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Nutrición

Los peligros del ayuno

Permanecer demasiado tiempo sin alimentarse puede ocasionar graves desequilibrios en el organismo

eduardo cesarPiénselo dos veces antes de pasar hambre durante la semana para repantigarse con la feijoada del sábado. Están surgiendo indicativos de que permanecer mucho tiempo sin comer para más tarde realizar una comilona puede resultar poco saludable. Mediante estudios en animales se ha demostrado que el ayuno prolongado alternado por momentos de alimentación excesiva puede alterar el metabolismo de la insulina, la hormona que promueve el ingreso y metabolización de la glucosa en las células, favoreciendo la aparición de diabetes.

El alerta proviene de un estudio realizado por la nutricionista Fernanda Cerqueira durante su doctorado en el Instituto de Química de la Universidad de São Paulo (USP), bajo la dirección de Alicia Kowaltowski.  Fernanda recelaba que las dietas que restringen el consumo de alimentos pudieran ocasionar efectos diferentes sobre el organismo, aunque todas hicieran adelgazar. Como resulta complicado realizar ese tipo de estudio con personas, Fernanda sometió a alrededor de 100 ratones a diferentes regímenes de restricción dietética durante nueve meses, algo equivalente a casi 20 años en la vida de una persona. Los dividió en cuatro grupos: el de control, que podía comer a voluntad; el de restricción calórica, que recibía un 60% de la dieta estándar y un complemento de vitaminas y sales minerales; el de restricción completa, que recibía una dieta menor en un 60%, sin suplementos vitamínicos, y el de dieta intermitente, alimentado un día sí, un día no.

Las mayores sorpresas aparecieron en el grupo sometido a la dieta intermitente. Luego de permanecer un día en ayunas estaban hambrientos y, de un solo tirón, comían el doble que los ratones del grupo control. También perdieron peso, aunque solamente por pérdida de masa muscular, manteniendo la misma cantidad de grasa visceral que los del grupo control. De la misma manera, los animales sometidos al ayuno absorbían la glucosa, pero la aprovechaban menos. La explicación factible reside en la acumulación de radicales libres, que son compuestos químicos bastante reactivos que aparecieron en cantidades mayores que en los animales del grupo control. Los animales que soportaron el ayuno periódico presentaban ocho veces más peróxido de hidrógeno, un compuesto altamente reactivo. El peróxido es una molécula derivada de los radicales superóxidos, que participan en la formación de peroxinitrito, que se adhiere a una molécula denominada receptor de la insulina. Al mismo tiempo, el receptor activa otras moléculas y provoca el ingreso de la glucosa en las células.

“La insulina continúa uniéndose al receptor, pero la respuesta del receptor es menor que la normal”, dice Fernanda. En su opinión, la reacción del peroxinitrito con el receptor de la insulina es un fenómeno irreversible y la consecuencia es que las células, principalmente las del tejido muscular, reciben y metabolizan menos glucosa que la necesaria. “Aún pesando menos, los ratones sometidos a la dieta intermitente perdieron la regulación metabólica adecuada”, dice Alicia. “Los efectos del ayuno frecuente deberían investigarse con mayor profundidad también en los seres humanos”.

Patrón sedentario
Los resultados obtenidos con animales de laboratorio no pueden ser simplemente extrapolados a la realidad humana. La primera razón de ello es que los animales del grupo control pueden no ser los modelos ideales para apuntar resultados. En 2010, en la PNAS (Proceedings of the National Academy Sciences), investigadores de Estados Unidos demostraron que los ratones de bioterio, por comer cuando y cuanto quieren y ser sedentarios, son resistentes a la insulina, presentan predisposición a la inflamación y pesan un 20% más que los animales silvestres.

“Los animales de laboratorio utilizados como control en muchas investigaciones biomédicas corresponden al normal sedentario, no al normal activo”, dice Francisco Laurindo, investigador del Instituto del Corazón, en la Facultad de Medicina de la USP. Asimismo, el organismo humano sigue una lógica similar a la de los roedores, lo cual sugiere que tanto los fenómenos observados, como sus efectos, deben ser similares. “La restricción calórica puede funcionar como un leve estrés, preparando al organismo para una situación subsiguiente de estrés más intenso”, dice Laurindo.

Las dietas de restricción alimenticia incluso pueden ayudar a la gente a recuperarse de enfermedades y atenuar los efectos del exceso de medicamentos. Quien sufrió un infarto debe tomar muchos remedios y realizar una dieta que restringe el consumo de alimentos grasosos, una de las causas de las afecciones cardíacas. El grupo de Laurindo halló una alternativa: la dieta mediterránea, basada en verduras, legumbres, frutas y aceite de oliva como principal fuente de grasas. En un estudio realizado con 19 personas que siguieron una dieta tradicional y 21 que siguieron otra mediterránea, ambas provocaron disminución de peso y mejoraron la presión arterial y otros indicadores de problemas cardíacos. “La diferencia”, dice, “consiste en que la dieta mediterránea resulta  más sabrosa y permite el consumo moderado de queso, aceite y vino”.

Graduada en nutrición en Goiânia, actualmente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, en Estados Unidos, Fernanda desconfiaba también de las dietas que recomendaban a la gente que comiera poco cada tres horas. Ella pensaba que esa estrategia podría mantener la insulina y la glucosa en niveles elevados, pero el experimento con los ratones la hizo repensarlo. “Ayunar y posteriormente comer mucho puede generar una sobrecarga de nutrientes y picos de insulina y radicales libres”. El exceso de calorías puede provenir no sólo de la comida, sino también de la cerveza, del vino y otros placeres del fin de semana. “Las células no distinguen la fuente de las calorías, que también provienen de las bebidas alcohólicas”.

Artículos científicos
CERQUEIRA, F.M. et al. Long-term intermittent feeding, but not caloric restriction, leads to redox imbalance, insulin receptor nitration, and glucose intolerance. Free Radical Biology and Medicine (en prensa).
THOMAZELLA, M.C.D. et al. Effects of high adherence to Mediterranean or Low-Fat Diets in medicated secondary prevention patients. American Journal of Cardiology (en prensa).
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