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Medio ambiente

La salud de la bahía

Mapean las fuentes de contaminantes y las corrientes marinas en Baía de Todos os Santos

LUCIANO ANDRADEPaisaje de Salvador de Bahía: atardecer en Baía de Todos os SantosLUCIANO ANDRADE

Eran pasadas las 11 del martes 16 de octubre cuando el barco piloteado por el químico Jailson Bittencourt de Andrade se detuvo junto a un banco de arena en el canal que conecta la bahía de Aratu con la inmensidad de las aguas esmeraldinas de Baía de Todos os Santos. En la franja de arena expuesta por la marea baja, alrededor de 40 mujeres y algunos niños, todos de raza negra, se agachaban mirando hacia el suelo. Recogían mariscos. Con una cuchara o sencillamente con sus dedos, desenterraban un pequeño molusco al que llaman chumbinho o papa-fumo (Anomalocardia brasiliana), poco mayor que la uña de un pulgar. Se precisan horas de trabajo, casi siempre bajo un tórrido sol, para llenar un cesto grande con mariscos que, una vez limpios, pesan dos kilogramos y se los venden a 17 reales a los comerciantes de pescados de la zona. Como tienen bajo valor comercial, el chumbinho y otros mariscos, tales como la lambreta (Phacoides pectinatus) y el sururu (Mytella falcata), constituyen la principal fuente de proteína animal para casi 15 mil familias de pescadores y recolectores de moluscos de Baía de Todos os Santos. Viviendo debajo de la línea de la pobreza, muchas de esas familias se alimentan actualmente en forma similar a la de los primeros seres humanos que miles de años atrás se establecieron en la costa de lo que sería Brasil.

Con todo, actualmente se recomienda consumir con moderación los peces y mariscos capturados en Aratu, Itapagi, Suba y otras zonas muy industrializadas de Baía de Todos os Santos. Están contaminados. Concentran algunos metales en niveles superiores a los aceptados por autoridades sanitarias tales como la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria. Muchos de esos metales son elementos químicos que, en concentraciones muy bajas, resultan esenciales para mantener la salud, pero, en niveles altos, pueden ser tóxicos. La ingesta de pescados y moluscos provenientes de áreas contaminadas algunas veces a la semana no alcanza para poner en riesgo la salud, sostienen los investigadores de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), quienes, coordinados por Andrade, vienen mapeando durante los últimos años la contaminación ambiental en Baía de Todos os Santos. Pero los pescadores y recolectores de mariscos, que consumen frutos de mar casi a diario, se vuelven más vulnerables a desarrollar problemas de salud asociados con la exposición continua a elevadas concentraciones de algunos de esos metales.

“Los que corren mayores riesgos son los niños”, comentó Vanessa Hatje, coordinadora del Laboratorio de Oceanografía Química de la UFBA, quien acompañó la visita a los puntos de Baía de Todos os Santos donde se realizaron las mediciones. “Sucede que la capacidad para diluir elementos químicos en el organismo se encuentra directamente relacionada con la masa corporal”, explicó la oceanógrafa, mano derecha de Andrade durante la primera fase del Proyecto Baía de Todos os Santos. Este plan, proyectado para continuar hasta 2038, en el cual participan casi 50 investigadores, recaba las características físicas, biológicas, culturales e históricas de la región, y así, colabora para una gestión sostenible de la bahía, la segunda del país en tamaño, tan sólo menor que la de São Marcos, en el estado de Maranhão.

044-049_Baia_201-1Entre 2006 y 2010, Hatje, el oceanógrafo Manuel Nogueira de Souza y Cláudia Windmöller, de la Universidad Federal de Minas Gerais, recolectaron moluscos en 34 puntos de Baía de Todos os Santos. El análisis químico demostró que al menos cuatro elementos (arsénico, zinc, selenio y cobre) aparecen en concentraciones relativamente altas en mariscos y ostras. Los moluscos más contaminados, según un artículo publicado en 2011 en el Marine Pollution Bulletin, habían sido recogidos en Aratu, cerca del lugar en que las marisqueras trabajaban aquella mañana de octubre, y en el estuario del río Subaé, al noroeste de allí.

