Imprimir Republicar

Año Internacional de la Química

La medicina está compuesta por moléculas

Los componentes químicos se encuentran en la esencia de enfermedades, diagnósticos y tratamientos

CHRISTINE BALDERAS/GETTY IMAGESEl 8 de junio, aquéllos que asistieron a las conferencias del ciclo que celebra el Año Internacional de la Química, tuvieron la oportunidad de observar a la medicina desde un ángulo bastante diferente del habitual. En lugar de comenzar por el paciente y sus síntomas, la química medicinal se concentra en las moléculas que se encuentran en la esencia de la enfermedad y de su cura. La terna de disertantes, garantía de un enfoque amplio, estuvo coordinada por la química Heloisa Beraldo, de la Universidad Federal de Minas Gerais. La genetista Silvia Rogatto, de la Facultad de Medicina del campus de Botucatú de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), reveló de qué manera la genética (los genes son moléculas) se encuentra por detrás del cáncer de pene y cómo puede contribuir para su diagnóstico. Los químicos Luiz Carlos Dias, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), y Eliezer J. Barreiro, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), citaron el protagonismo de la química en la búsqueda de nuevos fármacos y el rol que la investigación brasileña puede cumplir en ese desarrollo. El ciclo de conferencias, una iniciativa de la FAPESP y de la Sociedad Brasileña de Química, prosigue hasta noviembre, cada mes con una temática diferente y que será relatada en este espacio.

El comienzo del encuentro con la genética fue pertinente: según Barreiro (el padre de la química medicinal en Brasil, en opinión de Heloisa), la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN) constituyó el descubrimiento más rutilante de la historia de la ciencia. El hallazgo, que significó el Premio Nobel en 1962 para el físico Francis Crick, el biólogo James Watson y el médico Maurice Wilkins, es lo que ahora permite a Silvia Rogatto comprender mejor el cáncer de pene, una enfermedad de los países pobres, explicó ella. Ese tipo de cáncer resulta raro en los países ricos y, en Brasil, es más común en las regiones norte y nordeste (donde afecta al 5,3% y el 5,7% de la población masculina respectivamente) que en el sudeste (el 1,2% de incidencia). La genetista develó parte de la explicación: el papilomavirus humano (PVH) se encuentra presente en una porción significativa de los pacientes con cáncer de pene. Entre 36 pacientes evaluados en la ciudad de São Paulo por un estudio de su laboratorio, el 42% también estaban infectados con el virus. El PVH representa un factor importante en el desarrollo del cáncer cervicouterino y de orofaringe, y hace ya tiempo que se discutía la importancia de vacunar también a los hombres contra el virus (lea en Pesquisa FAPESP nº 157), una cuestión que avanzó cuando en mayo de este año la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) aprobó el uso de la vacuna para el sexo masculino.

La decisión es bienvenida, ya que la investigación indica que la asociación entre el virus y la vacuna no es casual. Silvia mostró que el PVH interfiere directamente en el control de la proliferación celular y propicia que las células se multipliquen en forma descontrolada, cuando parte del material genético del virus se inserta en el ADN de la persona infectada. Al transmitirse sexualmente, las regiones mayormente afectadas son el pene, los órganos genitales femeninos y la zona de la boca y garganta (u orofaringe), como consecuencia del sexo oral, por ejemplo.

Los estudios realizados por el grupo de Silvia están revelando que algunas alteraciones en el genoma humano son típicas de los tumores, y sugieren que comportan una función crítica para la instalación del cáncer. Algo todavía más importante, es que la genetista expuso que resulta esencial determinar la presencia o no del PVH para definir el curso del tratamiento. Los pacientes con cáncer de pene infectados por el virus tienen una sobrevida más larga que aquéllos que no lo tienen. En la práctica, son enfermedades distintas, y se conoce menos al respecto de la versión del cáncer de pene no asociado al virus. Además, la expectativa de vida se reduce con mayor número de alteraciones en el ADN tumoral. “El perfil genético nos brinda una idea de la evolución del paciente y puede utilizarse como indicador de la enfermedad”, manifestó la investigadora, cuyo laboratorio se encuentra catalogando esos indicadores, algunos, como blancos terapéuticos.

Sin contentarse con el listado de los genes, la investigación del grupo de la Unesp y del Hospital AC Camargo identificó redes génicas – genes que influyen unos sobre otros y funcionan de manera coordinada – relacionadas con las enfermedades estudiadas y con la respuesta inmunológica e inflamatoria. En conjunto, los resultados reflejan claramente la importancia de caracterizar genéticamente al paciente para tratarlo y prever el curso de la enfermedad. “Los criterios para el tratamiento de los pacientes con cáncer no consideran su individualidad genética”.

Silvia y su equipo prosiguen profundizando la comprensión de cómo interactúan el cáncer, el virus y el genoma: intentan entender el papel de los micro-ARN en la regulación del funcionamiento de los genes y de los efectos conocidos como epigenéticos, en los que la secuencia genética no se ve alterada, aunque compuestos químicos ligados al ADN afecten su actividad en un proceso conocido con el nombre de metilación, que consiste en la inserción de un grupo metilo (CH3) en una de las bases del ADN. “Hallamos una vía metabólica para casi todos los genes alterados por metilación. Es algo sorprendente”, comentó la investigadora.

