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MEMORIA

Retratos de culturas extrañas

Exposiciones de fotos muestran trabajos del etnógrafo Harald Schultz entre los indígenas

Jóvenes Waujá con 15 años de edad son pintados para competir, en 1964. Hombres y niños se pintan mutuamente para los juegos

Colección fotográfica Harald Schultz/ MAE-USPJóvenes Waujá con 15 años de edad son pintados para competir, en 1964. Hombres y niños se pintan mutuamente para los juegosColección fotográfica Harald Schultz/ MAE-USP

En su trabajo como etnógrafo entre los aborígenes Umutina, entre 1943 y 1945, en Mato Grosso do Sul, el gaúcho Harald Schultz fue herido de un tiro en el brazo por un indígena exasperado con su presencia prolongada en la tribu. Schultz fue socorrido por los otros miembros de la aldea y se recuperó. El suceso, relatado en el libro Vinte e três índios resistem à civilização (Melhoramentos, 1953), fue encarado tan sólo como un accidente del trayecto y nada modificó su interés por otras culturas. El etnógrafo fotografiaba, filmaba y coleccionaba piezas originales de indígenas de todo el país y de países limítrofes, tales como Perú y Bolivia. “Fue uno de los pioneros de la antropología visual en Brasil y tomaba registros fotográficos con una enorme calidad técnica y artística”, dice Sandra de La Torre Campos, antropóloga del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE/ USP).

Parte de las fotografías de Schultz puede apreciarse en dos exposiciones itinerantes que recorren los museos del estado de São Paulo. La primera, Harald Schultz, mirada antropológica, cuya temática son los niños indígenas, fue inaugurada en 2011. La segunda, Harald Schultz, fotógrafo y etnógrafo, de 2012, retrata la estética del cuerpo, como son los adornos, cortes de cabello y pinturas. “Las fotos de Schultz revisten importancia antropológica, porque a partir de ellas es posible realizar estudios etnográficos e históricos, por el momento en que se obtuvieron”, dice Marília Xavier Cury, investigadora y docente del MAE y curadora de ambas exposiciones. “Las culturas cambian y lo que revelan las fotografías son las culturas en el momento y lugar en donde fueron tomadas”. El archivo fotográfico que legó es precioso porque es posible realizar muchas investigaciones y estudios comparativos sobre cómo eran las culturas aborígenes y las transformaciones que sufrieron.

Schultz junto a una aborigen Kadiwéu, en Mato Grosso do Sul (1942), durante el documental producido por el antiguo SPI

Archivo del Museo del Aborigen/ FUNAI - BrasilSchultz junto a una aborigen Kadiwéu, en Mato Grosso do Sul (1942), durante el documental producido por el antiguo SPIArchivo del Museo del Aborigen/ FUNAI - Brasil

Harald Schultz (1909-1966) nació en Porto Alegre, hijo de un alemán y una brasileña. De los 6 a los 15 años estudió en Alemania y, de regreso, se enamoró de la fotografía. “El presidente Getúlio Vargas lo invitó a trabajar en Río de Janeiro cuando lo retrató y conoció en la ciudad de Ijuí, en Rio Grande do Sul, durante los años 1930”, relata la viuda de Schultz, la antropóloga Vilma Chiara, de 86 años. En la antigua capital federal, él ingresó en el Servicio de Protección al Indígena (SPI, el actual Funai) y comenzó a trabajar bajo la tutela del mariscal Cândido Rondon, en 1939. También fue asiduo en los cursos esporádicos de Curt Nimuendaju, etnólogo alemán que pasó 40 años estudiando a los aborígenes brasileños.

En 1947, Schultz abandonó el SPI fue a trabajar en el Museo Paulista por invitación de Herbert Baldus, un profesor alemán de la cátedra de etnología brasileña de la Escuela de Sociología y Política de São Paulo, con quien también tomó clases. “Era un fotógrafo talentoso y muy buen coleccionista de piezas, pero no poseía formación académica”, dice Xavier Cury. “De hecho, a Schultz le interesaba más el contacto con los indígenas y le gustaba tanto fotografiar como filmar”, relata Chiara, quien lo acompañó al campo varias veces como antropóloga. Sus períodos en las aldeas duraban varios meses. Chiara recuerda que él se dirigía a la calle 25 de Março, un sitio tradicional del comercio popular en São Paulo, y solicitaba donaciones de toda índole a los comerciantes. Después las intercambiaba por piezas (adornos, cestería, cerámica, esteras, redes) elaboradas por los indígenas y que recalaron en la colección del Museo Paulista.

El etnógrafo gaúcho redactaba monografías y también recababa material arqueológico para su estudio. Sus artículos se publicaron en revistas extranjeras y sus fotos abundan en las páginas de la National Geographic. Estableció una buena colaboración con Baldus. “Era común que Baldus fuera al campo y Schultz más tarde seguía sus pasos para encontrarlo y comenzar el trabajo de iconografía y/o de colecta de artefactos”, dice Marília Xavier Cury. Hasta 1965, él realizó 67 cortometrajes con danzas, rituales y trabajos manuales realizados por los Javahé, Karajá, Krahô, Uruku y Wará, entre otros. Hoy esos filmes se conservan en el MAE/ USP, junto con una colección de 1.227 diapositivas. Pero hay más, mucho más, que guarda Walter, el hijo de Schultz y Vilma Chiara. “Él conserva todo en París, donde reside, 24 mil fotos tomadas por su padre desde 1950, el año en que nos casamos”, revela Chiara.

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