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Antropología

La antropología ¿no es ciencia?

Un debate que coloca los fundamentos de la disciplina en jaque

art4374img11ISABEL FALLEIROSRecientemente, la Asociación Americana de Antropología (AAA) realizó una pequeña alteración en el texto de uno de sus documentos principales. El cambio, si bien no demasiado grande, provocó una gran repercusión ya que lo que se hizo fue quitar de éste la palabra “ciencia”. El asunto llegó al público laico el 9 de diciembre a través de un reportaje del New York Times titulado: “La antropología es ciencia – La declaración profundiza un conflicto”. Esa “declaración” a la que se refiere es el plan de intenciones a largo plazo de la Asociación. Antes, en ella se enunciaba que el objetivo de la entidad era “promover el avance de la antropología como ciencia que estudia a la humanidad en todos sus aspectos”. Ahora se dice que “los propósitos de la Asociación deben ser la promoción del avance de la comprensión pública de la humanidad en todos sus aspectos”. La palabra “ciencia” fue removida en dos puntos más del texto. Sin embargo, ella sigue estando presente en otros documentos importantes de la AAA, como lo es su declaración de principios.

Según el reportero del New York Times, Nicholas Wade, la decisión es resultado de una tensión de muchos años entre dos tendencias, una ligada a las disciplinas que se identifican más con la tradición científica -como la arqueología y la antropología física- y otra dedicada a los estudios de raza, etnia y género  que “se ve como defensora de pueblos nativos y de los derechos humanos”. Virginia Dominguez, de la Universidad de Illinois y presidenta de la AAA, dijo al periódico que la palabra “ciencia” había sido retirada porque el Consejo Directivo de la entidad intentaba abarcar también a aquellos antropólogos que no consideran su trabajo inmerso en el campo científico. Días después, la AAA reaccionó oficialmente a las noticias publicadas, haciendo referencia  directa al New York Times y diciendo que la cobertura “retrataba a la antropología dividida entre los que la practican como ciencia y aquellos que no lo hacen, y dando la impresión errónea de que la dirección de la AAA cree que la ciencia no tiene más lugar en la antropología”. El texto prosigue: “Por el contrario, la Dirección reconoce y aprueba el lugar crucial del método científico en gran parte de la investigación antropológica”.  En el mismo comunicado, la AAA cita el tramo de un documento aprobado en la misma reunión en la que se decidió alterar la redacción de los planes a largo plazo. Ese texto se titula “¿Qué es la antropología?” y dice lo siguiente: “Para entender todo aquello que la cultura abarca y la complejidad de ésta en la historia de la humanidad, la antropología toma de y se basa tanto en conocimientos de las ciencias sociales y biológicas, así como de las humanidades y de las ciencias naturales. Una preocupación central de los antropólogos es la aplicación del conocimiento a la solución de los problemas humanos”.

“Incluso con esas aclaraciones, es significativo que el New York Times haya reaccionado de aquella manera y mucha gente se haya manifestado” dice Luiz Fernando Días Duarte, Profesor de Antropología Social del Museo Nacional/UFRJ y Vicepresidente de la Asociación Brasileña de Antropología (ABA). “La antropología se construyó basándose en el diálogo con la alteridad cultural, a través de una compleja trama de hipótesis, modelos e interpretaciones. Es sólo un movimiento más de esa tensión constitutiva que la AAA describa su tarea como la de – promover la comprensión pública de la humanidad”.” Duarte observa que la expresión inlcuida en el documento utiliza el verbo en inglés to advance, relacionado con el progreso del conocimiento, –absolutamente característico del proyecto iluminista y por lo tanto científico. No hay, así, mucho de lo que preocuparse opina.

dupla2_FISABEL FALLEIROSDentro de la AAA, sin embargo, hubo señales de alarma. Peter Peregrine, Profesor de la Universidad Lawrence en Wisconsin y Presidente de la Sociedad de Ciencias Antropológicas, afiliada a la AAA, envió un correo electrónico para todos los miembros de la Asociación pidiendo que se manifestaran en contra o a favor de la alteración de palabras del documento que, para él, podría solapar las bases de la antropología americana. Peregrine atribuyó los cambios a dos influjos dentro de la disciplina. Uno sería el de los antropólogos críticos, aquellos que ven la ciencia antropológica como instrumento del colonialismo. El otro sería el del pensamiento post-moderno que, según Peregrine, como contesta a la autoridad de la ciencia y rechaza el argumento racional y la reflexión es equivalente al creacionismo.

