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Cambios climáticos

Un elenco ecléctico

Programa de la FAPESP anuncia cuáles son los proyectos contemplados en su primer llamado a la presentación de propuestas

El programa apunta a establecer puentes entre las ciencias sociales y las naturales

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Lanzado en agosto de 2008, el Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales anunció en mayo los resultados de su primer llamado a la presentación de proyectos. Se seleccionaron diez propuestas, que abarcan temas vinculados a las dimensiones humanas de los cambios climáticos, a sus efectos en los sistemas naturales y a estudios aplicados, sobre todo en el área agrícola. “Se trata de un excelente elenco de proyectos, que representa de manera equilibrada a las diversas vertientes de investigación por las cuales pretendemos avanzar”, dice el meteorólogo Carlos Nobre, coordinador del programa e investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe). Este programa, que tendrá una duración de diez años, es el mayor y más articulado esfuerzo multidisciplinario ya realizado en Brasil para ampliar el conocimiento referente a los cambios climáticos globales. Se invertirán 100 millones de reales en los próximos diez años -alrededor de 10 millones de reales anuales-  en la articulación de estudios básicos y aplicados sobre las causas del calentamiento global y sus impactos sobre la vida de las personas. La idea es efectuar uno o dos llamados para presentar propuestas por año, a punto tal de contar con un menú de 40 ó 50 proyectos durante los próximos cinco años. “Algunos temas que no aparecieron en ese primer llamado, como el impacto en los océanos, ciertamente estarán presentes en los próximos. No se agotarían todos los temas en el primer conjunto de proyectos”, explica Nobre. El programa, marcadamente interdisciplinario, apunta a establecer puentes entre las ciencias sociales y las naturales, ambas esenciales para la comprensión del tema.

Los recursos para las propuestas contempladas provienen de una asociación de la FAPESP con el Ministerio de la Ciencia y Tecnología, por intermedio del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). Parte de los proyectos apunta a entender los efectos de los cambios climáticos en los sistemas naturales, como en las lluvias, en la distribución de aerosoles o en el ciclo de carbono de los ríos. Reynaldo Luiz Victoria, del Centro de Energía Nuclear en Agricultura (Cena), del campus Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo con sede en la localidad de Piracicaba, encabeza un grupo de investigadores que analizará el papel de los ríos en los ciclos regionales de carbono. Su proyecto hará interfaz con otro, coordinado por Humberto Ribeiro da Rocha, docente del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la USP, y abocado a cuantificar los ciclos de carbono y del agua en tres biomas, la Selva Amazónica, el Cerrado [sábana] y el Bosque Atlántico, y en dos agroecosistemas, los cultivos de caña y de eucalipto. “En la Amazonia, en proyectos anteriores, realizamos mediciones de campo en sitios experimentales, en forma local. Ahora queremos hacerlas en escala mayor, sobre toda la cuenca”, dice Rocha. “Debemos analizar lo que entra, lo que sale o queda de carbono en la Amazonia, mediante una serie de abordajes, tales como mediciones de las concentraciones de los gases invernadero con sensores a bordo de aeronaves, en áreas de ríos, en áreas de tierra firme, utilizando una combinación de modelos calibrados asimilando los datos de campo”, afirma. El otro foco será en mesoescala, mediante del estudio de los regímenes hidrológicos de varias cuencas, para investigar de qué manera el uso de la tierra, incluyendo el tipo de vegetación y el manejo, puede mejorar la oferta de agua y su calidad. La meta es discernir como los probables efectos del calentamiento global y de las alteraciones de uso de la tierra pueden interferir en la escasez de agua, tanto para la captación como para la humedad del suelo disponible para culturas agrícolas.

