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Acceso abierto

Conocimiento libre

Una iniciativa del Reino Unido mostrará hasta qué punto es factible ofrecer toda la producción científica en internet

LARISSA RIBEIROInvestigadores provenientes de diversas áreas del conocimiento, bibliotecarios y expertos en ciencias de la información se reunieron al final de octubre en eventos llevados a cabo en más de un centenar de países para debatir los pasos hacia el acceso abierto, una expresión que abarca un conjunto de estrategias destinadas a difundir la producción científica en forma libre y gratuita por medio de internet. Las discusiones de la 6ª Semana del Libre Acceso, una propuesta impulsada por una alianza internacional de bibliotecas universitarias, abordaron temas tales como la influencia de las plataformas digitales en el modo de hacer ciencia, pero también estuvieron signadas por un avance que se alcanzó recientemente. En el mes de julio, el gobierno del Reino Unido anunció que a partir de 2014, todos los artículos científicos que resulten de alguna investigación financiada con recursos públicos deberán estar disponibles gratuitamente en los medios electrónicos. Vale decir que nadie tendrá que pagar para acceder a los papers de los investigadores británicos financiados por agencias gubernamentales.

La iniciativa del Reino Unido marca un hito dada la magnitud de la producción científica del país: casi un 8% de todos los artículos que se publican en el mundo anualmente, según los datos provistos por la base Thomson Reuters. La experiencia hará posible modificar los estándares internacionales para el acceso abierto, que actualmente se divide en dos vertientes principales. A una de ellas se la denomina “vía dorada” (golden road), donde las propias revistas ofrecen acceso gratuito a su contenido. Típicas de esta estrategia son las revistas de la Public Library of Science (PLoS) o la colección de periódicos de la biblioteca SciELO Brasil, un programa financiado por la FAPESP. A la segunda vertiente se la conoce como “vía verde” (green road). En esa modalidad, el investigador archiva en el banco de datos de la institución donde actúa, una copia de sus artículos científicos publicados en una revista comercial. Aquellos que quieran leer el artículo sin pagar pueden recurrir a esos repositorios. Pero han surgido otras variantes. Algunas publicaciones permiten que los autores guarden copias de sus artículos en repositorios, aunque exigen que la divulgación recién se realice entre seis meses y un año después de la publicación, para preservar sus beneficios durante ese período inicial. Otras, desisten de restringirlos y divulgan artículos en internet incluso antes de la publicación de la revista en papel, pero le cobran una tarifa adicional al autor para realizar la divulgación libre y anticipada. A ese modelo se lo denominó acceso abierto híbrido, puesto que las publicaciones divulgan tanto artículos de acceso abierto, bajo un esquema típico de la vía dorada, como papers en el modelo convencional, exigiendo a los lectores el pago de tarifas o suscripciones.

Actualmente, más del 20% de los resultados de las investigaciones realizadas en el mundo se publica en régimen de acceso abierto, y en el Reino Unido esa fracción asciende al 35%. El modelo de la vía verde es el más común: con excepción del área médica, hay más artículos disponibles en repositorios que en revistas de acceso abierto (observe el cuadro de la página 38). No obstante, la iniciativa del Reino Unido podría alterar esa tendencia. El Comité Finch, que propusiera estrategias para la comunicación científica británica, sugirió prioridad en la adopción de la vía dorada, pagando más para que las revistas divulguen los artículos en acceso abierto. De tal modo, los archivos institucionales de la vía verde, que son bastante utilizados por los investigadores británicos, podrían disminuir su rol de divulgadores de la ciencia que se publica en revistas comerciales.

