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Cooperación

Puentes entre disciplinas

Un experto aboga a favor de la convergencia tecnológica, una estrategia que agrupa a diversas áreas en temas de frontera

Las cuatro áreas de la NBIC, la mayor expresión actual de convergencia

Mihail Roco, ingeniero de ascendencia italiana nacido en Rumania y una de las mayores autoridades en nanotecnología de Estados Unidos, visitó São Paulo en noviembre para motivar a los investigadores brasileños a trabajar en conjunto con colegas de otras áreas en proyectos amplios, ambiciosos, con alto impacto científico, económico y social. Ese abordaje de trabajo multidisciplinario actualmente es denominado convergencia tecnológica, una temática debatida en Europa, Estados Unidos, Australia y Japón, y cada vez más valorada en Brasil. En 2008, Esper Abrão Cavalheiro, investigador de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) y asesor del Centro de Gestión y Estudios Estratégicos (CGEE) del Ministerio de Ciencia y Tecnología, advirtió: “Si Brasil no comienza a debatir sobre las convergencias tecnológicas correrá el riesgo de ver a los países desarrollados decidiendo por nosotros” (lea en Pesquisa FAPESP, edición Nº 136).

“La gente no puede reorganizarse del día para la noche”, comentó Roco, consejero de nanotecnología de la National Science Foundation (NSF), la principal agencia federal estadounidense de financiación a la investigación, con un presupuesto anual cercano a 7 mil millones de dólares. Incluso en Estados Unidos, en su opinión, no resulta nada fácil convencer a un científico a tomarse realmente en serio lo que realiza un colega de otra área. “Una de mis tareas es sacar a los científicos de la inercia en que viven y mostrarles que pueden ganar mucho trabajando con especialistas de otros campos”, comentó. “Las especialidades son necesarias, pero no necesitamos ocuparnos permanentemente en ellas. Podemos integrar nuestras áreas y volver a percibir a la ciencia como un todo”. En 10 años, desde que comenzó a trabajar en esa área, en la NSF, Roco logró que las inversiones federales en nanotecnología, en Estados Unidos, aumentasen seis veces, hasta alcanzar 1.500 millones de dólares, como sucedió en 2007.

Según Roco, la convergencia tecnológica implica comenzar un trabajo a partir de los problemas que requiere solución, no de las disciplinas involucradas. Implica también la búsqueda de objetivos comunes, compartir teorías y enfoques laborales, valorar las capacidades de las personas y los resultados, así como anticipar y administrar las oportunidades y los riesgos. En resumen, tal como él dice, “utilizar todo el cerebro, no sólo una parte de él”. Para alzar vuelo, esa estrategia de trabajo también requiere cambios en la governanza de las universidades, centros de investigación, empresas y organismos gubernamentales, de modo tal que valoren “un enfoque de largo plazo, transformador, inclusivo, cooperativo y visionario”.

Estados Unidos apuesta a esa estrategia de trabajo multidisciplinario – en particular, en el área denominada NBIC, que agrupa nanotecnología, biología, informática y ciencias cognitivas – para preservar el liderazgo científico mundial. De sortear los obstáculos, quizá los investigadores logren realmente llegar, tal como pretenden, a terapias contra el cáncer o a una retina artificial, entre otros productos, como resultado del trabajo conjunto de médicos, ingenieros, físicos y científicos en computación.

Lo que se pretende es lograr que sean comunes productos tales como los implantes óseos, raros hace 10 años y actualmente corrientes, y el alcohol combustible, producido en Brasil desde hace más de 30 años. El desarrollo de tales productos indica que los expertos provenientes de mundos muchas veces distantes logran comprenderse y transformar buenas ideas en productos capaces de modificar la vida de la gente y las relaciones sociales.

“Durante las décadas recientes ha habido dos revoluciones científicas: la biología molecular y la genómica”, recapitularon Phillip Sharp y Robert Langer, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), de Estados Unidos, en un artículo publicado en julio de 2011 en la revista Science. “Creemos que la convergencia de áreas representa una tercera revolución, en la cual el pensamiento y el análisis multidisciplinarios permitirán la emergencia de nuevos principios científicos y donde ingenieros y físicos colaborarán en igualdad de condiciones con biólogos y médicos mientras lidian con los nuevos desafíos médicos”. Sharp, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1993, es también el primer autor de un documento de 40 páginas del MIT distribuido en enero de 2011 con las definiciones y las perspectivas de convergencia tecnológica, ahora vista como un abordaje capaz de promover avances en los sectores de salud, energía, agricultura y clima.

Zona de confort
Y en Brasil, ¿cuáles son las posibilidades de que avance la convergencia tecnológica? Teóricamente, son enormes, según la visión de Lélio Fellows Filho, asesor del CGEE. Su primer argumento reside en que la convergencia tecnológica, a la que define como “una nueva manera de enfocar los problemas y abordar soluciones”, es oportuna porque “necesitamos dar saltos, no sólo caminar”, para resolver los problemas del país. Asimismo, Fellows verificó que 1.309 grupos de investigación, entre los 35 mil registrados en el país, ya están en la NBIC (220 grupos en nanotecnología, 791 en biotecnología, 278 en tecnologías de la información y 120 en ciencias cognitivas). Entre los 134 institutos nacionales de ciencia y tecnología (INCTs), 55 conforman “el universo que puede movilizarse hacia acciones de convergencia”, comentó.

Fellows sabe que no será sencillo motivar a los principales representantes de ese universo para trabajar colectivamente en problemáticas comunes o que exigen soluciones complejas. “Necesitamos disminuir la desconfianza y las distancias entre áreas del conocimiento en cuanto a las prácticas, costumbres e idearios diferentes”, propone. “También debemos vencer la inercia de los campos del conocimiento y estimular a los investigadores a salir de sus zonas de comodidad e involucrarse en iniciativas de riesgo y de ruptura”.

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