La preocupación de Silvia no se limita solamente a ese tipo de cáncer. “Si la relación con el PVH vale para el pene, también debe ser importante para la zona de la orofaringe, y es necesario alertar a los jóvenes para evitar la dolencia”. El foco en la juventud se debe al mayor riesgo de transmisión del PVH cuando es mayor el número de compañeros sexuales. La prevención resulta esencial, dado el fracaso hasta ahora, según la genetista, en cuanto a obtener fármacos efectivos contra la enfermedad.

EDUARDO CESARSilvia Rogatto, Luiz Carlos Dias y Eliezer J. BarreiroEDUARDO CESAR

Nuevos medicamentos
La búsqueda de la base para los nuevos fármacos es precisamente lo que ocupa a Luiz Carlos Dias, de la Unicamp. “Alrededor de 80% de los fármacos son de origen sintético”, manifestó. La aspirina, uno de los medicamentos más vendidos en el mundo, es totalmente sintética. La atorvastatina, utilizada para controlar el colesterol es, en su opinión, el “mayor blockbuster de la industria farmacéutica”, es una sustancia sintética desarrollada a partir de una molécula natural. La producción de esos fármacos está a cargo de las potencias de la industria farmacéutica, pero el investigador subrayó la importancia capital de la investigación científica: “Son los químicos medicinales quienes brindan las informaciones para la producción de esas moléculas mediante estrategias de síntesis orgánica.”

La idea no pasa solamente por encontrar nuevos compuestos para combatir enfermedades que carecen de tratamiento, sino también perfeccionar los existentes: reducir la utilización de solventes, el gasto energético, y la producción de residuos durante los procesos de fabricación. Un ejemplo es la migrastatina, una sustancia inicialmente aislada de la bacteria Streptomyces platensis, que inhibe los procesos de metástasis. “la molécula sintética que desarrollamos en nuestro laboratorio es más potente que la natural”, comentó Dias.

Él se encuentra abocado a la búsqueda de sustancias terapéuticas contra afecciones olvidadas, como es el caso del mal de Chagas. Como miembro del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Fármacos y Medicamentos (INCT-Inofar), coordinado por Eliezer J. Barreiro, de la UFRJ, Dias participa en proyectos destinados a la producción de principios activos de medicamentos cuya patente se encuentra próxima a caducar. Un importante éxito reciente fue lograr sintetizar la atorvastatina mediante un procedimiento inédito, diferente al que ya se conocía, un logro que puede visualizarse como una mejoría en relación con el proceso utilizado hasta ahora. “Necesitamos una interacción cada vez mayor entre el gobierno, la industria y la universidad”, ponderó, citando a la India y China como ejemplos de países que invirtieron en su independencia en la producción de fármacos. “A Brasil le resulta aún fácil comprarle a la India y China, pese al bajo control de calidad en la producción de esos insumos y a la posibilidad de su degradación durante el transporte, que exige etapas de purificación antes de ser envasados para su distribución”.

La “ruta de las Indias” de los fármacos, también forma parte de las preocupaciones de Barreiro. “Necesitamos resolver la dependencia de las importaciones de fármacos, medicamentos y adyuvantes farmacotécnicos”, afirmó. Y en ese sentido es que actúa el INCT-Inofar. “Tenemos la responsabilidad de inventar moléculas que puedan comportarse como mensajeras de la salud”.

Para ello, remarca que el químico medicinal, artífice de una infinidad de elementos, necesita dominar las condiciones interdisciplinarias que caracterizan a la actividad científica. Tal como sucediera con el descubrimiento de la estructura del ADN, que involucró a un físico, un biólogo y un médico, el químico medicinal carioca destacó que las conquistas científicas más importantes de la historia surgieron del encuentro entre disciplinas. Más aún, se hace necesario unir la creatividad con la innovación. “Los métodos antiguos tal vez permitan descubrir, ahora, el seis, después de conocer la media docena”, ironizó. El ambiente propicio para esa creatividad, según su entender, se encuentra en la universidad, y no en los muy equipados grandes laboratorios farmacéuticos, que Barreiro considera que atraviesan una crisis de creatividad, revelada por el desarrollo de escasos nuevos compuestos durante los últimos años, aunque cuenten con tecnología de punta a su disposición. Conjugar mentes y tecnología es la gran vocación del Inofar, mediante la integración de profesionales con enfoques y formaciones diferentes.

Además de científico, el asunto también es político, como ya habían demostrado Silvia y Dias con sus estudios acerca de las enfermedades que afectan sobre todo a las regiones menos pudientes del planeta. “En un país como el nuestro, el químico medicinal precisa tener noción de su importancia; la investigación no es ideología, aunque su impacto social es importante”, afirmó Barreiro, lejos de considerar la observación como una contrariedad. “La capacidad científica del país avala nuestra soberanía en el área de fármacos”.

Con un posicionamiento dentro de la producción científica mundial que está mejorando, un buen avance en la generación del conocimiento, en la divulgación de la ciencia, en la innovación tecnológica y en el sector empresarial “todos concatenados”, el coordinador del INCT-Inofar evalúa que Brasil se halla en el camino correcto. Otro motivo para festejar fue la presencia de los jóvenes estudiantes del Instituto Técnico de Barueri, ciudad cercana a la capital paulista, que abarrotaron el auditorio: la importancia de la formación de nuevos profesionales conscientes del desafío fue mencionada por todos los disertantes. “Los químicos medicinales lidian con una infinidad de piezas; es necesario persistir, perseguir y conseguir”, concluyó Barreiro.

Republicar