero que tenía una visión de la cuestión de ciencia y tecnología que pocos tienen. Fue entonces que me metí más en política. Un año después entré al Partido Socialista Brasileño, gracias a Miguel Arraes. Hicimos muchas innovaciones, hermosos programas, incluso programas de difusión tecnológica para la población. Eso fue de 1995 a 1998. Siendo candidato a la reelección, Arraes perdió feo y el gobierno siguiente deshizo todo que habíamos hecho. La Facepe se hundió nuevamente. Habíamos creado un parque tecnológico de electroelectrónica, el Parqtel, que fue dejado de lado y se creó el Puerto Digital. Fue importante, pero no necesitaban destruir el Parqtel. Varios programas que hicimos fueron desmontados totalmente. Cuando ganó Lula, yo ya había estado en contacto con él porque ayudé a hacer la propuesta de ciencia y tecnología de la plataforma para elecciones anteriores, en las de 1994. En las elecciones de 1998, lo invitaron a Lula a ir a la reunión de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia en la ciudad de Natal. Recibí un llamado telefónico de Marco Aurélio Garcia [actualmente asesor especial de la Presidencia de la República, y en la época coordinador de la campaña] diciéndome que Lula necesitaba gente para acompañarlo y de una propuesta para C&T. Mandé algunas propuestas que entraron en la plataforma y fui a Natal. En 2000 me invitó Tarso Genro a una reunión con Lula y otros dirigentes en la cual se discutiría una propuesta de ciencia y tecnología para la campaña de 2002. El hecho es que, cuando Lula ganó en 2002, terminé siendo presidente de la Finep.

Y justamente en su paso por la Finep, ¿cuál fue su foco para hacer de ella una agencia más rápida, más funcional?
Yo tenía algunas preocupaciones. Una de ellas era con el hecho de que la Finep había desempeñado un rol sumamente importante durante 20 años y en ese momento se estaba debilitando, porque el FNDCT [el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico] había desaparecido prácticamente con la creación de los fondos sectoriales. Ahora bien, siendo solamente sectoriales, no me permitían hacer una política más abarcadora. Había dos fondos transversales, el de Infraestructura y el fondo Verde-Amarelo, pero eran específicos. Uno era solamente para Infraestructura y para la universidad pública, y el Verde-Amarelo para la interacción universidad-empresa. Son transversales, pero no permiten hacer una política más abarcadora. Empezamos a trabajar en la Finep en la dirección de las llamadas acciones transversales, empleando recursos de varios fondos. Mi preocupación consistió en tener una buena articulación con el ministerio y eso fue fácil, porque el secretario ejecutivo era Vanderlei de Souza, y después, con el ministro Eduardo Campos, entró Luiz Fernandes, y la interacción MCT-Finep siguió siendo muy buena. Trabajé mucho para simplificar los procedimientos técnicos y jurídicos de la Finep. Pero es aún medio lenta en algunas acciones, y ése es un proceso que no se resuelve de una hora a otra.

¿La Finep significó su primera experiencia con una institución cuyo foco no estaba era la construcción del conocimiento científico, sino en la innovación tecnológica?
A decir verdad hice un poquito eso en la Facepe. Cuando entré en ella, la FAPESP estaba empezando a crear los programas de apoyo a la innovación tecnológica y nosotros intentamos hacer lo mismo: creamos el Programa de Apoyo al Investigador en la Empresa. En el gobierno del estado hice mucho más, pero era en el ámbito local. En la Finep pasé a encarar este desafío, por así decirlo, en el ámbito nacional. Yo ya tenía una preocupación con la cuestión de la innovación en las empresas, con la interacción universidad-empresa, y el desafío consistía en cómo hacer eso en el marco de programas nacionales.

¿Su visión del modelo nacional de ciencia y tecnología involucra la permanencia de la Finep en el lugar que ocupa o algo debe cambiar en ese sentido?
Creo que el modelo tiene actualmente una buena configuración, con el CNPq, que financia básicamente a la universidad, con instrumentos en diversos niveles: individuos, núcleos de investigación, ahora institutos nacionales, en definitiva, financia toda la cadena de conocimiento. Tiene algunos programas volcados a la transferencia de tecnología, pero el grueso es para generación de conocimiento. En tanto, la Finep financia instituciones del área académica, institutos de investigación, centros de investigación, y financia a las empresas y la interfaz entre ambas. La configuración es buena y nuestro objetivo ha sido consolidar estos dos roles, tanto con más recursos como sistematizando los instrumentos.

