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Cambios climáticos

Riesgo calculado

Workshop sobre eventos climáticos extremos expone el desafío de transformar información científica en prevención de desastres

Bob McMillan / FEMA Photo Inundación en un parque de diversiones de Nueva Orleans luego del paso del huracán Katrina, en 2005: una tragedia que despertó la conciencia de los estadounidensesBob McMillan / FEMA Photo

Es casi seguro –la certeza, en este caso, llega al 99%– que de aquí a 2100 habrá un aumento en la frecuencia de días y noches cálidas en diferentes regiones del planeta. En tanto, y al respecto de la intensidad de las lluvias, que efectivamente han recrudecido en varias zonas, aún quedan dudas acerca de si ese fenómeno es global. Los datos disponibles indican que las perspectivas en ese sentido presentan un grado de confiabilidad del 66%. El Informe Especial sobre Gestión de Riesgos de Eventos Climáticos Extremos y Desastres (SREX, según su sigla en inglés), que se dio a conocer durante el pasado mes de marzo, señaló esas tendencias, entre varias otras, basándose en el reciente conocimiento científico compilado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Sus resultados se discutieron en el marco de una reunión realizada en el auditorio Moise Safra, del Centro de Convenciones Albert Einstein, en São Paulo, entre los días 16 y 17 de agosto, en la cual investigadores procedentes de diversos países también debatieron estrategias tendientes a evaluar los impactos y transmitir el conocimiento a los tomadores de decisiones. El workshop intitulado “La gestión de riesgos de eventos climáticos extremos y catástrofes en América Central y del Sur – ¿Qué podemos aprender con el Informe Especial del IPCC sobre eventos extremos?”, fue promovido por la FAPESP y el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe).

“En las discusiones quedó claro que la interfaz de los científicos con gestores y comunidades locales es un punto crítico. Existen demasiadas interferencias en esa comunicación”, informó a la Agência FAPESP el climatólogo José Marengo, coordinador del workshop y miembro del comité organizador del SREX. Tal vez, la recomendación más importante extraída de los debates haya sido esta: se necesita establecer nuevos canales de diálogo entre científicos y autoridades para afrontar los riesgos de desastres resultantes de eventos climáticos extremos y reducir los daños que ellos provocan. Los investigadores presentes en el workshop también destacaron la necesidad de contar con una participación más activa de los gobiernos en las decisiones relacionadas con cuestiones tales como la vulnerabilidad ante los cambios climáticos y las estrategias de adaptación. “Los gobiernos demuestran hallarse poco preparados y siguen siendo tomados por sorpresa por eventos meteorológicos que están aumentando su frecuencia e intensidad, tal como revelan los informes, y aumentarán todavía más en el futuro”, afirmó Marengo, quien coordina el Centro de Ciencia del Sistema Terrestre del Inpe y lidera un proyecto temático, en el marco del Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG), acerca del impacto de los eventos climáticos extremos en los ecosistemas y en la salud humana en Brasil.

Según el investigador, a menudo se cuenta con recursos como para realizar un mapeo del riesgo y la reubicación de poblaciones asentadas en áreas vulnerables, pero los fondos terminan transfiriéndose a otras áreas. “Eso revela una falla en nuestro diálogo con los gobiernos locales. No es un secreto que el clima está cambiando y cada año muere gente a causa de catástrofes que bien podrían evitarse si se aplicaran esos recursos”, sostiene.

La forma en que la información científica llega a la sociedad, resulta frecuentemente diferente a la imaginada por los investigadores. “En nuestros debates, por ejemplo, aparecieron discusiones sobre términos tales como ‘incertidumbre’, que se deriva del área de modelado climático y cuyo concepto, como científicos, comprendemos, aunque todavía no se lo ha traducido adecuadamente al público en general”, dijo Marengo. Existe otra confusión que involucra al propio concepto de desastre. “No son las lluvias las que matan a las personas. Se trata de su combinación con familias residiendo en laderas y en construcciones precarias. No podemos acabar con las lluvias intensas, pero, con planificación, podemos reducir la cantidad de muertes”, afirmó el investigador. La percepción de la sociedad sobre los cambios climáticos obedece a veces a una lógica distinta a la de los científicos. Marengo cita como ejemplo al huracán Katrina, que devastó el sur de Estados Unidos en 2005 e inundó la ciudad de Nueva Orleans. “No podemos afirmar que el Katrina, analizado en forma aislada, sea el resultado de los cambios climáticos globales. Pero ese evento fue el que despertó la noción de los estadounidenses al respecto del problema”, agregó.

Escasez de datos
Una de las principales conclusiones del informe SREX, que elaboró el IPCC por pedido del gobierno de Noruega y de Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (Eird), dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), apunta que en las últimas décadas ha venido aumentando la frecuencia de los eventos climáticos extremos a nivel mundial, como consecuencia de los cambios climáticos. Basándose en las evidencias presentes, el informe indica que es altamente probable un aumento en la frecuencia de días y noches más cálidas durante los próximos años en diversas regiones del planeta. Pero no se sabe si algunos fenómenos climáticos extremos tienden a ocurrir en escala global, a causa de la escasez de datos. El documento señala dudas en relación con el aumento en la frecuencia de lluvias intensas en todo el mundo, indicando regiones que registran incremento y otras donde se presenta una reducción de este evento climático. También faltan evidencias que apunten que los ciclones tropicales se hayan vuelto más frecuentes, aunque, en efecto, las lluvias relacionadas con esos fenómenos sean más intensas. Del mismo modo, es probable que las sequías afecten más asiduamente y con mayor intensidad a ciertas regiones del planeta, tales como el nordeste brasileño o México, aunque no representen un fenómeno generalizado en el globo.

