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Carta de editor | 230

El idioma en evolución

La lengua portuguesa que se habla Brasil siempre les ha parecido extraña, y en ciertas ocasiones irreconocible, a los nacidos de Portugal. Y lo contrario también es verdadero. Es común encontrarse con visitantes brasileños en su primer viaje a la tierra de Camões que, de entrada, poco entienden cuando escuchan el portugués europeo. En tono casi siempre jocoso, unos acusan a los otros de expresarse en un idioma sin sentido, de difícil comprensión. Esta discusión pertenece a aquel género en que, en gran medida, todos tienen razón. La lengua de los colonizadores portugueses en Brasil nunca dejó transformarse, aunque todavía se encuentren rudimentos del portugués antiguo en algunos pocos lugares dispersos del inmenso territorio brasileño. El idioma que se habla por acá fue transportado y propagado por los bandeirantes paulistas hacia el sur y el centro-oeste de Brasil desde el siglo XVI, y fueron ellos los que le imprimieron aspectos regionales que recogieron durante sus largos viajes exploratorios. En el reportaje estampado en la portada de esta edición se narran historias como ésta, basadas en un extenso estudio llevado a cabo durante los últimos 30 años, en cuyo marco se identificaron características propias del portugués brasileño. La lengua que se habla en  nuestro país hoy en día puede ser considerada única, tamaña la diferencia con respecto al original europeo. Los expertos estiman que, quizá dentro de 200 años, termine por autonomizarse definitivamente, tal como está explicado en el artículo del editor especial Carlos Fioravanti.

Los antiguos paulistas también fueron objeto de los estudios del historiador Sérgio Buarque de Holanda, quien abordó las expediciones fluviales que, bajo la denominación de monções, salían de São Paulo en dirección a Mato Grosso durante el período colonial. El investigador, autor de algunos clásicos de la historiografía brasileña, publicó el libro Monções en 1945, y trabajó durante varios años en una nueva versión del mismo con la intención de reescribirlo, con el agregado de nuevos estudios. Todo indica que la obsesión por mejorar aquello que ya estaba listo e impreso era una de las características de Sérgio Buarque. Vale la pena conocer el caso de la reedición de Monções en dos tomos ‒uno con el texto original y otro con los capítulos alterados–, en el reportaje del editor especial Marcos Pivetta.

El biólogo estadounidense Thomas Lovejoy no tiene nada que ver con los bandeirantes paulistas, aunque hace 50 años también recorrió tierras escasamente conocidas por la ciencia, la Amazonia en su caso. Lavejoy empezó su trabajo en la selva en 1965 y perdió la cuenta de la cantidad de veces que estuvo allí, casi siempre proveniente de Estados Unidos. Es un científico con tránsito fácil por los despachos gubernamentales, cosa que ayuda en la formulación de políticas públicas ambientales. Cinco décadas después, sigue dedicándose a proyectos destinados a definir áreas y estrategias de preservación de selvas y a pensar el futuro de la Amazonia, tal como lo explicó en la entrevista con Maria Guimarães y Carlos Fioravanti.

La política ambiental ha recibido en los últimos años un refuerzo tecnológico que comprende una participación decisiva de científicos brasileños. La plataforma Earth Engine, del gigante del área informática Google, nació en Brasil hace poco tiempo y se ha vuelto importante en la elaboración de mapas digitales en alta resolución basados en imágenes de satélite. El reportero Yuri Vasconcelos relata el proceso de creación y los principales usos de esa herramienta digital.

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