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Aunque los Consejos de Investigación del Reino Unido (RCUK) hayan afirmado que no abandonarán la guarda en repositorios, se espera que las editoriales apuesten fuertemente a un modelo híbrido para los artículos británicos. “Seguramente las revistas ampliarán la duración de la restricción para la divulgación de artículos en repositorios, y así, forzarán a los autores a pagar más para publicar en acceso abierto”, dijo Stevan Harnad, investigador húngaro radicado en Canadá, quien edita revistas científicas y es activista del movimiento de acceso abierto. Si de hecho se impone ese camino, exigirá una mayor inversión a los autores y a sus instituciones para publicar sus artículos, produciendo un efecto contrario al propuesto en el marco del acceso abierto, que apunta a simplificar y abaratar la difusión de la producción científica con la ayuda de los medios digitales. Según el informe del Comité Finch, la estrategia de la vía dorada requerirá inversiones adicionales por valor de entre 40 y 50 millones de libras por año, de los cuales 38 millones se destinarían al pago de tarifas de publicación en acceso abierto. “La transición hacia la vía dorada generará mayores gastos, los cuales deben evitarse”, afirmó Peter Suber, director del Programa de Acceso Abierto de la Universidad Harvard e investigador de Sparc, la alianza de bibliotecas que organizó la 6ª Semana del Acceso Abierto.

Según Rogério Meneghini, coordinador de la biblioteca SciELO Brasil, los próximos pasos de esta disputa forzosamente abordarán el nivel de ganancias de las grandes editoriales. “Las editoriales realizan un trabajo esmerado que requiere inversiones, tanto en tecnología como para la evaluación por pares, y debe ser rentable. Pero las utilidades de esas empresas, en niveles de un 30% a un 40%, son desproporcionadas”, sostiene. “Se debe negociar para definir quién pagará los gastos y garantizar que los costos, necesarios para mantener la calidad de las publicaciones, sean asimilados por las universidades o por los autores”, explica. Un round del enfrentamiento entre editoriales y científicos ocurrió en el mes de febrero. La editorial Elsevier, que publica más de 2 mil periódicos, recibió críticas por apoyar un proyecto en el Senado estadounidense que intentaba anular la disposición instaurada en 2008 por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) mediante la cual, toda investigación apoyada por éstos pasó a ofrecerse en acceso abierto. Científicos prestigiosos, entre ellos tres matemáticos ganadores de la Medalla Fields, llamaron a un boicot a las revistas de la editorial, que terminó restando apoyo al proyecto. “Nos hicimos eco de la preocupación de autores, editores y revisores, para quienes el proyecto de ley era incongruente con nuestro tradicional apoyo a la expansión del acceso a la literatura científica en forma gratuita o con bajo costo”, informó la editorial. Elsevier también anunció la reducción del costo de la descarga de los artículos de matemática, de alrededor de 45 reales a 19 reales cada uno.

034-039_RevistasAbertas_201-3El presidente de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), Jorge Guimarães, cree que las negociaciones con las editoriales pueden, de hecho, reducir los costos del acceso a las revistas. “Esto es lo que hicimos en el portal de Periódicos de la Capes y está funcionando bien”, dice, en referencia a la base de datos que archiva, con sus textos completos, más de 33 mil periódicos internacionales de todas las áreas del conocimiento. Para acceder a ella, se necesita ser investigador o docente de alguna institución registrada en la Capes. “Hace 10 años, el acceso a 1.800 revistas consumía casi el 10% de nuestro presupuesto. Ahora hay 33 mil revistas, que utilizan un 4,2% del presupuesto”, afirma. “Es una iniciativa tan consolidada que los investigadores brasileños que hacen pasantías en Estados Unidos o en Europa prefieren utilizar el portal de la Capes antes que los de las instituciones que los reciben, porque allá, el acceso a los periódicos no es tan completo”, asegura. No obstante, Guimarães es escéptico en relación con los alcances de la iniciativa del Reino Unido. “Los británicos deben experimentar con ese modelo antes de implementarlo. Una imposición del acceso abierto podría propiciar que los británicos dejaran de publicar en revistas de alto impacto, tales como Nature, y seguramente ellos no desean eso”, sostiene. Según él, la expansión del libre acceso impondrá costos adicionales. “De nada sirve únicamente determinarlo, sin pensar en otros componentes. Si no pueden cobrar por el acceso a las revistas, las bases de datos comenzarán a cobrar, por ejemplo, para realizar la búsqueda de los artículos en sus herramientas. Y esas herramientas son esenciales para que cualquier investigador acceda a lo que está ocurriendo en su área”, dice el presidente de la Capes.

