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Memoria

En la cima de la sierra

Reserva biológica cumple 100 años con un libro que resume las investigaciones realizadas en el sitio

MUSEU PAULISTA/USPLa iniciativa de un científico interesado en la preservación de una parte especialmente encantadora de una selva ubicada en la cima de Serra do Mar, en São Paulo, dio origen a la primera estación biológica del Bosque Atlántico de Brasil. El naturalista y médico alemán Hermann Friedrich Albrecht von Ihering visitó la región de Paranapiacaba, actual distrito de Santo André, en 1909. Residente en Brasil y siendo director del Museo Paulista, Ihering quedó impresionado con la exuberancia de aquel fragmento de bosque y, por sugerencia de un amigo coleccionador de plantas decorativas, compró una pequeña parcela de tierra. La pagó con recursos propios sumados a la ayuda de algunos amigos. Von Ihering ya pensaba entonces en fundar “una estación biológica con parque y huerta forestal”. En 26 de abril de este año, la Reserva Biológica del Alto de la Sierra de Paranapiacaba cumplió 100 años, y el mes pasado salió publicado un libro en el cual 77 investigadores de diversas áreas muestran los resultados de sus estudios científicos realizados en el sitio.

La reserva recibió el nombre actual recién en 1985, cuando fue registrada por la gobernación del estado de São Paulo. Antes era la Estación Biológica del Alto de la Sierra, aunque Von Ihering la llamase Parque Cajurú (palabra indígena que significa “boca del monte”) cuando la adquirió y construyó una casa para que hiciera las veces de sede. Pero en 1913, el científico ya no lograría afrontar los gastos de la estación y entonces se la cedió al gobierno estadual. La administración quedó a cargo del Servicio Forestal de la Secretaría de Agricultura, Industria y Comercio, y se aumentó su área con donaciones y la adquisición de nuevos terrenos.
En 1917, Frederico Carlos Hoehne llegó proveniente del Museo Nacional con sede en Río de Janeiro para desarrollar una huerta junto al Instituto Butantan, que dio origen a una Sección de Botánica, a la cual la Estación Biológica estaba subordinada. Hoehne fue uno de los primeros investigadores brasileños en hacer estudios sistemáticos, vastos y de larga duración sobre la flora autóctona y temas correlativos, tales como la biogeografía y la ecología. Entre 1917 y 1938, el científico vio su Sección de Botánica pasar por diversas instituciones hasta la creación del Departamento de Botánica (en 1942 se cambió su nombre por el de Instituto de Botánica), dirigido por él. Hasta que se jubiló, Hoehne trabajó apuntando a expandir la reserva, asegurar su preservación y desarrollar una infraestructura adecuada para la investigación científica. Construyó la Casa del Naturalista, por ejemplo, un alojamiento exclusivo para los investigadores que necesitasen pasar un tiempo mayor estudiando la flora autóctona de la región.

INSTITUTO DE BOTÂNICAEl tamaño total de la pequeña reserva es en la actualidad de 336 hectáreas. El hecho de estar ubicada entre las cercanías de las industrias petroquímicas de Cubatão, en la llanura, y las ciudades de la Región Metropolitana de São Paulo, en la meseta, le cobra un alto precio. “La polución atmosférica afectó fuertemente a la reserva en los años 1980, a punto tal de que surgieron los “palilleros”, árboles muertos pero que siguen de pie”, comenta Márcia Inês Martin Silveira Lopes, organizadora del libro Patrimônio da Reserva Biológica do Alto da Serra de Paranapiacaba — A antiga Estação Biológica do Alto da Serra junto a  Mizué Kirizawa y Maria Margarida da Rocha Fiuza de Melo, investigadoras del Instituto de Botánica. A partir de entonces se llevaron a cabo trabajos de recomposición de la vegetación e investigaciones sobre los efectos de los contaminantes. “En la actualidad, pese a la contaminación ambiental y a las invasiones ocasionales para la extracción del palmito y de plantas ornamentales, el área se mantiene relativamente preservada”, dice Márcia, revelando que solamente ocho vigilantes tercerizados cuidan las 336 hectáreas. Los problemas no impiden que el viejo Parque Cajurú siga siendo un importante objeto de estudio y de contemplación por parte de investigadores, estudiantes y visitantes.

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