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Miguel Trefaut

Miguel Trefaut Urbano Rodrigues: Entre víboras y lagartos

Biólogo de la USP describió 53 especies y nuevos géneros de reptiles

art4075img1EDUARDO CESAREl 3 de agosto de 1970, Jandyra Planet do Amaral, directora del Instituto Butantan, escribió al pie de un formulario de solicitud de pasantía: “A este muchacho le interesa la herpetología”. Y tenía razón al referirse al en ese entonces joven Miguel Trefaut Urbano Rodrigues. Nacido en Lisboa, el muchacho vivía en Brasil desde los 3 años;  hijo de madre francesa y padre portugués, Rodrigues ingresó a la pasantía en el Butantan a los 16 años, cuando estaba en primer año de la actual enseñanza media, y salió de allí cinco años después sabiendo mucho sobre serpientes brasileñas. Entró en biología en la Universidad de São Paulo (USP), pero terminó la carrera en la Université Paris VII – Diderot, en París. Dictó clases durante tres años en la Universidad Federal de Paraíba, regresó a la USP y actualmente es uno de los grandes sistematas –los expertos en clasificación de los seres vivos– de Brasil. En un artículo publicado en enero de 2010 en la revista Zootaxa, Peter Uetz, del J.Craig Venter Institute, Estados Unidos, se refirió a los 40 biólogos que más especies de reptiles describieron en el mundo desde el siglo XVIII, cuando el botánico sueco Linné creó el sistema binomial de clasificación de los seres vivos, en el cual cada animal o cada planta es identificado con dos nombres, uno para el género y otro para la especie. Rodrigues, el único brasileño en esta lista, aparece en el 35° lugar, con 53 especies descritas; dos de ellas aparecen acá, más adelante. El belga George Albert Boulanger (1858-1937) se ubica en primer lugar, con 573 especies descritas. Entre las 25 revistas que más presentaron nuevas especies nuevas hay dos brasileñas: Papéis Avulsos de Zoologia, del Museo de Zoología de la USP, y Memórias do Instituto Butantan, que ya no existe. En esta entrevista, Rodrigues se refiere a su vida entre víboras y lagartos y a lugares ricos en especies únicas, tales como las dunas del río São Francisco, donde estuvo por primera vez hace 30 años, para regresar durante el pasado mes febrero. A los 57 años, Rodrigues estará durante este mes de marzo dos semanas en los montes de Guinea Bissau con idéntico propósito: hallar nuevos animales y entender mejor cómo surgieron y evolucionaron los seres vivos.

Ese trabajo de la revista Zootaxa lo ubicó a usted entre los 40 más importantes descriptores de reptiles del mundo desde Linné. De ese grupo de zoólogos, solamente ocho están vivos. Los otros son de 1700, 1800 o de comienzos de 1900. ¿Por qué?
En esa época se describían muchos animales. Todo empezó con Linné, que creó el sistema binomial de nomenclatura. Después aparecen los nombres que dominan la herpetología mundial, como George Boulenger, del Museo Británico de Historia Natural, y los curadores de las grandes colecciones de museos zoológicos del mundo, tales como Dumeril, del Museo de París, que tenía la colección más grande del mundo de reptiles a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, suplantado después por el Museo Británico, que a finales del siglo XIX terminó superando a la herpetología francesa.

¿Cómo demostrar que una especie es efectivamente nueva? Usted por ejemplo, ¿cómo hace cuando le llega del campo un animal que cree que puede ser de una especie nueva?
Como conozco la literatura sobre las especies similares, lo primero que hago es ubicar a las especies más conocidas de modelo para hacer comparaciones y examinarlas a todas bajo la lupa, incluso a la que presuntamente es nueva. Preciso comparar absolutamente todos los caracteres: el número, el tamaño, la forma, la posición, la ornamentación de las escamas dorsales, las ventrales, las de la cabeza, cada tiene con un nombre específico; el tamaño y la posición de los ojos, los oídos y las narinas; la coloración del animal; la longitud del cuerpo, de la cabeza y de cada miembro; los poros femorales, que son glándulas de feromonas; es decir, una cantidad muy grande de variables. ¿Y las estructuras internas, el esqueleto? Podemos hacer una radiografía o diafanizar, es decir, volverlas transparentes, y así vamos haciéndolo. Cuando encuentro diferencias consistentes entre el grupo de individuos que traje del campo y otro ya conocido y cuando estas diferencias se refieren a más de un carácter y aparecen en una misma área geográfica, no cabe duda de que tales diferencias son producto de la expresión de un patrimonio genético distinto y no de la variación geográfica, individual o sexual. En ese caso hay que hacer una descripción y una comparación, que es una defensa de por qué esa especie es nueva, demostrando por qué puede separársela de otras. Hay que escribir un artículo y enviarlo a una revista científica. Y ese artículo será analizado por otros expertos, y si convence, lo aceptan y sale publicado. La nueva especie pasará a existir oficialmente a partir de la publicación de ese artículo que la presenta.

