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Patrimonio

Otros sertones

Un estudio revela la arquitectura rural del siglo XIX en el interior del nordeste brasileño

Casa de la hacienda Sabugi en el estado de Rio Grande do Norte: preservación precaria que perdura

Nathália DinizCasa de la hacienda Sabugi en el estado de Rio Grande do Norte: preservación precaria que perduraNathália Diniz

El sertón es del tamaño del mundo, decía Guimarães Rosa. Lo decía, como aún lo dicen los que se internan por los tortuosos caminos de los rincones del nordeste brasileño, en busca de historias, respuestas y saberes. Sin embargo, muchos suelen regresar de esas tierras más intrigados todavía, y con nuevas cuestiones. La investigadora Nathália Maria Montenegro Diniz se sumergió varias veces en ese territorio. Allí nacieron su tesina de maestría, llamada Las antiguas haciendas de Ribeira do Seridó (defendida en 2008) y su tesis doctoral, intitulada Un sertón entre tantos otros: las haciendas de ganado en las riberas del norte (2013), ambas elaboradas bajo la dirección de Beatriz Piccolotto Siqueira Bueno, docente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP). En tales empresas, sertón adentro, Montenegro Diniz encontró no solamente respuestas a sus estudios sobre la arquitectura rural del siglo XIX, sino también nuevos cuestionamientos que acicatearon su ánimo para emprender un nuevo proyecto de investigación, ganador de la 10ª edición del Premio Odebrecht de Investigación Histórica – Clarival do Prado Valladares, distinción que se dio a conocer en diciembre. El proyecto intitulado El conocimiento científico del mundo portugués del siglo XVIII, de Magnus Roberto de Mello Pereira y Ana Lúcia Rocha Barbalho da Cruz, también obtuvo el mencionado lauro. Los ganadores surgieron de una selección entre 213 trabajos inscritos, por la originalidad de los temas abordados. El premio comprende la producción y publicación de un libro, sin un valor predeterminado.

Resulta difícil desanudar la historia personal de Nathália Montenegro Diniz de su itinerario intelectual. Venida al mundo en el seno de una familia de 11 hijos originaria de Caicó, en la región de Seridó, interior de Rio Grande do Norte, fue la primera que nació en Natal, la capital del estado. Hacía allí se mudó su familia en 1975. Sus padres, profesores de matemática, pretendían ofrecerles mejores condiciones educativas a sus hijos. En las vacaciones y en los feriados, todos regresaban a la pequeña ciudad y se alojaban en una de las casas de las estancias, que había pertenecido al tatarabuelo de la investigadora. “Tempranamente pude notar que existían distintas visiones construidas sobre el sertón nordestino. Las casas que yo veía no eran las mismas que aparecían en las novelas de época, aquéllas de la aristocracia rural. Era otro sertón”, recuerda.

Casa de la hacienda Almas de Cima, en el estado de Rio Grande do Norte

Nathália DinizCasa de la hacienda Almas de Cima, en el estado de Rio Grande do NorteNathália Diniz

Graduada en arquitectura y urbanismo en la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN), Nathália quiso explorar esos otros sertones olvidados del siglo XIX, especialmente en Seridó, una microrregión del semiárido que ocupa el 25% del territorio del estado. Allí el poblamiento empezó en el siglo XVII, con las estancias ganaderas y el cultivo del algodón. Cuando aún era estudiante, dio su primer paso en esa dirección al participar en un proyecto de extensión en cuyo marco se investigaron los núcleos de la ocupación original de Seridó, con base en registros fotográficos y fichas de catalogación elaboradas por estudiantes e investigadores. Así descubrieron que esas casas, posteriores al período colonial, mantenían características heredadas de la arquitectura colonial junto a elementos ecléticos modernos.

Una vez que se recibió, Montenegro Diniz viajó a São Paulo para participar en un encuentro de arquitectos, y se encontró con el proceso de ingreso a la maestría en la FAU. Fue así como decidió despedirse del nordeste para estudiar en la capital paulista. “Tuve que irme para poder redescubrir los sertones”, dice. Para su proyecto de tesina, la joven arquitecta contaba con un triunfo: la originalidad de la investigación sobre las casas de Seridó. “Casi nadie conoce aquel patrimonio. Quise mostrar esa realidad en mis investigaciones.”

Ejemplos de la arquitectura del sertón en el estado de Paraíba: la sede de la hacienda Sobrado

Nathália DinizEjemplos de la arquitectura del sertón en el estado de Paraíba: la sede de la hacienda SobradoNathália Diniz

Patrimonio arquitectónico
Montenegro Diniz investigó el patrimonio arquitectónico rural de Seridó, de formas sencillas y austeras, sin la connotación estética de otras construcciones del litoral nordestino. Esas edificaciones, entre casas de familias, casas de harina de mandioca e ingenios, representan un tipo de economía del siglo XIX basado en el pastoreo y en el cultivo de algodón. Pese a ser fundamental para la identidad de la región, de acuerdo con el estudio, existen pocas iniciativas concretas destinadas a preservar ese patrimonio compuesto por 52 edificaciones.

A comienzos del siglo XVII, con el poblamiento del interior de Rio Grande do Norte, los sexmeros del estado de Pernambuco echaron raíces en Seridó. En el siglo XVIII surgieron las casas de tapia en la zona: bajas, con encofrado atado con cuero crudo, piso de barro batido y tejados con alero y canaleta. Lentamente, las casas de tapia dieron lugar a las de mampostería, con ladrillos solamente en la fachada. Por último, en el siglo XIX, Seridó fue testigo de la construcción de las grandes casas de estancias, habitadas por los propietarios, sus familiares, agregados y esclavos.

