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Medicina

Una reacción desmesurada

El virus influenza A (H1N1), que causa la gripe porcina, induce una inflamación que destruye las células de los pulmones

CDCEn medio de la primavera, le llegó el turno a Brasil de la temporada de gripe de 2009, en la cual el principal villano fue el virus influenza A (H1N1), causante de la gripe porcina, la primera pandemia de este siglo. En la segunda semana de octubre, el Ministerio de Salud registró en el país tan sólo 78 casos graves de infección con el virus, una sorprendente disminución (de un 97%) en comparación con el pico de la enfermedad durante la segunda semana de agosto. En seis meses, el H1N1 dejó al menos a 19 mil brasileños con fiebre alta, dolores musculares intensos y una angustiante falta de aire, y mató a 1.368, casi un tercio de los 4.735 decesos por gripe contabilizados en el mundo en dicho período, en que se confirmaron 399 mil casos. Mientras que Brasil y otros países empezaban a prepararse para la segunda oleada de gripe porcina, que se propaga por el Hemisferio Norte con la proximidad del invierno, investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) concluían los primeros análisis de los perjuicios que causa en el organismo el H1N1. En los casos más graves, según verificó el grupo paulista, el cuerpo reacciona con una ofensiva inmunológica tan intensa que mata al virus, pero también provoca una destrucción en los pulmones de tal gravedad que los lleva a dejar de funcionar.

La señal más evidente de este estrago es la falta de aire (disnea) intensa, bastante frecuente en personas que han desarrollado la forma más grave — y a veces letal — de la gripe porcina. “Todo médico debe estar atento a este síntoma, indicativo de que la infección puede ser más grave”, afirma la patóloga Thais Mauad, de la USP, primera autora del estudio publicado online el 29 de octubre en American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine, el primero que describió de manera sistemática las lesiones fatales inducidas por el H1N1.

Thais y otros 14 investigadores de la Facultad de Medicina de la USP que trabajaron bajo la coordinación de los patólogos Paulo Hilario Saldiva y Marisa Dolhnikoff arribaron a esa conclusión al examinar muestras de diferentes órganos de 21 personas fallecidas en la ciudad de São Paulo como consecuencia de la gripe porcina. “Estos casos son representativos de las regiones sudeste y sur, que concentraron el grueso de los mismos en el país”, afirma la epidemióloga Denise Schout, del equipo de la USP.

Daños intensos
En casi todos los casos — más precisamente en 20 de los 21 —, los pulmones exhibían una destrucción masiva de alvéolos, bolsas microscópicas en cuyo interior se producen intercambios gaseosos. En una proporción menor (en un 29% de las personas), había también inflamación intensa y muerte celular en los bronquiolos, ramificaciones de los tubos que conducen el aire de la traquea hasta los pulmones, en tanto que en el 24% de los casos también se detectó un sangramiento (hemorragia), producto de la rotura de los vasos que irrigan los alvéolos.

“El tipo de daño encontrado es similar al que ya se ha observado en otras pandemias de gripe, como la de 1918, la de 1957 y la de 1968, si bien que en esas anteriores, en especial la primera, el índice de mortalidad fue mucho más elevado”, comenta Thais. Otro hallazgo llamó la atención de los investigadores: el 38% de esas pacientes también padecía infección por Streptococcus pneumoniae, bacterias causantes de problemas en las vías aéreas. “En casos como éstos es importante asociar antibióticos al tratamiento con antivirales”, dice Thais. “Estas informaciones ayudan a comprender de qué manera se instala y avanza la infección, y en un futuro podrán orientar el tratamiento”, comenta Denise.

H1N1Firmas naturales
La concentración de los daños en los pulmones no significa que el H1N1 afecte únicamente a estos órganos. En casi la totalidad de los casos, el virus invade las células que recubren internamente las vías aéreas superiores (la nariz y la garganta), provocando únicamente los síntomas típicos de la gripe: tos, dolores y secreción nasal. Sólo en una proporción muy pequeña el H1N1 escapa a la capa de moco que ayuda a proteger las vías aéreas superiores y afecta también a los pulmones, normalmente estériles, complicando la situación. En un 7% de estos casos, de acuerdo con datos del equipo de la USP, la infección pulmonar se agrava a punto tal de ocasionar la muerte.

No obstante, el análisis microscópico y bioquímico de los pulmones indicó que los daños en el órgano no son causados directamente por el virus. Una vez infectadas por el H1N1, que asume el control de la maquinaria genética, las células de los alvéolos pasan a producir un señalizador químico — el interferón gama — que inhibe la multiplicación del virus y activa las células de defensa conocidas como asesinas naturales (natural killers, o sencillamente NK, en inglés). Las NK, a su vez, arrojan sobre las células infectadas compuestos tóxicos que inducen la muerte programada o apoptosis. En niveles adecuados, esta secuencia de acciones del sistema de defensa elimina los agentes infecciosos y ayuda a restablecer la salud del órgano. Pero cuando es excesiva, termina por dañarlo, en algunos casos, de manera irreversible.

En los pulmones de un muerto debido a la gripe porcina, Thais y Ludhmila Hajjar encontraron niveles de interferón gama y cantidad de células NK muy superiores a los observados en los pulmones de personas sanas. Aún no se sabe a ciencia cierta qué fue en esos casos lo que disparó la respuesta inmune exacerbada. “Algun factor que aún no hemos identificado debe haber generado este desequilibrio”, dice Thais. De las 21 personas analizadas por el equipo de la USP, 16 exhibían alguna otra enfermedad grave, algún tipo de enfermedad cardiovascular o cáncer, antes de contraer la gripe porcina. En la opinión de Thais, es probable que la inmunidad de estas personas ya estuviera comprometida a punto tal de permitir el agravamiento de la infección. Mientras no se descubren las respuestas a estas cuestiones, expertos de todo el mundo creen que la forma más segura de protegerse del virus es aplicarse la vacuna, que empieza a distribuirse ahora en algunos países.

Artículo científico
Mauad, T. et al. Lung pathology in fatal novel human influenza A (H1N1) infection. American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine. En prensa.

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