Paulo Artaxo, docente del Instituto de Física de la USP, va a intensificar una línea de investigación a la que se dedica desde hace bastante tiempo: los efectos en  el clima regional de las partículas de aerosoles emitidos en Brasil. Los aerosoles pueden formarse naturalmente en las selvas o generarse y emitirse por la acción humana, como con la quema de combustibles fósiles o el desmonte -y tienen influencia sobre el clima, en fenómenos tales como el de la formación de nubes. El proyecto tendrá como focos a la Amazonia y el Pantanal. “Estudiaremos las propiedades físicas y químicas de las partículas y sus efectos en el balance de radiación atmosférica, sus efectos en los mecanismos de formación y desarrollo de nubes y los impactos en el ciclo hidrológico”, dice Artaxo. Según él, los datos se relevarán a lo largo de dos años en estaciones de muestreo: una apostada cerca de Manaos, otra cerca de Alta Floresta y Sinop, que son fronteras de deforestación, y una tercera en el Pantanal. “Vamos a medir con detalles inéditos las propiedades ópticas y radioactivas de las partículas de los aerosoles y sus efectos en la formación de nubes”, afirma el investigador. El estudio tendrá un componente de sensoriamiento remoto, con el análisis vía satélite de la distribución de partículas en Brasil, y procurará desarrollar modelos avanzados que contemplen los efectos de esas partículas en los cambios climáticos en el país. “También haremos experimentos con un avión Bandeirante del Inpe en la Amazonia y en el Pantanal para que puedan medir el impacto de esas partículas en las  propiedades de las nubes”, añade Artaxo. El proyecto es la continuidad del trabajo del Instituto del Milenio de la Amazonia, que fue coordinado por Artaxo, y de un trabajo de modelado desarrollado por el Inpe durante los últimos diez años. “Esperamos contribuir para la construcción de un nuevo modelo climático brasileño, perfeccionando el componente de las partículas de los aerosoles en el clima”, afirma. El proyecto involucra a investigadores de varios grupos de la USP, del Inpe, del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa) y de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul (UFMS).

Carlos Arturo Navas, docente del Instituto de Biociencias de la USP, coordinará un proyecto que apunta a detectar hasta qué punto la capacidad de ajuste fisiológico de la fauna silvestre sería compatible con regímenes de lluvias y temperatura alterados por los cambios climáticos, particularmente desde la perspectiva de los eventos extremos. Hace tiempo que Navas investiga la plasticidad de la fisiología de la fauna, es decir, su capacidad de ajuste y adaptación a lo largo de gradientes ambientales -para entender por ejemplo de qué manera una población típica de la base de una montaña puede dar origen a poblaciones en zonas de mayor altura. El año pasado, Navas concluyó un proyecto temático sobre este tema. “Hace alrededor de cuatro años me di cuenta de que ese know-how de investigación tendría utilidad también en relación con los cambios climáticos. Y noté también que no estaba solo, pues hay investigadores de Estados Unidos y de Europa abocados al mismo desafío. La fisiología desarrolló herramientas que tienen mucho que contribuir para con la investigación en conservación y cambios climáticos”, afirma Navas. “Nuestro objetivo es estudiar fisiología animal en el contexto de los extremos climáticos, por ejemplo de temperatura, para entender e incluso anticipar de manera determinadas poblaciones animales podrían responder a los cambios climáticos.”

Algunos proyectos contemplados en la primera llamada siguen una dirección más aplicada, apuntando a comprender de qué manera sistemas biológicos en áreas cultivadas, como la caña de azúcar, la soja y el eucalipto, interfieren en los patrones de emisiones de gas carbónico. Siu Mui Tsai, investigadora del Cena-USP, es la responsable de un proyecto que apunta monitorear la diversidad y las actividades funcionales de microorganismos impactados por la deforestación y los cambios en el uso de la tierra en los cultivos de soja y de caña de azúcar. El impacto en la atmósfera de la región sudeste del lanzamiento de material en partículas -partículas muy pequeñas de sólidos y líquidos suspendidas en el aire- será abordado por el proyecto del investigador Arnaldo Alves Cardoso, docente del Instituto de Química de Araraquara, de la Unesp. “Nuestra región recibe un gran impacto de quemas de caña, pero aún faltan estudios que releven el lanzamiento de material en partículas en la atmósfera proveniente de diferentes fuentes, tales como ciudades, industrias y otras etapas del proceso agroindustrial, y qué posibles consecuencias tienen para el ambiente”, dice Cardoso. “Vamos a analizar de qué manera los compuestos orgánicos e inorgánicos se incorporan al material en partículas, cómo eso afecta a sus propiedades para actuar como agrupadores de nubes y cómo ese material en partículas presente en la atmósfera interfiere en el régimen natural de lluvias y en la formación de descargas eléctricas atmosféricas.

