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Historia

Ciencia dentro de la empresa

Una estrategia de la FAPESP influyó en el panorama brasileño de la innovación

El empeño de la FAPESP por diseminar la investigación en el ámbito empresarial y acercar a la universidad al sector productivo tuvo una destacada influencia en el panorama de la innovación en Brasil. La primera instancia fue el Programa de Apoyo a la Investigación en Asociación para la Innovación Tecnológica (Pite), lanzado por la Fundación en 1995, que estableció un mecanismo pionero en el país de colaboración entre empresas y universidades para afrontar desafíos tecnológicos. La inversión de la FAPESP en cada proyecto, desarrollado dentro del ambiente académico, exige una contrapartida financiera por parte de la empresa interesada. Eso no sólo eleva el volumen de recursos sino que garantiza que el interés del sector privado es genuino y podrá generar innovaciones de impacto para el mercado. El Pite cuenta con 106 proyectos terminados y 68 aún en curso, y tomó impulso en 2010 bajo la modalidad Pite Convenio, mediante la institución de cooperaciones con grandes empresas, tales como Vale, Whirlpool y Sabesp. Hasta 2009 se aprobaron, en promedio, 8,4 proyectos por año. En 2010 sumaron 43. Durante ese mismo año se analizaron 123 propuestas en el ámbito del Pite, una cantidad 7 veces mayor que el promedio de propuestas analizadas entre 1995 y 2009 (vea los diagramas). “El incremento del número de proyectos es el resultado de un aumento significativo del interés del sector privado en el acceso a la innovación y también se debe a la iniciativa de la FAPESP de formalizar acuerdos con grandes empresas, lo cual ayuda a organizar la búsqueda y selección de colaboradores”, explica el director científico de la FAPESP, Carlos Henrique de Brito Cruz, quien participó en la implementación de los programas cuando fue presidente de la FAPESP, entre los años 1996 y 2002.

Dos años después del nacimiento del Pite surgió el Programa FAPESP Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe), también pionero, aunque por el hecho de invertir en investigación y desarrollo dentro de pequeñas empresas, utilizando recursos no reembolsables. El Pipe, con 905 proyectos terminados y 93 en curso, fomenta proyectos de empresas que involucren innovación tecnológica con potencial comercial y dispongan de un equipo de investigación compatible con los desafíos propuestos. Quien recibe los recursos por parte de la Fundación es el investigador responsable que se desempeña dentro de la empresa. Los proyectos incluyen desde los estudios de factibilidad técnica de una idea creativa, conocida como fase 1, hasta el desarrollo de la investigación y del prototipo de su resultado, la fase 2. “Mientras que el Pite promueve la cooperación entre empresas y universidades, el Pipe intenta estimular el surgimiento de una cultura de investigación en la pequeña empresa”, resume Sérgio Queiroz, docente del Departamento de Política Científica y Tecnológica del Instituto de Geociencias de la Unicamp y coordinador adjunto del área de Investigación para la Innovación de la FAPESP.

El impacto económico del Pipe resulta notable. Un artículo publicado en junio en la revista Research Evaluation presentó los resultados de una evaluación de los proyectos terminados entre 1997 y 2006. La relación costo-beneficio es elevada: cada real destinado por la FAPESP generó un retorno de 10,50 reales. Cuando se contabilizan también las inversiones en los proyectos realizados por las propias empresas y otros inversores, la relación es de 5,98 reales por cada real aportado. La creación de empleos calificados constituye otro importante beneficio: las empresas con proyectos Pipe aumentaron en un 29% la cantidad de empleados. El crecimiento del contingente de personal con nivel universitario fue de un 60% y el de profesionales doctorados, de un 91%. “El impacto económico del Pipe es sustancial y se encuentra en crecimiento”, escribió el autor del artículo, Sergio Salles-Filho, profesor en la Unicamp y uno de los coordinadores del Grupo de Estudios sobre Organización de la Investigación y de la Innovación (Geopi), vinculado con la universidad, quien evaluó el programa por solicitud de la FAPESP.

La influencia del Pipe y del Pite puede medirse en al menos tres niveles. En el plano nacional, se le atribuye al Pipe la inspiración para el surgimiento de un programa similar a nivel federal, el Programa de Apoyo a la Investigación en Empresas (Pappe), una iniciativa de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) lanzada en 2004. En el estado de São Paulo, en función de la existencia del Pipe, la FAPESP y la Finep acordaron un formato para implementar el Pappe con características diferenciadas, que conformarán el programa Pappe-Pipe III. En ese ámbito, las empresas ya financiadas por el Pipe obtendrán recursos para la fase 3, en la que luego del desarrollo de la idea y el prototipo, podrán invertir en un plan de negocios. “Las iniciativas de la FAPESP rompieron con viejos paradigmas y ayudaron a catalizar un cambio cultural que superó la resistencia de universidades y empresas y devino en la creación de la Ley de Innovación, en 2004”, dice José Fernando Perez, director científico de la FAPESP entre 1993 y 2005, la época en la que pusieron en práctica ambos programas.

