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Carta del editor | 231

Los próximos 15 años

La comunidad de astrofísicos de São Paulo desea hace bastante tiempo incrementar la producción científica y la envergadura del posgrado en el área, obtener mayor cantidad de horas de observación en los principales telescopios del mundo y lograr mayor inserción y reconocimiento internacional. Si bien tales aspiraciones vienen cumpliéndose, ahora la meta es ir más allá: se espera un salto cualitativo sin precedentes mediante el desarrollo de proyectos realizados en colaboración con consorcios de universidades del exterior y la participación en observatorios en construcción o expansión en Sudamérica y en Europa. Para ello, la FAPESP invertirá alrededor de 200 millones de reales en el transcurso de los próximos 10 años, un aporte que le permitiría a São Paulo tornarse un polo internacional de astronomía.

La estrategia consiste en aliarse con la vanguardia de la astrofísica mundial y compartir los costos de emprendimientos onerosos. Y esto fue lo que hicieron los científicos de São Paulo al concertar un acuerdo en torno de cuatro grandes proyectos que garantizan la participación de los astrónomos en trabajos situados en la frontera del conocimiento sobre los cuales poco se sabe, como, por ejemplo, la naturaleza de la materia y de la energía oscura. El Giant Magellan Telescope (GMT), de 24,5 metros ‒que para 2021, cuando esté listo, será el mayor telescopio terrestre‒, el Cherenkov Telescope Array (CTA), el Javalambre Physics of the Accelerating Universe Astrophysical Survey (J-PAS) y el Large Latin American Millimiter Array (Llama) son proyectos de investigación ambiciosos, en los cuales Brasil participa como colaborador de varios países.

Los astrofísicos paulistas representan una tercera parte de la comunidad del área en Brasil y ostentan el 50% de su producción científica. Más allá de las cuatro iniciativas citadas, hay varias otras, que también reciben financiación de la FAPESP y de otras agencias de fomento. Desde la perspectiva del conjunto de los proyectos, puede verse fácilmente que todos contribuirán al avance del sector. Una de las buenas consecuencias de toda esta inversión radica en el hecho de que el país estará bien posicionado para realizar buena ciencia astronómica durante los próximos 15 años, a juicio de los investigadores. El editor especial Marcos Pivetta narra esta historia.

Otra inversión que trae consigo contribuciones relevantes a la investigación científica es la multiplicación de proyectos de digitalización del patrimonio de bibliotecas, archivos y museos, según relata el editor de Política, Fabrício Marques. Aquello que sólo podía conocerse mediante visitas concertadas, in situ, hoy en día puede hacerse tranquilamente a distancia. Esto no es ninguna novedad, pero sí lo es el resultado de tal esfuerzo. La difusión de los archivos digitalizados facilita el trabajo de los investigadores, potencia la calidad de la búsqueda o torna posible conocer de modo remoto la amplitud de los documentos disponibles. Los nuevos investigadores científicos se están forjando en este contexto de mayor acceso a la información.

Las facilidades de la comunicación también traen noticias poco auspiciosas. Un estudio efectuado por centros de investigación de Brasil y de Suiza, utilizando imágenes satelitales, indica que la región conocida como Caatinga perdió 9 millones de hectáreas de vegetación nativa entre 1990 y 2010. La deforestación está asociada a la actividad agropecuaria y al uso de madera como fuente de energía en hogares e industrias, relata el editor especial Carlos Fioravanti. De los seis biomas brasileños, la Caatinga está entre los que reciben menor atención, aunque su área abarca 10 estados, casi todos en el semiárido nordestino. Acaso este trabajo ayude a conocer más sobre la rica diversidad biológica de la zona y las transformaciones que viene padeciendo.

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