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Historia de la FAPESP VIII

1,2 millones de descargas por día

El Programa SciELO, de la FAPESP, estableció un nuevo estándar de calidad y difusión para las publicaciones científicas

Sara GoldchmitUn programa especial de la FAPESP que elevó la calidad de centenares de publicaciones científicas del país logró un impacto notable en el aumento de la visibilidad internacional de la investigación brasileña en los últimos 14 años. Lanzado en 1997 por un conjunto de 10 revistas brasileñas, el programa Scientific Electronic Library Online (SciELO) alcanzó, al final de 2011, 239 publicaciones en todos los campos del conocimiento que generaron un promedio mensual de 36 millones de artículos bajados de internet en forma libre y gratuita, a razón de 1,2 millones por día. Los periódicos sólo se admiten en la colección luego de atravesar un tamiz que certifica su calidad, así como la existencia de un cuerpo editorial calificado, la relevancia en su campo del conocimiento, la frecuencia de publicación y el cumplimiento de una serie de normas técnicas que rigen a la comunidad científica internacional. “El programa originó un círculo virtuoso, en el que las revistas lograron reconocimiento y comenzaron a preocuparse permanentemente por su calidad”, dice Rogério Meneghini, coordinador científico de la biblioteca.

El éxito de ese modelo puede medirse por dos de sus resultados. El primero se encuentra relacionado con el aumento de la participación de revistas brasileñas en bases de datos internacionales. Al promover que las publicaciones cumplan normas de calidad, el programa SciELO ayudó a que muchas de ellas calificaran para integrar bases tales como la Web of Science (WoS), de la empresa Thomson Reuters, y la Scopus, de la editora Elsevier, utilizadas como parámetro internacional sobre la producción científica de los países y su impacto. La cantidad de periódicos brasileños en la base WoS aumentó de 30 títulos en 2007 a 134 en 2011. Tal inclusión provocó que Brasil trepase de la 15ª a la 13ª posición en el ranking de la producción científica mundial de los países en función de los artículos indexados, que aumentaron en ese período. Es cierto que también ello estuvo avalado por el interés de las bases de datos por vender sus productos a países emergentes como lo es el nuestro. La biblioteca SciELO comparte, actualmente, 94 de sus títulos con la WoS y 173 con la Scopus.

13_50Anos_192-1El segundo resultado tiene que ver con la difusión internacional del concepto de la biblioteca, promovida como de acceso abierto y gratuito, a contramano del mercado editorial científico de los países desarrollados, que cobran por la consulta a los artículos que publican. Luego de Brasil, 12 países de América Latina y el Caribe, aparte de Portugal, España y Sudáfrica, crearon sus bibliotecas SciELO. La red cuenta con dos colecciones temáticas, en salud pública y ciencias sociales, y prepara otra sobre biodiversidad. “SciELO se consolidó como el más importante programa de publicación científica de los países en desarrollo y emergentes, y se lo reconoce internacionalmente como uno de los más destacados en el movimiento de acceso libre”, dice Abel Packer, coordinador operativo del programa.

Ciencia no indexada
La biblioteca surgió en 1997 con el doble objetivo de perfeccionar las revistas brasileñas y proveer métodos para medir la importancia e impacto de los artículos publicados por los investigadores del país. Uno de los desafíos debatidos en aquella época era el rescate de la denominada “ciencia perdida del Tercer Mundo” un concepto propuesto en un artículo en la revista Scientific American de 1995 por W. Wayt Gibbs. Él se refería a la ciencia no indexada en bases de datos internacionales, aunque de gran interés regional, sobre todo en áreas tales como salud pública, agricultura y educación.

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El coordinador científico de SciELO Brasil, Rogério Meneghini, en la época coordinador adjunto del Directorio Científico de la FAPESP, buscaba un modo de crear un sistema de indicadores que ayudara a la Fundación a evaluar las publicaciones científicas brasileñas, que en su mayoría no estaban indexadas en bases internacionales. Abel Packer, especialista en ciencias informáticas y ejecutivo del Centro Latinoamericano y del Caribe de Información en Ciencias de la Salud (Bireme), discutía, en la misma época, medios para publicar periódicos científicos online y con libre acceso. “Recuerdo que fuimos a conversar sobre nuestras propuestas en un almuerzo intermediado por el profesor Lewis Greene, quien era el presidente de la Asociación Brasileña de Editores Científicos (Abec). Notamos que las ideas se complementaban y preparamos un anteproyecto, que fue aprobado por la FAPESP”, recuerda Packer, Meneghini dice que algunos editores de revistas que participaron del proyecto piloto temían perder la autonomía sobre las publicaciones, ante las exigencias de calidad y de metodología establecidas. Pero eso luego se disipó, ya que ellos comprendieron el impacto positivo sobre las publicaciones”.

SciELO Brasil nació como una cooperación entre la FAPESP, aún hoy responsable por el 90% de su financiación, y la Bireme, que contaba con una buena experiencia acumulada en la gestión de la información online y en la administración de la base de datos. Posteriormente, el programa también obtuvo recursos aportados por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y por la Coordinadora de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes). Desde la instauración del programa, la Universidad Federal de São Pablo (Unifesp) apoya con infraestructura institucional, e instalaciones físicas y tecnológicas de información. Según Packer, el programa ofrece tres tipos de contribuciones para los periódicos que alberga. La primera, ya referida, se refiere a la calificación de la revista. Las publicaciones son admitidas en la colección luego de sortear el análisis del comité científico de la SciELO, que cuenta con cinco representantes de los editores científicos de las grandes áreas del conocimiento y cuatro institucionales elegidos por la FAPESP, CNPq, Capes y Abec, y son revisadas cada año.

