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Carta de la editora | 194

De aviones, pasiones y enamoramiento

El laboratorio de confort inaugurado este mes de abril en la Escuela Politécnica de la USP se convirtió en tema de tapa de la presente edición de Pesquisa FAPESP por algunas buenas razones. Entre ellas, elijo como la más relevante el hecho de que el laboratorio sea el resultado de una cooperación ejemplar entre la empresa Embraer y tres universidades, firmemente avalada por la FAPESP y por la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep). Y aquí, el uso del calificativo ejemplar, que en otros contextos sonaría excesivo o antipático, no es gratuito. Me arriesgo a emplearlo porque en el espléndido reportaje sobre el proyecto “Confort en vuelo”, elaborado por el editor en jefe de la revista, Neldson Marcolin, queda muy claro cuántas lecciones sobre la producción de nuevos conocimientos, aportes tecnológicos y generación de innovaciones puede engendrar una bien constituida asociación entre universidades y empresas.

Cabe recordar que las cabinas de vuelo más confortables constituyen el objetivo del actual nivel de desarrollo de esta industria, perseguido por todas las grandes compañías aeronáuticas, incluso por elementales razones de salud de pasajeros y tripulantes, particularmente en largos viajes. Y actualmente la brasileña Embraer, fabricante de aviones comerciales que ocupa el tercer lugar a nivel mundial, dispone de un laboratorio como pocos en el mundo para avanzar en los variados aspectos que componen ese confort, y en el marco de la universidad. Vale la pena enterarse (página 18).

También destaco el reportaje sobre la investigación brasileña en la Antártida (página 32), del editor de política, Fabrício Marques, que escudriña las ambiciones de la ciencia nacional en el continente helado y las estrategias necesarias para que el trabajo de los investigadores cobre ahí mayor impulso y relevancia, tras un largo período en que los objetivos de la producción de conocimiento estuvieron aliados a objetivos militares. Es posible que el reciente incendio en la estación Comandante Ferraz, aunque lamentable debido a las pérdidas, fundamentalmente, de dos vidas humanas, divida las aguas en este sentido.

En la sección de ciencia destaco tres textos: el que indaga en la intrigante presencia de árboles típicos de la selva amazónica a 2.400 kilómetros de sus límites, dentro de una reserva del bosque atlántico en el estado de Espírito Santo, y con fuertes indicios de que ejemplares de esas especies están allí desde hace 7.800 años (página 46); un segundo texto que aborda los avances en el conocimiento de la proteína prión, que incluye las primeras evidencias experimentales de la interrupción de la interacción entre ésta y el oligómero beta-amiloide puede detener la progresión del mal de Alzheimer y la muerte de las neuronas (página 54), y un tercer texto sobre una propuesta de diagnóstico auxiliar para la manía y la esquizofrenia con base en patrones del decir, determinados matemáticamente (página 62). El primero y el tercero de estos reportajes son del editor especial Carlos Fioravanti, y el segundo, del editor de ciencia, Ricardo Zorzetto.

Pero es el momento de aclarar los motivos del título de esta carta. En lo referente a los aviones, ya está justificado. Vamos entonces a las pasiones y al enamoramiento. Estas palabras me surgieron a propósito de dos admirables personajes con los cuales tuve la rara suerte de vérmelas simultáneamente en esta edición: el periodista Alberto Dines (en la entrevista ping pong, en la página 24) y el científico Luiz Hildebrando Pereira da Silva (por vía de su recién publicado libro Crônicas subversivas de um cientista, objeto de la reseña, en la página 93, únicamente en portugués). La reflexión que provocaron en mí estos dos hombres, con 80 años el primero, y 83 el segundo, agudos maestros con sus lecciones de tiempo y sus testimonios de que la vida, para ser grande, debe ser reinventada siempre con nuevos proyectos, sin pensar en el final antes que éste acontezca, apuntó a cuál es la naturaleza de la relación que mantienen con sus objetos de trabajo y estudio. ¿Pasión? Pero la pasión, en su naturaleza tempestuosa, ¿no genera siempre un riesgo de absorción del otro hasta su desaparición? El objeto de estudio quizá se preste más al develar, si la aproximación sucede mediante movimientos delicados, cuidadosos. Y en ese caso, la relación de quien produce tanto con enorme placer, ¿sería una especie de enamoramiento de aquello que hace? Sugiero la lectura de la entrevista de Dines y no solamente la reseña, sino también del bellísimo libro de Hildebrando, para ampliar la pregunta.

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