En su doctorado, la arquitecta expandió sus horizontes territoriales y teóricos. Por un lado, se abocó a la arquitectura rural vinculada a las estancias de ganado de los sertones del norte (actuales estados de Bahía, Paraíba, Pernambuco, Ceará, Piauí y Rio Grande do Norte). Mapeó un conjunto de 116 casas sedes a partir de estudios arquitectónicos de Piauí, Ceará y Bahía. Por otro, con el fin de estudiar mejor el patrimonio material e inmaterial de las viviendas rurales de esa región, se internó en los campos de la historia social y la historia económica.

La sede de la hacienda Sobrado

Nathália DinizLa sede de la hacienda SobradoNathália Diniz

Del inventario de 116 casas sede con cimientos de piedra bruta, erigidas en diferentes riberas (Seridó, Piauí, Paraíba, Inhamuns, del río São Francisco y  en Alto Sertão Baiano), la investigadora notó la heterogeneidad de las construcciones arquitectónicas en las rutas del ganado del nordeste, que mantenían un mercado interno agitado, aunque desconocido, en el talón de la economía del litoral exportador. Eran a su vez construcciones pensadas para la realidad de la zona, con desvanes y otras estructuras destinadas a airear los ambientes castigados por las altas temperaturas y el tiempo seco.

Vadeando riberas y atravesando sertones, Nathália Montenegro Diniz elaboró sus investigaciones con base en vestigios de ladrillos, piedra y barro. Muchas casas de tapia, mencionadas en los archivos, no resistieron al tiempo y desaparecieron. Restaron haciendas formadas por casas sede y corrales. Entre las características de la mayoría de las construcciones surgían dos tipos de ambientes: los de servicio, en los fondos del terreno, con cubos de cobre, morteros y vasijas, y la intimidad de la vida doméstica en el meollo de las edificaciones, con un mobiliario trivial, compuesto por mesas rústicas y hamacas de red, asientos de cuero y de suela, baúles y arcas de madera. En muchas estancias, simultáneamente con la cría de ganado, se cultivaba la caña de azúcar y la mandioca, de donde salían la panela y la fariña, que junto con la llamada carne de sol [carne sometida a un proceso un tanto similar al del charqui, pero menos salada] formarían la base de la alimentación sertaneja. “La arquitectura rural no sigue modelos”, dice Nathália. “Los primeros propietarios de esas casas eran los hijos de los antiguos amos de ingenios del litoral. Si la arquitectura rural siguiese un modelo, ellos habrían construido casas similares a las de sus padres en el litoral, cosa que no sucedió. La arquitectura de los sertones muestra la formación de una sociedad basada en la interiorización de los sertones del norte, de una economía cuya impronta es el ganado.”

Luego de doctorarse en São Paulo, la investigadora regresó a Natal, donde se desempeña como profesora de historia del arte y de arquitectura en el Centro Universitario Facex. Su proyecto actual consiste en profundizar el análisis arquitectónico de las casas sede, explorando una laguna existente en la historiografía brasileña acerca de las relaciones sociales y sus consecuencias materiales en los sertones, que aún en la actualidad se erigen como un universo inhóspito e ignoto, signado por las largas distancias y los inmensos vacíos. Esos territorios quedaron olvidados, pese a estar presentes en la literatura y en los relatos de rescate de la memoria. De allí brotaron generalizaciones sobre el nordeste y su arquitectura rural, que sigue siendo abordada con base en los patrones dominantes de la llamada Zona da Mata del estado de Pernambuco y de Recôncavo Baiano, en Bahía, cosa que, al decir de la investigadora, no coincide con la realidad.

La originalidad del tema
El nuevo trabajo se sostendrá económicamente con el premio obtenido en diciembre. A su vez, en su elaboración contará con el apoyo de Beatriz Bueno, de la FAU-USP. “El proyecto de Nathália fue elegido debido a la originalidad del tema y por la oportunidad que nos brinda de comprender el proceso de ocupación del sertón brasileño en sus dimensiones económicas, históricas y sociales”, dice el coordinador del Comité Cultural de Odebrecht, Márcio Polidoro. En la economía,  pondrá de relieve el uso del hierro con que se marcaba al ganado, que permitía identificar a la estancia a la cual el mismo pertenecía. Hasta ahora, la investigadora cuenta en su colección con 653 dibujos distintos de hierros de yerra. “En un sertón disperso, sin fronteras claramente visibles, con tribus indígenas enemigas dispersas, el ganado cargó la representación del territorio y de la propiedad de los que llegaban provenientes de otros lugares”, define. En lo que hace a la sociedad, al cruzar los inventarios post mórtem encontrados en los archivos y en las casas, pretende comprender y revelar la vida cotidiana de los sertanejos, que se desenvolvía a pasos vagarosos en el siglo XIX. Hará nuevos viajes para rehacer fotografías y rever apuntes. Una vez más, un regreso a sus raíces y a las tierras tan distintas a las que veía en las novelas de su infancia. “Todavía busco aquello que buscaba desde el comienzo: quiero mostrar qué eran esos otros sertones. Conocemos la riqueza de la arquitectura del litoral, la arquitectura del azúcar y la del café. Pero falta la arquitectura sertaneja”, concluye.

Proyecto
Paisaje cultural sertanejo: las estancias de ganado en el sertón nordestino brasileño (nº 2009/09508); Modalidad Beca doctoral; Investigadora responsable Beatriz Piccolotto Siqueira Bueno; Becaria Nathália Maria Montenegro Diniz; Inversión R$ 130.587,92 (FAPESP).

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