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Memoria

Retratos fidedignos

El dibujante, pintor y ceroplasta Augusto Esteves fue el primer ilustrador científico del Instituto Butantan

Dibujo de una yarará cuzú (Bothrops jararacussu) entera y disecada: el objetivo era mostrar la relación entre la glándula ponzoñosa y el colmillo

Instituto Butantan Dibujo de una yarará cuzú (Bothrops jararacussu) entera y disecada: el objetivo era mostrar la relación entre la glándula ponzoñosa y el colmilloInstituto Butantan

Antes del pleno desarrollo de la fotografía, a finales del siglo XIX, los únicos medios con que contaban los científicos –especialmente los naturalistas– para elaborar sus registros de la fauna y la flora eran la pintura y el dibujo. Muchos de ellos, casi todos europeos, se convirtieron en maestros en dichas artes, lo que llevó a los museos de historia natural e institutos de investigación a contratar técnicos dibujantes. Y así fue también en Brasil. El Instituto Oswaldo Cruz y el Museo Nacional, en Río de Janeiro, el Museo Paraense Emílio Goeldi, en Belém de Pará, y los institutos Biológico y Butantan, en São Paulo, se valían de los servicios de los ilustradores científicos. Augusto Esteves (1891-1966) fue uno de esos artistas que prestaron su talento para colaborar con la ciencia. En 1912, fue el primer dibujante contratado por Vital Brazil para retratar reptiles en el Instituto Butantan. Años después, Esteves se convirtió en ceroplasta (moldeaba en cera) de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el Butantan, Augusto Esteves dibujaba serpientes con plumín y óleo o acuarela. Sus trabajos tenían una característica única para la época. “Las láminas eran de colores y sombreadas, algo que nadie hacía cuando dibujaba animales”, dice Osvaldo Augusto Sant’Anna, investigador del Laboratorio de Inmunoquímica del Butantan y coordinador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Toxinas. “Los principales centros del mundo especializados en sueros antiofídicos eran el Instituto Pasteur, en Francia, y el conducido por Vital Brazil, acá en São Paulo. Vi los dibujos hechos con plumín por los dibujantes franceses y no había nada parecido a lo que Esteves hacía acá.”

Arriba, detalles de la cascabel (Crotalus terrificus terrificus)

Instituto ButantanArriba, detalles de la cascabel (Crotalus terrificus terrificus)Instituto Butantan

Sant’Anna es nieto del dibujante y es el bisnieto mayor de Vital Brazil, además de ser uno de los pocos descendientes del científico que también es investigador. Y comenta que Esteves nació en la ciudad de São José da Boa Vista, estado de Paraná, y cumplió su primer año de edad en la ciudad paulista de Avaré.  Llegó a São Paulo a los 13 años ‒junto a su hermano Lindolpho‒, donde trabajó en el comercio mientras estudiaba a la noche haciendo cursos de pintura. A los 17 años ganó la medalla de plata de la Exposición del Centenario de la Apertura de los Puertos, realizada en Río de Janeiro. Entonces comenzó a tomar clases con Pedro Strina, un pintor conocido por sus paisajes y retratos. Como no podía pagarle, se encargaba de la limpieza del taller del artista.

Cuando conoció a la familia Brazil, Esteves quedó encantado con Alvarina, la segunda hija de Vital. Se casaron en 1919 y tuvieron seis hijas. Ese mismo año, toda la familia se mudó a Niterói, donde el científico inició una empresa privada: fundó el instituto que lleva su nombre, dedicándose a investigar y producir productos veterinarios, biológicos y farmacéuticos. Esteves fue nombrado en el cargo de director administrativo por su suegro.

Serpiente de coral (Micrurus lemniscatus): las sombras del dibujo ayudan a mostrar el movimiento de la víbora

Instituto ButantanSerpiente de coral (Micrurus lemniscatus): las sombras del dibujo ayudan a mostrar el movimiento de la víboraInstituto Butantan

En 1934, el artista regresó a São Paulo y trabajó en el Instituto Pinheiros, en el hospital Santa Casa de Misericordia y en el Departamento de Dermatología de la FMUSP. Su misión consistía en reproducir lesiones dermatológicas en moldes de cera (ceroplastía) para ayudar a los profesores en las clases. “Sus moldes se usaron mucho en la carrera de medicina legal y en las pericias, tal era la semejanza con los originales”, dice Sant’Anna. De las centenas de piezas que elaboró, muchas pueden verse en el Museo Histórico de la FMUSP. Esteves también realizó exposiciones individuales, exponiendo cuadros con otros temas, tales como paisajes y retratos, y cultivaba los recuerdos del interior componiendo poemas regionales, escritos utilizando la fonética del lugar.

En 2012 salió publicado el libro Serpentes, de Henrique Moisés Canter, en edición del proprio Instituto Butantan, como un homenaje a los nueve artistas que pasaron por la institución registrando réptiles en dibujos de calidad. Augusto Esteves es el que abre la obra por haber sido el primero, y por la calidad de sus ilustraciones. En la actualidad, las instituciones de investigación científica prácticamente han extinguido el cargo de dibujante científico: 
para hallarlos es hay que recurrir a los buscadores en internet. “Es una lástima”, se lamenta Nelson Papavero, investigador jubilado del Museo de Zoología de la USP. “En algunos casos de animales y plantas, los dibujos son irreemplazables, pues con ellos es posible ver los detalles más nítidos que en las fotos.”

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