La revista Papéis Avulsos de Zoologia también salió destacada…
Estuvo bueno que Papéis Avulsos, una revista a la que la Capes [la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior] considera cursi y dice que no sirve para nada, haya aparecido en Zootaxa como una de las 20 revistas más importantes en lo que hace a la descripción de especies de reptiles de la biodiversidad mundial. A esa gente no le entra en la cabeza que esa información es absolutamente importante para la humanidad, esté donde esté. Si en algún momento dependiéramos de una información que salió publicada en un periodicucho publicado en un dialecto de Ucrania, tendríamos que encontrarla y traducirla. Es importante publicar en Science y en Nature, pero más importante es contar con información y con información de calidad. ¿Cómo pueden llegar las revistas brasileñas al nivel de las revistas del exterior si la Capes desalienta a las revistas brasileñas? Todo el mundo cae en Zootaxa, pero los trabajos publicados ahí no son mejores que los de Papéis Avulsos; salen ahí sencillamente porque Zootaxa tiene más salida, tiene dinero para publicar, y gracias a los derechos de autor, gana dinero con los artículos.

Phyllopezus periosus

MIGUEL T.U.RODRIGUESPhyllopezus periosusMIGUEL T.U.RODRIGUES

La cantidad enorme de especies de reptiles que usted ha descrito, que llega a 53, impresiona. ¿Tiene alguna explicación para eso?
No, no la tengo. Son sencillamente las ganas de trabajar. Es la curiosidad. Siempre fui muy curioso. De chico yo iba a la costa y salía mucho con los “caiçaras” [nota del traductor: los lugareños del litoral en Brasil]. Aprendí a andar por el monte con ellos; cazaba, pescaba con ellos, y empecé a interesarme en los reptiles. Después entré en el Butantan. Me fascinaron aquellas colecciones de serpientes y le pedí a un amigo de mi papá, Alberto Candeias, que era profesor del ICB [el Instituto de Ciencias Biomédicas de la USP], si podía hacer una pasantía allí. Tengo incluso el original del pedido de la doctora Jandira do Amaral, que era directora del Butantan, dirigido a Alphonse Richard Hoge, jefe de la división de biología, que dice así: “Este muchacho fue recomendado por el doctor Alberto Candeias, parece que le interesa la herpetología, vea si puede ubicarlo en algo”. Y Hoge escribió debajo: “Podemos recibirlo por seis meses”. Yo no había cumplido aún los 16 años, estaba en primer año del secundario cuando fui a hacer esa pasantía en el Butantan. Tres años después yo ya sabía cuáles eran todas las serpientes brasileñas… Permanecí allí hasta que ingresé a la universidad.

¿En París?
No, en la Universidad de São Paulo. Entré en la USP, cursé un año y medio – tengo una vida académica ajetreada– y al final del segundo año de la USP conseguí la primera beca de iniciación científica de la FAPESP, que nunca la usufructué, como pasante de [Paulo Emílio] Vanzolini, a quien admiro mucho, en el Museo de Zoología.