Queremos saber de qué manera los cambios en la agroindustria, no solamente con relación al tipo de cultivo sino en la forma en que se hace, como la creciente mecanización de la zafra de la caña, afectarán durante los próximos años tanto la cantidad como la calidad del material en partículas atmosférico y prever qué posibles efectos habrá sobre los cambios climáticos, en especial para el ciclo hidrológico”, afirma Cardoso.

El grupo de Newton La Scala Júnior, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Veterinarias de Jaboticabal de la Unesp, analizará el impacto de las prácticas de manejo agrícola en las emisiones de CO2 proveniente del suelo en áreas de producción de caña de azúcar en el interior paulista. “Existen aspectos distintos de emisión de CO2 del suelo, principalmente en los sistemas agrícolas. Esa emisión varía en el tiempo y en el espacio y es afectada por el manejo, especialmente por la preparación del suelo. El objetivo es relevar el papel de ese gas carbónico en el efecto invernadero”, afirma La Scala. El proyecto es una secuencia de varios otros que el grupo de La Scala realizó en la última década. Se analizarán suelos utilizados para la explotación agrícola durante el período en que quedan desprovistos de vegetación. En esta etapa, el suelo se vuelve emisor de CO2, pues no existe vegetación presente y no hay fotosíntesis. “El objetivo es avanzar en la comprensión sobre el tema. Diversos sistemas de manejo interfieren en la pérdida de carbono y caracterizaremos de manera más intensiva las emisiones. También queremos generar modelos que describan mejor la variabilidad de las emisiones”, afirmó.

Y rindió buenos resultados la convocatoria hecha a investigadores para que estudien las dimensiones humanas de los cambios climáticos. Tres de los proyectos contemplados se encajan en este perfil. Uno de ellos, encabezado por Daniel Hogan, docente de demografía de la Unicamp, relevará la vulnerabilidad de localidades ubicadas en la costa norte de São Paulo y sugerirá políticas públicas que ayuden en la adaptación a los efectos de los cambios climáticos. “Buena parte de los trabajos que involucran la perspectiva social de los cambios climáticos enfatiza los problemas en la Amazonia, pero la población urbana será la más afectada con eventos climáticos extremos”, dice Hogan. “Decidimos concentrarnos en ciudades medianas de la costa de São Paulo porque están menos preparadas para enfrentar el problema que las grandes ciudades”, afirma. Deberán ser las primeras afectadas por eventos extremos -el caso del huracán Catarina, que alcanzó la costa catarinense en 2004, es mencionado como un ejemplo que puede suceder. Hogan recuerda que la elevación del nivel del mar, considerada inevitable, tendrá efectos más bien de largo plazo. “La principal cuestión de entrada será el aumento de la intensidad de las lluvias y del calor. Estas ciudades tienen una estructura bastante precaria. En caso de que haya una concentración de lluvias en tiempos más cortos, los problemas de drenaje y la desestabilización de laderas pueden volverse dramáticos”, dice.

Un objetivo del proyecto es identificar y calificar a los grupos más vulnerables y ayudar a formular políticas públicas, una tarea que, según él, está recién comenzando en el caso de los cambios climáticos. Localidades como Caraguatatuba, uno de los blancos principales del proyecto, viven la antevíspera de lo que puede ser un gran salto de crecimiento demográfico, impulsado por la explotación de petróleo y gas en la cuenca de Santos. “Como están enclavadas en una estrecha franja de tierra ubicada entre la sierra y el mar, cualquier agregado de población y de actividad económica debe verse con cuidado”, dice. El proyecto estudiará, además de las dimensiones humanas, los cambios ecológicos que esta hinchazón podrá causar, por ejemplo en la composición de la flora de la región, en asociación con investigadores del Instituto de Biología de la Unicamp. “Pero no será en cuatro o cinco años de proyecto que daremos cuenta de toda las necesidades de investigación en este campo. La meta es crear un historial de investigación, que haga factible el trabajo interdisciplinario posterior”, dice el profesor.