En el plano local, hubo una transformación en la forma en que se relacionan las universidades y las empresas innovadoras, lo cual exigió un cambio dentro de la propia FAPESP, habituada a evaluar e invertir en proyectos generados dentro del ámbito académico. La Constitución estadual de 1989 amplió el volumen de recursos para la FAPESP, del 0,5% al 1% de la recaudación tributaria del estado, e incorporó a los objetivos de la Fundación la aplicación — en desarrollo científico y tecnológico —, cuando con la Constitución predecesora, la de 1947, existía meramente una mención a la “investigación científica”. A partir de ese hito, comenzó el debate acerca de las mejores formas de apoyar la investigación dentro de las empresas.

038-041_50AnosFAPESP_187El formato del Pite se inspiró en los matching funds (Programa de fondos equivalentes) estadounidenses, en los cuales el dinero público aplicado requiere de una contrapartida del sector privado. La ventaja del formato consiste en que evitaba la dispersión de recursos en proyectos tecnológicos sin vínculo con la innovación. “El concepto era cuidadoso. Era la primera vez que incorporábamos la palabra empresa en el diccionario de la Fundación. En la coyuntura previa, muchos proyectos se denominaban como tecnológicos pero no apuntaban al mercado. Con el nuevo modelo, las empresas debían mostrarse interesadas y querer invertir”, dice José Fernando Perez.

El sendero recorrido por el Pite generó el espacio para el Pipe, que presentaba un concepto más osado, al invertir directamente en el ámbito de la empresa y utilizar recursos que no serían repuestos, sin la exigencia de contrapartidas. Una fuente de inspiración fueron los programas SBIR (Small Business Innovation Research), de Estados Unidos. Instituidos mediante una ley de 1982, que determinó la creación de iniciativas de fomento a la innovación en pequeñas empresas, para las agencias con un presupuesto superior a los 100 millones de dólares, dichos programas existen actualmente en 11 instituciones de apoyo a la investigación, tales como la Nasa, la National Science Foundation y los National Institutes of Health. En el primer llamado, en 1997, se remitieron 80 propuestas para su evaluación a cargo de asesores y 32 fueron contempladas. “El Pipe se consolidó porque ya nació fuerte”, dice Perez.

Un tercer nivel en el que puede medirse el impacto de los programas es el del propio ámbito empresarial. Una evaluación solicitada por la FAPESP al Geopi midió el desempeño de los programas de cooperación tecnológica y de investigación en pequeñas empresas concluidos hasta 2006. En el caso del Pite, se analizaron 65 proyectos. Las cooperaciones involucraban, en su mayoría, a universidades e instituciones públicas (95%) y grandes empresas brasileñas (un 67% con más de 500 empleados y un 82% de capitales nacionales). La FAPESP invirtió 43,1 millones de reales en ellos, o 525 mil reales, en promedio, por cada uno. Mediante la contrapartida de las empresas, el valor total por investigación se elevó hasta 1,1 millones de reales.

Los datos revelan que el 60% de los proyectos resultó en el desarrollo de tecnologías y nuevo conocimiento, aunque sin aplicación inmediata, mientras que un 30% generó innovaciones en el ámbito nacional y mundial, y un 10% redundó en innovaciones en el entorno de la empresa. Un dato importante: el 69% de las empresas y el 76% de las instituciones de investigación formalizaron nuevos convenios luego del Pite y señalan a la experiencia fomentada por la FAPESP como una gran motivación para repetirlas. Uno de los primeros proyectos aprobados involucró un convenio entre el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT) y la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN), para superar desafíos tecnológicos en el desarrollo de aceros con mayor eficiencia energética para la construcción de motores, generadores y transformadores eléctricos, un mercado en el cual la empresa no participaba. En 1996, Serrana Mineração y un grupo del Instituto de Química de la Unicamp formalizaron un convenio para el desarrollo de pigmentos en base a fosfatos de iones metálicos, para sustituir al dióxido de titanio de las pinturas blancas y crear nuevos pigmentos coloridos. La empresa Natura selló asociaciones con instituciones tales como la USP, Unicamp, IPT y Unesp, en procura de formas de utilización de la goma de anacardo y algas marinas como cosméticos, o de plantas brasileñas como fuente de fragancias y sustancias antioxidantes. La lista de empresas participantes fue extensa y engloba a algunas como Petrobras, Dedini y Oxiteno.

En opinión de Sérgio Queiroz, una futura evaluación del Pite revelará una realidad diferente, ya que el programa se fortaleció mediante la celebración de convenios entre la FAPESP y grandes empresas. El principal caso lo constituye el convenio entre la FAPESP y la empresa Vale S.A., lanzado el año pasado, que destina 40 millones de reales, divididos entre la empresa y la Fundación, en proyectos que contribuyan al avance y a la aplicación del conocimiento en las áreas de minería, procesos ferrosos para siderurgia, energía, ecoeficiencia y biodiversidad, entre otros. “Apuntamos al desarrollo de tecnologías y de procesos capaces de modificar paradigmas dentro de Vale. No se trata solamente de obtener beneficios mayores ni puntuales”, dijo Luiz Eugênio Mello, director del Instituto Tecnológico Vale (ITV), que constituye el brazo de investigación de la minera, durante la firma del convenio. Otro ejemplo lo constituye el acuerdo firmado entre la Fundación y la empresa Sabesp en 2009, con una inversión prevista en 50 millones de reales durante cinco años, para proyectos sobre variados temas de interés de la empresa.

