Imprimir Republicar

Epidemiología

Un cambio veloz

La transferencia de renta y el acceso a la educación son los pilares de la caída de la desnutrición infantil en el nordeste brasileño

MIGUEL BOYAYANLa desnutrición infantil en el nordeste brasileño puede desaparecer del mapa de las llagas brasileñas en menos de 10 años si el problema sigue disminuyendo a la velocidad registrada en los últimos 10 años. Esta conclusión se desprende de un trabajo coordinado por Carlos Augusto Monteiro, profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, y Ana Lucia Lovadino de Lima, investigadora del Núcleo de Investigaciones Epidemiológicas en Nutrición y Salud (Nupens, sigla en portugués) de la USP y becaria de posdoctorado de la FAPESP.  Dicho estudio, que saldrá publicado en la edición de enero de la Revista de Saúde Púlica, muestra que la prevalencia de la desnutrición se redujo un tercio entre 1986 y 1996, cayendo del 33,9% al 22,2% de los niños nordestinos, y en casi tres cuartos de 1996 a 2006, disminuyendo hasta un 5,9%. “Esta velocidad es inédita. Ningún otro estudio a nivel mundail ha revelado una caída de la desnutrición tan grande en ese lapso de tiempo”, dice Carlos Augusto Monteiro.

La caída de la desnutrición en Brasil, en particular en el nordeste, había sido detectada en estudios anteriores del Nupens. Lo que el trabajo de los investigadores de la USP trajo como novedad fue la comparación de los factores que llevaron en las últimas dos décadas a la reducción de las tasas de retardo del crecimiento infantil. Los déficits de estatura son referencias más fidedignas para medir la desnutrición crónica incluso que los déficits de peso. Ese análisis solamente fue factible en el nordeste porque la región, que sistemáticamente concentraba el problema de la desnutrición infantil en el país, disponía de una rica fuente de datos que permitía la comparación, en este caso, las encuestas domiciliarias de un programa internacional, la Investigación de Demografía y Salud, hechas en 1986, 1996 y 2006.

Pero el estudio fue más allá y apuntó a identificar las razones de la declinación. Se arribó a la conclusión de que distintos factores derribaron la desnutrición en el nordeste en los dos períodos. Mientras que entre 1986 y 1996 la mejora de la escolaridad materna y la disponibilidad de servicios de saneamiento fueron los factores centrales, en el segundo período el fenómeno está ligado al aumento del poder adquisitivo de las familias, impulsados por programas de transferencia de renta, como el de beca familia [bolsa-família] o el incremento del salario mínimo, y nuevamente, la mejora de la escolaridad materna. “Para controlar el problema en 10 años será necesario mantener el aumento del poder adquisitivo de los más pobres y asegurar inversiones públicas para completar la universalización del acceso a servicios esenciales de educación, salud y saneamiento”, dice Ana Lucia Lovadino.

Los resultados de la investigación muestran que medidas tales como la transferencia directa de renta tuvieron un reflejo instantáneo y significativo en la reducción de los índices de desnutrición. Según Carlos Augusto Monteiro, la focalización de recursos produjo efectos sensibles en la cuestión de la desnutrición. “Parece poco, pero con  100 reales por familia víctima de la miseria extrema el panorama de la desnutrición cambia radicalmente”, afirma. El crecimiento económico registrado durante esta década sirvió de estímulo, pero, según dice Monteiro, ciertos momentos de la historia del país en que se registró un desarrollo económico muy superior, como en el caso del milagro brasileño de los años 1970, no  fueron acompañados por la disminución de la desnutrición en el nordeste como ahora. De acuerdo con Monteiro, la mejora en los índices de desnutrición en el país dejó de estar supeditada a la evolución del Producto Interno Bruto (PIB). “El PIB del país sugeriría una prevalencia de desnutrición mayor que la observada. México, por ejemplo, que tienen un PIB similar al nuestro, tiene una tasa de desnutrición de entre el 13% y el 14%”, afirma.

Si bien tales evidencias sirven para avalar la eficiencia de los programas de renta mínima, existe otro dato que revela la importancia de medidas de largo plazo en la mejora de la calidad de vida del nordeste. La investigación sugiere que una causa importante de la disminución de la desnutrición fue el aumento de la escolaridad materna y la alteración de los “antecedentes reproductivos” de las mujeres, un concepto que contempla factores tales como la tasa de fecundidad, la edad de la madre y el intervalo entre el nacimiento de los hijos. “Cuanto más hijos tiene una mujer, menos tiempo tiene para dedicarse a cada uno de ellos, y la tendencia indica que le dará prioridad al menor en detrimento de los otros”, dice Monteiro. Los cambios de comportamiento en este campo fueron extraordinarios. El índice de fecundidad en el nordeste, que era de 5,2 hijos por mujer en 1986, se redujo a 3,1 en 1996 y a 1,75 en 2006, ubicándose así ligeramente por debajo incluso del promedio nacional, que es de 1,77 hijo por mujer. “Este cambio coincide con  la universalización de la acceso a la enseñanza básica que sucedió en los años 1990. Fue durante esa década que las madres evaluadas en la investigación de 2006 cursaron la enseñanza básica. Ellas, al contrario que las generaciones anteriores, tuvieron menos hijos y conquistaron autonomía como para encargarse de ellas mismas y de los niños”, afirma Monteiro.

Valor cultural
El investigador apunta que esa tendencia es indicativa de la modernización de la sociedad brasileña. “Significa que la mayoría de los brasileños ha adoptado como patrón tener a lo sumo dos hijos. Se trata de un valor cultural que se ha propagado en un país que es vasto, pero que está interconectado. Si usted va a África, a la India o incluso a algunos países de América Latina, notará que poco han progresado en esto y siguen en ciertos estratos teniendo cuatro o cinco hijos por mujer. Por eso es tan impresionante que el nordeste se haya igualado en 10 años al promedio brasileño”, dice.

El perfeccionamiento de los servicios de salud también es apuntado como un factor decisivo, tanto por el acceso por parte de las mujeres a informaciones fundamentales, como por el seguimiento de la salud. Según Monteiro, el Programa Salud de la Familia, que lleva agentes de salud y médicos a zonas sin cobertura, es la clave para comprender este avance. “Se trata claramente de una política compensatoria, que apunta a acelerar el acceso a la salud por parte de poblaciones que tardarían mucho para tenerlo”, afirma. En tanto, otros indicadores mejoran a un ritmo menos virtuoso. Tal es el caso, por ejemplo, de las condiciones de saneamiento. Entre 2001 y 2007, la proporción de domicilios del nordeste conectados a la red de alcantarillado pasó del 22% al 29,7%. En el mismo período, la cobertura de la red de agua pasó del 69,2% al 75,7%. “La mejora de las condiciones de saneamiento no impidió que en 2006 tan sólo una cuarta parte de los niños de la región nordeste residiera en hogares conectados a redes públicas de abastecimiento de agua y alcantarillado”, afirmó Ana Lucia Lovadino. “Estudiosos de las políticas sociales en Brasil han llamado la atención acerca de la menor visibilidad y el menor atractivo político de las inversiones en saneamiento básico y sobre la necesidad de priorizar este tema en la agenda brasileña de políticas públicas”, afirma.

El proyecto
Determinantes de la tendencia secular de la desnutrición infantil en la región nordeste de Brasil entre 1986 y 2006 (nº 06/55316-9); Modalidad Beca de posdoctorado; Coordinador Carlos Augusto Monteiro – USP; Becario Ana Lucia Lovadino de Lima — USP; Inversión R$ 161.206,30

Republicar