¿Por qué no usufructuó la beca?
Porque me metieron preso en aquella tanda de arrestos de 1975. Fui preso, me torturaron, pararon de molerme a palos el día que mataron a Vlado [el periodista Vladimir Herzog]. No sabía por qué paraban, pues me estaban fajando hacía casi 72 horas sin parar; me tiraron en un patio al lado del Doi-Codi, en el 2° Ejército, había unas celdas en frente, yo me quedé ahí en ese patio durante una media hora, intentando recuperarme, después me tiraron dentro de una celda y la primera persona que se me acercó fue Paulo Sérgio Markun, que es de la TV Cultura ahora, que estaba preso conmigo. Markun era muy amigo de mi padre, que era un periodista conocido, era editorialista del Estadão. Enseguida lo llamaron a él y a otro periodista que estaba allá dentro, Anthony de Christo, y los tuvieron más o menos media hora. Cuando Markun vuelve, veo que está completamente trastornado. Le pregunté: “¿Qué pasó, Markun?”. Y me contestó: “No, no pasó  nada”. “¿Cómo nada? Te veo mal”. Pasó un rato, insistí y me dijo: “Miguel, lo mataron a Vlado. Ahora sabemos qué pasó, por eso dejaron de pegarte, y ahora están aterrados, dentro de 10 minutos van a venir buscarnos a mí y a Anthony para que vayamos al entierro, y nos pidieron que usemos algo de mangas largas para esconder las marcas de las torturas”.

¿Usted era militante en esa época?
Yo militaba en el Partido acá en la universidad, en el “Partidão” [nota del traductor: el antiguo Partido Comunista]. Hacía el periódico estudiantil, cosas de estudiantes, absolutamente inocuas… Salí del Doi-Codi, fui a la cárcel del Hipódromo, y estuve ahí durante dos meses más o menos… Me detuvieron el 17 de octubre y salí el 23 de diciembre. Volví a casa y después hubo varios atentados en casa, con pintadas en las paredes que decían que iban a matarnos a todos. Creí que lo mejor era irme a Francia. El cónsul francés y el portugués me llevaron a Paraguay, de allí fui a Lima y paré en la casa de Darcy Ribeiro, que era amigo de mi papá. Desde allá me fui a París. Llegué a París, solicité equivalencias [de asignaturas] de aquel año y medio de carrera que ya había cursado. A decir verdad, avancé más, porque hice un examen y me dieron los dos primeros años completos en la universidad, y terminé la facultad en Francia. Después volví a Brasil para hacer el doctorado.

¿Terminó biología en 1978 habiendo descrito ya la primera especie, verdad?
El primer animal que describí fue una viborita de Guyana Francesa, la Atractus zidoki, junto con Jean-Pierre Gasc, del Museo de París. Siempre observaba animales de lugares distintos y decía: “Pero, ¿cómo pudo ser?”. Lo que más me interesaba era la evolución, la historia de un grupo de especies, que un sistemata  traza a partir del estudio de los caracteres de los animales. Ser sistemata es ser sistemata para todo. Encontrar las diferencias, lo que separa a las cosas, hacer agrupamientos de diversas maneras posibles. La primera parte del trabajo del sistemata consiste precisamente en responder esto: “¿Cuáles son las unidades evolutivas con las que opero aquí? ¿Son especies o son variaciones geográficas?”. Eso fue lo que hice en mi doctorado: agarré un grupo de lagartos que todo el mundo creía que eran todos iguales en Sudamérica y terminé por descubrir que había 14 especies, y a varias hubo que describirlas como nuevas.

¿Hay muchos sistematas en Brasil?
Faltan sistematas. La ornitología es una de las áreas en que faltan muchos sistematas. Vea de qué modo la historia nos lo explica: cuando hice mi posgrado con Vanzolini, había poquísimos herpetólogos en Brasil. Estaban Vanzolini, Tales de Lima en Río Grande do Sul y nadie más. La primera carrera de posgrado en herpetología fue la del Instituto de Biociencias de la USP con el Museo de Zoología. Primero me dirigió Vanzolini y después dirigí a una camada de gente. Hoy en día un congreso de herpetología junta 800 personas. En ornitología, la persona más importante del siglo pasado fue Olivério Pinto, el padre de la profesora Eudóxia Froehlich, de acá del departamento. Olivério Pinto fue director del Museo de Zoología, se jubiló y nunca fue director de tesis en el posgrado. Es decir, no hubo ningún director de tesis en ornitología sistemática en Brasil. En la actualidad los pocos ornitólogos sistematas, por increíble que parezca, son alumnos de Elizabeth Höfling, de este departamento, quien fue dirigida por Vanzolini en anatomía. Es anatomista y resolvió dirigir alumnos porque no había nadie que lo hiciera. Recién dentro de algunos años tendremos una cantidad adecuada de sistematas, lo que es pésimo en un país con una diversidad biológica tan grande como Brasil.