Cuando usted salió de la Finep y vino al ministerio, a decir verdad existía un plan para el área de cuya formulación usted mismo había participado. ¿Cómo quedó entonces la relación entre la teoría y la práctica?
Esa política cobró consistencia cuando Eduardo Campos asumió. Él no era del área e hizo algo sumamente importante: llamó a las diversas partes del ministerio, a las agencias, y permanecimos todos internados en Brasilia durante tres días desarrollando una actividad de planeamiento estratégico. Discutíamos así: y nuestra política, ¿en qué se basa?, tiene cuatro ejes, con estas características…. Así se llevó a cabo un ordenamiento de lo que había y una planificación para los años siguientes. Entonces cuando vine para quedarme durante un año y medio en el ministerio, mi idea era consolidar lo que Eduardo Campos había hecho. Él había disparado en muchas direcciones, estructuró la política y yo pensaba que la consolidación era importante, principalmente en lo que hace a la documentación. Por eso, al final de 2006 redactamos un informe para el público en general que cubría los cuatro años de actividad, sin preocuparnos con el hecho de que hubieran pasado por el ministerio tres ministros. Una vez que empezó el segundo mandato, y yo seguí en el ministerio, y pensé así: contamos con una política, pero necesitamos un plan más detallado, de cuatro años. Y desde comienzos de 2007 empezamos a trabajar en dicho plan, que es la materialización más concreta de las ideas de la política. Lo que tiene de distinto es que es más vasto, con muchas acciones que tienen foco, objetivo, meta, recursos. Por lo tanto, si antes algunas acciones no estaban definidas con claridad, por ejemplo, los Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología, hicimos que tales acciones se volviesen más claras. Se sabía que era necesario perfeccionar los mecanismos de los Institutos del Milenio, por eso fuimos discutiendo, definimos con más pormenores, nombramos, etc. Y lo fundamental es que se le fue imprimiendo una sistematización a los programas del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología.

Al final del mandato de Fernando Henrique Cardoso, la percepción de la comunidad científica apuntaba que el ministro Ronaldo Sardenberg había abierto y consolidado algunas iniciativas fundamentales para la expansión del sistema brasileño de ciencia y tecnología. Los fondos sectoriales y la discusión planteada en el marco de la Segunda Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología serían ejemplos en ese sentido. ¿A decir verdad, el gobierno de Lula sencillamente dio prosecución a algunas de esas iniciativas, no?
Sí, dimos prosecución, desde el primer año del gobierno de Lula. Hubo una crisis en el sistema federal en la segunda mitad de los años 1990: los recursos escasearon, los instrumentos se interrumpieron, la cantidad de becas cayó, por eso la gestión de Sardenberg, con el secretario Américo Pacheco, llevó a cabo algunas cosas sumamente importantes. Una de ellas fue crear los fondos sectoriales, que dan la sustentación presupuestaria necesaria como para tener cualquier programa de ciencia y tecnología. También hicieron acciones importantes volcadas a la innovación y a la interacción universidad-empresa. La conferencia fue importante, hizo un balance de los que se hizo y dejó como resultado el Libro Blanco de la Ciencia y la Tecnología. Ese  libro, que lo leí muchas veces y lo he usado mucho, cuenta con los elementos de una política, pero no tiene una política explícita. El libro fue muy importante y nosotros no cambiamos los nombres de los programas creados durante la gestión de Sardenberg. Hasta hace poco, los Institutos del Milenio mantenían ese nombre. El Pronex, al que estamos revitalizando, fue creado en 1997. Por lo tanto, procuramos ampliar mucho los recursos y consolidar programas en los cuatro ejes de acción. Y a excepción del cuarto, ciencia y tecnología para el desarrollo social, una novedad del gobierno de Lula, todos ya estaban en la política de Sardenberg, aunque no estuvieran explicitados de la misma manera. Como pasamos por una crisis, digo siempre en mis ponencias que atravesamos una fase de transición, que comenzó con la creación de los fondos sectoriales y culminó en 2006, con la conclusión de una política, y ahora estamos efectivamente en la fase de consolidación del sistema brasileño de ciencia y tecnología.

Pero con una nueva crisis económica internacional perturbando planes, metas, propósitos, etc.
Perturba un poco, pero no perturba lo que está haciéndose.

Sin embargo, un recorte de 1.300 de reales en el presupuesto es dramático.
Pero es un recorte con relación a un proyecto de ley, por el cual tendríamos en 2009 un aumento del 25% en el presupuesto del ministerio, algo fabuloso. Con el corte, volvimos a presupuesto de 2008, y todos los programas en marcha tienen asegurados sus recursos.

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