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Memoria

Una buena relación

Un diccionario botánico anónimo del siglo XIX mostraba fuerte ligazón con la química

Clavo de olor en un dibujo de 1887, en Köhler’s Medizinal-Pflanzen

Caliban.mpipz.mpg.de/koehler/NELKEN.jpgClavo de olor en un dibujo de 1887, en Köhler’s Medizinal-PflanzenCaliban.mpipz.mpg.de/koehler/NELKEN.jpg

Durante más de un siglo, un manuscrito con 1.657 páginas que contiene entradas botánicas agrupadas por orden alfabético durmió olvidado en estanterías y cajones. En una temporada de estudios en el Archivo Histórico del Museo Imperial de Petrópolis, en 2003, la investigadora Nadja Paraense dos Santos fue consultada al respecto de la importancia del voluminoso ejemplar, que contenía numerosas referencias al análisis químico de plantas. Graduada en ingeniería química e historia de las ciencias, Paraense dos Santos notó en él un documento de importancia que merecía especial atención. Se trataba de un diccionario de botánica desconocido, sin fecha y con autor anónimo.

“El libro es del siglo XIX, escrito probablemente por más de una persona, y se conservó en el archivo de la familia imperial”, relata Santos, profesora del Programa de Posgrado de Historia de las Ciencias de las Técnicas y Epistemología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Sin tapa ni ilustraciones, el diccionario contiene textos descriptivos de 2 mil plantas divididos en entradas con el nombre popular –su denominación científica, a veces de más de un autor, viene inmediatamente después– y en portugués. “Es una obra concebida con un estilo popular y podría ser entendida por cualquier granjero, por ejemplo”.

Entre las 2 mil plantas, 334 poseen entradas completas, divididas en historia natural, análisis químico y propiedades. En la historia natural se relata el origen conocido de la especie y se describe su apariencia; en el análisis químico se menciona su consistencia, gusto, aroma y sustancias que la componen; y al respecto de las propiedades los autores señalan su utilidad para combatir enfermedades. “Una de las originalidades de la obra para la época radica en la fuerte relación entre la química y la botánica”, señala Heloisa Maria Bertol Domingues, historiadora de las ciencias del Museo de Astronomía y Ciencias Afines (Mast), de Río de Janeiro, y actualmente también directora interina de la institución.

Otro punto destacado, según ella, es el interés de los autores del diccionario por el saber popular. “Ellos se preocupaban por avalarlo, o no, para su consumo por parte de la población”, dice. Más allá de la descripción sensorial y química de la planta, también consta de un trabajo de fitogeografía. Siempre que fue posible, las entradas indican en qué regiones del país determinadas especies son más comunes y cómo son conocidas por la población.

Detalle manuscrito del diccionario

Archivo del Museo Imperial-Ibram-MinCDetalle manuscrito del diccionarioArchivo del Museo Imperial-Ibram-MinC

Santos y Bertol se unieron para un proyecto conjunto, que se tornó factible gracias a la ayuda del Mast y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, para estudiar el diccionario e intentar descubrir a sus autores. Este último objetivo no pudo lograrse. “Pensamos que Theodoro Peckolt, un naturalista y farmacéutico alemán radicado en Brasil, o fray Mariano Velloso, podrían haber realizado el trabajo, pero no pudimos corroborar esas hipótesis”, relata Santos. La última referencia que cita la obra es de 1865, lo cual lleva a creer que el libro no avanzó después de entonces.

Elaine Andrade Lopes, investigadora becaria del Mast y alumna del programa de historia de las ciencias de la UFRJ, fue quien realizó la transcripción del manuscrito original. Ella notó diferencias de estilo, vocabulario y caligrafía en el documento, indicios éstos de un trabajo elaborado por varias manos. “Hay varias citas de periódicos y libros brasileños y extranjeros, especialmente franceses, además de naturalistas y médicos de la época”, comenta Andrade. Según ella, los autores copiaban de almanaques, revistas y libros la información que consideraban confiable, pero no siempre lo informaban. Sin embargo, eso no significa que ellos no hayan realizado personalmente algunos análisis químicos.

Para hacer pública al menos la parte más importante del diccionario, Bertol y Santos elaboraron un proyecto multimedia alojado en la dirección electrónica del Mast, al que es posible acceder a partir de la home page www.mast.br con el título “A química e o dicionário anônimo de botânica”, disponible desde octubre de 2012. Ahí están alojadas las 334 entradas. Las investigadoras ilustraron casi todas ellas online con placas de las plantas dibujadas en períodos cercanos al estimado para la obra anónima. Lo propio se hizo en estas dos páginas.

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