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Educación

Trabajo integrado

Proyecto muestra de qué modo la escuela pública se puede transformar en un ámbito de reflexión

BRAZLa escuela municipal de educación básica Vicente Ráo, localizada en Campinas (São Paulo), fue el campo de trabajo de un proyecto de investigación que se abocó a transformar la organización burocrática de la enseñanza pública, combatiendo la fragmentación y la falta de diálogo que suelen caracterizar a las relaciones entre docentes, gestores y alumnos. Docentes y directivos de la institución recibieron becas para participar en el proyecto intitulado “El trabajo integrado en la escuela pública: participación político-pedagógica”, coordinado por Pedro Ganzeli, docente de la Facultad de Educación (FE) de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), y financiado por el Programa de Mejora de la Educación Pública de la FAPESP.

El objetivo principal del proyecto fue construir nuevas formas de concebir la práctica de la organización escolar, transformando las relaciones de trabajo en el ámbito interno de la escuela y entre ella y los órganos centrales de la educación. A partir de la crítica sobre la fragmentación verificada en la realidad escolar y la poca participación de los profesionales en la definición de las actividades cotidianas, los propios sujetos que vivencian el cotidiano educativo elaboraron, ejecutaron y evaluaron acciones. Un problema asociado con la relación de la escuela con los órganos centrales de la educación era la falta de coordinación entre las esferas administrativa y pedagógica. “La supervisora educativa conversaba con la directora escolar mientras que la coordinadora pedagógica mantenía contacto con la orientadora pedagógica en forma aislada. Y ese grupo de expertos nunca se reunía para impulsar una acción conjunta”, dice Ganzeli. En el transcurso de los tres años de duración del proyecto, un grupo que llegó a contar con 19 becarios participó en 114 reuniones generales, abocadas a reflexionar sobre las acciones pedagógicas y la elaboración de acciones concretas. La metodología utilizada fue la de “investigación-acción”, en la cual se permite que todos los investigadores participantes intervengan en la conducción del proceso de investigación, lo que favorece la evaluación de los impactos generados en la realidad escolar. “La intención era hacer que los sujetos reflexionasen sobre su trabajo y, de esa reflexión, surgieran propuestas de acción, que más tarde serían evaluadas y resultarían en nuevas propuestas y nuevas acciones”, explica.

Una de las acciones del proyecto fue la elaboración de una estructura común de un plan de enseñanza para todos los docentes, que favoreció la definición clara y objetiva de los contenidos ydel desarrollo de las actividades didácticas previstas anualmente en todas las asignaturas. Al principio hubo resistencias, pues el plan fue interpretado como una forma de control. Sin embargo, con los debates en las reuniones de investigación, los becarios comprendieron la ventaja de trabajar en forma integrada y el plan de enseñanza pasó a ser tomado como instrumento didáctico que favorece la interdisciplinariedad. “Al principio decían que cambiar era una utopía”, dice Ganzeli. “No creían que podrían hacer investigación científica. Con el desarrollo de las actividades de investigación, ellos empezaban a ver de manera más clara lo que estaba ocurriendo en su propio trabajo. Y eso fue creando la idea de investigación colectiva. Cambiaron el quehacer pedagógico, teniendo como referencia mayor la reflexión sobre la propia práctica; tuvieron un aprendizaje organizacional y empezaron creer en la transformación de la escuela pública.”

Equipo completo
Los principales procedimientos de trabajo implementados en la investigación consistieron en participar en las reuniones generales y en las reuniones específicas de los subproyectos, hacer registros en diarios de campo y redactar informes mensuales. La escuela Vicente Ráo fue elegida porque contaba con un equipo de gestores completo –una directora, dos vicedirectoras y una orientadora pedagógica–, condición importante para analizar la relación entre el comando de la escuela y los docentes. “El proyecto de investigación fue elaborado de manera participativa, cuando gestores y docentes relevaron las principales necesidades de la unidad escolar, y las mismas fueron transformadas en subproyectos coordinados por grupos de investigadores de la propia escuela”, dice Ganzeli. “Es una innovación esto de poner a docentes y gestores a desarrollar una investigación común”, afirma.

Con todos los docentes participando colectivamente de la planificación escolar, las actividades de educación física, por ejemplo, adquirieron colores interdisciplinarios. Los Juegos Intercursos, que tenían un carácter excluyente, toda vez que solamente los mejores participaban, se transformaron en Juegos de la Amistad, y se aseguró la participación de todos los alumnos. Se promovió entre los docentes la integración interdisciplinaria. “Fueron muchos los ejemplos de integración. La profesora de ciencias se valió del evento de los juegos para medir los latidos cardíacos de los alumnos, la de matemática elaboró cuadros estadísticos de desempeño de los equipos con sus alumnos, y la profesora de portugués coordinó la elaboración de una revista a cargo los alumnos de los juegos, con entrevistas y textos históricos de los Juegos Olímpicos”, dice Ganzeli. El combate contra los prejuicios fue uno de los lemas de un subproyecto volcado a la inclusión social. “Un alumno portador de discapacidad visual se postuló para ser representante del Consejo Escolar y fue tratado con respeto por todos durante la campaña. Ése fue uno de los frutos del trabajo integrado entre los docentes de educación especial, el personal y los demás maestros”, afirma el investigador.

Al proyecto se le asignó un incentivo para que gestores y docentes buscasen calificación. La directora, una vicedirectora y tres docentes, con el estímulo del desarrollo de las actividades de investigación, resolvieron hacer carreras de especialización. La experiencia, sostiene Ganzeli, debe comprenderse como una construcción de los propios sujetos de la escuela. “No estamos preocupados en reproducir un modelo de gestión, sino en incentivar la investigación sistematizada de la práctica político-pedagógica en la escuela pública. Observamos que los participantes de la investigación, gestores y docentes, empezaron a sostener ese debate en las demás escuelas en que trabajan”, afirma el profesor, que planea sistematizar en un libro el conocimiento acumulado en el proyecto.

El Programa de Mejora de la Educación Pública FAPESP ha brindado apoyo a 121 proyectos, desde su creación en 1996. Una de las exigencias del programa es la participación de los docentes de la red pública como coparticipantes, mediante la distribución de becas. Su meta principal es promover  la solución de problemas o de desafíos específicos de las escuelas, además de acercar a estudiantes y docentes al conocimiento generado en el marco de otros programas de la Fundación, tal como ya sucedió por ejemplo con el Biota-FAPESP, que estudia la biodiversidad paulista. “El programa ha venido evolucionando e incorporando beneficios complementarios, tales como la reserva técnica, que otorga más flexibilidad a los investigadores”, dice Marilia Sposito, docente de la Facultad de Educación de la Universidad de São Paulo y coordinadora del programa.

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