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Carta de la editora | 173

Libertad para crear conocimiento

Antes incluso de formular cualquier comentario sobre el reportaje de tapa de esta edición de Pesquisa FAPESP, quiero recomendarles la lectura de la hermosa entrevista ping-pong con el físico Moysés Nussenzveig, realizada por el editor de ciencia, Ricardo Zorzetto. Y digo hermosa, e insisto en la palabra, menos por la extraordinaria plasticidad de los fenómenos ópticos como el arco iris y la aureola, objetos de la investigación de ese científico, en lo cual poco “o casi nada”se detiene, y más por el testimonio de las batallas que ha venido librando a lo largo de la vida en pro de la creación de espacios para la libre producción y transmisión creativa e inteligente del conocimiento en Brasil, en especial en la física.

Es eso lo que está en escena cuando cuenta acerca del más nuevo frente abierto para la difusión del conocimiento en el cual se ha implicado: el de la reedición y la venta en kioscos de los kits de ciencia que fueron un éxito nacional durante los años 1970. O cuando recuerda todas las articulaciones nacionales e internacionales en las cuales tomó parte para proteger a los científicos amenazados por el furor de la dictadura brasileña (1964-1985). A propósito, el profesor Nussenzveig cedió dos documentos de su archivo personal relativos a esas persecuciones del régimen contra los científicos para su reproducción fotográfica en nuestra revista. Y es en definitiva a la idea de red, y de la cooperación necesaria entre muchos para crear conocimiento, a lo que alude cuando hace desfilar por sus memorias prácticamente todos los nombres importantes de la física del siglo XX. Vale la pena leerla.

Aprovecho el pie de este párrafo y la afinidad de campos para recomendar también la lectura del reportaje elaborado por el editor de política científica y tecnológica, Fabrício Marques, sobre un notable esfuerzo que está haciéndose para que se incorporen los avances de la matemática de los últimos 100 años a la enseñanza de esa disciplina en Brasil.  Ahora sí, vamos al reportaje de tapa. Pienso que es difícil imaginar de repente que la multiplicación de venas y arterias pueda ser algo malo. La imagen mental que se me forma en el propio momento en que escribo estas palabras contiene la sugerencia de un buen proceso orgánico, lleno de vitalidad. A lo mejor porque los vasos sanguíneos que se ramifican, crecen, se dividen y se esparcen – tal como los describe en las primeras líneas de su reportaje la editora asistente de ciencia, Maria Guimarães – configuran antes que nada lo que es normal y altamente deseable en el tiempo de desarrollo de un embrión humano (y de otros también, por supuesto).

Sin embargo, en la fase adulta, este proceso no augura nada bueno y tiene relación con enfermedades graves tales como el cáncer, o condiciones penosas, como la ceguera. En medio del creciente conocimiento de este proceso patológico, ha surgido la buena noticia que motivó el muy bien elaborado texto que terminó estampado en la portada: un péptido o fragmento de proteína montado por el bioquímico Ricardo Giordano, de la Universidad de São Paulo (USP), logra localizar y destruir estos vasos sanguíneos indeseables valiéndose de un verdadero juego de espejos para esquivar al sistema de defensas del organismo. Todos los detalles de esta original construcción bioquímica, que más adelante a lo mejor resulta en un fármaco destinado a combatir esa angiogénesis negativa, están descritos en ese artículo.  Me detendré aún someramente en la sección de ciencia para recomendar un texto que suministra una pieza más para recuperar la historia de Gondwana, el supercontinente que en un pasado remoto reunía a la mayor parte de las tierras actualmente situadas en el Hemisferio Sur.

El editor especial Marcos Pivetta informa de qué modo investigadores brasileños y estadounidense, valiéndose de nuevas dataciones de rocas y análisis de campos magnéticos en tramos de una cadena de montañas del Brasil Central, arribaron a la conclusión de que el evento final que formó Gondwana no acaeció hace 620 millones, sino hace 520 millones de años. Esto significa, entre otras cosas, que la Amazonia pasó mucho más tiempo separada del supercontinente de lo que pensaba hasta ahora.  Para culminar, no puedo dejar de destacar el reportaje de apertura de la sección de tecnología, sobre un nuevo tipo de batería construida en Brasil y destinada a coches eléctricos, redactado por el editor de tecnología, Marcos de Oliveira, además del que abre la sección de humanidades, que se refiere a una instigadora investigación que desplaza al antropólogo del antiguo lugar de traductor y lo reubica como inventor, elaborado por el editor de humanidades, Carlos Haag, y por mí. ¡Qué tengan una buena lectura!

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