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Memoria

Los primeros años de la siderurgia

Hace 200 años, la falta de conocimiento técnico dificultó la instalación de una nueva industria en Brasil

ILUSTRACIÓN DE J.B. DEBRET / 40 PAISAGENS-RIO DE JANEIRO, SÃO PAULO, PARANÁ E SANTA CATARINA / CIA EDITORA NACIONAL / ACERVO FAU/USPLa primera gran inversión en siderurgia que se hizo en Brasil empezó con un fiasco que duró cuatro años, a comienzos del siglo XIX. Pese al esfuerzo del gobierno portugués en planificar y brindar apoyo a emprendimientos en metalurgia, esa industria tardó para afianzarse en el país. La existencia de mineral de hierro en Minas Gerais y en São Paulo era conocida desde hacía mucho tiempo. Al final del siglo XVIII, los portugueses habían auspiciado la capacitación de brasileños y portugueses en los mejores centros metalúrgicos europeos. Pero sólo cuando la Corte se trasladó a Brasil se lo autorizó al intendente Manoel Ferreira da Câmara Bittencourt a que diera inicio a la construcción, en 1809, de la fábrica Patriótica de Gaspar Soares, actual Morro do Pilar, en Minas Gerais. Casi al mismo tiempo, la administración portuguesa ordenó la construcción de la Real Fábrica de Hierro São João de Ipanema, en Iperó, São Paulo, inaugurada en 1810.

Ambas empresas tardaron años para producir algún metal. “La falta de técnicas apropiadas y de mano de obra especializada sólo fue parcialmente superada en Brasil durante la segunda mitad de la década de siglo”, comenta Fernando Landgraf, director de Innovación del Instituto de Investigaciones Tecnológicas e investigador de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo. Portugal siempre supo que era importante dominar todo el ciclo de explotación del mineral de hierro y su transformación en las tres familias de productos conocidos a comienzos del siglo XIX: el arrabio (hierro con un tenor de carbono de alrededor del 4%), el hierro maleable (de tenor menor al 0,1%) y el acero (tenor de cerca del 1%). En Europa, los ingleses, los suecos y los alemanes de la Sajonia y de Hesse eran los que tenían un historial en siderurgia, con centenas de altos hornos construidos en la región. Y allá, durante la primera década del siglo XIX, los portugueses contrataron a Frederico Luiz Guilherme Varnhagen y Guilherme Eschwege, alemanes que asesoraban a José Bonifácio de Andrada e Silva en la Fábrica de Hierro de Figueiró dos Vinhos, Portugal. Y fue en Suecia que la administración del Imperio contrató a un equipo de técnicos, con el experimentado Carl Gustav Hedberg a la cabeza, para comenzar a producir el metal en Brasil.

REPRODUCCIÓN LIBRO "RETRATOS DE IPANEMA". FOTO JULIO W. DURSKI / INSTITUTO HISTÓRICO, GEOGRÁFICO E GENEALÓGICO DE SOROCABAEra fundamental conocer la técnica de construcción del alto horno para el éxito de la producción de hierro. “Los altos hornos tienen un funcionamiento continuo, nunca paran, y eso marca la gran diferencia a la hora de obtener el metal”, dice Landgraf, autor de un artículo recientemente publicado en Metalurgia e Metais “junto a Paulo Eduardo Martins Araújo y el sueco Sven-Gunnar Sporback”, que investigó ese período. Hedberg fue elegido por su experiencia en altos hornos, y llevó junto con él a Iperó a otros técnicos, y máquinas compradas en el exterior. Sin embargo, el resultado fue decepcionante. Entre 1811 y 1814, construyó cuatro pequeños hornos de fusión, una casa de fundición, forjas de refinado, canales, una rueda de agua, una represa, pero abandonó la idea consagrada de alto horno y produjo en cuatro años tan sólo tres toneladas de hierro, y de pésima calidad.

Aún hoy se discute qué habrá llevado al sueco a obrar de aquella forma. “Existe una hipótesis de sabotaje – para evitar la competencia con Suecia -, pero considero también la hipótesis de que no contara precisamente con los técnicos más competentes, que supieran trabajar correctamente”, evalúa Landgraf. Y existía otro problema: la falta de conocimiento para operar con el tipo de mineral de hierro existente en la región. Con la salida de Hedberg, Varnhagen se hizo cargo de la fábrica, en 1815. Y finalmente construyó un alto horno, contrató a técnicos alemanes y produjo hierro – alrededor de 30 toneladas anuales, mucho menos que las 600 toneladas que pretendía. En otra fundición, en Morro do Pilar, Minas Gerais, el alto horno construido tuvo un rendimiento peor todavía. “Sin el empleo de la técnica correcta, el intendente Câmara solamente logró fundir hierro durante tres días.”

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