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ESPECIAL BIOTA EDUCACIÓN VII

Una amenaza invisible

Alteraciones ambientales en pequeña escala pueden comprometer la preservación de la mayor selva tropical del planeta

Las áreas inundables representan un 25% del territorio de la Amazonia

Léo RamosLas áreas inundables representan un 25% del territorio de la AmazoniaLéo Ramos

Todo es majestuoso en la Amazonia, el mayor bloque remanente de selva tropical del planeta. Con un área de algo más de 6,8 millones de kilómetros cuadrados (km2), se distribuye en nueve países de América del Sur y su mayor parte se encuentra en Brasil, que posee el 69% de la superficie que cubre la selva. Se estima que ahí habita casi un 25% de todas las especies de seres vivos de la Tierra, además de 35 millones de personas (20 millones solamente en Brasil). La Amazonia también cuenta con la mayor cuenca fluvial del mundo, con 6,6 millones de km2, que resulta fundamental para el drenaje de varios países y para generar lluvias. Es el mayor reservorio de agua dulce del planeta, con alrededor del 20% de toda el agua potable disponible. Por eso, es uno de los reguladores del clima y del equilibrio hídrico de la Tierra. A pesar de tanta magnificencia, son las alteraciones en pequeña escala, tales como la apertura de calveros para la extracción de madera, las que pueden representar una de las principales amenazas para la conservación del ecosistema, subrayó el biólogo Helder Queiroz, director del Instituto de Desarrollo Sostenible Mamirauá, en su disertación en el marco del Ciclo de Conferencias Biota-FAPESP Educación, del día 19 de septiembre en São Paulo.

De modo general, explicó Queiroz, las principales amenazas para la Amazonia se asocian actualmente con las prácticas que conducen directa o indirectamente a la pérdida de hábitats y a la reducción de poblaciones de plantas y animales. Según opina el biólogo, estas amenazas pueden dividirse en dos grupos. El primero es el de aquéllas que modifican significativamente el paisaje, como son los casos de los incendios y de obras de infraestructura tales como la construcción de centrales hidroeléctricas y autopistas. El segundo está relacionado con las alteraciones del paisaje que no son perceptibles. Difícilmente detectables en imágenes satelitales, esas alteraciones más discretas pueden desencadenar, en primera instancia, cambios locales significativos. Sin embargo, a largo plazo, sus efectos inciden en el mantenimiento de la diversidad biológica regional. Un ejemplo de una transformación difícil de ponderar es la apertura de pequeños claros para la extracción selectiva de madera, uno de los más antiguos y serios problemas de la región. “Muchos de los árboles con madera de gran valor comercial son fundamentales para la alimentación de diversos animales”, dijo Queiroz.

Helder Queiroz, del Instituto Mamirauá, y Maria Lúcia Absy, del Inpa

Eduardo CesarHelder Queiroz, del Instituto Mamirauá, y Maria Lúcia Absy, del InpaEduardo Cesar

La construcción de represas, que alteran el curso de los ríos y arroyos, como así también el transporte de sedimentos, también genera un efecto local sobre el ecosistema. En tanto, la pesca excesiva ha desencadenado la reducción de las existencias y poblaciones de peces, como por ejemplo el tambaquí o pacú negro (Colossoma macropomum). Otra forma de explotación insostenible involucra la captura del pez silúrido denominado piracatinga o bagre maputito (Calophysus macropterus). Su pesca estimuló la caza indiscriminada, y muchas veces ilegal, de yacarés y delfines rosados o bufeos del Amazonas, cuya carne se utiliza como cebo. Según el biólogo, la carcasa de un yacaré, que se vende por 100 reales, puede rendir hasta 300 kilogramos (kg) del pez, que se consume en el nordeste brasileño y se exporta  hacia varios países vecinos, como por ejemplo, Colombia. “Ese sistema de valoración de la biodiversidad se encuentra profundamente desequilibrado en la Amazonia”, comentó.

Actualmente, la pérdida de ambientes naturales es mayor en una región conocida con el nombre de Arco del Desmonte, que se extiende desde el sur y hacia el este de la denominada Amazonia Legal: un área con unos 5 millones de km2, que abarca ocho estados (Acre, Amapá, Amazonas, Pará, Rondônia, Roraima y Tocantins, en la región norte; Mato Grosso, en el centro oeste, y parte de Maranhão, en el nordeste). El Arco del Desmonte, definido por la frontera de expansión agropecuaria, que convierte grandes extensiones de selva en pasturas, concentra alrededor del 56% de la población originaria del país.

El humedal amazonense
Las regiones de vegas, en terrenos de baja altitud, pero en el interior de la selva amazónica, también han llamado la atención del poder público en el marco de la elaboración de estrategias tendientes a la preservación del ecosistema. Hasta hace poco, se estimaba que esas tierras representaban tan sólo un 6% de la selva. Ahora, según el biólogo, se calcula que las llanuras aluviales representan hasta un 25% de su territorio. Queiroz explicó que esas áreas se encuentran constantemente sometidas a regímenes de inundación; al ubicarse cerca de la costa, sufren la influencia de las mareas, variando diariamente con las aguas que las inundan. “Con todo, la mayoría de los sectores de vegas se localiza en el interior de la selva, en áreas cercanas al río Amazonas, bajo un régimen de inundaciones estacionales y completamente imprevisibles, porque dependen de la cantidad de lluvia recibida en las cercanías de los cauces de los pequeños ríos”.

