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Botánica

Las flores del tiempo

Reedición de un libro de 1949 efectúa un rescate de las orquídeas y los espacios que ocupaban

REPRODUCCIÓN DEL LIBRO "ICONOGRAFIA DE ORCHIDACEAS DO BRASIL"Laelia crispaREPRODUCCIÓN DEL LIBRO "ICONOGRAFIA DE ORCHIDACEAS DO BRASIL"

A los que se afligen con los embotellamientos cada vez más comunes en las avenidas lindantes con los ríos Pinheiros y Tietê, en la ciudad de São Paulo, quizá les sirva de consuelo saber que alguna vez hubo por allí bosques repletos de orquídeas. “En los bosques ciliares del río Pinheiros encontramos todavía en 1917-1922 hermosos panes de Cattleya Loddigesii, Bifrenaria Harrisoniae ocupando las bifurcaciones de algunos árboles tortuosos (…). En los bosques más secos, vimos muchos enormes matorrales de Miltonia Regnellii y Gomesa crispa; la Stanhopea graveolens existía aún en algunos troncos menos accesibles en las barrancas”, escribió el botánico Frederico Carlos Hoehne, fundador del Jardín Botánico de São Paulo, en el libro Iconografia de Orchidaceas do Brasil (gêneros e principais espécies em texto e em pranchas), ahora reeditado por el Instituto de Botánica de São Paulo.

Publicado por primera vez en 1949, este libro de 640 páginas es uno de los clásicos de la botánica en Brasil. Parece una larga carta de Hoehne dirigida a los coleccionadores de orquídeas, a quienes, en tono amigable, les comenta cómo identificar, cultivar, cosechar, embalar y transportar estas plantas.

A la botánica se le suman muchas historias, como la de una Bletia verecunda autóctona de América Central que floreció en Inglaterra por primera vez en 1735, y aquello que él denomina “excursión mental por el país de las Orchidaceas” – un paseo que recorre los montes de São Paulo, Santa Catarina, Río de Janeiro, Pará y Amazonas. Con base en sus observaciones de viajes, Hoehne va mostrándoles las orquídeas, pero no deja de mostrarles los árboles, los insectos, los pájaros y alguna que otra serpiente a sus hipotéticos compañeros de viaje. En Angra dos Reis, en la costa del estado de Río de Janeiro, encontró una Laelia crispa con 86 flores abiertas al mismo tiempo, y comentó que esa especie de orquídea era “afortunadamente bastante difícil de conservar sino lo era en árboles vivos”.

El jardín paulista
Hijo de alemanes, nacido en 1882 en la ciudad de Juiz de Fora (Minas Gerais), Hoehne salió de Río de Janeiro en 1917 para hacer en São Paulo una huerta para el cultivo de plantas medicinales. Era el comienzo del Jardín Botánico paulista, el segundo del país en antigüedad. El primero es el de Río de Janeiro, creado en 1808 con el nombre de Jardim de Aclimatação, para cultivar plantas tales como nuez moscada, canela y pimienta, traídas de las Indias orientales y usadas como condimentos.

El Jardín Botánico paulista comenzó a cobrar forma en 1928, con la construcción del orquideario, uno de los espacios con más visitantes. “Los domingos a la tarde, en la época de las floradas, es interesante observar a los  visitantes”, escribió Hoehne en el informe de 1950 del Instituto de Botánica, instituido en 1942, del cual fue el primer director. “Los obreros que hacen las veces de guardas poniéndose una gorra en la cabeza, tienen bastante trabajo para impedir que algunos se internen en los senderos para realizar actividades menos respetables.”

Hoehne no dejaba que su encanto por las orquídeas se sobrepusiera al sentido de realidad. “Es probable que, con las Orchidaceas, suceda lo mismo que se dio con el oro de nuestro subsuelo y con el pino de São Paulo Paulo, Paraná, Santa Catarina y el sur de Minas Gerais”, previno en Iconografia. “Se trata de tomar recaudos represivos cuando no sean más accesibles. Esto ya se viene haciendo en Espírito Santo, donde las Catleya labiata Warnerii y C. granulosa fueron tan comunes y les reportaron tanto margen de ganancias a los colectores”. Si hoy anduviera por las orillas de los ríos Tietê y Pinheiros, vería que los cambios a veces pueden ser extremos.

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