No es algo nuevo que los científicos defienden la idea de que el conocimiento debe difundirse en forma libre para que la sociedad pueda apropiárselo. Pero el acceso abierto, de hecho comenzó a rendir frutos a partir de los años 1990, con la llegada de internet y su capacidad para distribuir información a bajo costo. La red mundial de computadoras propició el surgimiento de iniciativas tales como el repositorio arXiv, creado en 1991, mediante el cual los investigadores divulgan datos de sus estudios, sometiéndolos al análisis de sus colegas antes de publicarlos. Actualmente, el arXiv contiene casi 800 mil textos en los campos de matemática, física, ciencias de la computación, biología cuantitativa y estadística, a los que puede accederse vía internet. Los datos generados por el acelerador de partículas del Cern, por ejemplo, se asentar en primera instancia en el arXiv, que se consagró como una herramienta para compartir información entre los expertos en física de altas energías. En los años 2000, hubo nuevas iniciativas tendientes a organizar el camino del acceso abierto. La Public Library of Science (PLoS), una organización sin fines de lucro dedicada a promover la creación de revistas científicas con acceso abierto, lanzó en 2003 la PLoS Biology, la primera de las siete publicaciones que mantiene la institución. El conjunto de revistas se percibe como un ejemplo exitoso de publicaciones con acceso abierto, dado el modesto valor que cobra a los autores y por alcanzar un factor de impacto superior al de la mayoría de las revistas con acceso abierto. El factor de impacto de la PLoS One, por ejemplo, es de 4, lo cual significa que sus artículos son citados, en promedio, cuatro veces cada uno en otras publicaciones. Cuando se acepta un artículo científico en los periódicos de la PLoS, el autor necesita desembolsar 1.350 dólares. Luego de ello, los textos son de libre acceso para científicos y no científicos. En tanto, cuando el paper se publica en una revista tradicional perteneciente a alguna gran editorial, el costo promedio para el autor es de 2 mil dólares por artículo. Pero los lectores también pagan para tener acceso, mediante suscripciones de las publicaciones o la adquisición de una copia del artículo deseado. Durante los últimos años, las grandes universidades también se han dedicado a ofrecer su conocimiento en la red. El Massachusetts Institute of Technology lanzó el MIT OpenCourseWare, una iniciativa para disponer online, de todo el material educativo de sus carreras. La plataforma cuenta actualmente con 1 millón de visitantes por mes. La Universidad Harvard estableció en 2008 una política para divulgar los trabajos de sus investigadores en internet, creando una base de datos con libre acceso.

034-039_RevistasAbertas_201-4Hay un conjunto de datos que atestiguan la expansión del libre acceso. La cantidad de revistas en ese régimen tuvo una fuerte expansión durante la década pasada. Los datos del Directorio de Revistas con Acceso Abierto (Doaj, según su sigla en inglés) revelan que la cantidad de publicaciones registradas trepó de 741 en el año 2000 a 8.282 en 2012. La adhesión al acceso abierto entre los diversos campos del conocimiento no es uniforme (obsérvese el cuadro en esta página). Un estudio publicado en 2010 en la revista PLoS One, que evaluó una lista de artículos científicos, reveló que los investigadores del área química son los que menos recurren al acceso abierto (un 13% del total de los artículos), mientras que los de las ciencias de la Tierra son los que más publican (un 33%). El número de repositorios institucionales en el mundo creció de 250 en 2003 a 2.300 el año pasado. “Los avances, sin embargo, aún no cuentan con la suficiente fuerza como para poner en jaque al modelo de comunicación científica tradicional. Persiste una fuerte demanda por parte de los investigadores, principalmente, de aquéllos con mayor nivel, para publicar en revistas con alto impacto vinculadas a las grandes editoriales”, dice Rogério Meneghini, de la SciELO.

