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Ecología

Pionera centenaria

Con un promedio de vida de 400 años, la araucaria se recupera rápidamente en áreas deforestadas

fabio colombiniUn lugar al sol: el pino autóctono de Brasil requiere mucha luz para crecerfabio colombini

Los bosques con árboles en forma de candelabro que Auguste de Saint-Hilaire conoció en el sur de Brasil hace 200 años casi no existen más. Un siglo después de las andanzas del naturalista francés por la región de las antiguas provincias de Curitiba, Santa Catarina y Río Grande do Sul, la tala de araucarias para la producción de madera y la extracción de sus simientes para el consumo humano pusieron en riesgo de extinción a esta especie, uno los pocos pinos autóctonos del país, y con ella, a las plantas y a los animales que viven bajo su sombra en los bosques de araucarias, uno de los ecosistemas que integran el Bosque Atlántico. Se cree que 20 millones de hectáreas de bosques de araucarias cubrían mesetas y sierras en el sur y el sudeste de Brasil hasta comienzos del siglo pasado. En la actualidad, de acuerdo con el más amplio relevamiento de los remanentes de Bosque Atlántico, publicado en 2009 en Biological Conservation, solamente un 12,6% de los bosques de araucarias resisten en fragmentos aislados de bosques que ocupan las laderas y las cimas de cerros, en donde es difícil plantar granos o criar ganado. Y lo que más preocupa a los que se interesan en el futuro de las araucarias es que no es fácil recuperar esos bosques para mantener su función ecológica o aprovechar su potencial económico.

El ecólogo carioca Alexandre Fadigas de Souza, de la Universidad de Vale do Rio dos Sinos (Unisinos), con sede en la localidad de São Leopoldo, Río Grande do Sul, se dedica desde hace cinco años a estudiar el ciclo de desarrollo y las estrategias de regeneración de la araucaria. En ese tiempo relativamente corto, constató que este árbol majestuoso, que se yergue sobre un tronco de hasta dos metros de diámetro y madera de buena calidad para exhibir sus ramas curvas hacia el cielo a unos 40 ó 50 metros del suelo, por encima de los demás árboles de la selva, desempeña un papel más importante de lo que se imaginaba en la preservación de los montes autóctonos.

Souza visitó regularmente en Río Grande do Sul 26 fragmentos de montes nativos preservados y bosques naturales afectados por diferentes grados de explotación producto de la tala de árboles. Recabó información sobre la cantidad y el porte de las araucarias (brotes, árboles jóvenes o adultos) y las características del lugar en que se encontraban en el bosque, y juntó sus datos con los recabados por el equipo del ingeniero forestal Solon Jonas Longhi, de la Universidad Federal de Santa Maria, quien durante la última década realizó un seguimiento de los índices de crecimiento y de mortalidad de las araucarias en el Bosque Nacional de São Francisco de Paula. Al comparar la información de las araucarias con la de otros árboles, Souza arribó a la conclusión de que este pino brasileño es efectivamente una especie peculiar.

Larga vida
La araucaria es lo que los ecólogos denominan una especie pionera. Es un árbol de rápido crecimiento y que se encuentra entre las primeras plantas que colonizan espacios abiertos tales como claros o campos abandonados, en donde la luz es abundante. Pero no es cualquier pionera. Llega a la madurez más tarde y comienza a producir semillas a partir de los 15 años. Además, la mayoría de las especies pioneras muere pocas décadas después de alcanzar la madurez, en tanto que la araucaria vive en promedio 400 años, y puede llegar a los 700. Durante todo ese tiempo crea a su alrededor un ambiente favorable al surgimiento de especies más frágiles y de crecimiento lento, que forman la segunda generación de árboles del bosque. En un artículo publicado en 2007 en Austral Ecology, Souza describe a la araucaria como uno de los raros árboles pioneros de larga duración hallados en los bosques de Brasil.

Con todo, en sus caminatas por los montes, Souza descubrió que una vez formado el bosque, la araucaria tiene dificultades para producir nuevos individuos adultos. Encontró ejemplares jóvenes de araucarias únicamente en campos abiertos y en áreas de selva en donde la copa de los árboles no bloqueaba completamente la visión del cielo y dejaba pasar una buena cantidad de luz, según afirmó en un artículo publicado en 2008 en Acta Oecologica. Existen dos explicaciones para ello. La primera es que los ejemplares jóvenes de araucaria sobreviven poco tiempo a la sombra. La segunda es que las semillas que el árbol produce entre abril y septiembre en forma de piñas de hasta 30 centímetros de diámetro son consumidas por la urraca azul, por el loro llorón y por agutíes, ciervos y pecaríes. “Solamente el 1% de las semillas que caen al suelo germina”, comenta Souza, que este año recibió el premio Fundación Bunge en la categoría ciencias forestales.

Y lo que los animales no comen entra en la dieta de la población. Ricas en carbohidratos y proteínas, estas simientes, conocidas como piñones, están presentes en casi todos los platos de la cocina sureña. En 2008 se extrajeron de los bosques autóctonos 4,8 mil toneladas de piñón, lo que generó ingresos por valor de 6,2 millones de reales, de acuerdo con datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. Al analizar las ventas de piñón registradas entre 1977 y 2007 en Río Grande do Sul y durante los últimos 14 años en una propiedad rural de Santa Catarina, Souza observó que la producción de semillas del pino brasileño no oscila como la de las coníferas –árboles que producen semillas desnudas agrupadas en conos– del Hemisferio Norte. Allí un pino puede no generar semillas al año siguiente de una cosecha portentosa, mientras que aquí la producción es más constante. “La producción aumenta un poco al año siguiente al fenómeno El Niño, que hace llover más en el sur del país, y disminuye luego de la sequía provocada por La Niña”, explica.

El comercio de piñón puede ser más rentable que la explotación de la madera de araucaria o de otros pinos, afirman Miguel Guerra y colaboradores en un trabajo acerca de la explotación y el manejo de la araucaria presentado en 2003 en el libro Sustentável mata atlântica. Pero, para que la explotación económica se vuelva sostenible, será necesario replantar bosques. Souza constató que, más de 60 años después del fin de la explotación de los montes, las poblaciones de araucaria aún no se han recuperado.

Artículo científico
SOUZA, A. F. et al. Regeneration patterns of a long-lived dominant conifer and the effects of logging in southern South America. Acta Oecologica. v. 34, p. 221-32. set./oct. 2008.

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