Hasta era de esperarse que fuera así. La bahía de Aratu, situada unos 20 kilómetros al norte de Salvador, alberga uno de los tres puertos más transitados de Bahía de Todos os Santos. Se encuentra rodeada por industrias químicas, petroquímicas, metalúrgicas y alimenticias, entre otras. A menos de 50 kilómetros hacia el nordeste, se emplaza el polo petroquímico de Camaçari, el mayor de Sudamérica. En tanto, en el estuario del río Subaé, en el extremo noroeste de la bahía, la principal fuente de contaminantes fue, durante un extenso período, la minera Plumbum, que fue desactivada en 1993, pero vertió durante casi tres décadas cantidades significativas de plomo, cadmio, arsénico y zinc en el Subaé.

“Existían pocos estudios, casi todos con circulación restricta, sobre la contaminación ambiental de la bahía”, relata Andrade, quien coordina también el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Energía y Medio Ambiente. “Esas investigaciones se apoyaban en mediciones puntuales, que utilizaban técnicas distintas; ahora estamos estableciendo protocolos que permitirán controlar su evolución en el tiempo”, dice el químico, quien años atrás condujo un análisis de la calidad del aire en Baía de Todos os Santos, a la que los aborígenes de la etnia Tupinambá, que habitaban la región antes del arribo de los europeos, llamaban Kirimurê.

Luciano AndradeBajo un tórrido sol: mujeres recogen mariscos en el canal de AratuLuciano Andrade

Su equipo de trabajo instaló estaciones de medición de contaminantes en tres puntos: en la estación de Lapa, una concurrida terminal de ómnibus en el centro de Salvador; en el puerto de Aratu, donde se desarrolla un intenso transporte de cargas y minerales; y en Bananeira, un poblado de pescadores con alrededor de mil habitantes situado en la isla de Maré. El resultado, en cierto modo, sorprendió. El aire de la estación estaba más contaminado, como algunos podían imaginar. Pero no se esperaba que el aire en Bananeira pudiese ser casi tan malo como el del puerto de Aratu, ubicado a cinco kilómetros. “En algunas horas del día, parece como si los habitantes de Bananeira estuvieran dentro del puerto”, dijo Andrade, señalando un conjunto de viviendas entre plantaciones de bananos, mientras conducía el barco por el canal que separa la isla de Maré y el puerto.

Además de medir los niveles de contaminantes en forma sistémica y a largo plazo, los investigadores pretenden comprender la dinámica de transporte y destino de los contaminantes en la bahía y el impacto sobre los organismos vivos. Junto a Francisco Barros, del Laboratorio de Ecología Bentónica de la UFBA, Hatje analizó la concentración de metales en el agua, en los sedimentos y en la fauna de los tres principales ríos que desembocan en la bahía –el Jaguaripe, el Paraguaçu y el Subaé. Así verificaron que Plumbum, aunque no opera desde hace tres décadas, todavía contamina el Subaé y las áreas circundantes. En invierno, la lluvia lava los reservorios y amontonamientos de escoria de la antigua minera y transporta más contaminantes hacia el río, que fluye a menos de 500 metros de distancia. Generalmente, los metales disueltos en el agua se adhieren a partículas en suspensión y se acumulan progresivamente en los sedimentos del lecho de los ríos a medida que se avanza hacia su desembocadura. En algunos puntos, la concentración alcanza niveles tóxicos para la fauna de bentos.

“En una de las estaciones del estuario del río Subaé no hallamos seres vivos en el sedimento”, dice Barros, quien ahora realiza pruebas para verificar si la desaparición de los bentos es consecuencia de la toxicidad del sustrato o un estrés natural en aquel tramo del río. Él descubrió recientemente que los estuarios tropicales funcionan de manera diferente a los de los ambientes templados. En Baía de Todos os Santos, la diversidad de especies de bentos –moluscos, poliquetos y algunos peces– aumenta continuamente a medida que crece la salinidad del agua, mientras que en estuarios de Europa y Estados Unidos, la variedad de especies generalmente fluctúa: es mayor en los tramos de alta y baja salinidad, y menor en los de salinidad intermedia.

Como el aporte de agua de origen fluvial es pequeño comparado con el volumen total de la bahía, el intercambio de agua entre ésta y el océano, debido a la acción de la marea, determina en gran medida la capacidad de dilución y dispersión de contaminantes y partículas de material en suspensión. En un intento por comprender minuciosamente la circulación y el transporte de agua y materiales hacia dentro y fuera de la bahía, el geógrafo Guilherme Lessa, experto en sedimentología, comenzó el monitoreo de las corrientes que circulan en Baía de Todos os Santos. Una vez al mes recorre 10 estaciones y mide las características fisicoquímicas (salinidad, temperatura y material en partículas), y recolecta plancton. En tres de las estaciones, un instrumento más sencillo, del tamaño de una linterna, registra permanentemente información sobre el material en suspensión y sobre la salinidad y la temperatura del agua. De esta manera, se espera establecer la dirección y la velocidad de las corrientes que mueven a las partículas en el interior de la bahía, en diferentes períodos del año. “Pretendemos verificar si en Baía de Todos os Santos se está incorporando agua y material en partículas desde el océano o si se vertiéndolo en él”, explica.