Buena parte de las áreas de humedales de la Amazonia queda inundada por las denominadas aguas blancas, con origen andino, con abundancia de sedimentos y nutrientes. En esos tramos, la vegetación tiende a ser más abundante. “A causa de esa productividad y de la riqueza en recursos naturales, las selvas de vega sufren más con la constante ocupación humana”, dijo. Todas las grandes ciudades amazónicas, y buena parte de las pequeñas, se encuentran ubicadas en esas áreas. Actualmente, un 75% de la población local, unas 8 millones de personas, habita en los humedales amazonenses, alterando diariamente su ecosistema. “Eso torna muy dificultosa la conservación de esas selvas”, resaltó Queiroz. Además, existen pocas áreas efectivamente protegidas por unidades de conservación. “Incluso fuera del Arco del Desmonte, la vega amazónica es el ambiente más amenazado”, añadió.

El pájaro péndulo (Momotus momota)

Léo RamosEl pájaro péndulo (Momotus momota)Léo Ramos

Señal de tregua
Pese al escenario de aparente degradación, los índices de desmonte en la Amazonia vienen disminuyendo en los últimos ocho años. A juicio de la investigadora Maria Lúcia Absy, del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa) y una de las disertantes, entre 2004 y 2012 se registró una reducción del 84% en los índices anuales de deforestación en la región de la Amazonia Legal. Sólo entre 2011 y 2012, esa disminución alcanzó un 29%, según los datos obtenidos por medio del Prodes, un proyecto de monitoreo de la selva amazónica brasileña mediante imágenes satelitales. Este proyecto es controlado por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente (MMA) y el Ibama, y es financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), mediante la acción de Monitoreo Ambiental de la Amazonia.

Más allá del Prodes, las actividades de inspección para la reducción de los índices de desmonte cuentan con otro soporte basado en imágenes satelitales: el Sistema de Detección del Desmonte en Tiempo Real (Deter), un mapeo rápido que el Inpe y el MCTI realizan mensualmente, a partir de 2004, y cuentan también con el apoyo del MMA y del Ibama. Este sistema les informa con rapidez la posición de las áreas recientes de desmonte a los organismos de inspección. “No hay dudas de que, tanto el Prodes como el Deter constituyen importantes herramientas de fiscalización y control del desmonte en la Amazonia”, informó Absy.

Existen dos razones posibles para esa disminución del desmonte, estimó Queiroz. Una de ellas puede atribuirse a la acción conjunta de comisiones interministeriales, creadas hace 10 años, para combatir la tala de árboles en la Amazonia, que generaron una serie de acciones gubernamentales enfocadas en la conservación de la selva. La otra, dijo el biólogo, puede estar relacionada con el crecimiento económico del país en los últimos años, “acompañado del desvío de las inversiones del sector privado hacia actividades que no están tan ligadas a la extracción, lo cual también puede haber contribuido para ese escenario”.

Ambos investigadores coinciden en un punto: las actividades humanas en esas regiones deben manejarse adecuadamente, teniendo en cuenta las cadenas productivas, altamente relevantes para los estados de la región norte. Pero sin generar impactos significativos en la diversidad biológica y en la preservación del ecosistema. “Estas cadenas productivas pueden representar hasta un 15% del Producto Interno Bruto (PIB) de algunos estados del norte”, dijo Queiroz. “No está mal talar un área, siempre y cuando no sea demasiado grande, para fines productivos. El error es hacerlo de manera aleatoria, sin ninguna metodología ni técnicas de manejo forestal adecuadas”, añadió Absy.

Daniel das NevesDesde hace algunos años, el Instituto Mamirauá ha venido implementando iniciativas de manejo forestal que están generando importantes resultados. Luego de 10 años, y con la extracción controlada de especies madereras, los valores de mercado de madera liviana y pesada crecieron más de un 250%. La pesca controlada, sin prácticas de sobrepesca y respetando los períodos de apareamiento de las especies, contribuyó al aumento del tamaño del paiche o pirarucú (Arapaima gigas), un pez muy consumido localmente. En los últimos años, el tamaño promedio del pez capturado en las aguas controladas sobrepasó el límite mínimo legal de 150 centímetros, mientras que las existencias pesqueras crecieron más de un 300%. “De este modo, se registró un incremento del 130% en los ingresos promedio mensuales de los pescadores”, resaltó Queiroz. Pero hay que ampliar el alcance de esas acciones, sostuvo. “Al fin y al cabo, los problemas son inmensos en la mayor selva tropical del planeta”.

El Ciclo de Conferencias Biota-FAPESP Educación es una iniciativa del Programa Biota-FAPESP, mediante un convenio con la revista Pesquisa FAPESP, concentrada en el debate de los retos relacionados con la conservación de los principales ecosistemas brasileños: cerrado, caatinga, pantanal y bosque atlántico, además de los ecosistemas marinos y costeros y de la biodiversidad en ambientes antrópicos, urbanos y rurales. Hasta el mes de noviembre, las charlas presentarán el estado del arte del conocimiento generado por investigadores de todo Brasil, con el objetivo de contribuir al perfeccionamiento de la educación científica y ambiental de docentes y alumnos de enseñanza media del país.

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