El gobernador Covas, el secretario Emerson Kapaz, el rector de la USP, Jacques Marcovitch, el presidente de la FAPESP, Carlos Henrique de Brito Cruz (al micrófono) y el director científico José Fernando Perez, durante el anuncio de los 32 proyectos contemplados en la primera convocatoria del Pipe, en 1997

Archivo personalEl gobernador Covas, el secretario Emerson Kapaz, el rector de la USP, Jacques Marcovitch, el presidente de la FAPESP, Carlos Henrique de Brito Cruz (al micrófono) y el director científico José Fernando Perez, durante el anuncio de los 32 proyectos contemplados en la primera convocatoria del Pipe, en 1997Archivo personal

Para el caso del Pipe, que apoya la investigación en las pequeñas empresas, aproximadamente un 60% de los 214 proyectos contemplados generaron innovaciones tecnológicas. Esto representó 111 innovaciones con base tecnológica, referidas a productos, software, y procesos. Cada empresa recibió, en promedio, 247 mil reales. El índice de mortalidad de las empresas, en el orden del 8%, resulta inferior al patrón brasileño, que alcanza un 70%.

La demanda por el Pipe se encuentra estabilizada, lo cual es un dato que será investigado en profundidad durante la próxima evaluación del programa. “Nos agradaría recibir aún más propuestas que las que hemos recibido”, dice Sérgio Queiroz. No obstante, se considera que el programa ha cumplido sus objetivos, gracias también al perfeccionamiento del sistema de evaluación de los proyectos. Cuatro coordinadores del programa han realizado una labor de seguimiento, con visitas a las empresas financiadas, los cuales permiten identificar signos positivos y problemáticas. “A menudo sucede, en el momento de la visita, que la empresa que aparenta estar bien encaminada no se muestra tan prometedora, así como también hay casos que denominamos ‘fracasos exitosos'”, dice Queiroz, en referencia a situaciones en las que las empresas, a pesar de los malos resultados en el proyecto, logran promover una cultura de la investigación. “Visitamos una empresa que intentaba desarrollar una tecnología para remover el olor en los residuos plásticos reciclables. El proyecto no prosperó, pero, cuando lo apreciamos en detalle, comprobamos que la facturación de la empresa se había multiplicado por 10, debido a la cultura investigativa implementada, mediante la cual se resolvieron otros problemas”, comenta Queiroz.

Existen centenares de ejemplos de proyectos exitosos del Pipe en diversas áreas del conocimiento. El físico Spero Penha Morato, quien presidió el Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen) entre 1990 y 1995, es socio de dos empresas que se beneficiaron con el programa de la FAPESP. En 1998 fundó LaserTools Tecnologia, una empresa especializada en aplicaciones láser para la industria y en el área de la salud. En 2004 ayudó en la creación de Innovatech, que desarrolló un stent en el país, la prótesis utilizada para mantener el flujo sanguíneo en las arterias esclerosadas.

Con la finalidad de estimular la presentación de proyectos bien estructurados, la FAPESP comenzó a divulgar en la página web del programa una sugerencia que hace las veces de guía para los proyectos y muestra los errores más habituales en las propuestas. “La FAPESP también ha comenzado a considerar el esfuerzo y la capacidad de las empresas para atesorar su propiedad intelectual. Con estas medidas, ha logrado mejorar la calidad de las propuestas”, dice Carlos Henrique de Brito Cruz. Un mes antes del plazo final otorgado por los llamamientos a la presentación de propuestas, la FAPESP organiza una reunión e invita a los investigadores interesados a conocer mejor el programa y despejar dudas. Un proyecto presentado durante una de esas reuniones, realizada en diciembre de 2010, resume los objetivos del programa. El empresario y fisioterapeuta Jefferson Garcia propuso un proyecto que resultó en una innovación para sillas de ruedas. En colaboración con un grupo de la Facultad de Odontología de Piracicaba (FOP), de la Unicamp, creó un prototipo de propulsión invertida de sillas de ruedas. Según Garcia, los estudios demostraron que el modo de desplazarse girando las ruedas hacia el frente fuerza demasiado la musculatura. Con el movimiento contrario al del desplazamiento, según él, el usuario sufre menor desgaste. El equipo desarrolló un dispositivo de inversión del movimiento de las ruedas, que incluye una llave bloqueadora, con la cual el usuario puede optar por alternar la propulsión convencional y la invertida. “Ahora la idea es producir ruedas que podrán adaptarse a cualquier silla”, manifestó Garcia.

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