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Carta de la editora | 188

El rompecabezas del Hemisferio Sur

Ya de pequeña, yo sentía un aprecio especial por los mapas más simples, visualmente limpios, y una pertinaz antipatía por aquéllos que me parecían extremadamente confusos y tan excesivos en su volumen de información que me era imposible abarcarlos como una unidad. Por eso apreciaba los mapas políticos, por ejemplo, el de Brasil, el de América del Sur y el de Estados Unidos, con sus ángulos rectos y sus estados casi cuadrados, mientras que me producían un verdadero rechazo los mapas de geografía física, abarrotados con las líneas desordenadas y las manchas irregulares del relieve y las cuencas hidrográficas. Recuerdo haber calcado con gran satisfacción, a mis 8 ó 9 años de edad, un mapa de la distribución (precaria me imagino, en aquel tiempo) de las tribus indígenas de Brasil, porque la presencia de gés, tapuias, tupíes, guaraníes, aimorés, etc., estaba señalada dentro del perfil del territorio brasileño con cruces, círculos, rayas y otros patrones de esa índole que para mí constituían algo de la intensidad de un juego. Me acuerdo de eso mientras chequeo una prueba del reportaje de tapa de la presente edición, contemplando con deleite el mapa de América del Sur, con diversas áreas marcadas en colores negro, azul, gris, blanco, algunos tramos rayados, otros punteados, y compruebo cuán duraderas resultan algunas de las percepciones de la primera infancia. Resulta placentero mirar y leer este mapa.

Aunque no quisiera ser injusta: son el propio objeto y la esmerada calidad del reportaje elaborado por el editor especial Carlos Fioravanti, aparte del mapa, lo que vuelven cautivante a ese conjunto de seis páginas escogido como tema de tapa para la presente edición de la revista Pesquisa FAPESP. Nos topamos aquí con estudios geológicos que estimulan nuestra imaginación para evocar el remotísimo pasado de la Tierra y, simultáneamente, ofrecen inestimables pruebas empíricas bajo la forma de pillow lavas, cuerpos de magma basáltico similares a burbujas o, tal como el mismo nombre sugiere, almohadas, para cimentar el montaje científico del rompecabezas geológico con piezas de distintos orígenes y épocas que conformaron lo que hoy es Sudamérica. Vale la pena comprobarlo a partir de aquí.

También sugiero a los lectores prestar especial atención al reportaje que referente a los nuevos datos sobre la dieta de Luzio, el habitante prehistórico más antiguo (10 mil años) hallado en el territorio paulista en el año 2000, elaborado por el editor especial Marcos Pivetta (pinche aquí). Lo propio vale para el reportaje de Carlos Haag, nuestro editor de humanidades, acerca del debilitamiento del culto umbanda entre las religiones del país, aunque manteniendo su poder cultural de inclusión (haga clic aquí), y, en tecnología, para el reportaje de Evanildo da Silveira acerca de la investigación que reveló que el hormigón de alta resistencia, contrariamente a la convicción generalizada hasta ahora entre los ingenieros, no explota ni se degrada cuando se lo somete a altas temperaturas. Es decir que parece ser una materia prima muy adecuada para que las construcciones resistan eventualmente al fuego (a partir de aquí).

Finalizo con otra agradable incursión en los asuntos del Hemisferio Sur. Mejor dicho, del Atlántico Sur. Me refiero a la entrevista tipo ping-pong con el historiador Luiz Felipe de Alencastro, expuesta a partir de aquí, cuya temática central gira en torno de cómo la formación de Brasil estuvo determinada por las relaciones económicas y políticas establecidas en el Atlántico Sur, es decir, entre América del Sur y África, desde el siglo XVI hasta el ocaso del tráfico de esclavos, en la segunda mitad del siglo XIX. Su relato resulta fascinante, entre otras razones, porque se aparta, basándose en una abrumadora documentación, del tradicional eje vertical, de las relaciones Norte-Sur, para abordar la formación histórica de Brasil. Así es como Alencastro narra una aún mal conocida historia sobre nosotros mismos.

¡Buena lectura!

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