Echando mano de datos de las corrientes recabados en 2003, Lessa midió la circulación del agua entre la bahía de Aratu y Baía de Todos os Santos. El análisis preliminar indica que, durante el invierno, corrientes más profundas trasladan agua desde la bahía mayor hacia la menor. En tanto, las aguas que originalmente se encontraban en Aratu fluyen hacia Baía de Todos os Santos a través de corrientes superficiales. Según Lessa, existen indicios de que en el verano el flujo se invierte.

Todavía no puede saberse si lo que él observó en esa área también vale para la comunicación entre Baía de Todos os Santos y el océano Atlántico. Para fin de año, Lessa instalará equipos que miden el flujo de agua (correntómetros) en dos sitios de la bahía, que complementarán la información que se está recabando. Él calcula que se necesitaría recabar datos continuamente durante 15 años para mapear los ciclos de intercambio de agua entre la bahía y el océano. Sucede que el clima, responsable de la alteración de la velocidad y la dirección de los vientos, de las lluvias y de la salinidad en la región costera, oscila en el Atlántico Sur según ciclos de 3 años, de entre 10 y 14 años y de 30 años de duración.

Ruy Kikuchi/ UFBA - Vanessa Hatje/ UFBAInstrumental para la medición de las características fisicoquímicas del agua (al lado) y banco de corales (arriba)Ruy Kikuchi/ UFBA - Vanessa Hatje/ UFBA

Zelinda Leão y Ruy Kikuchi, geólogos de la UFBA que estudian la salud de los corales en la costa brasileña, esperan que los datos sobre las corrientes marinas en la bahía ayuden a esclarecer lo que está ocurriendo con los corales. En Baía de Todos os Santos existen dos grandes bancos de corales: uno en la región interna, cercano a Ilha dos Frades; y otro en mar abierto, frente a la isla de Itaparica. En los últimos años, Leão y Kikuchi observaron varios episodios de blanqueamiento de los corales.

Los corales pierden su color natural y se vuelven blanquecinos cuando las algas microscópicas que habitan en su interior, las zooxantelas, mueren o son eliminadas. Esas algas aportan el oxígeno y los nutrientes que les ayudan a los corales a producir un esqueleto calcáreo. Aunque no siempre significa la muerte del coral, el blanqueo es un indicio de que algo no anda bien. Kikuchi sospecha que el problema en Baía de Todos os Santos radica en el aumento global de la temperatura del agua del mar, en episodios de aumento de las partículas en suspensión, que enturbian el agua y reducen la penetración de la luz y, posiblemente, debido a la contaminación química. En 2011 los investigadores detectaron blanqueamiento en varios puntos cercanos al puerto de Salvador, que estaba siendo dragado. Asimismo, hace casi una década constataron la desaparición de una de las ocho especies nativas de la costa brasileña que habitan allí, el Mussismilia braziliensis. Recientemente, equipos de la UFBA, de la Uerj, de la Ufal y de la ONG Pró-Mar detectaron la difusión del coral sol, una especie invasora adaptada a ambientes turbios.

No es algo nuevo que las aguas y el ambiente del entorno de esa bahía pagan un alto precio por haber sido la puerta de entrada a Brasil. Desde que la expedición del navegante portugués Gaspar de Lemos ancló allí  el 1º de septiembre de 1501, el Día de Todos los Santos para la tradición católica, hubo sucesivas alteraciones. La fundación de Salvador, en 1549 por Tomé de Souza, enviado del rey de Portugal para erigir una ciudad fortaleza e iniciar la ocupación de las tierras del Nuevo Mundo, aportó los brazos y las hachas que transformaron en leña y madera al exuberante bosque atlántico, ganando espacio para la caña y los ingenios azucareros, la unidad agroindustrial más avanzada del Brasil colonial. La alteración más intensa, sin embargo, ocurriría más tarde, con el hallazgo de petróleo en la zona de Recôncavo Baiano y la instalación, en 1950, de la refinería Landulpho Alves, en el municipio de Mataripe, que conduciría al gobierno de Bahía a apostar por la petroquímica como modelo de desarrollo económico.

