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Memoria

Cartografía en el Nuevo Mundo

Astrónomos del siglo XVIII determinaron latitudes en la Amazonia y escribieron acerca de la región

Biblioteca NacionalMapa de las cortes de 1749, trazado para el Tratado de Madrid. La línea roja muestra cómo era la división según el Tratado de TordesillasBiblioteca Nacional

Cuando América del Sur todavía era un amontonado de colonias hispanas y portuguesas, don Fernando VI, de España, y don João V, de Portugal, firmaron el Tratado de Madrid, en 1750, para definir los límites territoriales y dar por concluidas las habituales disputas. Para eso era necesario demarcar las tierras basándose en la ocupación real de los colonos de ambas naciones en América del Sur, quienes habían transformado en letra muerta el antiguo Tratado de Tordesillas, firmado en 1494. Para construir mapas y definir las fronteras naturales de las posesiones ibéricas, el gobierno portugués creó la primera Comisión Demarcadora de Límites, integrada por ingenieros, cartógrafos, astrónomos y un “trazador” (dibujante). Los astrónomos eran dos “curas matemáticos”, tal como se los denominaba: el jesuita croata Ignác Szentmártonyi y el presbítero secular italiano Giovanni Angelo Brunelli. Ambos trabajaron en la comisión que recorrió la Amazonia brasileña y no sólo aportaron mediciones, sino también relatos en los que intentaban separar la fantasía de la lógica y explicar los usos y costumbres del territorio.

Giovanni Brunelli (1722-1804) provenía del Observatorio Astronómico de la Academia de Ciencia del Instituto de Bologna y arribó a Belém en agosto de 1753 junto con los demás integrantes de la comisión. En 1754, la expedición partió de Belém para realizar la demarcación en tres grupos, para volver a reunirse en Mariuá (la actual Barcelos), en el río Negro. Estaban liderados por el gobernador del estado de Grão-Pará y Maranhão, Francisco Xavier de Mendonça Furtado, medio hermano de Sebastião José de Carvalho e Melo, el marqués de Pombal, en la época, secretario de Estado de don José I. El viaje se extendió durante 88 días. En Mariuá, la comisión esperó en vano el arribo de los españoles hasta 1758, cuando regresó a Belém. El encuentro había sido pactado para acordar la demarcación del territorio de las colonias de ambos reinos.

Brunelli se quedó en la Amazonia hasta 1761. Durante los ocho años en la región escribió tres relatos en forma epistolar. En 2010, Nelson Papavero, del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo, Nelson Sanjad y William Leslie Overal, del Museo Paraense Emílio Goeldi (MPEG), Abner Chiquieri, de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, y Riccardo Mugnai, de la Fundación Oswaldo Cruz, tradujeron por primera vez al portugués esos relatos y los publicaron en el Boletim de Ciências Humanas do MPEG (mayo-agosto). “Pertenece a Brunelli la mención más antigua conocida acerca del candirú, también denominado pez vampiro, un pez muy pequeño y temido en la Amazonia porque, a veces, según se cree, penetra en la uretra de quien se baña en los ríos”, comenta el zoólogo Papavero. El relato se encuentra en el libro Sobre o rio Amazonas, publicado en Italia en 1791.

Los otros dos textos de Brunelli llaman la atención por sus detalladas descripciones y por el afán por explicar algo que parecía misterioso. En el primer caso, Sobre a mandioca, publicado en 1767, detalla cómo se realizaba el plantío, la preparación y el consumo de la mandioca por parte de los indígenas y la población amazónica. “Es una mirada etnográfica. El relato acerca del uso de esa raíz es novedoso y muy preciso”, dice Nelson Sanjad, investigador de historia de la ciencia del Museo Goeldi. “Brunelli no demuestra desdén ni prejuicio y escribe repetidamente que la harina de mandioca, por ejemplo, resulta muy sabrosa”. En el segundo caso, Sobre a pororoca, publicado también en 1767, el italiano se muestra impresionado con el fenómeno que ocurre en las zonas de la desembocadura del Amazonas y del Tocantins algunas veces al año, y no se contenta con las fantasiosas explicaciones de la época. Mediante la observación, intenta comprender qué sucede, pero también se equivoca: en su opinión, la pororoca [n. del tr.: del tupí-guaraní pororó-ká: gran estruendo, una ola que invade desde el mar, río arriba], tendría su origen en canales subterráneos por donde fluiría y refluiría el agua en cantidad y con gran fuerza. Constituyó uno de los primeros intentos de explicar el fenómeno a la luz de la razón, cuando aún no se conocía la compleja hidrografía de la región.

El astrónomo y cartógrafo Szentmártonyi (1718-1793) tuvo una vida mucho más accidentada que el italiano por razones políticas. Cuando Pombal decretó la expulsión de los jesuitas de todo el reino, en 1759, fue apresado en Belém y permaneció encarcelado en Portugal durante 18 años. Durante su estancia en la Amazonia determinó la longitud de Belém, realizó observaciones astronómicas para el mapa hidrográfico de parte de los ríos Amazonas y Negro, trabajó con las latitudes y longitudes para la realización de una serie de cartografías de las ciudades y aldeas ribereñas y escribió un relato acerca de las tribus de los ríos Negro y Orinoco.

El esfuerzo por parte de estos astrónomos por discernir entre la certeza, lo probable y lo improbable  – que aparece especialmente en los textos de Brunelli – se ve reflejado en los diversos relatos de naturalistas que describieron la Amazonia hasta el siglo XIX. “Ésa es una de las características de la historia de la ciencia y de la historia de la literatura relacionadas con la región”, expresa Nelson Sanjad.

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