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Reconocimiento

Referencias intelectuales

Premios internacionales, tales como el que se le concedió a Fernando Henrique Cardoso, realzan la imagen de la comunidad científica brasileña

Library of CongressFernando Henrique es saludado por el historiador James Billington al recibir el Premio John Kluge en Washington. Al lado y abajo, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, que otorgó el premio de 1 millón de dólaresLibrary of Congress

El sociólogo y ex presidente de la República, Fernando Henrique Cardoso, de 81 años, recibió el 10 de julio el Premio John W. Kluge, que otorga la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. El premio, por valor de 1 millón de dólares, se creó como un reconocimiento al trabajo de estudiosos en el campo de las ciencias humanas y sociales no incluidas en las categorías del Premio Nobel, tales como historia, filosofía, ciencias políticas, psicología y antropología. “Estoy profundamente conmovido por este título inesperado. Soy el primer brasileño –y el primer latinoamericano– que recibe el Premio Kluge. Es un verdadero privilegio”, dijo Cardoso, en su discurso de agradecimiento. “Hace algún tiempo, hubiera sido difícil para mí imaginar un galardón como éste. Pasé buena parte de mi trayectoria académica estudiando las relaciones entre los países ricos y los periféricos, naciones tales como Brasil, económica y geográficamente distantes. Esa división entre ricos y pobres parecía inmutable”, afirmó.

Profesor emérito de la Universidad de São Paulo (USP), Fernando Henrique Cardoso gobernó Brasil entre 1995 y 2002. Fue senador de la República (entre 1983 y 1992), ministro de Relaciones Exteriores (en 1992) y ministro de Hacienda (de 1993 a 1994). El historiador James H. Billington, que dirige la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos desde 1987, destacó el peso de la obra del sociólogo brasileño. “El presidente Cardoso ha sido un ejemplo de investigador moderno, que combina profundo conocimiento y respeto por las evidencias empíricas”, afirmó. “Su aspiración fundamental es buscar la verdad sobre la sociedad, manteniendo una apertura a la revisión de sus conclusiones cuando se acumulan nuevas evidencias”. El premio está administrado por el Centro Kluge de la Biblioteca del Congreso, que fue creado merced a una donación del empresario John Kluge (1914-2010) con el propósito de “promover una relación enriquecedora entre el mundo de las ideas y el mundo de la acción, entre estudiosos y líderes políticos”.

De acuerdo con un comunicado emanado de la Biblioteca del Congreso, la elección de Fernando Henrique se fundamentó en su aporte como sociólogo e intelectual, que sirvió como base para su liderazgo político. “Su análisis académico de las estructuras sociales del gobierno, de la economía y de las relaciones raciales en Brasil, estableció la base intelectual para su liderazgo como presidente durante la transformación de Brasil, de una dictadura militar con alta inflación, en una democracia vibrante y más inclusiva, con un fuerte crecimiento económico”, afirmó el comunicado. La institución resaltó la “enorme energía intelectual” del ex presidente de Brasil, autor o coautor de más de 23 libros académicos y 116 artículos científicos. “Se convirtió en una figura internacional por el análisis innovador desarrollado junto al chileno Enzo Faletto en el debate sobre las mejores alternativas para el desarrollo”, justificó la biblioteca. El trabajo en colaboración con Faletto se encuentra en el libro Dependencia y desarrollo en América Latina, editado en 1969.

El físico José Goldemberg fue laureado con el Premio Planeta Azul, considerado el Nobel en el campo del medio ambiente

Miguel BoyayanEl físico José Goldemberg fue laureado con el Premio Planeta Azul, considerado el Nobel en el campo del medio ambienteMiguel Boyayan

“Una herejía en aquella época”
Ambos autores destacaron el rol de los factores internos para la comprensión de los procesos estructurales de dependencia. Buscaron mostrar de qué modo las diferentes formas de articulación entre las economías nacionales y el sistema internacional indicaban distintas formas de integración con los polos hegemónicos del capitalismo. “Al trabajar con mi colega Enzo Faletto, escribimos un libro que describía un mundo complejo y dinámico”, dijo Cardoso. “Partiendo del análisis económico del economista argentino Raúl Prebisch y de otros pensadores de la Cepal [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], notamos que la periferia se hallaba lejos de ser homogénea y estática. Nosotros subrayamos la formación histórica de las clases sociales, del Estado, así como las diferentes relaciones con el mercado mundial”. Tales diferencias, manifestó el ex presidente, allanaron el camino hacia diferentes formas de desarrollo económico y social. “Esto suponía que los países pobres no están condenados al atraso permanente, sino impelidos a hallar los caminos adecuados para superar las barreras estructurales. Esto parece evidente ahora, pero en aquella época se lo consideró una herejía. Fuimos de los primeros en hablar sobre la internacionalización de los mercados internos”, afirmó en su discurso.

El premio, concedido desde 2003, ha distinguido, entre otros, al historiador estadounidense Jaroslav Pelikan (1923-2006), al filósofo Paul Ricoeur (1913-2005) y al filósofo polaco Leskek Kolakowski (1927-2009). En un pasado reciente, otras personalidades académicas e investigadores de Brasil han sido galardonados con premios internacionales. Un ejemplo de ello es el físico José Godemberg, laureado en 2008 por la Asahi Glass Foundation, de Japón, con el Premio Planeta Azul, con derecho a 50 millones de yenes (equivalente a 800 mil reales), por “haber dado importantes contribuciones para la formulación e implementación de diversas políticas asociadas con mejoras en el uso y conservación de la energía”, destacándose un concepto formulado por él, según el cual, para su desarrollo, los países pobres no necesitan copiar los paradigmas tecnológicos que implementaron en el pasado por los países ricos.