Psilophthalmus paeminosus

MIGUEL T.U.RODRIGUESPsilophthalmus paeminosusMIGUEL T.U.RODRIGUES

¿En vista de ello, como queda la cuestión de la protección de la biodiversidad?
Es difícil, de no contar con suficientes sistematas y si no conocemos la biodiversidad. Estamos haciendo varios trabajos en morfología y otros con la parte molecular, pero cuando empezamos con trabajos más refinados, utilizando caracteres moleculares, a veces hay que rehacer completamente toda la sistemática hecha a base de datos morfológicos. Con la morfología únicamente no podemos detectar especies crípticas [morfológicamente idénticas, pero genéticamente distintas]. Si queremos conservar una determinada especie en un área, podemos decir “está preservada en determinada área”. Pero eso no es cierto, pues cuando hago el trabajo molecular, veo que lo que estoy preservando es una especie. La otra, que la que detecté con los datos moleculares, se encuentra en un área que no está protegida.

Usted abre un capítulo del libro Fauna da Caatinga diciendo que durante mucho tiempo prevaleció la idea de que la Caatinga no tenía fauna propia. Cita a Vanzolini y al zoólogo estadounidense Michael Mares y luego hace una crítica, diciendo que fue una visión apresurada, basada en colecciones biológicas poco representativas, con un muestreo geográfico insuficiente de los ecosistemas vecinos. ¿Esto quiere decir que pese a la importancia del trabajo de Vanzolini, el conocimiento de la diversidad de reptiles está lleno de lagunas?
Sí, y el problema es que estamos dándonos cuenta de eso tarde. Solamente a finales de los años 1990, con un investigador norteamericano, Jack Sites, y con Nelson Jorge da Silva, de Goiânia, decidimos modificar el método de muestreo de reptiles en Brasil. Decidimos hacer una captura grande en la región de Serra da Mesa, en Goiás, con trampas de interceptación y caída que los norteamericanos usaban para capturar en desiertos. Son trampas simples: se entierran baldes y entre ellos se hace una valla de lona plástica; los animales empujan la cerca y la siguen hasta que caen en los baldes. Con estas trampas modificamos la manera de capturar en Brasil, y actualmente nadie más lo hace sólo manualmente. Empezamos a capturar una gran cantidad de bichos desconocidos, y especies que antes eran consideradas raras pasaron a ser comunes. Algunos marsupiales del género Monodelphis, considerados rarísimos, eran a decir verdad muy comunes. Una parte de esta fauna secretiva [difícil de ser detectada] empezó a aparecer con este método de captura, que hizo que creciera bastante el conocimiento sobre la fauna brasileña. Incluso en esa época se pensaba que la Caatinga no tenía una fauna propia o tenía una fauna común con la del Cerrado, pero entonces empezamos a ver que había mucho endemismo [especies de animales o plantas propias en un área geográfica restringida] en las regiones de Caatinga y en el Cerrado.

¿Las investigaciones en las dunas del São Francisco son uno de los hitos de su trayectoria científica, no es cierto? ¿Cómo comenzó eso?
Yo estaba haciendo mi doctorado con lagartos del género Tropidurus y descubrí que en un área de la Caatinga, en Santo Inácio, Bahía, había dos especies de Tropidurus. Y me dije: “Pero, ¿por qué hay dos especies si en el resto de la Caatinga hay una sola?”. Fui allá, confirmé la existencia de ambas y capturé otro bicho al que describí como Tropidurus amathites.  El Tropidurus de Santo Inácio vivía en la arena, mientras que todos los otros eran animales saxícolas, es decir, que viven sobre las piedras. Además de estar en la arena, su pariente más cercano era un bicho saxícola de Serra do Espinhaço, Minas Gerais, a más de mil y pico de kilómetros de allí. “Pero, ¿cómo es posible? ¿Cómo puede ser que un bicho saxícola se convierta en uno que vive en la arena, o viceversa?” Descubrí que Richard Burton, el investigador, decía que en esa región del São Francisco había un pequeño Sahara. Entonces pensé: “Si hay un pequeño Sahara, hay tanta arena que no es broma”. Fui a investigar y encontré los trabajos de Aziz Ab’Saber y de Jean Tricart que demostraban que la mayor zona de paleodunas de Sudámerica estaba allí. Descubrí un ecosistema nuevo, del cual describimos géneros y especies nuevas de serpientes, lagartos, sapos y otros.