No obstante, de momento, nada indica que exista una tendencia a dejar de lado los procedimientos consensuados. El debate sobre los métodos, el trabajo de campo, los conceptos, etc. se hacen en el interior del campo científico. Hasta ahora, nadie propuso que la antropología saliese de ese campo dice Paula Montero de la Universidad de São Paulo y Coordinadora Adjunta de la Dirección Científica de la Fapesp. El debate americano propone que la antropología se vuelva instrumento de la acción política, lo que es completamente diferente. En relación con los términos de la nueva declaración, promover el avance de la comprensión pública de la humanidad, ella manifiesta: La comprensión pública se hace en el conflicto y en el debate. No es la antropología la que puede hacer eso, porque no es una religión. Pero ya hay muchos del campo antropológico que se atribuyen la defensa de verdades y las misiones de salvación.

Humanista
“El debate está errado cuando conduce a posturas ideológicas o reduce la antropología a las actividades humanitarias”, evalúa la profesora. Está claro que incluso la ciencia tiene un fundamento ético. Aun así, es parte del trabajo científico hacerlo explícito y controlar sus efectos sobre los resultados.  “La investigación sobre grupos humanos está indefectiblemente ligada a la dignidad de esos grupos” prosigue la antropóloga. “Los fundamentos éticos están siempre presentes. No hay disciplina de salud, por ejemplo, que no implique la defensa de la vida humana. Eso no le quita el carácter de ciencia.” La “misión de salvación” es un objetivo que, en la discusión en curso en los Estados Unidos, se atribuye principalmente a los “antropólogos críticos”. Según Duarte, ellos forman una “corriente exclusivamente americana que tiene un componente militante explícito”. Para el antropólogo, ese grupo adopta “una visión protestante de redención de la condición humana en el mundo. Denuncia el supuesto carácter neutro de la ciencia, pero eso no quiere decir que no siga protocolos científicos”.

Según Miriam Pillar Grossi, de la Universidad Federal de Santa Catarina y ex-Presidente de la ABA, que hizo su post -doctorado en la Universidad de California (Berkeley), toda la polémica está muy ligada a la características específicas de la antropología americana. “Tiene sentido en los Estados Unidos porque allá la formación antropológica se da en lo que ellos llaman cuatro campos: el cultural, el arqueológico, el físico-biológico y el lingüístico”, dice ella. En Brasil, la antropología siempre fue cultural y nunca hubo esta tensión, identificada por el New York Times en los Estados Unidos, entre la facción a la que pertenecen los arqueólogos y la que incluye a los etnólogos.  Miriam Pillar Grossi observa también que en Brasil la discusión “no se centra” en si la antropología es ciencia o no lo es, por otra razón importante: casi toda la antropología aquí se hace en las universidades. Sólo hace poco tiempo se hizo numéricamente significativa la actuación de antropólogos en otros contextos como las ONG. “El modo actual de la práctica antropológica es muy reconocido por los institutos de fomento a la investigación. La antropología se legitima y se reconoce en ese diálogo con otros campos y es reconocida como ciencia de la misma forma que la matemática, incluso porque el debate sobre la subjetividad también se está adentrando en esos campos que antes veían la ciencia de forma totalmente positivista.”

dupla1_FISABEL FALLEIROSSegún el New York Times, la fisura reflejada en los recientes cambios de la AAA alcanzó su punto crítico hace poco más de 10 años, con la publicación del libro Darkness in Eldorado del periodista Patrick Tierney (en Brasil, la Ediouro lo lanzó en 2002 con el título Trevas no Eldorado). Las acusaciones hechas por Tierney contra el antropólogo americano Napoleon Chagnon fueron identificadas por parte de los miembros de la AAA como consecuencias maléficas de una concepción “científica” de la antropología. Los procedimientos de esa supuesta vertiente estarían intrínsecamente conectados a una postura colonialista y etnocentrista que llevaría a cometer abusos contra los pueblos nativos.