El Premio Planeta Azul, instituido en 1992 y señalado como un equivalente al Nobel en el área ambiental, ha reconocido el aporte de investigadores tales como el británico James Lovelock, creador de la hipótesis de Gaia, que toma a la Tierra como un gran organismo vivo. En su última edición, anunciada en el marco de la Conferencia Río+20, tuvo como uno de sus ganadores a Thomas Lovejoy, el biólogo que introdujo el concepto de biodiversidad en la comunidad científica.

En 2006, el arquitecto y urbanista Paulo Mendes da Rocha, de 82 años, se convirtió en el segundo brasileño en obtener el Premio Pritzker, el más importante de la arquitectura a nivel mundial. Oscar Niemeyer lo ganó en 1988. “Sus materiales de hormigón, que constituyen su impronta, y sus métodos de construcción inteligentes y notablemente rectos, dan lugar a edificios poderosos y expresivos, reconocidos internacionalmente”, informó el jurado del Pritzker. La arquitectura de Paulo Mendes da Rocha es un ejemplo del pensamiento característico de la escuela paulista en la arquitectura brasileña, una vertiente encabezada por João Batista Vilanova Artigas, y difundida en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la USP, de la cual Mendes da Rocha se convirtió en profesor. La escuela paulista se preocupaba esencialmente por la promoción de una arquitectura “cruda, limpia, clara y socialmente responsable”.

Miguel BoyayanEl arquitecto Paulo Mendes da Rocha recibió en 2006 el Premio Pritzker, el más importante que se otorga en arquitecturaMiguel Boyayan

Según opina el sociólogo Simon Schwartzman, estudioso de la comunidad científica brasileña e investigador del Instituto de Estudios del Trabajo y Sociedad (Iets), el reconocimiento internacional a personalidades tales como Fernando Henrique Cardoso, Goldemberg y Mendes da Rocha tiene una gran importancia para la ciencia brasileña. “Más allá del prestigio y del orgullo que aportan estos premios, también contribuyen a formar la imagen de que en Brasil contamos con gente competente que actuó o actúa en instituciones de alto nivel, capaces por ello de participar de igual a igual en redes de intercambio de conocimientos, y recibir a estudiantes y expertos internacionales”, afirma el profesor, quien remarca el origen de los tres investigadores. “Ellos fueron profesores en la Universidad de São Paulo, que es considerada como la mejor universidad de Latinoamérica, y una de las pocas de la región que aparecen en los ranking internacionales de excelencia académica”, dice. “Aunque aún nos falta un Nobel”, añade.

Orgullo nacional
Existen varios ejemplos de laureados con premios científicos y académicos que inspiraron a las siguientes generaciones, según apunta el historiador de la ciencia Shozo Motoyama, profesor de la USP. Uno de ellos fue el primer Nobel de Física concedido a un japonés, el físico teórico Hideki Yukawa, en 1949. “El premio le devolvió el orgullo nacional a un Japón arrasado por la guerra e incentivó a los jóvenes nipones a abocarse a la carrera científica, con excelentes resultados”, comenta Motoyama. Un segundo ejemplo es el del danés Niels Bohr, Nobel de Física en 1922. “El premio llenó de orgullo a la pequeña Dinamarca, que financió al Instituto de Física de Copenhague, donde no sólo los daneses, sino también talentosos jóvenes físicos de todo el mundo pudieron desarrollar sus investigaciones. Uno de los resultados del trabajo de ese instituto fue el galardón para otro danés con el Nobel: Aage Bohr, el hijo de Niels, en 1975”, afirma. “Considero importantes esos lauros desde el punto de vista de la sociedad brasileña, una nación sin tradición científica. En un mundo globalizado y en red, la búsqueda de identidades, ya sea en forma individual, nacional, comunitaria, religiosa u otras, pasa por el establecimiento de referencias, léase “mitos”, que impulsen su cultura”, observa Motoyama.

José Goldemberg afirma que hay investigadores brasileños que contaron con posibilidades de ganar un Nobel, tales como Carlos Chagas (1878-1934), el descubridor del protozoario causante de la enfermedad que luego se conocería como el mal de Chagas, y Maurício da Rocha e Silva (1910-1983), quien descubrió la bradicinina, que se utiliza contra la hipertensión. “El Nobel ha sido injusto en cuanto al aporte de los países periféricos”, sostiene Goldemberg. “Jorge Amado fue un escritor más destacado que muchos de los ganadores del Nobel de Literatura”. Él recuerda que el Nobel se instituyó en los primeros años del siglo XX, basándose en la estructura disciplinaria de aquella época, y reconoce los aportes en física, química y medicina o fisiología. “Incluso los premios de la Paz y Economía no estaban contemplados en el testamento de Alfred Nobel, quien falleció en 1896, y se crearon posteriormente”, informa.

El Premio Planeta Azul que Godemberg recibió es considerado como una especie de Nobel de la ecología, un área del conocimiento que se hallaba lejos de constituir una preocupación para la ciencia en 1901. “Se trata de un premio importante y me ofuscó un poco la escasa repercusión que tuvo en Brasil. El galardón para Cardoso, que es totalmente merecido, despejó esa sensación, ya que varios de nosotros aportamos contribuciones significativas. En el caso del ex presidente, se trata de un ejemplo de intelectual que contribuyó a resolver problemas de la sociedad”, afirma.

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