¿Esa área fue reconocida como biológicamente relevante?
No solamente fue reconocida sino que se encuentra en marcha el proceso de creación del Parque Nacional de la Dunas del São Francisco, una propuesta mía que elevé al Ibama y me la aceptaron. Sobrevolé el área con ellos, es un área grande…

¿Debe haber otras áreas como las dunas en Brasil, no es cierto?
Seguramente. Nuestros trabajos en el Cerrado han demostrado que las regiones arenosas albergan especies endémicas que eran desconocidas. La única manera de ver si la situación es análoga a la de las dunas del São Francisco es trabajando en el campo. Resulta imposible decir si un área es importante sin capturar especies en el lugar. Nuestro conocimiento sobre los mecanismos que llevaron a la diferenciación de las especies es insuficiente como para decir si un área es o no es relevante para la diferenciación de los animales. Si alguien va hasta la cima de Serra de Baturité, en Ceará, verá que el área montañosa de los alrededores es de Bosque Atlántico. Pero rodeada de vegetación agreste de caatinga, aquel sertón increíble. Quien capture animales allá arriba es muy probable que encuentre especies endémicas, porque las especies de selva no atraviesan áreas abiertas, están aisladas desde el tiempo en que esa mancha de selva estaba en contacto con la selva atlántica o con la Amazonia.

¿La confusión ocasionada por una deformación de las leyes del Ministerio de Medio Ambiente entre investigadores y biopiratas aún perdura?
En parte sí. Dijeron que la biodiversidad da dinero, cuando no necesariamente es así, y le metieron eso en la cabeza a todo el mundo. En las comunidades indígenas y de remanentes de esclavos –mucha gente dice “si usted va a trabajar en mi tierra yo quiero dinero”–, los tipos perdieron completamente la noción de que para que eso de dinero algún día a veces son necesarios 10 años de investigación.  Hay trabajos míos y de mis alumnos que fueron ostensiblemente perjudicados; debíamos ir al exterior para ver el material porque ellos [los investigadores de otros países] no mandaban el material a Brasil. En la actualidad la cosa es más  sencilla, pero todavía perdura un poco la noción de que investigador es un tipo que es medio que un delincuente que mata animales o que se dedica a la piratería… Todo por culpa de dos o tres casos…

art4075img2EDUARDO CESARPara resolver estos conflictos, sería importante integrar a los investigadores con otros grupos, para que participasen en la investigaciones, ¿no?
Por supuesto. Siempre he dicho eso. El problema es que muchos de los parques nacionales, que podrían hacer esas conexiones, desafortunadamente no funcionan. Los parques deberían contar con más información y no la tienen. Faltan guías de campo para la mayor parte de los grupos. Los parques nacionales deberían contar con dinero y hacer acuerdos amplios con las universidades, porque es allí en los parques donde está la materia prima del trabajo de los investigadores. El Museo Goeldi cuenta con el parque y la reserva de Caxiuanã, que el Ibama le cedió por 30 años. El Museo Goeldi está a cargo de la gestión de Caxiuanã y genera conocimiento; han salido varios libros, pero lo que predomina en los parques nacionales son investigaciones sin horizonte, porque son el resultado de los pedidos espontáneos de cada investigador. Uno llega a un parque nacional y quiere saber cuál es la infraestructura y la base de datos y ve que no hay nada sobre variación de temperatura, clima o fenología de las plantas más  comunes… Un equipo de técnicos en cada parque podría hacerse cargo de esos datos, estar en contacto con la gente de las universidades, llevar a la gente, qué sé yo, con el apoyo de la Fuerza Aérea, como en el antiguo Proyecto Rondon, y arreglar cosas tipo: “durante 10 años ustedes estudiarán este parque nacional para que reunamos información sobre este ecosistema”; cosas planificadas. Otra cosa que está relegada a decimoquinto plano de importancia en Brasil es el turismo. ¡Y con la biodiversidad que tenemos! Nada es tan llamativo como la megafauna de mamíferos de África, pero tenemos yaguaretés, monos… ¿En qué país se pueden ver 14 ó 15 especies de monos en un solo lugar, como en la Amazonia– A los turistas les encanta ver lagartos en el campo y fotografiar a los sapos durante las noches en el campo, pero eso no lo explotamos. Los que trabajan en ese ámbito no conocen la fauna brasileña, no conocen los ecosistemas brasileños, ni tampoco saben qué les gusta a los turistas.