“El debate que denuncia a la antropología como un instrumento de la colonización data de los años 1960 y está ligado a movimientos políticos de descolonización de  África y de Asia”, dice Paula Montero. “La antropología académica tuvo que repensar sus presupuestos y sus teorías: los modelos funcionalistas pierden capacidad explicativa, las condiciones de investigación de campo y de escritura etnográfica se transforman profundamente. Pero la antropología hizo eso para seguir siendo ciencia. La crítica a Chagnon en ese contexto (independientemente de él haber hecho o no lo que dijeron que él hizo) asocia necesariamente ciencia y dominación. Por lo tanto, el argumento aquí sería darle un fin a la ciencia.”

Sarampión
En el libro, Tierney acusa Chagnon, entre otras cosas, de haber causado un brote de sarampión entre los yanomami y de haber inducido a miembros de la tribu a representar rituales. Los estudios de Chagnon entre los yanomami de Brasil y de Venezuela, incluidos en el libro The fierce people (Los yanomami: El pueblo feroz) de 1964, eran considerados clásicos hasta entonces. “No estoy de acuerdo con la interpretación de que las actividades de Chagnon entre los yanomami sean representativas de la antropología clásica, considerada ‘científica’ por los críticos americanos” dice Miriam Pillar Grossi. “Los clásicos de la antropología son actuales hasta hoy. No es una cuestión de antropología rebasada, sino de ética.” Duarte completa: “Malas conductas éticas pueden ser cometidas por antropólogos de cualquier vertiente, ‘cientificistas’ o no”. En cuanto a los “post-modernos”, ellos son lo que en Brasil  suele llamarse “giro post-estruturalista de las ciencias humanas”. “Discute el paradigma clásico de [Bronislaw] Malinowski [antropólogo polaco, 1884-1942], que supone un cierto realismo en la descripción antropológica” dice Paula Montero. “El nuevo paradigma privilegia la naturaleza discursiva de lo real.” “En los Estados Unidos les pareció una visión muy nueva y provocó toda una crítica a la práctica tradicional” dice Miriam Pillar Grossi. “En Brasil, el cuestionamiento sobre la forma de pensar del otro ya está presente hace mucho tiempo.”

Descontadas las cuestiones de contingencia, resta una discusión epistemológica que tiene raíces bien antiguas y exige una profundización en el debate de los propios conceptos en juego, además de una prospección histórica. “Cuestionar el status de ciencia de la antropología supone que se sepa inequívocamente lo que es ciencia y cuáles los criterios para que una práctica pueda aspirar al status de ciencia” dice Marcio Goldman del Museo Nacional/UFRJ. “Pero las discrepancias entre las diferentes concepciones de ciencia son tan grandes como las discrepancias entre las diferentes concepciones de antropología.”

Paula Montero contesta a Goldman. “Está claro que hay un debate sobre métodos y enfoques en la antropología, pero disiento completamente de que no se sepa lo que es ciencia y cuáles sus criterios. Si no hubiera consenso en cuanto a eso, no habría un campo disciplinar académico maduro y con amplia comprensión acerca de las reglas de su funcionamiento. El autor confunde discrepancias de enfoques con ser o no ser ciencia. Ahora bien, la discrepancia y la argumentación forman parte del campo de la ciencia.”

“Sí hay un debate legítimo desde el punto de vista epistemológico” dice la antropóloga. “¿Qué tipo de razón está inmersa en la práctica científica? ¿Qué ontología está puesta en campo? Y ¿qué tipo de ciencia está siendo hecha en esa posición?” Ese cuestionamiento no llevará a un modo único y verdadero de hacer ciencia, pero sí a la explicitación de los procedimientos. “Toda proposición necesita entender un problema teórico a partir de reglas de un cierto tipo de conocimiento. Son siempre cuestionables, pueden ser aceptadas o no, pero no pueden ser consideradas una creencia, un pensamiento ingenuo o una opinión. Adoptarlas es un requisito fundamental para aceptar el principio de contradicción que permite el debate.”

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