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TAPA

Tierra seca, ríos crecidos

La circulación de masas de aire ocasiona perjuicios incluso en áreas ubicadas lejos de las que han sido deforestadas

FABIO COLOMBINILa tala de bosques no causa únicamente transformaciones locales, tales como la erosión del suelo. Puede también provocar cambios más vastos, aumentando en un primer momento y posteriormente reduciendo el volumen de agua de los principales ríos de una región. La reducción de lluvias que ocurrirá puede afectar también áreas distantes de la que fue deforestada, debido a la circulación de masas de aire en la baja atmósfera, de acuerdo con estudios recientes de investigadores de Minas Gerais y de Estados Unidos sobre la Selva Amazónica. “Sin la vegetación autóctona, que libera parte del agua de la lluvia a la atmósfera en forma de vapor, más agua irá a parar a los ríos, aun cuando el volumen de lluvias no aumente”, dice Marcos Costa, docente de la Universidad Federal de Viçosa (UFV), Minas Gerais. Costa es uno de los autores del artículo publicado en mayo de este año en el Journal of Hydrology con estos resultados, obtenidos mediante observaciones de campo y simulaciones matemáticas de cambios en el uso de la tierra y en la atmósfera sobre el régimen de lluvias. La mayor oscilación del nivel de los ríos puede tener serias consecuencias para lo que viven cerca de ellos –ya que inundaciones más severas pueden preceder a sequías más dramáticas– y para la generación de energía eléctrica, ya que las hidroeléctricas se planean con base en oscilaciones regulares del caudal de los ríos.

Los ríos cercanos a tierras deforestadas transportan más agua, en respuesta a transformaciones ambientales de las últimas décadas. En un estudio de 2003 publicado en el Journal of Hydrology, Costa y dos colegas de la Universidad de Wisconsin verificaron que el volumen de agua se incrementó en promedio un 25% en los principales ríos de la cuenca hidrográfica Araguaia-Tocantins en la comparación entre 1949-1968 y 1979-1998. “Este incremento de caudal es importante, porque estamos hablando de medias de largo plazo, de 20 años o más, en una escala temporal en que la variación debería ser mínima o nula”, dice Costa. Esa red de ríos irriga alrededor de 10% del territorio nacional –un área equivalente a tres veces el estado de São Paulo. “Nadie imaginaba que esos efectos ya estuviesen ocurriendo.”

Otra conclusión indica que en las dos últimas décadas la época de caudal más intenso del Tocantins ha venido comenzando un mes antes, implicando potenciales alteraciones en la capacidad de generación de energía en las cuatro hidroeléctricas del Tocantins –una de ellas, la de Tucuruí, es la segunda mayor de Brasil. “Estas informaciones son importantes y deben tenerse en cuenta en la planificación de aprovechamiento de recursos hídricos”, dice Benedito Braga, director de la Agencia Nacional de Aguas (ANA), quien conoció los resultados de ese estudio en un seminario realizado en Suecia en 2007. El plan estratégico de la cuenca hidrográfica de los ríos Araguaia y Tocantins, presentado este año por la ANA, prevé la construcción de 13 hidroeléctricas hasta 2016.

Áreas vulnerables – La cuenca amazónica puede perder del 25% al 40% de los montes autóctonos hasta 2050 si el ritmo de deforestación se mantiene, de acuerdo con un estudio publicado por Britaldo Soares-Filho, de la Universidad Federal de Minas Gerais, en 2006 en Nature.  “Las regiones con mayor deforestación deben sufrir alteraciones más acentuadas”, afirma Soares-Filho. En la cuenca del Tocantins, una de las más alteradas por la producción agropecuaria, la pérdida de la vegetación autóctona puede pasar del actual 58% al 80%, en un escenario de control gubernamental intenso sobre la deforestación, y al 90%, con una gobernanza débil. Ríos como el Araguaia, el Xingú, el Tapajós y el Madeira, que atraviesan áreas de deforestación intensa, también son pasibles de sufrir transformaciones drásticas hasta la mitad de este siglo. Incluso la cuenca del río Juruá, actualmente casi toda cubierta de bosques, podrá perder del 21% al 43% de la vegetación natural hasta 2050.

Adaptaciones destinadas a mitigar el impacto de las inundaciones más intensas pueden ser inútiles en un segundo momento, cuando el problema pasa a ser una reducción del volumen de agua de los ríos, otra consecuencia de la reducción de la vegetación natural –en este caso sobre la atmosfera. En el estudio más reciente, Costa, Soares-Filho y Michael Coe, investigador del Woods Hole Research Center, Estados Unidos, describieron la secuencia de fenómenos que produce este efecto: la deforestación reduce el volumen de vapor de agua liberado por las plantas a la atmósfera mediante la transpiración, ya que habrá gramíneas donde antes había árboles. El agua de lluvia se escurrirá hacia los ríos, sin volver a las nubes ni alimentar nuevas lluvias.

Como el aire cerca de la tierra desnuda se calentará más que antes, el flujo de calor y la circulación del aire se alterarían. Puede llover menos también en áreas ubicadas lejos de la deforestada, ya que el viento cargará por más tiempo el aire, puesto que será más seco. El desmonte en Goiás o Mato Grosso puede reducir un 10% el caudal del río Negro y de otros del norte y el noroeste de la Amazonia que atraviesan tierras prácticamente intactas.

La extensión de la deforestación determina el impacto en el régimen de lluvias. Coe, Costa y Soares-Filho arribaron a la conclusión de que la cantidad de lluvia sobre una región permanecería estable mientras los bosques autóctonos cubran al menos la mitad del área. “La deforestación prevista para 2050, incluso con acción gubernamental, basta para hacer que la lluvia comience a disminuir”, dice Costa. Esta reducción ocurre cuando entre el 40% y le 65% del área ha sido deforestada. “El efecto superficial del desmonte sigue, pero el caudal de los ríos no aumenta como antes y, a partir de un cierto momento, comienza a disminuir.”

Por alterar el espacio y generar incertidumbre sobre posibles usos del territorio, el sube y baja de los ríos amazónicos, en escalas incluso mayores que las actuales, “puede imposibilitar la planificación económica y social de la región”, dice el economista Francisco de Assis Costa, del Núcleo de Altos Estudios Amazónicos de la Universidad Federal de Pará, uno de los coordinadores del libro recientemente publicado Um projeto para a Amazônia no século 21: desafios e contribuições. Los coordinadores del libro, Bertha Becker, Costa y Wanderley Messias da Costa, valoran la red fluvial como una ventaja competitiva de la Amazonia para el transporte de cargas y de pasajeros, pero la posibilidad de reducción del volumen de aguas puede perjudicar la integración con otros medios de transporte, como por ejemplo el aéreo, y el refuerzo de la infraestructura de las ciudades, la mayoría ubicadas a orillas de los ríos.

Artículos científicos
Coe, M. T. et al. The influence of historical and potential future deforestation on the stream flow of the Amazon River – Land surface processes and atmospheric feedbacks. Journal of Hydrology. n. 369, p.165-174. 2009.
Costa, M. H. et al. Effects of large-scale change in land cover on the discharge of the Tocantins River, Southeastern Amazonia. Journal of Hydrology. n. 283, p. 206-216. 2003.

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