El profesor Ricardo Abramovay, de la Facultad de Economía, Administración y Contabilidad de la Universidad de São Paulo (FEA-USP), coordina un proyecto que apunta a relevar los impactos socioeconómicos de los cambios climáticos también con el objetivo de ayudar en la formulación de políticas públicas. Esta iniciativa se desarrollará en varios frentes. Uno de ellos es la búsqueda de herramientas que ayuden a mejorar la capacidad de previsión de los efectos sociales y económicos de los cambios climáticos. “Los modelos actuales son precarios, sobre todo en la capacidad de hacer interactuar a todos los elementos involucrados”, dice Abramovay. Otro foco será el análisis de la disposición del sector privado de responder a los cambios climáticos. “Muchas empresas han explicitado intenciones de reducir las emisiones de carbono en sus procesos productivos. Queremos saber si estas intenciones son verdaderas y cuáles son sus desdoblamientos”, afirma el investigador. Otro frente será el análisis de los procesos de negociación que pueden llevar a la formación de mercados de negociación de créditos de carbono, actualmente muy inestables. “También nos abocaremos a cuestiones decisivas, como la del consumo sostenible. La idea es relevar de qué manera el modelo de producción y consumo del mundo contemporáneo se verá afectado por los cambios climáticos”, afirma.

Por último, un proyecto encabezado por el director general del Inpe, Gilberto Câmara, apuntará a identificar a los actores institucionales relacionados con la deforestación de la Amazonia y estudiar sus comportamientos, de manera tal de construir escenarios de impacto de políticas públicas. “Denominamos actores institucionales a los grupos organizados de la sociedad que tienen influencia en la ocupación y el uso de la tierra en la Amazonia. De manera preliminar, estos actores incluyen a grupos tales como los grandes plantadores de soja y otras commodities, los criadores de ganado, los pequeños agricultores, los madereros predadores, los madereros que cumplen las reglas de manejo, los trabajadores en la industria de la madera, los ambientalistas, los científicos y los asentados”, dice Câmara. “Cada uno de estos actores procura influir sobre el gobierno a nivel nacional, estadual y municipal para verse beneficiado mediante la implementación de políticas de su interés”. La hipótesis del proyecto es que todos éstos están representados en la lucha política. De esta forma, la elaboración de las leyes que definen el uso de la tierra en la Amazonia y su cumplimiento dependen de la fuerza relativa de cada grupo de actores institucionales. “El cambio en el Código Forestal de 1994, que alteró el área de protección ambiental del 50% al 80% en propiedades privadas en la Amazonia, fue una victoria de los ambientalistas, debido a que la tasa de deforestación llegó a 29 mil kilómetros cuadrados ese año. Sin embargo, los ruralistas, muy organizados políticamente, impidieron que se aplicase la ley”, dice Câmara. Según él, la gran variación anual de los índices de deforestación no se explica bien mediante modelos estadísticos, que procuran correlacionar los precios de las mercaderías con las áreas deforestadas. “Estos modelos dicen qué sucedió, pero son frágiles para construir escenarios de futuro. Con el proyecto apuntamos a entendimiento socioantropológico sobre los actores institucionales de la Amazonia y al desarrollo de modelos que empleen este conocimiento para construir escenarios realistas para la región.”

Se encuentra en fase de evaluación un segundo llamado a la presentación de propuestas del Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales, volcado a crear el primer modelo climático brasileño, un software capaz de hacer simulaciones sofisticadas sobre fenómenos del clima. Los resultados deben ser divulgados a comienzos del segundo semestre. La secretaría ejecutiva del programa, instalada en el Inpe en São José dos Campos, albergará un banco de datos con los resultados científicos del programa, que tendrá la misión de difundir el conocimiento generado y ayudar en la formulación de políticas públicas.

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