Recientemente se reactivó el desarrollo industrial de la región, mediante inversiones en un nuevo polo metalmecánico, la ampliación de los puertos y la construcción de astilleros. “En los últimos tiempos se han adoptado medidas de control destinadas a reducir la emisión de metales, pero se ha avanzado poco”, explicó Hatje al regreso de la expedición por la bahía. “En varios sectores, el alcantarillado termina en los ríos y en la bahía sin tratamiento previo”. A pesar de estos problemas, Baía de Todos os Santos todavía conserva zonas bien preservadas, tales como la desembocadura del río Jaguaripe, al sur de la isla de Itaparica. Su estado, en líneas generales, se considera bastante mejor que el de la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, que ocupa un área tres veces menor y está rodeada por una población tres veces mayor. Pero Hatje teme que no permanezca así por mucho tiempo. Antes que el barco ingresara en la dársena ella se lamentó: “Creo que las condiciones ambientales todavía van a empeorar mucho, antes de que comiencen a mejorar”.

Un registro histórico y cultural
Mientras parte de los investigadores se dedica a conocer los aspectos físicos y biológicos de Baía de Todos os Santos, la etnógrafa Gal Meirelles y el historiador Caio Adan, ambos de la Universidad Estadual de Feira de Santana, se encargan, respectivamente, del registro de las características culturales que comienzan a perderse y de datos históricos desconocidos por el público.

Gal Meirelles/ UEFSExhibición en la playa: fotos de la pesca cotidiana en exposición para la comunidad ribereñaGal Meirelles/ UEFS

Durante casi cinco años, Meirelles residió en la comunidad de Baiacu, en la isla de Itaparica, y registró el modo de vida y las diferentes técnicas utilizadas por los pescadores artesanales de Baía de Todos os Santos, un conocimiento que parece no interesar a las nuevas generaciones. “En las comunidades falta el trabajo y los jóvenes admiran la vida en Salvador, pero, si viajan a la capital, terminan en las changas y el subempleo”, relata. De esa etnografía de la pesca surgió el video Pesca de mestres, y la muestra fotográfica O peixe nosso de cada dia [El pez nuestro de cada día], expuesta en la comunidad de los pescadores. Junto con el sociólogo Milton Moura, de la UFBA, ella trabajó en el registro fotográfico y en el video de los festejos tradicionales de la isla de Itaparica que conmemoran la independencia de Brasil.

También ayudó a Adan a investigar en archivos y museos de Brasil y de Europa. Al visitar los archivos en Bahía, Río de Janeiro, Portugal y España, ella tuvo acceso a unos 200 mapas trazados entre los siglos XVI y XX y comenzó la documentación del patrimonio cartográficos de Baía de Todos os Santos.

En ese material hay reliquias, tales como un mapa de mediados del siglo XVII que muestra cómo se disponían las redes para la pesca del xaréu (Caranx lugubris), un pez grande cuya captura demandaba la participación de decenas de hombres. O también una carta hallada en el archivo de Itamaraty, en Río, que indica la existencia de un canal que no se conocía en la península de Itapagipe. Este canal, que no se sabe si efectivamente se construyó, facilitaría la navegación entre la región norte y el centro de Salvador.

A partir del siglo XIX, Adan notó que las cartas se vuelven más técnicas y específicas. “Posiblemente, para ayudar en la navegación por la bahía”, explica el historiador, quien proyecta describir el material recolectado y armar un banco de datos en internet, disponible para otros investigadores.

Según él, el análisis inicial de los mapas corrobora la idea de que Baía de Todos os Santos desempeñó una función primordial para la formación del estado de Bahía. Incluso durante mucho tiempo, se la consideró como un espacio más amplio que el delineado por el accidente geográfico del mismo nombre.

Artículos científicos
BARROS, F. et al. Subtidal benthic macroinfaunal assemblages in tropical estuaries: Generality amongst highly variable gradients. Marine Pollution Bulletin. oct. 2012.
HATJE, V.; BARROS, F. Overview of the 20th century impact of trace metal contamination in the estuaries of Todos os Santos Bay: Past, present and future scenarios. Marine Pollution Bulletin. jul. 2012.
SOUZA, M. M. et al. Shellfish from Todos os Santos Bay, Bahia, Brazil: treat or threat? Marine Pollution Bulletin. oct. 2011.

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