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TOXICOLOGÍA FORENSE 

Drogas de fantasía

Un estudio identifica nuevos tipos de estupefacientes bajo el nombre de éxtasis

ExposiÁ„o Sombras e LuzEduardo CésarLos jóvenes paulistas que utilizan comprimidos de éxtasis, una droga sintética, para estimularse en sus salidas y fiestas, pueden estar comprando gato por liebre. Un estudio que llevó a cabo la Superintendencia de la Policía Técnico-Científica de São Paulo constató que menos de la mitad, más precisamente un 44,7% de las drogas sintéticas incautadas en el estado contienen el principio activo del éxtasis, la 3,4-metilendioximetanfetamina, más conocida como MDMA. En el estudio se detectaron 20 sustancias activas diferentes en los comprimidos secuestrados. Este trabajo podrá utilizarse para colaborar con los servicios de salud en la realización del tratamiento correcto con individuos que van a parar a los hospitales a causa del uso de ese tipo de droga. La investigación estuvo a cargo del perito en criminalística José Luiz da Costa, del Núcleo de Toxicología Forense de la Superintendencia de la Policía Técnico-Científica, con la colaboración del bioquímico Rodrigo Resende, del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG).

El objetivo principal del proyecto consistió en investigar cuáles eran las sustancias activas presentes en los comprimidos que se venden bajo la denominación de éxtasis. “Analizamos muestras provenientes de 150 diferentes incautaciones realizadas por la policía, en las regiones del Gran São Paulo, Campinas, São José dos Campos, Sorocaba, Ribeirão Preto, Bauru y Presidente Prudente, entre agosto de 2011 y julio de 2012”, comenta. “A partir de los resultados que se obtuvieron, pudimos ayudar a establecer una mejor comprensión al respecto de las rutas de tráfico de las drogas sintéticas, como así también contribuir en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las intoxicaciones agudas que causan”. La MDMA fue desarrollada por el químico alemán Anton Köllisch (1888-1916) para la industria farmacéutica Merck, que la patentó el 24 de diciembre de 1912. Sin embargo, ni su creador ni la empresa supusieron el impacto que esa droga tendría en la cultura clubber, asociada con las fiestas de música electrónica, a partir de los años 1980. El “éxito” de la droga en ese ámbito se debe a algunos de sus efectos sobre la fisiología humana, que incluyen el aumento de serotonina, dopamina y noradrenalina en el cerebro, sustancias que provocan euforia, sensación de bienestar y placer, y anulan las inhibiciones, algo que supone para el consumidor una mayor sociabilidad. Por eso es que el éxtasis se ganó el mote de “droga del amor”.

Efectos nefastos
Como toda droga de abuso, ésta también tiene su lado nefasto: puede causar serios daños a quienes la consumen. Junto con los efectos que los consumidores desean, eventualmente aparecen náuseas, deshidratación (por eso la necesidad de beber mucha agua), hipertermia, hiponatremia (disminución de la concentración de sodio en sangre, que provoca inflamación del cerebro) e hipertensión. Cuando llegan al límite, esos problemas pueden ocasionar agotamiento, convulsiones e incluso la muerte. Cuando se ingiere con bebidas alcohólicas, hay riesgo de shock cardiorrespiratorio, que también puede matar. Estos efectos son conocidos y tratables, cuando se lleva a la persona intoxicada a un servicio de emergencias.

Éxtasis verdadero y falso en la Policía Técnico-Científica de São Paulo

Eduardo Knapp/ FolhapressÉxtasis verdadero y falso en la Policía Técnico-Científica de São PauloEduardo Knapp/ Folhapress

No obstante, esta situación se complica cuando alguien cree que tomó éxtasis y les informa eso a los médicos, pero en realidad consumió otra droga sin saberlo. “Los chicos van a las fiestas y ya ni saben lo que están tomando”, dice Costa. Eso potencia el peligro, porque los sistemas de salud podrían suministrar un tratamiento inadecuado. De ahí la importancia de los resultados verificados en el estudio que efectuó el perito. Entre las 20 sustancias que se detectaron en la investigación, la segunda más frecuente, después del MDMA, fue la metanfetamina, presente en el 22% de las muestras que se analizaron. Pertenece a la misma familia de las anfetaminas, pero es más potente y su efecto más es prolongado. Esa droga provoca dependencia y un cuadro muy similar al de la cocaína. Su efecto es similar, pero también puede causar, a semejanza de la cocaína, ansiedad, taquicardia, falta de sueño y agresividad.

