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Literatura

¿El libro ha muerto? ¡Viva el libro!

Estudios revelan nuevos rumbos de la lectura con los e-readers

art4377img1Laura Daviña / YouWorkForThemLa primera conferencia digital exclusiva para debatir el uso de tecnología en la edición de libros para niños tiene lugar  la víspera de la apertura de la Feria del Libro Infantil de Bolonia, el encuentro más respetado del género, el día 27 de este mes. El Tools of Chance for Publishing reunirá educadores y especialistas en el asunto y va a analizar casos de educación con el libro digital. “¿Los niños aprenden más y mejor con esta herramienta?” Esta será una de las preguntas “que se intentará responder” en el evento.

Si hace algunos años aún había dudas sobre el futuro del libro digital, hoy ya se piensa en su utilización más allá de la mera diversión. Testimonio de esta nueva visión es que acaba de ser aprobado en la Comisión de Asuntos Económicos (CAE) del Senado Federal el proyecto de ley que altera la Política Nacional del Libro, actualizando su definición y ampliando la lista de productos equiparados al libro. Con el proyecto, que debe ser votado hasta mediados de año, quedarán equiparados a los libros los equipos electrónicos destinados a la lectura de textos, los e-readers. Ya que una de las razones del escepticismo de los editores con respecto a la ampliación del mercado de libros digitales en el Brasil es el alto precio de los equipamientos de lectura en el país, la aprobación de la medida podrá ser un buen empujón a la diseminación del  e-book. Este cambio redundará, al final, en que se concedan posibles beneficios fiscales, propios de los libros, a los lectores digitales, a pesar de que el relator de la CAE esté en contra de que la reducción de impuestos incluya también al iPad, por considerarlo algo más que un lector de libros digitales. Otra señal de los cambios editoriales que están llegando fue la reunión, a finales del año pasado, de seis editoriales (Objetiva, Record, Sextante, Intrínseca, Rocco y Planeta) para crear la Distribuidora de Libros Digitales (DLD), empresa de distribución de e-books que espera incorporar 300 nuevos títulos por mes a su catálogo, aunque funcione sólo como una intermediaria entre el consumidor y las librerías digitales, no vendiendo obras directamente para el público.

Aún incipiente en el Brasil, el asunto genera discusiones acaloradas en el exterior. Una de las ponentes del encuentro en Bolonia, Lisa Edwards, es una de las responsables por un estudio reciente sobre el futuro del libro digital para los niños, el estudio Kids and family reading reporttrade, realizado por la Scholastic Corporation, la mayor editorial y distribuidora de libros infantiles, entre ellos la serie Harry Potter. Según el estudio, un 57% de los niños entrevistados preferían leer en aparatos digitales (los e-readers) en vez de en medios impresos, a pesar del temor paterno (el 41% de los padres entrevistados) de que la tecnología alejara a sus hijos del hábito de la lectura. Aunque sólo un 6% de los padres posean un aparato electrónico para leer e-books, este año el número, según el estudio, debe ascender al 16%. Y, a pesar del coste de lectores como el Kindle o el  iPad, el 83% de los padres no dudarían en dejar esos aparatos delicados en las manos de los hijos, animándoles a usarlos en la lectura. Otro estudio, esta vez realizado por el Marketing and Research Resources, complementa los nuevos rumbos e indica que el 40% de los entrevistados pasaron a leer más libros a causa de los aparatos electrónicos de lectura, lo que llevará a 11 millones de americanos a tener un lector hasta mediados de este año. Las ventas de libros digitales en el país crecieron 183% entre 2009 y 2010.

Pero, ¿cómo llega ese debate a la realidad brasileña, tan diferente de la analizada en los estudios americanos? Al final, incluso en los EUA son escasos los estudios sobre la cuestión y las grandes editoriales todavía se muestran “cautelosas” sobre lo que va a suceder. “Los lectores brasileños aún no conocen la existencia del libro digital y tampoco saben cómo tener acceso a él, algo que incluye incluso a los más jóvenes, que lo asocian mucho a la internet”, advierte Galeno Amorim, nuevo presidente de la Fundación Biblioteca Nacional y director del Observatorio del Libro y de la Lectura que, al lado de la Cámara Brasileña del Libro (CBL) y de la Prensa Oficial del Estado, realizaron, el año pasado, la pesquisa Los lectores brasileños y el libro digital. Pero son experiencias muy diferentes en que todo es más interactivo y el lector puede mover letras e imágenes del lugar, depararse con links que lo lleven para otros temas a partir de palabras de un libro, tener acceso a imágenes, sonidos y, los niños, tener la sensación de volcar un libro de cabeza para bajo y ver todo moverse, como en la versión para iPad ofrecida como “app”, gratuitamente, en la web de la Apple. “En lo único que son unánimes los lectores brasileños es en que el libro impreso no va a acabar tan pronto por aquí porque aún tiene un valor muy grande en el imaginario colectivo de la sociedad brasileña, como símbolo de saber y conocimiento. Ya el libro digital sería algo ‘ecológico’, más barato o incluso gratuito”.

