Imprimir Republicar

Genética

Muchos colores, un pueblo

La ascendencia europea está diseminada por cuatro regiones de Brasil

DNA_brasileiros_layoutFINAL3-1GABRIEL BITARUna tierra habitada por indios, colonizada por portugueses y receptora de esclavos traídos de varios países africanos. El resultado es que los niños aprenden en la escuela: cafuzos [mestizo de negro e indio], mamelucos [hijo de indio con blanco] y mulatos [mestizo de blanco y negro]. “En la época del Imperio, los que proponían el racismo científico no veían con buenos ojos todo esto y don Pedro II dio paso a una política de blanqueamiento”, recuerda el genetista Sergio Pena, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). “Ese programa, que  trajo a Brasil a seis millones de inmigrantes europeos, continuó durante la época de la República y duró hasta 1970”. A simple vista no funcionó pues generó una graduación continua de tonos  de tez que va desde personas con piel blanca, ojos azules y cabello rubio hasta aquellas con piel bien oscura y trazos africanos. Sin embargo, el genetista muestra ahora, en un artículo publicado en febrero en la PLoS One, que algo funcionó. Habitantes de cuatro regiones del país, sin contar el Centro oeste, tienen por lo menos un 60% de ascendencia europea en su material genético. “Tenemos europeos pardos, europeos negros y europeos blancos” bromea Pena.

El equipo responsable del estudio, que además de la UFMG cuenta con investigadores de Bahía,  Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Ceará, Pará y  São Paulo, analizó muestras de habitantes de las regiones Norte, Noreste, Sureste y Sur. “Fue un muestreo sistemático y bien hecho” explica el genetista. El grupo analizó la proporción de ascendencia europea, africana y amerindia en 934 personas que se definían como blancas, pardas o negras en Belém, Fortaleza, Ilhéus, Río de Janeiro, Joinville y Porto Alegre.

El estudio utilizó 40 fragmentos de ADN, que en otras investigaciones de Pena ya habían mostrado ser suficientes para ese tipo de caracterización. Son partes del material genético que no tienen relación con las características usadas para determinar las razas, como el color de la piel y del pelo, pero que son distintas según el origen geográfico. Los resultados demuestran que no hay necesariamente una correspondencia directa entre el color de la piel y la ascendencia genética. Eso no fue una sorpresa para el genetista de minas. Que desde hace tiempo describe el mosaico que forma el brasileño (ver Pesquisa FAPESP nº 134). En algunos blancos de Rio de Janeiro, por ejemplo, los fragmentos de ADN usados como marcadores indicaron una ascendencia africana más pronunciada que la europea; en la misma ciudad, algunos de los que se declaran negros, según la terminología del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), son prácticamente europeos en lo que respecta a esos marcadores. “Hay una tremenda variabilidad entre un individuo y otro, esos fragmentos de genoma revelan la individualidad de cada brasileño” comenta el investigador.

Los gráficos de ascendencia también revelan algo de la composición de la población en las regiones del país. En Pará y en Río Grande do Sul se nota la presencia indígena en la composición genética de parte de los blancos y pardos que participaron del estudio. Ya en Bahía y Río de Janeiro, esa presencia indígena es casi inexistente mientras que la ancestralidad africana es más común.

Sin embargo, a pesar de esas diferencias, el trabajo encontró una homogeneidad sorprendente entre las regiones. Para lo que fue necesario usar una herramienta estadística, algo parecido a una media ponderada, que los investigadores llamaron “índice de herencia total”, para dejar de lado las particularidades regionales en la percepción del propio color. “Una persona que se dice parda en el Norte no es genéticamente semejante a la parda del Sur” explica Pena, “lo que se puede explicar por una exposición al sol diferente y también por contextos sociales distintos”. Una vez eliminada esta variación, que las cuatro regiones tienen, en media, por lo menos un 60% de ancestralidad europea, el mínimo fue el Noreste, con 61%, y el máximo, con 78%, en la región Sur. Los ancestros africanos y amerindios, por otro lado, son menos expresivos y más variables de una región para otra.

IMG_0915paulo mussoiEs un resultado importante, pero aún no consensual entre genetistas interesados en poblaciones humanas. El genetista norteamericano Alan Templeton, de la Universidad Washington, en Saint Louis (ver Revista FAPESP edición especial Revolución Genómica, de mayo de 2008), se preocupa con el uso de raza autodeclarada, la norma adoptada por el IBGE. “Participé de un estudio con sociólogos y tuvimos la sorpresa de descubrir que las mismas personas no se clasifican de la misma manera a lo largo del tiempo”, cuenta. Como el cálculo del índice de herencia total usa el estudio del IBGE, no conseguiría eliminar discrepancias en la autoevaluación. Una alternativa, según Templeton más precisa, sería usar un método conocido como “marcadores informativos de la ascendencia”  (AIM, en la sigla en inglés), de los que se infieren contribuciones de ascendencia sin ninguna referencia al color. El problema es que ese enfoque puramente genético exigiría muchos más de 40 marcadores genéticos, el grupo del norteamericano usó casi dos mil. Aun así, de manera general él está de acuerdo con Pena, “la conclusión principal que yo obtendría de esos datos es que categorías raciales autodeclaradas son indicadores poco confiables de ascendencia genética en Brasil”.

En la práctica
El estudio liderado por Pena tiene un significado médico importante.  No por casualidad, él integró la investigación de la Red Brasileña de Farmacogenética, que investiga cómo la composición genética de cada persona influye a la hora de metabolizar los fármacos y tiene como objetivo llegar a una medicina personalizada. El trabajo de la caracterización de la ascendencia del brasileño ya viene sirviendo de base para otros estudios y, según el genetista, debe alterar la validez aceptada para ciertos estudios farmacológicos. “Es común que decir que estudios realizados en el Sur no son válidos para el Norte, porque la composición étnica es distinta; mostramos que no es así.” En otros países ya ha sido observado que varía la susceptibilidad a las enfermedades y la respuesta a los fármacos según la etnia.

Pena defiende que lo importante es entender que, en el caso del brasileño, lo que cuenta es la ascendencia  y no el color de la piel. De aquí en adelante el frente, según esa visión, los estudios farmacológicos deberían incluir informaciones sobre la ascendencia de los participantes. Y, en los casos en que un medicamento funciona mejor para ciertos grupos étnicos con relación a otros, sería necesario hacer el perfil de ascendencia del paciente antes de dictarse un tratamiento.  Desde el punto de vista social, para Pena los resultados refuerzan lo que él ya viene defendiendo hace años: “No se justifica querer ‘racializar’ Brasil”. La idea podría causar ecos en las políticas de cuotas, ya que una persona de piel oscura puede tener más antepasados europeos que una de piel más clara. Aunque admite que no es tan simple. Finalmente, la discriminación se basa en lo visible, no en análisis de ADN. “No existen razas, pero los racistas no le dan importancia a eso”, ironiza. Además de profesor en la UFMG, Sergio Pena también suministra pruebas genéticas de varios tipos, incluso perfiles de ascendencia, en su empresa Gen, pionera en esa área en América Latina. Para él, entender el mosaico que forma el brasileño y hace que sea imposible de definir a cada persona con respecto a su composición étnica tiene una importancia mucho más profunda que sus aplicaciones prácticas. “Estamos entendiéndonos como gente”, se enorgullece. “Más que nunca el Brasil, incluso con sus dimensiones continentales, es un único país.”

Artículo científico
PENA, S. D. J. et al. The genomic ancestry  of individuals from different geographical regions of Brazil is more uniform than expected. PLoS One. v. 6, n. 2. 2011.

Republicar