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“Las publicaciones pasan a organizarse metódicamente y son sometidas a un continuo control de impacto y calidad. Eso les confiere mayor consistencia”, afirma Packer. El segundo aporte tiene que ver con la visibilidad y el acceso a los periódicos, mediante la ayuda de Internet. “La colección cobró autoridad porque desarrolló un sistema de acceso privilegiado”. Los metadatos de los artículos, que son información inteligible por una computadora, se encuentran disponibles al público mediante diversos protocolos y servicios de Internet. “Por imedio de estos servicios, la SciELO realiza el intercambio de metadatos y la interoperabilidad con índices bibliográficos, bases de datos bibliográficas, buscadores, archivos, directorios y catálogos, productos y servicios de información científica en internet”, expresa.

El tercer aporte se relaciona con el aumento del impacto de los periódicos, medido por la cantidad de citas. La revista Scientia Agricola, editada por la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) y por el Centro de Energía Nuclear en Agricultura, de la Universidad de São Paulo de Piracicaba, gana un continuo incremento en su factor de impacto, que es el número promedio de citas de artículos científicos publicados en el periódico. La primera comprobación, divulgada por Thomson Reuters en la Web of Science en 2006, otorgaba a la revista un factor de impacto de 0,3. El año pasado alcanzó a 0,82. Esto significa afirmar que cada artículo publicado en 2008 fue citado casi una vez durante los dos años subsiguientes. “Todavía nos encontramos lejos del impacto promedio de las 20 mejores revistas del rubro en el mundo, que es de 2,41, pero nos destacamos entre el promedio de las 20 mejores revistas brasileñas, que es de 0,47”, dice Luis Reynaldo Ferracciú Alleoni, profesor de la Esalq y editor de la revista.

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La publicación atravesó varias transformaciones. Desde 2003 es publicada íntegramente en inglés, saliendo del patrón de las revistas brasileñas de ciencias agrarias. Hubo un esfuerzo por ampliar el contingente de revisores, los especialistas que evalúan los artículos, fuera del país. Actualmente, un 60% son extranjeros. En el comienzo de la década del 2000, tan sólo un 2% de los autores de los artículos de la Scientia Agricola eran de otras nacionalidades; ahora esa fracción alcanza un 20%. Y, actualmente, un 68% de las citas de los artículos se concretan en publicaciones internacionales. “La revista se reposicionó y cuenta con un perfil con mayor convocatoria internacional. Creemos que es algo que le hacía falta al país, que hace investigación agrícola de alta calidad, un periódico de esa categoría”, afirma Alleoni.

El huevo de Colón
Ricardo Lourenço, editor de la centenaria revista Memórias do Instituto Oswaldo Cruz, destaca el aumento de la visibilidad lograda por la publicación luego de ingresar en la colección. “Antes pasaba un buen tiempo hasta que los artículos eran indexados en bases de datos internacionales, tales como la PubMed. Era necesario aguardar que la edición impresa fuese distribuida y recién entonces los artículos eran catalogados. Con SciELO, la repercusión de los artículos ocurre en forma inmediata”, afirma. El factor de impacto de Memórias es el más alto entre las publicaciones científicas de América Latina. Llegó a 2,05 en 2010. En el año 2000 era de 0,54. “SciELO constituyó un ‘huevo de Colón’ que transformó la visibilidad de la ciencia producida en Brasil”, dice Charles Pessanha, editor de la revista Dados, del área de las ciencias sociales, y editada por el Instituto Universitario de Investigaciones de Río de Janeiro (Iuperj) y una de las fundadoras de SciELO. “Sufrimos carencias de bibliotecas, cines, teatros, centros culturales. La distribución siempre fue deficiente y, cuando nos referimos a literatura científica, la cosa empeora. SciELO fue la herramienta transformadora de ese escenario”.

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Existe, ciertamente, un conjunto de obstáculos por sortear durante los próximos años para que la producción científica del país intensifique su calidad. Así como el país se encuentra en el 13º lugar del ranking de la producción científica mundial, cae a la 38ª posición cuando se analiza el impacto de esa producción, medida por la cantidad de citas. “No es un puesto agradable”, dice Packer. “Como el 60% de los artículos se redacta en portugués, solamente reciben citas por parte de revistas brasileñas”. Entre los objetivos de SciELO para los próximos años se destacan el esfuerzo por internacionalizar la colección, promoviendo la publicación en inglés y convocando a investigadores extranjeros para su cuerpo editorial, más allá del refuerzo en los mecanismos de gestión de las revistas y la búsqueda de un nuevo modelo de financiación. “La ciencia publicada en buena parte de los periódicos brasileños no es la ciencia de mejor calidad que produce el país. En ese caso los investigadores todavía prefieren divulgar sus hallazgos en periódicos internacionales y también son desalentados de publicar en nuestras revistas por lo limitante de los criterios Qualis de la Capes de evaluación de los cursos de posgrado”, añade. “Pero necesitamos seguir ofreciendo en nuestras revistas lo más moderno en metodologías y tecnologías de indexación y publicación científica”.

También se intenta ampliar las fuentes de financiamiento sin comprometer el carácter libre y abierto del acceso a los artículos. Una posibilidad es cobrar a los autores una tasa de publicación, tal como hacen las revistas internacionales. Otra, reside en convencer a otros organismos para copatrocinar el programa. “la mayoría de los estados brasileños cuenta con revistas SciELO que publican artículos de investigadores de todo Brasil, de tal manera que tenemos cierta expectativa de contar en un futuro próximo con el apoyo de las fundaciones de Apoyo a la Investigación Científica de otros estados para el financiamiento de la colección”, afirma.

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