art4377img2Laura Daviña / YouWorkForThemSegún datos del estudio de la CBL, cerca de 3% de los brasileños ya han tenido algún tipo de acceso a un libro digital, pero hay gran resistencia al medio por encontrar incómoda la lectura en la pantalla del ordenador. “Todo está siempre muy asociado sólo a la internet. Cuando se muestra que lo que está en juego son e-readers todo cambia de figura y a la mayoría de los entrevistados les encanta el aparato, creyéndolo leve y fácil de operar”, dice Galeno.

Móviles
Muchos no comprarían un e-reader de momento, creyendo que el futuro reserva aparatos mejores con más aplicaciones, como sucedió con los móviles. El precio que se creería adecuado para que el e-reader se extendiese el mercado estaría en torno a R$ 300. También sería aceptable que un libro digital costara un cuarto de su precio impreso: un libro técnico, por ejemplo, de R$ 90 debería ser vendido por R$ 20 en formato digital. “Pero es indiscutible. Cuando se pregunta si dispuesto a comprar libros digitales la respuesta es siempre ‘no’. La tendencia es que todo sea gratuito, siguiendo la misma lógica de las músicas que se bajan: si está en internet es para que sea gratuito.” Otra estudio, realizado en 2010 por la GfK, empresa privada especializada en pesquisa de mercado, mostró que el libro digital y sus lectores son desconocidos para 67% de los brasileños, aunque 56% de los brasileños pretenda adquirir un aparato si el precio es accesible. Un dato curioso es que la región Noreste es más receptiva a la compraventa de libros digitales (70%) que la región Sur (61%), la menos propensa a la adquisición de la herramienta de lectura electrónica, peculiaridad que se repite en la comparación entre la intención de compraventa de las clases C y D (58%) en comparación con las clases A y B (54%). La explicación dada por el estudio sería la falta de información en las clases con menos poder adquisitivo, de ahí que estén más interesadas en buscar conocimiento e información para romper las barreras de acceso al mercado de trabajo.

El país, sin embargo, sólo cuenta con cinco librerías digitales: Saraiva (catálogo de 2 mil títulos en portugués), Gato Sabido (la primera eBookstore brasileña, fundada en 2009, con un fondo de 1,9 mil títulos en portugués), Cultura (con cerca de mil títulos en portugués), Simplísimo (con cerca de 200 títulos) y Punto Frío (100 títulos en portugués). De entre las obras ofrecidas, la mayoría aplastante corresponde a libros recientes de autores conocidos y aquella que ofrece más material para niños, Gato Sabido, no tiene más que 130 títulos para el público infantojuvenil. Los libros son sólo la versión en pdf o e-pub de los originales y sólo algunos traen alguna interactividad. Las expectativas de venta de iPads y otros dispositivos similares parecen reforzar ese entusiasmo inicial. Según el estudio de la IDC Brasil, el número de tablets vendidos en Brasil debe más que triplicarse. Serán más de 300 mil unidades comercializadas, ante las 100 mil vendidas en 2010. El más conocido por aquí es el Kindle, que presentó su versión internacional en 2009, vendido por la librería on-line americana Amazon por aproximadamente R$ 500, incluidos los costes de los impuestos aplicables (aquellos que traen el aparato en el equipaje de vuelta de viaje están exentos del impuesto). El Cool-ER, comercializado por la Gato Sabido desde 2009, con tecnología de tinta electrónica similar a la del Kindle, se vende por R$ 599. La Saraiva y la Fnac venden el IRiver Story, con pocos recursos y sin colores, por R$ 1.099. La Positivo lanzó a finales del año pasado su lector, Alfa, con pantalla sensible al toque y un Diccionario Aurélio acoplado, con precio en torno a R$ 700.

art4377img4Laura Daviña / YouWorkForThemEl objeto de mayor deseo, sin embargo, es propiamente el iPad, de Apple, importado, y que llegó a Brasil en diciembre, aún con un precio excesivo R$ 1.600. La producción nacional de tablets ya ha empezado,  MXT Industrial, del estado de Minas Gerais, se destaca como pionera en el segmento. La empresa lanzó el iMXT, tablet para el mercado corporativo que llega a las tiendas con valores entre R$ 1.600 y R$ 2 mil. La expectativa del fabricante es vender cerca de 200 mil unidades hasta diciembre de este año. Existen, sin embargo, otras cuestiones que dificultan la expansión de estos nuevos medios de lectura, como criterios de estandarización, pues, por ejemplo, un libro creado para iPad no rueda en un Galaxy. Buena parte de las tiendas nacionales de libros digitales no soporta contenido animado. Otro obstáculo prosaico es la falta de mano de obra especializada para convertir los libros al formato digital que, muchas veces, deben ser enviados editados para ser convertidos en empresas en la India o en las Filipinas, de donde vuelven fuera del formato o con errores graves de grafía. La cuestión más delicada se refiere a los derechos de autor, pues será necesario, a partir de ahora, discutir con los autores sobre las versiones impresas y digitales, y lo mismo tendrá que suceder con obras ya existentes en formato impreso.