¿Cómo fue su trabajo como director del Museo de Zoología?
Estuve en la dirección del museo durante cuatro años. Primero fui director, cuando Vanzolini se jubiló. Trabajé esforzándome al máximo para valorar al museo y creo que lo logré. El Museo de Zoología ocupa actualmente un lugar destacado en la universidad. Nadie hace un posgrado en zoología en Brasil sin consultar sus colecciones. Las colecciones neotropicales más importantes del globo están allí. Las colecciones que el museo acumula desde su fundación en 1885 constituyen la base para entender la historia de los ecosistemas y para redefinir un futuro mejor para el país. Si pensamos en la propagación de las enfermedades endémicas, las colecciones de dípteros [insectos] son estratégicas. Darwin no habría elaborado la teoría de la selección natural si no hubiese tenido acceso a las colecciones del Museo Británico y si no hubiese comparado los bichos que capturó con los que habían sido depositados allí en el transcurso de generaciones. El museo representa el núcleo del trabajo de los investigadores. Las colecciones que reuní a lo largo de mi vida quedarán depositadas en el Museo de Zoología y dentro de 20 ó 30 años alguien verá eso, aprovechará mi trabajo y lo enriquecerá con el material que él mismo haya reunido. Pero existe un problema…

¿Qué problema?
São Paulo, por ser la ciudad más rica de Brasil, y Brasil, por ser líder mundial en biodiversidad, deberían tener un museo a su altura. Y no lo tenemos. En el Museo de Zoología faltan técnicos, faltan cosas importantes como para poder llevar adelante el trabajo. Yo podría haber descrito mucho más que 50 especies si hubiera contado con más apoyo, con más técnicos para trabajar en el museo. Falta apoyo infraestructural, falta espacio para las exposiciones y para las colecciones. Esto es lo que a veces la universidad no ve, y es muy importante. Una colección que no está ordenada no sirve para estudiar, es lo mismo que una biblioteca desordenada. Así la ciencia no avanza. Si un tipo publica un trabajo en Nature o en Science, uno lo ve y piensa: “Pucha, tengo un bicho que muestra que la cosa no es así, ¿pero y dónde está ese bicho? Lo capturé años atrás, pero la colección está desordenada…”, y se terminó, se acabó el tiempo de la respuesta. La agilidad es importante, las colecciones deben estar bien organizadas, con gente capaz de hacerse cargo de ellas. Con el Infra [el proyecto del Programa de Infraestructura de la FAPESP], logré compactar prácticamente todas las colecciones del museo y abrir nuevos espacios, pero yo sabía que eso sería por cuatro años. Hace ocho años que el museo está rebalsando. Necesita tres veces más que el área actual, en donde no puede crecer más. Es un edificio que fue construido para albergar colecciones a comienzos del siglo XX.

¿Y cuál es la solución?
Construir un edificio grande para el museo acá en la Ciudad Universitaria. Había un proyecto de erigir un edificio del Museo de Zoología acá, en la Plaza de los Museos; yo se lo presenté a la USP. La Rectoría lo aceptó, pero quedó parado por falta de voluntad política. Brasil merece un museo a su altura. Más todavía ahora, en el año del Mundial, con Brasil puesto en evidencia, no hay una de esas construcciones que es son hitos culturales de cualquier ciudad importante. Uno no va a París y deja de ir al Jardin des Plantes y al Museo de Historia Natural, ni va a Londres sin ir al British Museum. Buenos Aires tiene el Museo de La Plata, que es algo espectacular. Brasil no tiene un museo así. Tiene el Museo Nacional de Río de Janeiro que da lástima, ver aquella casa maravillosa que fue el palacio imperial cayéndose a pedazos. Ahora lo están refaccionando. São Paulo, la ciudad más  rica de Brasil, todavía no tiene un museo de zoología que esté a la altura de su riqueza.

 

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