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CONSTRUCCIÓN CIVIL 

Un yeso resistente

Nuevos bloques elaborados con residuos de la producción de fertilizantes constituyen una opción barata para construir viviendas

Eduardo CesarLos bloques de fosfoyeso son estructurales y no requieren el uso de vigas ni pilares de hormigón. La colocación se realiza por medio de pequeños encastresEduardo Cesar

Consumidores, empresas y gobiernos expectantes en lo que respecta a la construcción de viviendas cuentan ahora con una nueva opción con los bloques de yeso ideados en los laboratorios del Instituto de Física de São Carlos de la Universidad de São Paulo (IFSC-USP). En busca de abaratar en alrededor de un tercio la construcción de viviendas populares, este nuevo tipo de bloque se produce con un subproducto de la elaboración del ácido fosfórico, la materia prima que se utiliza en la producción de fertilizantes agrícolas. El producto, con el nombre de fosfoyeso o sulfato de calcio, también se encuentra disponible en forma natural en minas.

Está destinado a la construcción de paredes estructurales, en reemplazo de los bloques convencionales de cemento y cerámica, y exhibe también una elevada resistencia mecánica. El nuevo tipo de bloque fue recientemente licenciado por la Agencia USP de Innovación para tres empresas –Inovamat y KAJ, de São Carlos, interior paulista, y Mega Block, de Uberaba, Minas Gerais–, que están realizando las adaptaciones finales y el perfeccionamiento necesario para sacarlo al mercado.

La elevada resistencia mecánica está dada por las características propias de su microestructura. En el proceso de hidratación del fosfoyeso –etapa esencial en la fabricación de los bloques–, los cristales que conforman esos materiales crecen entrelazados y compactados, aumentando su resistencia a la compresión y a la flexión. “Los bloques convencionales no poseen resistencia a la flexión. Con nuestros bloques, podría utilizarse menos acero en la edificación, lo cual contribuiría para reducir los costos de la construcción”, dice João Aiton Brondino, ingeniero civil y administrador en la empresa KAJ.

El bajo precio de la materia prima necesaria para unir los bloques también explica la reducción en el costo de las construcciones. “Cada bloque se coloca con ayuda de pequeños encastres y se fijan con cola blanca, de la que se usa en la escuela. No necesitamos cemento”, explica Milton Ferreira de Souza, profesor emérito del Instituto de Física de São Carlos e inventor de los bloques de sulfato de calcio. “Como la superficie lateral de los bloques es perfectamente lisa, el proceso constructivo no requiere el uso de argamasa de unión ni revoque, economizando materiales y mano de obra de albañilería”. Estos bloques son estructurales, contrariamente a los bloques actuales que necesitan vigas y pilares de hormigón para que la pared quede firme. El cemento sólo se utiliza para el contrapiso y el techo. Una vez montada la pared, el paso siguiente es la pintura, que puede realizarse con las convencionales disponibles en el mercado. El uso de madera también se reduce en la construcción porque no hay necesidad de elaborar encofrados para pilares y vigas, lo cual contribuye a reducir el costo de la obra. Además, la característica modular de los bloques disminuye a casi cero el desperdicio.

Una solución ambiental
Una de las importantes ventajas del nuevo material es su aporte ambiental. El fosfoyeso sobra en grandes cantidades como desecho de la producción de fertilizantes. Por cada tonelada de ácido fosfórico (un componente del fertilizante) se generan cinco toneladas de este tipo de yeso, también conocido como yeso agrícola. Al ser una sal rica en calcio, al material se lo utiliza como fuente de ese mineral para los suelos agrícolas. Con todo, esa aplicación no logra absorber el gran volumen generado. “Se estima que existen más de 160 millones de toneladas de fosfoyeso acumuladas en rellenos a cielo abierto en Brasil. La fabricación a gran escala de los bloques de sulfato de calcio otorgará un destino ambientalmente adecuado y económicamente interesante para ese material”, dice Brondino, de KAJ, y añade que el producto es 100% reciclable. “Creemos que las empresas que utilizan esta nueva tecnología podrían obtener créditos de carbono por utilizar menos cemento y acero en las construcciones”, sostiene Brondino.

“Hemos notado un gran interés por el producto tanto de empresas del sector de la construcción civil como de consumidores finales”, relata Eduardo Brito, analista administrativo de la Agencia USP de Innovación en São Carlos, en el interior paulista. “Durante la Feria de Innovación y Emprendedorismo [USP-iTec] organizada por la universidad en agosto de este año en São Paulo, que congregó más de 10 mil personas, los bloques llamaron la atención del público”. Cuatro patentes relacionadas con el producto y su proceso de fabricación se depositaron en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). Las empresas licenciatarias se comprometen a abonar un 3% de su facturación neta por la explotación de esas patentes. “Del total de recursos percibidos por su eventual explotación comercial, la USP se quedará con un 70% y la FAPESP con un 30%”, dice Brito.

Tres construcciones prototipo –un anfiteatro y dos casas, con 60 y 56 metros cuadrados, respectivamente– han sido construidas con los nuevos bloques por las empresas licenciatarias en São Carlos. Los resultados fueron satisfactorios, pero para que las obras puedan conseguir financiación por parte de los bancos y de la Caja Económica Federal, será necesaria su aprobación técnica y la consecuente certificación para los nuevos bloques en el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT) o en el Centro Tecnológico Falcão Bauer. Brondino estima que la venta de los bloques a los consumidores finales podrá comenzar en el primer semestre de 2013.

“Al tratarse de un producto innovador, no existen en el mercado máquinas para la producción de piezas en sulfato de calcio con alta resistencia mecánica. Nuestro primer desafío fue la creación de ese equipamiento. Adaptamos un dispositivo existente en el mercado y ahora la empresa domina el proceso para calcular los equipamientos necesarios para la producción de bloques y placas de sulfato de calcio en escala comercial, reproduciendo las piezas con las resistencias obtenidas en laboratorio”, dice Brondino. “Nuestro objetivo es utilizar los bloques para construir edificaciones verticales, de varios pisos, y también casas bajas, principalmente las que interesan para reducir el déficit habitacional del país. Calculamos que la economía promedio del metro cuadrado construido será superior a un 30%”.

Proyecto
Novogesso (nº 2004/02900-0); Modalidad Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe); Coordinador Milton Ferreira de Souza; Inversión R$ 450.370,00 (FAPESP).

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