¿Merecerá la pena todo este esfuerzo? Muchos editores brasileños afirman que sólo invierten en el mercado para no perder el tranvía de la historia. “No hay aún consenso sobre impacto del libro digital en el mercado editorial, porque, de momento, la presencia de la tecnología en el país es incipiente. Son raros los lectores que tienen e-readers en Brasil, pero la llegada de los aparatos puede provocar la gran revolución digital de los libros digitales en el país”, cree Rosely Boschini, presidente de la Cámara Brasileña del Libro (CBL). “Los impactos serán no sólo sociales, sino sobre todo psíquicos y afectarán al concepto tradicional de lector y de lectura, que será ampliado más allá de la visión purista que consiste en descifrar letras. Ese lector de pantallas electrónicas está transitando por las infovías de las redes, convirtiéndose en un nuevo tipo de lector que navega por las arquitecturas líquidas y alineares de la hipermedia en el ciberespacio. Es el lector inmersivo”, observa a semióloga Lucia Santaella, profesora titular de la Pontifícia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP) y autora, entre otros, de Navegar no ciberespaço. “La lectura en la pantalla del ordenador o en iPads abre la posibilidad  al lector de barajar, cruzar, reunir textos inscritos en la memoria electrónica. Es una manera completamente nueva de leer, diferente de aquella forma contemplativa del lenguaje impreso. Se trata de un lector cuya navegación programa lecturas, creando un universo de signos evanescentes y siempre disponibles. Está en estado de alerta, conectándose entre nudos y nexos, en una hoja de ruta laberíntica que él mismo ha ayudado a construir al interactuar con los nudos entre palabras, imágenes, documentación, músicas, vídeo  etc.”. Se habla aquí, obviamente, no sólo de la descarga de textos en un ordenador, sino del uso de tecnologías más sofisticadas que vienen siendo desarrolladas y permiten la apertura de hipervínculos, intervención en el texto, sonidos e imágenes que se mezclan con la lectura, entre otras aplicaciones. “Si la lectura es una forma de descifrar el mundo, los nuevos medios traen nuevos instrumentos para realizar esa tarea antes tan compleja. Los nuevos medios han roto la linealidad y hoy cualquier joven consigue, a la vez, oír música, navegar en internet y jugar a algún juego. Ese proceso supone una operación diferenciada en el cerebro”, explica la profesora de literatura Regina Zilberman, de la Universidad Federal del Río Grande del Sur y autora del libro Das tábuas da lei à tela do computador.

Unión
Según la investigadora, libros y ordenadores no se excluyen, aunque parezcan antagonistas, por un lado, por otro son compañeros y lo mismo sucederá con la lectura en sí. “El acceso a la realidad virtual depende del dominio de la lectura y de ahí que ésta no se vea amenazada ni competencia. Al contrario, sale fortalecida porque tiene más espacio para su difusión. Cuanto más se expanda el uso de la escritura por intermedio del medio digital, más se necesitará la lectura para que se consolide este instrumento, la cualificación de sus usuarios y al aumento de su público”, evalúa. ¿Cuáles serían, sin embargo, las diferencias? “Pienso que la lectura en medios digitales es espontánea, mientras que la lectura del libro tiende a ser inducida, la escuela es la institución a la cual se le atribuye la responsabilidad de iniciar a niños y jóvenes. La lectura digital, por su parte, da mayor posibilidad de interferencia en el texto a medida que se lee. Esa apertura que el texto digital ofrece, ya que él materializa, concretiza la apertura que en el texto impreso es virtual, es muy apropiada para estudiar y para textos-juegos”, observa la profesora de literatura Marisa Lajolo, de la Facultad de Filosofía, Letras y Educación de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, autora del estudio A leitura rarefeita: livro e leitura no Brasil. Para Lúcia Santaella, la clave está en comprender que los lenguajes se suman, se mezclan y se complementan. “A diferencia del lector del libro que tiene delante de sí un objeto manipulable, la inscripción en la pantalla sobre la cual el texto electrónico se lee crea una distribución, una organización, una estructuración del texto que no es de ningún modo la misma con la cual se deparaba el lector del libro en el pasado. Pero la historia de los medios de comunicación nos ha revelado que, cuando un nuevo medio surge, este no lleva al anterior a la desaparición, sino que se inicia un proceso de intercambios en el que un medio enriquece al otro con el préstamo de recursos, o sea, uno aprende con el otro.”