La investigación de Costa también detectó en las muestras sustancias tales como 2,5-dimetoxi-4-bromo-feniletilamina (2C-B), anfetamina, anfepramona (dietilpropión), benzocaína, cafeína, ketamina, clobenzorex, efedrina, fenproporex, fenciclidina, fenobarbital, lidocaína y sibutramina. También se identificaron dimetoxianfetamina (DOM), clorofenilpiperazina (CPP), cocaína, pirovalerona y trifluorometilfenilpiperazina (TFMPP). No todas son ilícitas, pero la gran mayoría posee efectos similares a los de la MDMA, de lo contrario, los consumidores no las comprarían. En eso se ve la viveza de los narcotraficantes. El éxtasis clásico, puro, proveniente de Europa ‒fundamentalmente de Holanda y de Bélgica‒, dominó el mercado de drogas sintéticas en Brasil desde la década de 1990, cuando desembarcó en el país, hasta la mitad de la primera década de este siglo. A partir de entonces, presionados por la represión policial y legal, los grandes productores y los nacotraficantes cambiaron de estrategia. Empezaron a sustituir el MDMA por otras sustancias, con efecto similar, pero vendiéndolas como si fueran éxtasis, en comprimidos con colores y formatos idénticos al original. “Ese cambio de principios activos ocurre prácticamente cada seis meses”, relata Costa. Ahora, las sustancias de moda son las catinonas sintéticas, un nuevo grupo de drogas que incluye a la mefedrona, la metilona, la metilendioxipirovalerona, la flefedrona y la nafirona, también conocidas con el nombre de “sales de baño”. Son similares a la catinona natural, un alcaloide presente en un arbusto denominado qat o khat (Catha edulis), originario de las áreas tropicales de África Oriental y de la península Arábiga. Son estimulantes, con efectos similares al éxtasis y a las anfetaminas.

Diagnóstico fotónico
Los resultados del trabajo condujeron a los investigadores a la concepción de un kit de diagnóstico destinado a detectar las drogas utilizadas por los consumidores. Pero la estrategia de los narcotraficantes genera un problema. Cuando estuviera disponible el kit para una determinada sustancia, ésta ya habría sido suplantada por otra. Con todo, podría utilizarse para drogas clásicas como la cocaína, la marihuana y los derivados de ambas, además del propio MDMA y derivados. Resende inició el desarrollo de un kit valiéndose de la nanotecnología y la espectroscopia Raman, una técnica fotónica de alta resolución que puede proporcionar, en pocos segundos, información química y estructural de casi cualquier material, compuesto orgánico u inorgánico, permitiendo así su identificación.

El investigador explica que esa técnica se aplica directamente sobre la muestra que se desea analizar, sin que se requiera de una preparación especial en el material. “Además, la superficie donde se efectúa el análisis no sufre alteraciones, o sea que el material no se pierde”, dice. “Sin embargo, tuvimos que abandonar el proyecto, porque el dinero se acabó y no podíamos seguir poniéndolo de nuestro bolsillo”, dice Resende. Frente a esta situación, Costa dice que la opción es que los servicios de emergencia en toxicología se mantengan atentos al trabajo de la policía científica, para saber qué está incautándose, es decir, cuál es la “droga de moda” en ese momento.

Proyecto
Análisis de la composición de las drogas sintéticas decomisadas en el estado de São Paulo: implicaciones toxicológicas y en la inteligencia policial (nº 2011/ 06849-2); Modalidad Apoyo a la Investigación – Regular; Investigador responsable José Luiz da Costa (Superintendencia de la Policía Técnico-Científica); Inversión R$ 46.260,70.

Artículo
Togni, L. R. et al. The variability of ecstasy tablets composition in Brazil. Journal of Forensic Sciences. v. 60, n. 1, p. 147-51. ene. 2015.

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