Brasil es el segundo del ranking entre los países que disponen de mayor número de revistas con acceso abierto, con 782 publicaciones registradas por el Doaj. Solamente tiene por delante a Estados Unidos, que registra 1.260. “La trayectoria de Brasil es única en el mundo”, dice Pablo Ortellado, docente de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la USP y miembro del Grupo de Políticas Públicas para el Acceso a Información de dicha universidad. “Merced a la creación de la biblioteca SciELO Brasil, a la estrategia brasileña se la señala como la ‘vía diamante’, ya que sostiene a un conjunto de revistas con acceso abierto mediante inversiones públicas y, en la mayoría de las ocasiones, no les cobra nada a los autores para publicar. Contamos con una exitosa política de libre acceso”, dice el investigador.

En 1997 se lanzó la Scientific Electronic Library Online (SciELO) como un programa especial de la FAPESP y, a finales de 2011, llegó a un total de 239 publicaciones de todos los campos del conocimiento, que generaron un promedio mensual de 36 millones de artículos bajados de internet en forma libre y gratuita: 1,2 millones por día. Los periódicos recién se admiten en la colección luego de atravesar varios filtros que garantizan su calidad, tales como la existencia de un cuerpo editorial de categoría, la relevancia en su campo del conocimiento, su frecuencia de publicación y el cumplimiento de una serie de normas técnicas que rigen en la comunicación científica internacional. Gracias a ese aumento de la calidad, un mayor número de periódicos brasileños pudieron incorporarse durante los últimos cinco años a las bases de datos internacionales, tales como Web of Science (WoS), de Thomson Reuters, y Scopus, de Elsevier. El pasado mes de julio, la FAPESP y la división de propiedad intelectual y ciencia de Thomson Reuters anunciaron un acuerdo para integrar la colección SciELO a la Web of Knowledge, la mayor base internacional de información científica. El hospedaje de las revistas de la SciELO en la base apunta ampliar la visibilidad y el acceso a la producción científica de Brasil y de otros países de América Latina y del Caribe, además de Sudáfrica, España y Portugal.

034-039_RevistasAbertas_201-5No obstante, Pablo Ortellado señala una paradoja en el contexto brasileño. “El impacto de la política de libre acceso es pequeño en las áreas de investigación muy internacionalizadas, tales como física o biología molecular, pues sus autores apuntan a publicar en revistas internacionales con gran prestigio, y no en los periódicos brasileños”, dice el investigador. En su opinión, las nuevas estrategias en el campo de la vía verde, la de los repositorios institucionales, son necesarias en el país. “La USP comenzó a organizar un depósito con todas las tesis y artículos de sus investigadores, pero no existen muchos ejemplos de ese tipo en Brasil”, afirma. Un proyecto de ley del senador Rodrigo Rollemberg (del Partido Socialista Brasileño del Distrito Federal) propone que las instituciones públicas de educación superior y las unidades de investigación creen repositorios digitales para alojar la producción científica realizada con recursos públicos. Monografías, tesis, tesinas y artículos quedarían disponibles en internet para su acceso libre. El Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (Ibict) promovió la creación de 50 archivos institucionales en el país, además de contribuir al desarrollo de más de 700 revistas científicas electrónicas, mediante el uso del Sistema Electrónico de Edición de Revistas (SEER). Para integrar a esas iniciativas, el Ibict está desarrollando el portal OASISBR, que conectará entre sí el contenido de repositorios digitales, de la Biblioteca Brasileña de Tesis y Tesinas, de la SciELO y de revistas científicas electrónicas brasileñas. La idea es integrar también a repositorios extranjeros. “Los repositorios institucionales ayudan a acelerar la investigación en términos globales”, dice Helio Kuramoto, tecnólogo sénior del Ibict. “Los artículos alojados en esos depósitos cuentan con mayores posibilidades de ser citados y con mayor prontitud que cuando se encuentran disponibles tan sólo en las revistas científicas. Así es como logran mayor visibilidad. Existen casos de tesis que registraron miles de descargas, lo cual sería inalcanzable si no se contara con tales repositorios”, afirma.

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