art4377img3Laura Daviña / YouWorkForThemSocial
Otro de los resultados que el estudio Scholastic revelaba es que 25% de los jóvenes entrevistados consideran acceder a Facebook, Orkut etc. Es una forma de lectura. “El adolescente lee y escribe mucho, se comunica mucho más por escrito. Las generaciones anteriores leían sólo los libros de la escuela. Los jóvenes de hoy, no: están siempre informándose dentro de esa vida social digitalizada”, afirmó Rosa Farah, coordinadora del Núcleo de Pesquisas de la Psicología de la Informática de la PUC-SP. “La definición de lo que es un texto está cambiando rápidamente y hoy es más que palabras escritas e imágenes. Los lectores de ahora se sumergen en experiencias multimodales y tienen una noción clara de las posibilidades que ofrece combinar medios para recibir y transmitir mensajes”, cree Lotta Larson, profesora de la Facultad de Educación de la Kansas State University y autora del estudio E-reading and e-responding: new tools for the next generation of readers (Digital Literacies),  que usó el Kindle junto a un grupo de alumnos para analizar su relación con la lectura. “Los e-books traen contenidos multimedia e invitan a los lectores a interactuar con el texto de forma directa. En buena parte de esas interacciones vi espontaneidad e impulsividad inteligente y creativa. Adoptaron nuevas prácticas literarias al notar la existencia de otras formas de acceder a sus pensamientos como respuesta al que los e-books proponían. Hubo más motivación para leer, para entender lo que sucedía en la historia, para prever acciones, para hacer críticas personales de actitudes de personajes etc.” Para la profesora, los e-readers son especialmente útiles para captar a aquellos reacios a la lectura y arrancarles una interactividad notable con esta. “El cielo ya no es el límite para la forma cómo la imaginación se ve estimulada, ni la de los jóvenes ni la de los más mayores, en esta era de semiodiversidad, era de la ecología pluralista de la comunicación y de la cultura”, afirma Santaella. Existe, según algunos investigadores, todo un universo en creación de poderes del hipertexto. “Sería la superación de la autoridad del autor, la propia disipación de la jerarquía entre autor y lector, en las transgresiones y elecciones, realizadas por medio de lecturas múltiples en textos no lineales y destituidos de autoridad, por medio de una subjetividad que conquistaría la libertad y desarrollaría la creatividad”, observa Luis Claudio Saldanha, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Federal de São Carlos y autor del artículo “Subjetividade no ciberespaço”. “Surge de ese proceso no sólo un nuevo tipo de lector, el navegador, sino que desaparece el autor o por lo menos habría que reconfigurar su estatus. En contrapartida a los dos nacería el ‘lautor’, que reuniría en sí tanto al consumidor como al productor de textos”, afirma Sergio Bellei, profesor de literatura de la PUC-RS y autor del artículo “Literatura y (m) hipertexto”. Sin embargo hay se debe tener cuidado. “Hay posibilidades de que haya ‘inflación’ de informaciones, de transformación de saber en mera información. Una lectura y una escritura sin la marca de la experiencia auténtica y de la reflexión, un estado informativo puntual, desconectado, efímero y que se borrará al instante por otras informaciones. El lector en el ciberespacio no debe ser sólo un usuario de máquinas y programas, y su lectura no debe prescindir de la subjetividad y de la crítica. Si no es así, el diferencial de esa lectura se reducirá a los aspectos técnicos y formales del nuevo soporte”, avisa Saldanha.

“El medio digital promueve una democratización en el acceso a la información. El problema es que el acceso no basta. La información la tenemos en exceso y el acceso a ella está cada vez más fácil. El problema es cómo seleccionar la paja del trigo. Uno de los grandes desafíos de la escuela es justamente ayudar a los jóvenes en esa empresa”, pondera Santaella. “Además de eso, el profesor, en general, es un ‘analfabeto digital’, que sabe menos que los alumnos, tiene poco que enseñarles y mucho que aprender. No se trata sólo de reivindicar la infraestructura en los centros de enseñanza, sino la preparación del docente, porque se eso no ocurre los profesores van a continuar defendiendo que el uso de soporte digital no supone aprendizaje”, analiza  Regina Zilberman. Según datos del estudio de la CBL, cerca de 3% de los brasileños ya tuvieron algún tipo de acceso a un libro digital. “El cielo ya no es el límite para la imaginación, ni la de los jóvenes ni la de los más mayores”, dice Santaella

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