038-041_MudancasClimaticas_199Según opinan los investigadores que redactaron el informe, uno de los principales retos consistió en coordinar los discursos entre expertos de diversas áreas. “Ése fue el primer esfuerzo para intercambiar conocimiento en forma multidisciplinaria”, dijo la médica y docente de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Úrsula Oswald Spring, quien participó en la elaboración del SREX y estuvo en el workshop realizado en São Paulo. “Si no se construye un lenguaje común, no podremos avanzar en las soluciones de los problemas suscitados por los cambios climáticos”.

Pese a la incertidumbre sobre la extensión y frecuencia de los fenómenos climáticos extremos en el futuro, su impacto actual ya resulta palpable. Datos presentados por Spring revelaron que las mujeres y los niños constituyen una mayoría entre las víctimas de los huracanes, terremotos, tsunamis, inundaciones y otros eventos extremos, climáticos o no. Representan entre un 68% a 89% de las muertes provocadas por esos fenómenos en todo el mundo. Las mujeres representan un 72% de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema, lo cual las torna más vulnerables ante situaciones de desastre. “El rol de las mujeres es el de cuidadoras, por eso salvan hijos, padres y animales sin notar el riesgo que corren”, afirmó Spring, quien estudia el tema desde hace 10 años. El daño incluso es mucho mayor en los países pobres: un 95% de los fallecimientos causados por desastres naturales ocurre en los países en desarrollo. “Para que ocurran grandes catástrofes se necesita que haya poblaciones en estado de vulnerabilidad y exposición”, afirmó Sebastián Vicuña, docente de la Universidad Católica de Chile.

Aludes
El climatólogo Carlos Nobre, que se desempeña como secretario de Políticas y Programas de Investigación y Desarrollo en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), y además es miembro de la coordinación del Programa FAPESP de Investigación sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG) y del IPCC, enumeró estudios publicados por investigadores del estado de São Paulo que tratan acerca de los riesgos que causa la mayor frecuencia de lluvias torrenciales. Uno de ellos señaló un aumento del número de áreas susceptibles de presentar anegamientos y un mayor riesgo de deslizamientos de tierra en la capital paulista. Otro estudio demostró que, con la urbanización, las zonas con lluvias copiosas se expanden y aumenta el riesgo de contaminación por leptospirosis, una enfermedad transmitida principalmente por la orina de los roedores. En tanto, una investigación realizada en el Departamento de Ecología de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), en el campus de Rio Claro, en colaboración con el Inpe, reveló que Campinas y Ribeirão Preto son las dos regiones del estado de São Paulo más vulnerables frente a los cambios climáticos. La concentración demográfica en Campinas potencia las consecuencias de una inundación. En tanto, en el caso de Ribeirão Preto, la región registrará temperaturas más elevadas durante las próximas décadas. “Podemos calcular los impactos socioeconómicos provocados por la aceleración de los eventos climáticos en algunas regiones, que están vinculados con una mayor vulnerabilidad de las poblaciones en función de la creciente urbanización del mundo y, en particular, de las ciudades de América Latina, donde este proceso viene ocurriendo en forma caótica durante las últimas décadas”, informó Nobre a Agência FAPESP. En Brasil, los recursos asignados para la reconstrucción de zonas asoladas por catástrofes causadas por eventos climáticos extremos presentaron una marcada evolución en el transcurso de la última década y rebasaron los 1.600 millones de reales en 2011, indicó Nobre. Así como hay incertidumbre al respecto de la tendencia de aumento en la frecuencia de lluvias a escala global, en el caso de São Paulo no quedan dudas de que las lluvias torrenciales han aumentado significativamente en la ciudad en el lapso de los últimos 50 ó 70 años, sostuvo Nobre. “Actualmente tenemos el triple de lluvias intensas que hace 70 años. Y las evidencias de que ese tipo de evento ocurre con mayor frecuencia en la capital paulista están muy bien documentadas”, afirmó.

Los resultados del informe SREX serán utilizados y actualizados en los próximos informes que el IPCC divulgará en 2013. Según Marengo, todavía son escasos los estudios sobre vulnerabilidad frente a los cambios climáticos en las distintas regiones brasileñas. Para elaborar el SREX, se desestimó la norma no escrita de que un buen estudio científico es tan sólo aquél que se publica en revistas especializadas, y en lengua inglesa. “Logramos alcanzar un buen nivel en algunas publicaciones brasileñas, pero aún hace falta más literatura científica publicada en el país”, afirmó el investigador. Los científicos detectaron la necesidad de aumentar la financiación de estudios sobre cambios climáticos, con apoyo de instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Los grupos recomendaron incluso el fortalecimiento de las instituciones locales de manejo del riesgo. “No se necesita crear nuevas instituciones, sino fortalecer las que ya existen”, afirmó Marengo.

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